lunes, 27 de diciembre de 2010

Escritores ante el vacío y la iluminación

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

La incidencia del suicidio en escritores y poetas es notablemente mayor que en otros grupos sociales. Las razones van desde los particulares rasgos de la personalidad y estilos de vida, hasta los efectos que el arte –la escritura y la poesía- produce sobre ellos mismos.

En artistas y escritores el suicidio se presenta como un estado de inadaptación al universo cotidiano. Entre muchos ejemplos siempre recuerdo a un Vincen Vangoht; las miserias que lo persiguieron por defender una estética por encima de las circunstancias materiales. Lo único seguro en la vida de Vangoht fue Theo, principal mecenas y sostén espiritual de su proyecto. En un momento, cuando cree que le falta, opta por la anulación física.

Por la misma opción opta un escritor de la talla de Stefang Sweig, con una existencia plena de triunfos literarios y una prosperidad económica sólida. Las dos guerras mundiales y el nazismo lo llevaron a peregrinar de un lugar a otro: “Tres veces dieron en tierra con mi hogar y con mi existencia; me apartaron de mi vida anterior y del pasado, lanzándome con vehemencia al vacío, a ese no sé dónde dirigirme que me es ya familiar.” Llegó a Brasil, luego de haber recorrido gran parte de Europa, y en Petrópolis, una de las ciudades del gigante sudamericano, asume el suicidio al no adaptarse a la vida de emigrante que tanto limita su oficio creativo, consciente de que “cualquier sombra es, en última instancia, sin embargo, hija de la luz. Y sólo el que ha experimentado sucesos claros y oscuros, la guerra y la paz, el ascenso y el descenso, sólo ése ha vivido en verdad”.

No debe olvidarse que Sweig sufre en vida el tratamiento herético a su obra, hecho que lo asfixia entre el muro de las privaciones, la extorsión y la persecución. Sus memorias, recogidas bajo el título El mundo de ayer, son la prueba documental de los criterios esgrimidos aquí: “He visto crecer ante mis ojos las grandes ideologías de masas, las he visto extenderse: el fascismo en Italia, el nacional socialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la superpeste, el nacionalismo, que envenenó la flor de nuestra cultura europea”.

Otro escritor famoso que opta por el suicidio, en su caso, por la falta de iluminación creativa, es Ernest Hemingway. La anulación del sujeto creativo lo marca decisivamente. En un pequeño cuarto, sin contacto con el medio exterior, se propina un disparo, pues no quiere una existencia marcada por el fracaso creativo. La muerte como anulación del sujeto físico cobra una dimensión simbólica profunda, muere el hombre, no el artista, pues este último permanece vivo en la obra.

A propósito de esto último, Benjamín Prado, en el prólogo a su antología Suicidas (2003) escribe: “La muerte no es un valor literario ni el suicidio tiene más que ver con la literatura que el amor, el odio, la felicidad, el miedo, la tristeza, el deseo, la traición, la soledad o la envidia. Y, claro, no hay muerte que convierta un libro en algo mejor de lo que es, porque en el espacio hermético e inalterable de las obras impresas, a los relatos, los poemas y las novelas no les importa en absoluto si su autor está vivo, muerto o en un punto intermedio entre ambos estados. Y, en el fondo, a los lectores tampoco. Excepto, quizás, a los más morbosos”. Heine lo explicaba de una manera muy clara: “Todos somos mortales, bajamos a la tumba y después de nosotros queda la palabra”.

En su obra Folklore de las Antillas (1909), que recoge numerosas leyendas aborígenes de antes y después de la llegada de los españoles al nuevo mundo, Florence Jackson Stoddard cuenta que los habitantes de las islas, se referían a la mayor de las tierras, Cuba, como El bello país de la muerte.

Según Rafael Rojas, en un ensayo titulado Matarse en Cuba, el impulso de aniquilación es atribuible “a una experiencia traumática de la historia y a un ejercicio patológicamente afectivo de la vida social y política. Desde fines del siglo XIX y, sobre todo, desde las primeras décadas del XX, ya los índices de suicidio en Cuba estaban por encima del de la mayoría de los países latinoamericanos (...) Las fantasías occidentales establecen a Cuba como una isla caribeña, con fuertes tradiciones de alegría y comunitarismo, capaces de movilizarse contra la racionalidad moderna. La vocación suicida de los cubanos, sin embargo, describe a una ciudadanía atormentada, incapaz de liberar frustraciones históricas, reacia a superar traumas nacionales y demasiado proclive a la experiencia afectiva de los conflictos políticos”.

En Cuba, el bello país de la muerte, tenemos ejemplos trágicos de escritores que han anulado su existencia creativa como inadaptados al medio social; entre ellos sobresale un Hernández Novás, que se dispara varias veces hasta que una bala, finalmente, termina con su vida.

Tal vez por lo dicho hasta aquí, en la ensayística cubana, varios autores se han referido a los límites, como condiciones culturales del sujeto creativo inadaptado a la realidad social por incapacidad intelectual o por ser víctima de persecución o extorsión. Sobresalen en el análisis Alberto Garrandés, Emilio Ichikawa, Joel James y Víctor Fowler. De una manera u otra, todos se han visto obsesionados por el tema. ¿Será por qué los límites forman parte de nuestro devenir nacional? ¿Será por qué Cuba es el bello paraíso de la muerte en la visión idílica de los autores? ¿Será por qué el suicidio es una condición de las eras fundacionales en Cuba?

Es una realidad meridiana que todo paradigma emancipatorio o cultural, en Cuba, tiene que volverse hacia la categoría límites para explicar su teluricidad. Son, y no es óbice reiterarlo, un raro compañero de viaje en la vida de todo creador y proceso social. Tal vez por eso los autores reseñados insisten sobre los mismos como elementos seminales de la cultura y la historia.

Uno de ellos, Alberto Garrandés, desarrolla el estudio de la cuentística de una figura cimera de la literatura cubana, Virgilio Piñera, pues entraña precisas concepciones sobre los límites: “Nos referimos a un contrapunto general (relación binaria interpretada desde el ángulo de la interanulación de los opuestos) en el que participa la mayoría de los personajes”.

En torno al problema citado, Emilio Ichikawa señala que en la literatura cubana: “tanta reiteración pudiera ser un signo de nuestra condición; en conciencia, instante de la conciencia del presente”. Más adelante precisa: “Como revela el décimo arcano del Tarot, la rueda es equilibrio, circularidad y, desdichadamente, no entiendo por qué irreversibilidad. Nunca regresamos”. Líneas después es claro al puntualizar que: “La escritura sobrevive en el desfiladero, es su medio natural. Ese frágil puerto es paradójico: el equilibrio en el límite es tratar de no caer, hacia lo que uno desea lanzarse, es reducirse a sugerir lo que uno desea gritar”.

