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martes, 20 de junio de 2017

La palabra como un risco, como un trino*


Por Reinaldo Cedeño Pineda escribanode@gmail.com 

Cada vez que Eduard aparece, tiene algo que contar. Es un espíritu, un alambre vivo, un poeta. Trae la palabra de Cuba adentro, como un risco,  como un trino. Su selección Manigua  acaba de acreditarse el Premio de Poesía de La Gaceta. No podía ser otro el nombre… 

La niñez, suele ser oasis del tiempo, reservorio infinito de experiencias que no se repiten jamás. ¿Dónde hallar los lazos o asideros que comuniquen tu pensamiento con esos tiempos y luego, con la infancia de tus propios hijos? 

“En la niñez está el hombre completo. Mi padre se levantaba por la madrugada para ir a tumbar monte (solo por tres pesos con veinte centavos) en un lugar que le decían Las Playitas, donde solo había cansancio y manigua. La palabra manigua me es familiar, desde el nacimiento.

“A pesar de la pobreza fui feliz, había un oasis, un gran oasis de amor  en cualquier rincón de mi casa; apenas tengo fotos de pequeño, pero sí una memoria llena de historias que entretejía mi padre, un guajiro imaginativo. Él era un poeta, pero no lo sabía. Siempre quise que me comprara un juego de pistolero, sin embargo se las arreglaba para dejarme suspirando al demostrarme que Guamá y Hatuey fueron más valientes que Triniti  o el más pinto del Oeste; enseguida nos poníamos a armar arcos y flechas con una rama de güira o palo bronco.

“Nada más asomarse a lo que digo, o a lo que escribo y uno comprende esa resistencia, esa manera de convertir la carroña en belleza, la impotencia en solución. A mis hijos no le interesan los pistoleros, sueñan tener una tablet; apenas leen lo que escribo, pero son mejores que yo. Sin que lo supiera, hicieron una alcancía y hace muy poco comenzaron a criar dos puercos: salen de la escuela, lavan el corral y les echan comida. A ellos tampoco les importa la peste: están concentrados en convertir la mierda en dinero”. 

El colega Arnoldo Fernández, tan cercano a tu obra, ha dicho que el poemario Lupus (Premio Hermanos Loynaz 2016) “apuesta a la resistencia, a las zonas de fe que necesita el ser humano para imponerse en el reino cotidiano”. ¿Puede la poesía, acaso, ennoblecer las desgarraduras? ¿Cuáles son esas zonas de fe? 

“La poesía es una llaga, una enfermedad. Los poetas no somos felices, tal vez por eso buscamos el modo de que el Otro lo sea, la imagen no es mía, es de Martí, que siempre mete su sombra telúrica en lo que escribo. La poesía es conciencia y desgarradura, lo único que hace es mostrarnos un horizonte cuando en realidad no existe, la poesía trabaja con lo imposible. Moisés no sabía lo que tenía en la mano, el poeta sí, está seguro que es un poder que logra abrir el Mar Rojo para maravilla de algunos, y también golpea contra la roca para escándalo de otros que, como al patriarca, lo excluirán de la tierra prometida.

“Lupus es un libro para mirar raso en la familia. Es sistémico, por tanto, viene de muy adentro, a veces contra sí mismo. La poesía cubana, por un lado, parece de lágrima fácil, y por otro muestra una impotencia, una guapería de tambor, mientras más vacía, más duro suena, de ahí viene la resistencia, me parece que hay que ser consecuente con el lenguaje y con la actitud ante la realidad.

“La poesía no sirve como bálsamo, sino como herida infestada, como pierna que hay que cortar. No creo en la idea edulcorada de la literatura en medio del caos, la poesía también es caos. Construir zonas de fe es trabajar con la memoria, despojarla de lo verborraico, lo tullido, y recuperar la libertad individual para poder participar en el sueño de todos. Una zona de fe es un territorio libre de apatía. ¿Cómo detener el desánimo, la abulia? ¿Cómo entenderse con la realidad sin participar? Esa es la resistencia”. 

¿Cómo dialoga la poesía de Eduard Encina, aquella publicada en cuadernos como De ángel y perverso, El perdón del agua o Golpes bajos… con la que le ha merecido ahora mismo un galardón tan prestigioso como el Premio de Poesía de La Gaceta? ¿Abrazos o contrapunteos? 

