viernes, 29 de julio de 2011

Fósforos para mi oscuridad


“וֹHay fósforos!”. "Hay cigarro criollo". "Hay javas", así pregona Mangé.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Todos los días, al ir para el lugar donde trabajo, emisora  Radio Grito de Baire, en la ciudad donde vivo, aquí en Contramaestre, oriente de  Cuba, paso por el área exterior de un restaurante de comidas típicas llamado El Trópico. La imagen de un anciano venerable en su área exterior siempre me detiene. Sus pregones invitan a la reflexión sobre la tercera edad: “וֹHay fósforos!”. "Hay cigarro criollo". "Hay javas." El sombrero no deja apreciar la cabeza despoblada de cabellos. La vista ausente. Algunos paseantes ni reparan en su presencia, olvidan que un día llegarán a ser ancianos y necesitarán cariño para hacer soportable la vida.Varias veces lo invité a un café, lo aceptaba, pero apenas dejaba escuchar una que otra palabra. Lo hice tantas veces, que mi presencia se hizo familiar. Un 29 de julio, de por medio un café y una sonrisa agotada, me dijo que se llamaba Pedro Guibert Ramos y  había nacido el 1ro de noviembre de 1915. “A mí nadie me conoce por el nombre, todos me dicen Mangé. Tengo 5 hijos, 2 en Palma Soriano y tres en La Habana. Gozo de buena salud. Soy viudo. Hace 35 años vivo sólo y de alquiler en alquiler. Yo soy un cacique en Contramaestre. Aquí todo el mundo me conoce.” Con los ojos bañados en lágrimas me colocó una mano en el hombro izquierdo y dijo palabras estremecedoras: “Pregono fósforos y cigarros para comer y pagar un techo”. Hombres como Mangé recorren nuestras calles en plena lucha por la sobrevivencia. De tanto admirarlo y apreciarlo en su ancianidad virtuosa, no imagino el área exterior de El Trópico sin su imagen. Su frase favorita: “Yo se todo de Contramaestre. La misma me hace pensar, que este hombre tiene casi la misma edad de la ciudad donde vivo. ¿Cuántas historias guardará Mangé para los jóvenes? Terminado el café, Mangé confiesa: Llené las planillas para ingresar al asilo, estaré allí mis últimos días, tranquilo, sin que nadie me gobierne. Jugaré dominó y esperaré por los amigos que acudan a visitarme”. Al separarnos, le apreté su mano derecha. Los ojos de Mangé brillaron como el Contramaestre. “Muchacho, hace falta que los jóvenes no olviden que un día serán ancianos”. Seguí el rostro encorvado, hasta que llegó al sitio donde todos los días pregona su oscuridad virtuosa. No imagino el centro de la ciudad sin Mangé; aunque tendré que resignarme a verlo acompañado por la amiga de sus últimos años: la soledad.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales, ni comentarios anónimos. Revise su comentario antes de ponerlo, comparta su identidad y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables éticos por su contenido.