El desaparecido y polémico científico social, Joel James, señala que “cada singularidad de límites es al mismo tiempo, plenitud final, fallecimiento y punto de origen o alumbramiento”:

“El miedo consciente a la finitud, la conciencia del límite propio, suele generar un acrecentamiento de la ternura, de la capacidad de comprensión hacia los demás y hasta una cierta tristeza de vivir, que en muchas ocasiones dejan su impronta en variadas proposiciones artísticas y cosmogónicas dentro de las cuales son incluidas las específicas maneras de asumir la muerte”. “La muerte, siendo la misma, nunca es igual; como el hombre que siendo el mismo nunca es igual en espíritu. Cada época diferenciada por un límite posee una imagen, un sentido, y una concreta emoción de la muerte que son siempre irrepetibles aún cuando parezcan a otros equivalentes”.

Un poeta cubano, con marcada conciencia de los límites, es Ángel Escobar, no el comprometido con la epicidad revolucionaria, sino el de los últimos años, el que presiente la muerte en cada paso, sobre todo en sus libros: “Abuso de confianza”, “La vía pública”, “El examen no ha terminado”, y “Cuando salí de La Habana”.

Según, el ensayista Víctor Fowler, en la obra poética de Escobar hay “interdependencia del todo con las partes (cuerpos y fragmentos) absorción y liberación de energía (memoria del evento y escritura), marcaciones que separan lo externo de lo interno (constantemente violada por la intromisión de otros), desarrollo (hacia la desintegración) el cuerpo que quisiera sujetarse y las voces que se lo llevan”. En Escobar es casi una obsesión el diálogo con la muerte. Según Fowler:

“… el poeta se había aproximado en ocasiones al límite, pero llegó el momento en el que se apresta a traspasarlo; su mundo hierve, el aparente silencio de las cosas del mundo exterior no se corresponde más con la animación con que la mente las percibe. Incluso la imagen del espejo resulta falsa entonces, pues ante tal desconcierto el gesto congelado tiene que pertenecer a un orden secreto y enemigo, agazapado a la espera del daño; es pura lógica: si en el interior de la mente y el cuerpo las presencias se mueven, no hay sentido en que se mantenga quieta la imagen del cuerpo en el espejo”.

No debo omitir, en este breve ensayo de aproximación a la categoría límites, las consideraciones de Cintio Vitier, sobre la anulación de los contrarios que gravitan en la escritura de José Lezama Lima como condición del parto creativo: “El vacío íntimo y el vacío público, remontados a los principios de la persona y la nación, confluyen como impulsores de las experiencias radicales de Lezama, lo que da a su testimonio redoblada significación y trascendencia”. Es muy interesante el cuadro de figuras modélicas que ilustran los sentidos poéticos de la vida en su novela Paradiso:
Foción: representa la audestrucción caótica por el conocimiento.

Fronesis: representa el deber ser a través del conocimiento.

Licario: representa el mito de la lejanía.

El mito icárico: define un perfil ético necesario, un efecto cultural para llegar a lo imposible a través de la imagen.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Entregan Premio José María Heredia 2010

Por Yunier Riquenes García (Poeta y narrador)

Entre los días 21 y 22 de diciembre el Comité Provincial de la UNEAC en Santiago de Cuba celebró la jornada de premiación del concurso José María Heredia. El 21, Marino Wilson Jay conferenció sobre la figura de José Lezama Lima para continuar el homenaje en el año del centenario de su natalicio. Contó anécdotas sobre Lezama, a quien jamás pudo conocer físicamente, y disertó sobre Paradiso, uno de los libros más inquietantes y reconocidos por la crítica. "No hay una novela, sino varias en una", "la poesía y la novela tienen la misma raíz", afirmaba, según Wilson Jay, el hombre de Trocadero, el hombre encerrado en sí mismo, de espíritu criollo.

A continuación Oscar Cruz, premio de poesía de La Gaceta de Cuba, 2010 y Raúl Ibarra Parladé leyeron poemas, en una recital disfrutado por todo el público.

El 22 se dieron a conocer los premios. El jurado de poesía, integrado por José Orpí Galí, Liliana Gómez Luna y Reinaldo Cedeño Pineda, decidió otorgar accésit al libro Cosa Nostra, de Juan Carlos Veranes y otorgar el premio a Falsos documentos, de Luis Lexandel Pita, de Matanzas. En teatro, Marcial Lorenzo Escudero, Ana María de Agüero Prieto y Alexander Legró, premiaron la obra La ardua ruta de Jano, el caminante de la capitalina Mayerín Bello Valdés. Los premios consisten en la publicación de los libros por Ediciones Caserón.

lunes, 20 de diciembre de 2010

LA RIFA: Jiguaní y el universo

"Es un texto que transcurre desde una ruralidad asombrosa, y digo asombrosa por la manera en que Delis Gamboa nos sitúa en una atmósfera, un contexto de pueblo del interior, sin acudir a folclorismos sosos, ni a la descripción emperifollada del paisaje".
Por Eduard Encina (Poeta y narrador)

Hace menos de una semana, el parque central de la ciudad de Jiguaní se convirtió en escenario propicio para la presentación de la noveleta “La Rifa” publicada por Ediciones Bayamo, 2010, con la que el escritor Delis Gamboa Cobiella (Guisa, 1976) ganara la primera edición del Premio Nacional de Narrativa “Carlos Casasayas Comas, auspiciado por la UNEAC de Granma, en honor al ilustre novelista jiguanicero.

La noveleta, presentada por el narrador y crítico Arsenio Rosales, quien la catalogó como “un libro de valores inefables”, vio su estreno el pasado jueves 16 de diciembre con gran acogida de público.

El texto, dividido en dos partes, nos cuenta, a través de un narrador personaje, varias historias, que sin correr demasiados riesgos con el lenguaje, Gamboa logra hilvanar de forma convincente y rotunda. Desde los primeros párrafos ya nos ubica de una manera simbólica y eficaz en lo que intentará discurrir durante toda la trama:

Silvia hizo circular la tinta en torno a la moneda y me mostró la luna en el papel.
- Esa era yo.
… Sumergida otra vez en el dibujo, movió diligente, meticulosa, el lapicero sobre la circunferencia, hasta oscurecerla. Golpeó sobre la tinta que le manchó los dedos.
- Esa soy yo - hizo una pausa para mirarme -. Todavía en esa luna hay claridad, espacios en blanco, grietas: por eso estoy aquí, contigo.

La presentación de un personaje sólido conceptualiza su experiencia vital a través de un recurso tan simple como el dibujo, que en la medida que avanza el párrafo se va dotando de complejidad y dramatismo. He aquí uno de los móviles de La Rifa, presentar los insospechables cambios del espíritu humano, en un contexto signado por el desamparo, los vicios, la impotencia y cierta soledad que emerge como un valor implícito en el texto. Otro de los móviles consiste en presentarnos sus argumentos desde puntos de vistas cambiantes y desde perspectivas que, gracias a su experiencia escritural, se vuelven difusas y pierden los límites entre realidad y ficción, logrando así esa rareza narrativa que nos seduce y nos complica la lectura.

Hay un aspecto en La Rifa, que a pesar de escribir estas líneas al vuelo, no quisiera dejar de señalar. Es un texto que transcurre desde una ruralidad asombrosa, y digo asombrosa por la manera en que Delis Gamboa nos sitúa en una atmósfera, un contexto de pueblo del interior, sin acudir a folclorismos sosos, ni a la descripción emperifollada del paisaje. Se vale de las situaciones íntimas de sus personajes y a través de ellas canaliza los tonos y colores de su prosa y su expresividad.