“No había pensado en eso. Cuando los escribí, sobre todo los dos primeros, sentí esa hermosa ingenuidad de quien se acerca a una mujer seducido por su caderamen, iba a comérmela, dispuesto a chupar hasta el último huesito. Golpes bajos es otra cosa, ahí comencé un espíritu patricida, no para negar lo que había aprendido, sino para cuestionarlo, pues el camino de la poesía es diverso, ahora mismo muchos no lo entienden, pero eso no cambia nada y lo que es peor, no los hace mejores. Con Lecturas de Patmos, Lupus y estos poemas de Manigua que ganaron el Premio de La Gaceta hubo, evidentemente, un cambio de posición.

“Después de tanto hueso y caderamen descubrí que con una mujer también se puede fundar familia y hogar. No se puede escribir con el corazón, hay que hacerlo con palabras, por tanto, hay un aprendizaje que al mismo tiempo conecta la concepción de esos textos, pero también los separa como entidades diferentes.

“De un libro a otro hay una experiencia con el lenguaje y con la realidad, la voz se ha ido concentrando, digo lo ineludible; cuando tengo que callar, callo. Cada vez he ido acercándome más a la vox populi, exploro ahí porque me interesa reconstruir el habla de la gente, su sensibilidad, hacer potable la desidia y dialogar desde el poema como un predicador: la verdad os hará libres”. 

Soy partidario de aquellos que afirman que somos municipios del mundo, provincias del universo; mas no hay que negarlo, la lejanía de los círculos literarios y artísticos más visibles resulta un reto formidable. ¿Cuánto te ha costado tocar el país desde tu natal Baire, Oriente adentro? ¿Cuánto te han ayudado las instituciones o los premios a lograr ese reconocimiento? ¿Cuántos gritos de Baire suma tu vida? 

“No se hace literatura desde una entidad geográfica, sino desde una parcela espiritual que se rompe y se cultiva en el ardor de la cotidianidad. Es cierto, resulta un reto formidable, sobre todo cuando muchos de los que viven en esos centros de poder cultural dilapidan tales ventajas y se afincan de la teta que les brindan las instituciones, como terneros que no quieren crecer, y se acostumbran a los viajecitos y la vida literaria, pero no se concentran en hacer literatura. Mientras tanto uno tiene que mantener la observancia de que la rudeza de vivir en la manigua no te haga perder concentración.

“Lo importante es saber cuándo hay que levantar el campamento y salir de operaciones, ya sea hasta los libreros de Reynaldo García Blanco, o en la biblioteca de la prefectura de Rito Ramón Aroche en Marianao, pero siempre hay que volver a la manigua, retirarse —diría Nietzsche— hacia la montaña, a conversar con uno mismo.

“Es cierto que hay una crisis institucional, métodos y mecanismos paralíticos que se hicieron para otro momento de la cultura y que ahora mismo son incompatibles con la realidad, a eso súmesele una creciente burocracia apoltronada en los recursos y poderes que el Estado ha puesto en sus manos, y no quiere reaccionar. Ahora, en lo que sí no caería nunca es en negar la visibilidad y la jerarquía que en mi caso me han dado esas mismas instituciones y concursos.

“Cuando gané el Premio Calendario me sentí muy representado por la AHS, hoy mismo es unos de los acontecimientos de la Feria del Libro en Cuba que más público y mejor promoción tiene. Los premios no hacen tu literatura, pero sí la ponen a dialogar en el mapa poético nacional.

“Por mucho tiempo se hizo difícil descapitalizar los premios literarios, pero inevitablemente eso tomó otro camino, se ha abierto un abanico de posibilidades que denota cierta diversidad y se ha borrado un poco aquella imagen que parecía demasiado fatal para los ʻautores de provinciaʼ.

“Por eso tienes toda la razón en que es un reto formidable asumir esta condición. Tocar el país desde el Oriente nos obliga a ser más eficientes porque el tiempo es profundo y real, vivimos en estado de sitio, la manigua nos libera y al mismo tiempo acorrala, es una especie de cimarronaje, se baja al llano cultural por provisiones, luego hay que subir los altos de Baire para dar un grito lírico, así, tan grande como el de Saturnino Lora”.

*Publicado originalmente con el título  “La poesía trabaja con lo imposible”, tomado de la revista cultural cubana La Jiribilla

viernes, 2 de junio de 2017

El poeta de los suburbios en Baire



Onel Pérez Izaguirre (Onelito).
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Dicen las mujeres hermosas que los escritores son unos tipos muy raros, pues viven una especie de ensoñación de la que no pueden liberarse; en otras palabras, nunca han sido felices.  En apoyo de esta convicción femenina, acude alguien como Pascal, según él,  los seres  felices no escriben, porque no tienen vocación para hacerlo.  