… Ya me estaba preguntando si no traía la cantimplora cuando la sacó. Me brindó, y antes de recibir la negativa, recordó lo de mi enfermedad. Con disgusto, y sin que le preguntara, me habló de su padre, quien fue maestro hasta que se dio cuenta que tirar pasaje en coche era un oficio más rentable. Con los ahorros se compró dos caballos y el coche. Por la mañana tiraba pasaje con uno y en la tarde con el otro, hasta que le robaron uno.

Encontramos cierta timidez en los ambientes, todo aspecto externo es vehículo y no tropiezo para el desarrollo de las historias. La situación está dentro, en las pérdidas y los derrumbes del ser, desde allí el autor maneja sus armas y no se detiene a contemplar una naturaleza fría, inmóvil, sino que dinamiza los paisajes interiores y efervescentes en constante reconformación.

Es por eso que recomiendo a los lectores no perder de vista esta noveleta y a este autor, que en mi opinión, no ha sido lo suficientemente jerarquizado dentro la más reciente promoción de narradores en la isla, pues no encontramos en su escritura una retórica vacía, donde el lenguaje es solo protagonista y no canal comunicativo de una experiencia, sino que a través de la lectura percibimos el peso de las palabras acompañando cada acción, cada gesto o posible evocación narrativa sin importar desde donde escribe, de todas formas Jiguaní es también el universo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Conversación con Lezama Lima marca el inicio en la poesía de Orlando Concepción

"Maestro, yo no entiendo ni jota de lo que usted escribe. Estalló una risa enorme y su barriga le saltaba, me dio un abrazo y pareció feliz con mi respuesta".
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Un 19 de diciembre de 1910 nació en La Habana el poeta y narrador cubano José Lezama Lima, una de las voces fundamentales de nuestra literatura, que tuvo una relación de cercanía con el escritor de Contramaestre Orlando Concepción Pérez. Nuestro sitio presenta en exclusiva los pormenores de aquella conversación gratificante para el autor de La fuerza del hombre.

Concepción Pérez confiesa que su inicio en la poesía tiene una gran deuda con el genio de Trocadero: “Sucede que fui a verlo para conversar sobre su obra, me preguntó lo que pensaba de ella, anonadado le respondí: Maestro, yo no entiendo ni jota de lo que usted escribe. Estalló una risa enorme y su barriga le saltaba, me dio un abrazo y pareció feliz con mi respuesta. Ese día comenzó el misterio de la poesía para mí”.

Concepción inició el camino, tal vez se encuentre en el paraíso poético junto al autor de Paradiso, quizás los unirá la misma sonrisa que un día marcará para siempre los inicios en la poesía del primer Quijote de Contramaestre, capaz de montar el único Rocinante literario de aquellos tiempos y traer para esta ciudad premios y reconocimientos que hoy la ennoblecen.

Redefinir el hombre interior desde la Cuba real

"...la poesía nunca se escribe desde un lugar sino a partir de lo que tiene que decir una persona y no son las demarcaciones geográficas las que signan un discurso”.

Ingrid González Fajardo

Metáforas de la existencia encontró el autor de Fuera de foco, Eduard Encina, para connotar con la palabra los destinos humanos de la soledad. La obra, una secuencia descriptiva, bien pudiera ser su Contramaestre querido o sencillamente otro de los lugares que tejen nuestro imaginario popular. Eduard ha marcado un sello palpable de su inspiración, al decir de Edel Morales, director del centro Dulce María Loinaz.

No se ven, te juro que no se ven las palmas, los naranjales
que estaban allá en el fondo;
eran bustos o pedazos de la lluvia, iluminando el parque,
el aire que vi en los álamos, en la lengua del zorzal.
En esta parte, la sombra crece y los amigos ya no retornan para refugiarse en sus casitas de dolor.
Nada al lado mío, apenas un sol muerto, la palabra almácigo contaminándome.
Nada, te juro que no hay nada, de este lado del paisaje.

Desde la resistencia, este joven santiaguero ha logrado que florezca la posibilidad de un diálogo inteligente.

Eduard ha dicho que “la poesía nunca se escribe desde un lugar sino a partir de lo que tiene que decir una persona y no son las demarcaciones geográficas las que signan un discurso”.

Agregó luego que “hay muchas circunstancias que favorecen y pueden venir del interior de Baire o Macondo; desde donde es un poco difícil establecer el diálogo con el otro y existe una limitante que significan libros y centros de poder cultural, que evidentemente enriquecen la vida de un creador. Resulta muy importante tener relación con el mundo de tu tiempo literario, estés en Contramaestre o en La Habana, si no vives en sintonía, en diálogo permanente con las estéticas, con la concepción más contemporánea, se hace arduo el intercambio”.

Lo otro es la persistencia y el grito de resistencia –dijo el poeta- en esos espacios tiene que ser mayor porque o te mueres de hambre y te metes a poeta o dejas la poesía y empiezas a vivir.”

La promoción o generación, a la que pertenece Eduard no parece buscar la otredad, o un discurso sociológico que interese mucho. Según sus propias palabras tratan de redefinir el hombre interior, dentro de sí, no la isla virtual sino la real que cada quien tiene dentro. Y hurgan en el autorreferencialismo que permite un tono diferente en la poesía.

sábado, 18 de diciembre de 2010

La ciencia forense despejará incognitas sobre supuesto cadáver del Libertador

"Hay dudas sobre la autopsia de Bolívar", advirtió Chávez. "Tenemos la obligación moral de despejar esta incógnita", añadió, citado por el diario El Universal. "¿Quién sabe si hasta los huesos de Bolívar los desaparecieron?", acotó.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

El 17 de diciembre de 1830 falleció el Libertador de América Simón Bolívar, un ser excepcional que despertó a los pueblos hispano-americanos del largo letargo en el que permanecieron por casi cuatro siglos de explotación colonial. Fue llamado el “hombre de las dificultades” por las enormes barreras colocadas en su camino para conquistar la independencia de los pueblos latinoamericanos. Sobre la autenticidad del cadáver que se conserva del Libertador versa nuestro comentario de hoy.

En primer lugar, si nos atenemos a la descripción forense practicada al cadáver recientemente los datos biométricos arrojados por la investigación coinciden con las características del Libertador.

En segundo lugar, los restos analizados corresponden a un individuo de "sexo masculino, edad 47 años, estatura 1,64 ó 69, tipología racial mestiza con prioridad caucasoide y biotipo constitucional delgada".

En tercer lugar, el presidente Hugo Chávez Frías, uno de los hombres que más conoce sobre la figura del Libertador de América señaló: “Aunque faltan aún los resultados de la prueba de ADN, estoy seguro que se trata del Padre de la Patria”.

Hay que recordar que el 16 de julio de 2010, los restos mortales de Bolívar fueron exhumados por orden del gobierno venezolano de Hugo Chávez para su análisis y tratar de comprobar si en realidad murió por causas naturales o fue asesinado. Chávez apoya su hipótesis en una carta de Bolívar en la que expresa sus proyectos futuros apenas meses antes de su muerte.

También es necesario precisar que ya en una de sus intervenciones, en los medios de prensa, el Presidente Chávez, 18 diciembre de 2007, dijo tener dudas documentadas en torno al posible asesinato de Bolívar, e incluso, dejó saber sus sospechas sobre los restos que se encuentran en el Panteón: "¡Ojalá sean los de Bolívar! ¡Ojalá! Pero hay dudas. Hay dudas sobre la autopsia de Bolívar", advirtió Chávez. "Tenemos la obligación moral de despejar esta incógnita", añadió, citado por el diario El Universal. "¿Quién sabe si hasta los huesos de Bolívar los desaparecieron?", acotó. Asimismo, el mandatario destacó que no se ha podido conseguir el cráneo del libertador. "Estamos tras la pista de ese cráneo. Por eso es que ésta es una investigación hasta policial e histórica. Obligante para nosotros".

Por lo tanto, la ciencia histórica y la ciencia médica deben ahora determinar cuál es la verdad. La intervención de la Academia de Historia y la Academia de Medicina es esencial para precisar las verdaderas causas de la muerte de Bolívar y si los restos que se conservan son los suyos.

Un dato interesante y que aclarará de forma definitiva el hecho fue revelado por el propio Chávez este viernes al honrar la memoria del Libertador Simón Bolívar en los 180 años de su muerte: “Aunque faltan aún los resultados de la prueba de ADN, se trata del Padre de la Patria”. También señaló, en abierta alusión a la vigencia de Bolívar en la hora actual de América: "Ese esqueleto está despierto. Hemos visto los restos del gran Bolívar. Confieso que hemos llorado. Tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada".

Fuentes:
www.prensa-latina.cu
www.reporteconfidencial.info/ver_noticia.php?id_n=16599
www.simon-bolivar.org/.../bolivar/la_salud_de_s_bolivar.html
www.publico.es/.../chavez-ordena-exhumar-el-cadaver-de-simon-bolivar
http://es.wikipedia.org/wiki/Sim%C3%B3n_Bol%C3%ADvar

viernes, 17 de diciembre de 2010

Fragmentos del libro inédito "Sustancias peligrosas"

EL ELEVADOR

Para Ángel Escobar

El primer piso es la frontera
entre la mente y tu cuerpo.
Allí construyes catedrales
donde la miel
toma ese sabor metálico
y mis ojos son cuchillos al asecho.

La gravedad de los próximos pisos
me hace inerte.
Dejo caer la estocada determinante
de un alquimista
que busca la piedra filosofal.
Como si quisiera volverse a la fiera.

El último piso está lleno de elfos
encadenados por la suerte.
Solo allí en el margen del mundo está él
dispuesto a ser parte del aire
en su caída libre.


OTRAS LECCIONES

A Eduard Encina y Orlando Concepción

Para morir
no hace falta esperar
las sombras que no llegan.
Solo ser parte de la historia
camuflageado en la basura
de nuestras calles.

Para morir
no hace falta la altura
ni los bordes de la tierra.
Solo vacío
para escaparnos del viento.
Donde podamos dejar
vagando eternamente
nuestra carne ensordecida.

Para morir
solo hace falta el silencio.

Ernesto Andrés de la Fe. Contramaestre, 20 de octubre de 1992. (Poeta).
Primera mención en el concurso Luisa Pérez de Zambrana, 2010.
Primer Premio en el Encuentro Debate Municipal de Talleres Literarios, Contramaestre, 2010.

Hallar luz en el negro ojo del canario

"Fernando Pérez buscó mostrar, no al Martí ya hecho y derecho, sino al Martí en pleno crecimiento espiritual, niño contemplativo, introvertido, receptivo a todos los torbellinos familiares y políticos agitados a su alrededor".

Por Antonio Enrique González.

En su novela La insoportable levedad del ser, Milán Kundera, definió al kitsch en todas sus variantes políticas, comerciales, artísticas, y sociales, como “la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable”. Es kitsch entonces, la idealización excluyente de cualquier cosmovisión e iconosfera, placebo consensuado, anulador puritano de aparentes defectos, delatores de fisuras inquietantes en cualquier superestructura promocionada como non plus ultra existencial.

Queda así marginado cualquier elemento cuyo real peligro resida en su perturbadora impredictibilidad, su constante escabullirse al impecable modelo de virtudes. Kundera refiere en su argumentación eternas discusiones teológicas acerca de la libido en Adán y Eva, de las necesidades fisiológicas de Jesús de Nazaret, tópicos espinosos que amenazaban dinamitar el dogma católico desde sus mismas fundaciones.

Esta tendencia a deificar, ofreciendo en holocausto la contradictoria naturaleza humana de las grandes personalidades históricas de toda índole (forjada su evolución espiritual de fiasco en fiasco, de golpe en golpe) elevándolos hasta alturas arquetípicas inalcanzables, incuestionables y completamente increíbles, termina hipotecando la identificación orgánica de las generaciones con estas entidades, suprahumanas al decir de disímiles textos escolares, tarjas marmóreas y consignas vacuas. Cuando los públicos conocen tales “defectos de fábrica” de los paradigmas, los magnifica, tergiversándose su naturaleza común en comidillas maliciosas, redundantes en la burla venenosa, el desprestigio final de las figuras.

Los padres sacros de la nación cubana han sufrido estas unciones canónicas kitsch, velada la real moraleja de su vida: el ser humano se engrandece en la superación de instintos egoístas y predadores que vienen incluídos en el paquete, en la trascendencia de sí mismo, en la desproporción entre sus defectos (que existen y los llevan a error), y sus virtudes (que subsanan todo despropósito). Todos han pecado, sólo que sus vidas prueban la consecución de la grandeza una vez purgados yerros comunes. Mostrándolos como entes imperfectos se logrará la real admiración de los públicos, que los acogerán como parte de ellos.

Así, el director cubano Fernando Pérez fue tras la construcción de un José Martí tan humano, como un niño que comete fraude, se masturba, se acobarda ante brabucones escolares, y dice “Viva España” ante la desesperada súplica materna y el frío revólver voluntario sobre su cuello, cuando concibió el filme José Martí: El ojo del canario, primera película realmente cubana sobre nuestro Apóstol. Bien lo llamó así el concienzudo Jorge Mañach en su biografía, carente de ciertos datos, pero desbordada en alma. Pues los apóstoles, antes de llevar por el mundo el mensaje de Dios, lo negaron transidos por el temor a la muerte, para finalmente ascender luminosos sobre sus propios cogotes de constrictos vasallos.