La felicidad y los placeres de la vida no son campo fértil para la  poesía. El joven de Baire, Onel Pérez Izaguirre (Onelito),  es un raro,  envuelto en un cuerpo menudo, miradas extraviadas; parece en verdad un resucitado del reino de los versos;  alguien que ha tomado la palabra como cincel y con ella ha salido a la sociedad a labrarse un destino.  

Sus inquietudes lo han convertido en alguien atento al dolor, quizás movido por la frase emblemática de Schopenhauer  de considerar la existencia humana regida por este axioma. Su poema mayor es todo un himno; parte de un título minimalista, “Fosa común”, donde con una brevedad asombrosa, pero estremecedora, asoma un mundo terrible, que bien puede ser el de cualquier persona que experimenta el desarraigo familiar;  o sencillamente un reino simbólico, donde la felicidad no tiene espacio.

Una vez escribí sobre Onelito; lo llamé el poeta de los suburbios, atrapado en una triangulación maldita de carácter laberíntico, que va de una fosa vertiendo a la calle, una cloaca  tupida, a un campo de borrachos llamado Barrio de los chinos, Canta Rana, El canal, o sencillamente, el Barrio de las heces.  

De ese mundo precario, duro, surgieron los versos de Onelito, ahí nació “Fosa común”,  cuaderno de poemas que recientemente acaba de ganar el Premio Primavera en Ciego de Ávila y constituye un reconocimiento a la obra de este joven bardo, que estoy convencido será nuestro Reinaldo Arenas del futuro y ocupará un lugar prominente en el reino lírico oriental y cubano.

Con la lectura del poema “Fosa común”, cerramos nuestra ventana de hoy, en Caracol de agua,  a Onel Pérez Izaguirre, el poeta de los suburbios en Baire:


Fosa común 

Crecí sin padre,

como un perro al que le sale

sangre de la boca.

Nadie siente ese dolor,

sino el poeta cuando preguntan

si existe el padre.

Les digo que no,

la poesía no abandona.

Es la culpa quien regresa

y descarga los sesos de mi padre

en la basura.

Me detengo.

Embarrarse las manos

no sirve de nada.

miércoles, 26 de abril de 2017

Un hombre de 102 años



"Yo aprendí a amar a Cuba leyendo las páginas de la revista Bohemia".

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Ha vivido 37200 días, parece fácil decirlo;  pero la cosa cambia cuando afirmas “Sulpicio Fernández Peña”  cumplió 102 años de vida este 20 de abril de 2017 y lo celebró con toda la familia en Cruce de Anacahuita (oriente de Cuba), lúcido y pleno de salud.  

102 años. Increíble, diría cualquiera, pero lo cierto es – le respondería-, que nació casi con el estallido de la Primera Guerra Mundial; y por sus venas corre la sangre mambí de sus abuelos Juan de Dios y Toñé Fajardo, el hermano de Juan. En su casa natal creció escuchando las historias del insurrecto Jesús Rabí y los últimos días de José Martí  en tierras de Dos Ríos; oyó  sobre las tres veces que trató su abuelo Toñé, junto a Máximo Gómez y Martí, de cruzar el Contramaestre crecido. Juan y Toñé habían sido hombres de confianza de estos tres grandes adalides de nuestra historia patria (Martí, Gómez y Rabí). Supo,  mediante la palabra de Toñé, del primer entierro de Martí en Remanganguas: “Los Sánchez se hicieron cargo del cadáver, eran hombres muy respetados allí”.   

Durante la República (1902-1958) era un lector apasionado de la Revista Bohemia, según él, “la más leída por los cubanos. En casa estábamos suscritos. Yo aprendí a amar a Cuba leyendo sus páginas”.

Al hablar sobre Míster Bolton supe algo tremendo; uno de sus tíos, Justo Peña, -probablemente el más querido para él-, había sido administrador de las propiedades de este señor. Me dijo que Justo había tenido 27 hijos con varias mujeres y que por su probada fidelidad a Bolton, éste le regaló una caballería de tierra donde hizo una casa por el camino que va para Tumba Vaca. "Allí murió".

Quise saber de su padre “Herminio Fernández Rosabal” y estas fueron sus palabras: “El mejor hombre que hubo en todo esto por aquí. Fue maestro de un paquete de gente, pues les enseñó a leer,  escribir y   las nociones básicas de matemática”.