Pérez asumió la película por encargo, para incorporarla a una serie de cintas sobre los Libertadores de América, al igual que Mañach, la biografía, a casi ochenta años, para integrarla a una colección dedicada a los padres fundadores. El director de Madagascar, La vida es silbar y Suite Habana, acudió a un Martí niño, cuyas articulaciones no estaban viciadas por el eterno gesto marmóreo de las estatuas conmemorativas, sino que sus ojos aprehendían el mundo circundante como el Aleph borgiano. Buscó mostrar, no al Martí ya hecho y derecho, sino al Martí en pleno crecimiento espiritual, niño contemplativo, introvertido, receptivo a todos los torbellinos familiares y políticos agitados a su alrededor. Un Pepe que ni siquiera es protagonista, sino espectador (como cualquiera que vea la película) de un contexto complejo, apocalíptico, donde el hermano va contra el hermano, siendo los voluntarios criollos más crueles que los propios gaitos, ahogado con barbárica sangre su inconsciente culpa por traicionar a los iguales; donde el padre Mariano brega a golpe y grito por la unidad familiar: “¡Usted no tiene más patria que esta familia, carajo! ¡En esta familia no hay ni Cuba ni España, sino la sangre que yo te dí!”, espeta en epifanía actoral Rolando Brito, figura inmensa la de Bocanegra. Inmenso, más de lo pensado, su legado de justicia en el hijo, amén las difíciles frecuencias en las que se movían sus relaciones, de sobra también abordadas por Mañach en su texto. “¡Viva España, Pepe! ¡Hazlo por mí, Pepe!”, ruega la compungida Leonor Pérez de Broselianda Hernández, en conmovedor desgarramiento por el hijo amenazado de muerte, la noche en que al Perro Huevero le quemaron el hocico por ladrar alto.
Pepe aprende, aprehende, metaboliza todo el universo de sensaciones y saberes antagónicos que impiden enfriar la fragua al rojo vivo de su mente, desbordada por los ojos, la mirada infinita, añeja, contra la que han chocado tantos y tantos intentos de replicar a Martí en actores. No es José Julián el luctuoso saco raído, ni el mostacho, siquiera la frente despejada; Martí es la mirada de universo que mira al Universo, de alegre tristeza por abrasar el cesto de llamas a mano descubierta. Las singulares miradas de los noveles actores Damián Rodríguez (Martí niño) y Daniel Romero (Martí adolescente), fueron garantes de la verosimilitud caracterológica, aún cuando pudieron hasta no parecerse, aunque también se logra esto.

Pepe pasa por un tamiz de fuego y temor, yugo y estrella, hasta que le es mostrada la verdadera esencia de la estrella. Tras vacilaciones previas, meras escaramuzas perceptuales, es descargado sobre sus espaldas todo el peso de la censura, de la angustia desgarradora de sus progenitores, partes inconscientes del yugo, tal es el precio de la estrella. Este muchacho, que es como miles de muchachos, remonta su naturaleza y asume el sacrificio último por la definitiva consecuencia, por hacer lo correcto, y no lo conveniente. Es un joven que resulta héroe por no acomodarse en sibaritas brazos. José Martí: El ojo del canario, permite atestiguar este proceso de exorcismo de sí mismo realizado por el joven Apóstol, quien, durante los créditos lanza una mirada desafiante, insoportable, a las nuevas generaciones, a los nuevos jóvenes, que igualmente cometen fraude, se masturban, se acobardan ante brabucones escolares y emiten loores a fuerza o conveniencia, pero que pudieran, igual que él, optar por la consecuencia, por el sacrificio real, por lo correcto, aunque todo apunte a lo incorrecto, hasta hallar luz en el negro ojo del canario.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Pensar en Red

Por Víctor Fowler Calzada.(Poeta y ensayista) Fuente: CUBARTE

La velocidad de los cambios es tan elevada, y tan hondas las transformaciones mismas, que apenas resta tiempo para detenernos y pensar; detenerse, permanecer algunos instante fuera del tiempo mientras lo nuevo sigue sucediendo, de hecho se ha convertido en algo semejante a un pecado. Amigos de mayor edad confiesan sentirse espantados delante de una computadora o escasamente estar en condiciones de manejarlas únicamente cual si fuesen máquinas de escribir mejoradas; nos invaden reproductores de música y video de dimensiones diminutas y enorme capacidad, aumenta la cantidad de operaciones que es posible hacer en un teléfono celular y el uso de los SMS comienza a transformar la estructura de la lengua. No en ambientes de hiper-desarrollo, sino en Cuba, país cuyas relaciones con las nuevas tecnologías y su aplicación en la esfera del consumo necesita un análisis particular.

El estupor al que me refiero, de los grupos de escasa capacidad para incorporarse a las nuevas tareas, puede ser entendido de múltiples maneras y lo mismo sus consecuencias; afirmar que tal parálisis es una reacción lógica ante el embate de tecnologías sofisticadas, alegar que no hubo suficiente preparación básica para los cambios que vendrían o que, en el momento presente y según una dialéctica de posibilidad-realización, hemos quedado desbordados por la cantidad de cuanto sería posible y no estamos en condiciones siquiera de imaginar.

Una lectura más profunda revelaría que, más allá de lo anecdótico, la introducción de las nuevas tecnologías informáticas y aplicaciones electrónicas es otro escenario (acaso el más transparente, dada su importancia hoy) donde se ponen de manifiesto las contradicciones del subdesarrollo y su peculiar manifestación en un país socialista, enfrentado en batalla sumamente desigual con la potencia más poderosa de toda la historia humana.

En la proposición anterior igualmente cabrían los esfuerzos del gobierno enemigo para impedir que dichas tecnologías sean adquiridas, utilizadas y desarrolladas por las instituciones del Estado cubano para, en su lugar, formular un proyecto donde (negado todo comercio con la institución) el país queda reducido a una esfera atomizada de consumidores pasivos. El proyecto activa usuarios de la información, selectos proveedores de noticias o análisis sobre la realidad del socialismo cubano (entiéndase aquí por "realidad" todo lo que sirva para multiplicar críticas o campañas mediáticas en el escenario global), consumidores de entretenimiento, pero nunca generadores de pensamiento independiente (críticos al poder global) y mucho menos (esto último, ni siquiera es concebible) transformadores de las propias ciencia y tecnologías contemporáneas.

Hay que insistir en el diseño monstruoso que subyace en esta parte final que cercena a un país su posibilidad de ser país y no sólo masa; dicho de otro modo, revelar que los avatares de la confrontación política se fundamentan encima de y perpetúan el núcleo duro de un desprecio sin límites al país, su soberanía y potencial intelectual. Propia de una cultura imperial, la ecuación de promoción selectiva, consumo sin límites en la población y colaboración cero en lo que toca a potencial intelectual, nos destina y fabrica para nosotros una nación sin pensamiento, sin lo estrictamente humano de la especie. Ejemplo del límite irracional (o racional) de tal conducta lo dio George Bush cuando firmó una orden prohibiendo que artículos de científicos cubanos apareciesen en publicaciones científicas de los EE.UU.; ello implicaba que, de haberse descubierto en nuestro país una cura contra el cáncer o el SIDA, era preferible que millones de personas siguiesen muriendo hasta que científicos de cualquier otro sitio alcanzaran idéntico logro. Todo, con tal de que las instituciones cubanas no pudiesen mostrar al mundo éxito alguno; aunque otra manera de entender tal locura y enseñarla como hecho de razón es ver tras ello la convicción de la visceral inferioridad cubana en términos de pensamiento. Sacar beneficios de este ordenamiento, al precio de callar sobre la estructura en la cual se está inserto, es asqueroso como gesto moral.

Las condiciones de guerra virtual no son un agregado, sino la condición de existencia de la vida de Cuba como país y por ello condicionan todos nuestros desarrollos, insuficiencias o fracasos; a la agresividad de un frente enemigo hay que sumar el aislamiento (natural y construido alrededor del país), así como el débil potencial económico de la Isla y el hecho de que la expansión mundial de las tecnologías informáticas, su "domesticación", se haya acelerado en paralelo a la entrada del país en la debacle económica luego de la desaparición del mundo socialista. Al mismo tiempo que países de elevado desarrollo o capas privilegiadas en regiones periféricas accedían a las bondades de Internet, nosotros nos agitábamos en el centro de la más desesperada crisis económica en la historia nacional; puede que, de paso, ello también explique por qué entonces no pudo ser hecho un ordenado proceso de alfabetización y especialización digital en los cuadros de dirección de todo el país, grupo que hoy "siente" ese vacío. Simplemente, había que sobrevivir.

Por otra parte, en lo que toca a la calidad y "actualización" constante del equipamiento, las redes cubanas se han ido conformando a contrapelo del bloqueo y, aunque operan, enfrentan problemas de una complejidad técnica poco menos que inédita y en ocasiones absurda.

Cuestiones tan comunes entre nosotros como la necesidad de diseñar y hacer funcionar una Intranet compuesta de máquinas de distinta generación son, valiéndonos de una metáfora, "motores que funcionan al revés", retrasando el desarrollo. Mientras que la imposibilidad de adquirir determinado equipamiento de punta es una consecuencia claramente visible del bloqueo, las consecuencias de sólo poder acceder a otro de categoría menor constituyen un daño que se nota menos, pero que se paga con un descenso de potencialidades; en el extremo opuesto, la simple imposibilidad de actualización para el parque de máquinas ya sí implica un efecto devastador, pues obliga a la utilización de "parches" o de programas (software) al nivel de rendimiento en que se encuentran las máquinas de las generaciones más antiguas.

La lógica de lo anterior (ya se sabe que un ejército se mueve a la velocidad de sus unidades más lentas) transparenta la difícil (y extraña) tarea de los "ideólogos" de las redes nuestras; al tiempo que países, o sectores dentro de ellos, disponen de capital para la renovación racionalmente continua y la expansión, una masa importante de nuestras energías se debe concentrar en impedir que la red sencillamente colapse por obsolescencia. Esta tragedia del bloqueo, multiplicada porque el punto de partida es el subdesarrollo (lo cual alcanza para palpar el carácter enteramente criminal del primero, resulta un elemento paralizador del pensamiento y la imaginación; una de las principales muestras de esto anterior es nuestra incapacidad de convertir la red en algo imprescindible para la vida de las personas en el país o de localizar aquellos puntos en los cuales la red (pese a todo) marca la vanguardia del pensamiento o modo de presencia para determinado aspecto de nuestra imaginación o simple existencia.

En el momento actual, cuando la introducción y uso de computadoras se ha multiplicado en todo el país (tanto en el sector estatal como en el privado), con más claridad se ve cuán por debajo nos encontramos en lo que toca a lo principal: la comprensión de la red para mejor organizar y explotar sus potencialidades.
II
Una comunidad intelectual necesita, como respirar, de un sistema de publicaciones periódicas (revistas con temas de cultura general y también especializada). Respecto al libro, la revista tiene una velocidad de aparición y rotación que hace de ella tal vez el medio favorito a la hora de reflejar la dinámica cotidiana de una comunidad intelectual; ella es el sitio común de los debates y los descubrimientos, se adelanta a las que serán reconfiguraciones del panorama, introduce valores e inquietudes nuevas, etc. En atención a la lógica de formación, profundización y posterior expansión de un conocimiento, es en las revistas (junto con comunicaciones en congresos, etc.) donde primero surge y es sometida a tanteos una idea, objeto o área de trabajo nueva.

En un país donde el sistema de publicaciones periódicas fue duramente afectado por la crisis del "Período Especial", la posibilidad de crear y colocar publicaciones periódicas en la red llegó como una verdadera salvación para la cultura. Diversos actores entendieron el nuevo contexto y hoy día se puede asegurar que revistas como Esquife, La Jiribilla, Mar Desnudo, Miradas, Calibán y la Revista del Instituto de Filosofía figuran entre lo mejor que en el país se publica en el campo del arte, la cultura y las ciencias sociales. Sin embargo, y aquí viene el primer problema, tal calidad no implica que se encuentren entre lo más conocido y menos aún que los textos allí publicados cobren la resonancia que merecen en la comunidad intelectual.

Desde este ángulo, aún no hemos aprendido a promocionar de modo adecuado (un nuevo medio precisa reglas nuevas) lo que ya existe en las redes cubanas, ni tampoco a socializar su contenido. Tal cuestión resulta más dolorosa cuando se piensa más allá de la red y desplazamos la mirada al campo de la producción multimedial, donde son varias las obras de muy alta calidad que esperan por ser promocionadas, analizadas críticamente en las publicaciones o espacios culturales del país, utilizadas en la enseñanza, etc. Extraer títulos es difícil, más aún así se puede correr el riesgo de resaltar, entre las muchas con valor de referencia que han sido hechas, obras como el Atlas etnográfico de Cuba (Centro Juan Marinello, Enciclopedia Todo de Cuba (CITMATEL). Otros materiales electrónicos, pese a no haber sido hechos con una concepción multimedial, son productos con alto valor dado los textos que contienen; destacan aquí Pensamiento cubano del siglo XIX (Casa de Altos Estudios), Obras completas de José Martí (Centro de Estudios Martianos)

Puesto que se trata de una tendencia que debe, y tiende, a crecer, lo anterior admite un enfoque más grave cuando se agregan al listado sitios como CubaLiteraria, el nuevo sitio web de la UNEAC, la revista de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, el sitio web de CENESEX, el sitio de la Red de Masculinidades Latinoamericanas, la reciente revista EnVivo del ICRT, el sitio web de la AHS, la revista Árbol Invertido, Librínsula, Mesa de Trabajo de la Facultad de Comunicación Social de la UH, Cuba Now, el sitio web de Cubarte, los sitios web de la Radio y de la Televisión cubanas, la publicación SPD (Socialismo Participativo y Democrático), entre los más destacados generadores de contenidos en temas de arte, cultura y ciencias sociales en general. A ello deben ser sumadas iniciativas de actores independientes como los realizadores de las revistas 33½ (Raúl Flores), Desliz (Lizabel Mónica), los blogs Negracubana (Sandra Álvarez), La isla y la espina (Reynaldo Cedeño) o el de Lalita Curbelo, lo mismo que listas de distribución como Observatorio Crítico.

Estamos hablando de una masa de información enorme (literatura creativa, información y pensamiento) que no es procesada por las instituciones bibliotecarias del país, no recibe los beneficios de aparato alguno de promoción (que no sea la misma red) y que --por tanto-- se torna prácticamente irrecuperable, estéril en cuanto a completar su impulso dinamizador para el pensamiento del país. Revertir esta situación es hoy día prioritario para la enseñanza, el sistema de cultura y la ideología, pues la masa de información que hemos mencionado (junto a otras muchas iniciativas) revela la magnitud del proceso según el cual --luego de la desaparición del antiguo campo socialista-- el movimiento de las ideas en Cuba ha entrado en un proceso acelerado de reevaluaciones y reconfiguración en la elaboración de paradigmas nuevos. No haber comprendido esto, muy especialmente en el sistema nacional de bibliotecas públicas, es prueba de la escasa preparación mental que teníamos (o tenemos) para lo que la activación de la red iba a significar y transformar para siempre.

Es claro que las dificultades tecnológicas y de acceso son un segundo aspecto que conspira para disminuir las potencialidades de los contenidos disponibles en las redes cubanas; de ellas, pocas tan amargas como la pobre velocidad de las conexiones. En oposición a lo anterior, como ejemplo de otra práctica que las bibliotecas cubanas aún no descubrieron, está la posibilidad (inaprovechada entre nosotros) de que las bibliotecas actúen como espejo o como reservorio de las publicaciones colocadas en línea. Tal cosa permitiría (a investigadores, estudiantes y público en general) disponer del contenido de estas publicaciones sin la obligación de estar conectado a la red. En el caso de páginas todavía diseñadas en HTML es fácil transportar un conjunto de ítems conectado por hipervínculos entre sí y en términos de espacio (en discos duros) no significa dificultad (dado el crecimiento de las capacidades de almacenaje en estos últimos); en el caso de las páginas dinámicas, se torna más complejo, puesto que es la base de datos íntegra lo que hay que transportar al servidor que brindará el servicio. Es aquí donde las políticas de Estado en cuanto a la información (dentro de ellas, la bibliotecaria) "normalizan", corrigen vicios y estimulan el trabajo con formatos compatibles, pues también aquí no solo se trata de colocar contenidos, sino de intentar conseguir la máxima racionalidad del sistema.

Como mismo no ha sido hecho lo anterior, tampoco han sido elaborados directorios que den cuenta de todo lo que existe en las redes cubanas; algo así como un anuario analítico de la red, más complejo que un simple listado de sitios, y que oriente al usuario nacional acerca de qué y dónde buscar).

No existe un proyecto extendido de alfabetización digital orientada al trabajo dentro la red; es decir, un sistema de acciones didácticas, docentes y de publicación a ese particular efecto. Dicho proyecto, a su vez, admitiría ser dividido en dos niveles o zonas de influencia simultánea sobre la cultura del país: alfabetización propiamente dicha (etapa inicial concebida para que tenga lugar en edades tempranas o en grupos que se recién incorporan al uso de la red) y profundización (destinada a quienes ya son usuarios de computadoras y orientada a especializarlos en las lógicas y usos de la red). En este punto, con independencia del carácter formal de los espacios docentes de enseñanza-aprendizaje (programas de estudio en los niveles primario o secundario, cursos, circuito de Joven Club, etc.) la meta deseable es que la discusión acerca de los temas, funcionamiento, potencialidades o esencia de las redes y su lugar en los proyectos de desarrollo y mejoramiento de la vida en el país, crezca hasta ser un hecho normal de las dinámicas de opinión nacionales.

No por casualidad utilicé previamente el adjetivo "nacional", pues la sospecha mayor que brota ante la evidencia (a partir de lo que falta) es que la red cubana (considerada de manera global) todavía descansa en un concepto que hace de ella un inmenso mostrador para el usuario extranjero antes que para el hipotético usuario nacional. Dicho de otro modo, está constituida a la manera de una suma de bloques directamente insertos en la red global mundial, sin que haya replicación en una Intranet poderosa, útil para el habitante del país. Semejante círculo vicioso sólo podrá ser roto cuando los ideólogos de la red tuerzan el diseño (en términos tanto de utilidad práctica de las ofertas como de promoción de servicios) para que la red se torne imprescindible para nuestras vidas.

Para que tal cosa suceda hay que colocar en la red "cosas" (materiales) que sean necesarias, útiles, incluso imprescindibles, para el usuario nacional. Pero entonces hay que propiciar accesos (no veo mejor lugar que la biblioteca pública) a lo ya colocado; no es casual que un país como Finlandia, uno de los más altamente informatizados del mundo, se cuente igual entre los que mayor desarrollo han dado al uso de la red con sentido comunitario. Debemos insistir en que la red no es una simple vidriera para que el visitante externo aprecie la riqueza cultural de un país, sino que necesita descansar en su valía para sus potenciales consumidores internos.

Si bien las instituciones estatales siempre aportarán una gran cantidad de los contenidos, el potencial interactivo de la red sólo se realiza cuando en ella participan (con sus particulares saberes) la cantidad incalculable de actores potenciales que tiene cada país. En este punto, la racionalidad del sistema vuelve a intervenir y avisa de que la intervención estatal no puede cubrir la variedad -virtualmente infinita- de necesidades de información que en cualquier país existe o la voluntad de producirla; a la manera de un proceso de mercado, la red enseña numerosos y poderosos puntos nucleares que se enfrentan y coexisten con una maraña de actores individuales que generan una masa enorme de información, en no pocas ocasiones sumamente micro-especializada (proceso que equivaldría al hallazgo y operación dentro de un nicho de mercado).

En las condiciones políticas de Cuba la liberación absoluta de la red (dentro de un país en estado de guerra no declarado) es, cuando menos, tortuosa o más bien no es posible (sin fabricar, de inmediato, enemigo interior); del lado opuesto, toda reluctancia a liberar la red resultará un elemento retardario para la misma cultura que se quiere potenciar. En este sentido, hay tanto que favorecer la entrada en la red de actores individuales como abrir los espacios de algo que apenas existe en el país; me refiero a un tipo de intelectual nuevo, especializado en el funcionamiento de la red misma y en el análisis crítico de ella. Al mismo tiempo, a medida que el contenido de la red se incrementa, en lugar de resultar más fácil hallar lo que se busca irá sucediendo lo contrario; tal cosa implica el surgimiento de un segundo modelo de intelectual (esta vez proveniente de la profesión bibliotecaria), lo que hace ya años es denominado como el "ciber-bibliotecario", entrenado para colocar en manos de los usuarios aquello que demandan de la red.

Un viejo dicho reza: "móntate en el tren de tus hijos". Tenemos que fabricar el mundo que vendrá y el crecimiento de la red es uno de sus vectores más claros. Profundizar su uso es aprender a diseñar políticas, pensar, debatir, exponer, leer e interactuar de otro modo.
Sencillito, otra Revolución.

*Intervención en el panel “La cultura cubana ante el reto de las nuevas tecnologías”, de la Jornada de la cultura cubana en medios digitales, auspiciada por Cubarte, Centro de Informáticaen la Cultura, y celebrada en la Casa del ALBA Cultural, La Habana, del 10 al 12 de noviembre de 2010.

PERIFERIAS: escritores y escrituras en la Puerta de Papel

Por Eduard Encina Ramírez.(Poeta y narrador)

Recuerdo bien aquel día, en que Reynaldo García Blanco, mochila al hombro, desembarcó en Contramaestre y puso en mis manos un cubo de libros (aún no recuerdo si se los devolví) para que yo atinara el agua profunda de las palabras. Lo que al escribir significaba una pasión, poco a poco derivó en juicio, en la conciencia de moldear un cuerpo, una arquitectura. Así, sin proponérmelo, mis textos se convertirían en el primer libro de poesía de Ediciones Santiago, un proyecto editorial surgido con el corazón en la boca para aquellos autores que, por distintas circunstancias, estaban limitados de la posibilidad de publicar sus obras.

A partir de entonces (con el corazón en la boca) veía a la gente leer mis poemas y apuntar hacia mí con la ternura de quien se apunta a sí mismo. Eso me hizo pensar en la escritura, en lo que esa gente iba a buscar en mis versos. Con esta pertenencia, en varios espacios lo dije: la RISO traía el corazón demasiado afuera, y había que buscarle un lugarcito en el pecho, donde se pudiera pensar mejor cómo íbamos a presentarle un Autor a un Público en constante formación y reconformación.

Lo leí en varias revistas, después en una plaquets: “las ediciones territoriales, han llenado un gran vacío… pero…”. Desde entonces, cada quien a su manera y a su sensibilidad ha tratado de sustentar una política editorial competitiva dentro del espectro literario, unos todavía con el corazón en la boca, otros con el corazón en el pecho.

Hace poco, en la Revista Dédalo, un oportunista artículo que bien pudo convertirse en oportuno, manipulaba reflexiones de varios jóvenes escritores sobre el tema. En mi caso, según algunos, mis palabras tenían el aliento del suicida, para otros era una actitud de hijo mal agradecido, como si el respeto a los padres implicara alabarles su mal camino y para los menos, no había hecho más que expresarme desde la participación y la experiencia.

Lo cierto es que estas ediciones han dinamizado en gran manera la producción literaria, democratizando un proceso necesario para la conservación del patrimonio local y nacional, así como en la estimulación de la vida cultural, elemento este en muchas ocasiones inadvertido por el grado de centralización de los medios en la capital del país y en su concebida derivación a las capitales de provincias donde la cobertura editorial y la promoción de los escritores ocurre como un hecho cotidiano.

Escribir desde un lugar llamado Songo, Baire, Mícara o La Anacahuita por ejemplo, no determina la eficacia de una literatura, pero si agrega visibilidad a otras cataduras marginales, periféricas, expresadas desde intereses y tonalidades concretas. Aunque no creo que la escritura se produzca a partir una entidad geográfica o una circunstancia natural, pues escribir “desde” no necesariamente implica escribir “de” o escribir “como”; sería iluso ignorar los estrechos perfiles estéticos y modismos que imponen los cenáculos desde revistas, editoriales y buena parte de los espacios de promoción que no siempre privilegian la diversidad o potencian debates y perspectivas capaces de enriquecer la producción literaria.

A veces he pensado en la obra de jóvenes que escriben o han escrito desde sitios profundos: Obdulio Fenelo, Carlos Esquivel, Luis Felipe Rojas, Frank Castell, Delis Gamboa, Alejandro Ponce, Emerio Medina, Yunier Riquenes y muchos otros donde emerge el mundo subterráneo de los microespacios o “los no lugares”, frente a la intoxicación que legitiman los medios donde drogas, gays, freekes, jineteras, suicidas, ciber y otros ambientes citadinos, son atemperados con un discurso hacia la ruralidad, la historia, la pobreza, el desamparo o la sobrevida, que hace más polifónico el discurso literario hoy.

En el caso santiguero publicar desde las márgenes antes de las RISO era una rareza: David González Gross, Orlando Concepción, Luis Guía Barriel o Teresita LLorens, eran nombres que implicaban una condición, un salto hacia un status que no solo distinguía a los autores, al mismo tiempo activaba la remota posibilidad de que un día tal vez… alguien más…, tal vez.
Al aparecer las Ediciones Santiago, se asistía a la visibilidad de varios autores hasta entonces ignotos y de obras que el tiempo se encargará de ponderar o prescindir. Al igual que casi todo el sistema en el país, emergió una sobresaturación de textos en condiciones de poner en peligro un proyecto todavía embrionario que no siempre valorizó el cumplimiento de un objeto social con una responsabilidad cultural. Esto contribuyó a que afloraran publicaciones con baja factura literaria o sin atractivos visuales o con una edición descuidada y triste; sin embargo, al calor de la experiencia encontramos también libros necesarios que han logrado aglutinar, diversificar los espacios de opinión y debate más allá de la cabecera provincial, textos bien cuidados, vitales, que sin el nuevo sello editorial hubiese sido prácticamente imposible publicarlos en el momento acertado. Con certeza Rogelio Ramos, Argenis Osorio, Eloy Díaz, Juan Emilio Batista, Enoel Rey, Arnoldo Fernández, Jorge L. Legrá, Osmel Valdez y muchos otros han reordenado los puntos cardinales con que se regía por estos lares la literatura.

Así muchas aristas se potenciaron desde entonces: el funcionamiento de los Consejos Editoriales Municipales y alrededor de ellos toda una comunidad literaria, núcleos, resucitados después de la depresión de los talleres literarios, ahora desde una forma más alternativa, con sus matices particulares o gremiales, pero motivados con la posibilidad de tener acceso real a la socialización de su pensamiento a través de las publicaciones. De ahí que se engendraría un problema institucional para acercar esta producción al lector, pues lo que no se promueve no se consume.

Es innegable la conquista de espacios como El sábado del libro, Prosa Nostra, el Boletín Ideas, las Fiestas del libro, peñas subvencionadas en Songo La Maya, Palma Soriano, Contramaestre donde participa buena parte de los autores publicados por Ediciones Santiago; también es cierto que la estrategia de promoción todavía no ha sido lo suficientemente sistémica y eficaz para proponer y jerarquizar dentro y fuera del territorio lo más representativo del sello editorial, no se ha creado una especie de biblioteca virtual para que los internautas puedan acceder a estas literaturas, ni se encargan reseñas, artículos, ensayos, etc., sobre propuestas sintomáticas, portadoras de elementos representativos de un campo o zona de conquista estética de interés en el panorama santiaguero, para publicarlos en revistas, libros y en la Web.

Quizás parezca demasiado cómodo acercarse desde las palabras a diez años de trabajo editorial, ahora que la memoria y el tino podrían fallarme al describir el rostro de los contramaestrenses que aquella mañana en el parque Jesús Rabí escuchaban las palabras de un bardo venido desde Venegas para presentarles mi primer libro, mi primer amor, aunque después el docto Sergio Fernández me acusara de haber “cargado” con toda la familia cuando vio agotada la edición. Desde entonces esa escena se repite con otros autores, no como un ritual exterior o vacío, sino con la avidez del descubrimiento, en un contexto en que según el poeta René Emónides “La isla pasa rápido” y se hace necesario participar desde cualquier parte para que sean menos azarosos los sueños de la literatura.

Cada obra siempre será perfectible, sobre todo si nos enfocamos en cómo contribuir a que se enriquezca. Mucho tendrá que decirse de la incidencia de este sello editorial en la recuperación de la memoria histórica de cada terruño santiaguero y sobre todo en su función de catalizador y oxigenador de la vida cultural más allá de la ciudad, donde escribir no solo es posible, sino real.


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