En cuanto a su madre “Petronila Peña Escobar” me  dijo que “era una mujer de probada lealtad a la patria; su padre era español y un día desapareció sin dejar noticia;  entonces su madre Ofelia Escobar se casó con Toñé Fajardo, el hermano del último mambí; fue criada y educada por este hombre con mucho amor. Para nosotros, Toñé, era el padre de mamá, nuestro abuelo. Murió con el triunfo de la Revolución. Tremendo hombre.”

Pregunté al viejo por su esposa Enma Ramos Ríos y supe una historia hermosa sobre un árbol centenario: “La conocí en casa de los Ríos, a la sombra de un árbol de carolina;  la familia decía que no se podía tumbar porque allí estaba el espíritu de los ancestros. Ella andaba en los 14 y yo con los 15 cumplidos. El amor empezó bajo aquel gigante legendario que estaba en el patio de la casa de Agustín Ríos. Los quince de Enma los celebramos allí, con lechón asado y mucho afecto familiar. Es la mujer de mi vida, mi compañera de más de 70 años y unos cuantos de novios”.

El viejo Pisio, como le dicen sus vecinos, fue vaquero; un hecho que definió profundamente sus habilidades como fabulador. Grandes lotes de ganado tenía que llevar de una región a otra en la antigua provincia de Oriente. En las noches, mientras reponía energías en torno a una fogata, junto a sus colegas, el señorío de la palabra se imponía; la imaginación ganaba terreno y se convertía en una especie de Midas, todo lo que hablaba parecía ficción. Era difícil definir el límite entre realidad e invención en sus historias.

Sus mayores aficiones como hombre siempre han sido: tocar el tres, el bongó, jugar gallos y montar caballos de raza.

En la cultura de Pisio anda ligado el espiritismo más profundo y un pragmatismo elemental. Desde niño siempre tuvo la capacidad de dialogar con los muertos y vivir el hoy sin pensar el mañana.

Cuando surgió el central América y con el mismo las colonias de caña que se multiplicaron por estos lares, ahí estaba manejando un camión para llevarlas al coloso azucarero.

Después probó fortuna como chófer de alquiler, conduciendo una máquina de Baire a Contramaestre; allí lo sorprendió la Revolución de enero de 1959; entonces se vino a la finquita heredada de sus padres y trabajó la tierra como agricultor pequeño.

La única  mujer de su vida hace cinco años no está. Ellos (mi padre viejo y mi madre Enma), me dieron el abrigo que con un año y medio de nacido perdí. Al calor de sus enseñanzas crecí en la honestidad. Felicidades a ese hombre que lleva en su cuerpo, más de un siglo de vida;  y en su mente, un mundo de historias por contar.

viernes, 6 de enero de 2017

El héroe troyano de mi pueblo no se llamaba Héctor



El héroe de mi Troya cercana. Fot. archivo familiar.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Amado Rosales Rosabal (Amadito), es considerado un héroe de la Patria por sus hazañas guerrilleras en Contramaestre; casi todos aquí las conocen,  pero muy pocos saben que antes de ser un gran guerrero, tuvo una vida sencilla y murió como el Héctor de la Ilíada de Homero.

Ya el diminutivo decía hasta donde había calado en la sociabilidad popular: Amadito. En ello tuvo que ver el hecho de ser chófer de alquiler en el tramo Contramaestre-Venta de Casanovas y el trato ligero usado allí por todos sus colegas de labor. Era primo segundo de mi abuelo por parte de madre; incluso trabajaron juntos.

Amadito era un hombre de palabra fácil, trato afectuoso. Así que el achicamiento del nombre lo describía muy bien.
Esta imagen habla de sus días como chófer de alquiler. Fot. archivo familiar.
Nació en el seno de una numerosa familia el 19 de marzo de 1931. Tenía 13 hermanos. Sus padres eran Amado Rosales y Argelia Rosabal. Por los documentos de la época, a los hijos siempre se inscribían en la cabecera municipal, por ese entonces Jiguaní. Allí aparece registrado su lugar de nacimiento ante la historia, cuando en realidad hizo su vida en Maffo y sobre todo en Pueblo Nuevo.

Como cada cubano reyoyo, era aficionado a la pelota y al dominó,   así que se le veía jugar béisbol en Maibío, La Graciana, Baire, América. Al segundo de los pasatiempos, también le dedicaba momentos de ocio; dicen que era bueno, no de los que solo sabía poner fichas.

De Reina Bárzaga, su esposa, con la que estuvo legalmente casado, casi no se habla.  Fue su amor ideal, hasta que se involucró en la lucha contra Batista, primero en la clandestinidad,  quemando cañaverales, repartiendo propaganda subversiva, incluso fue de los que se atrevió a prenderle fuego  con dinamita al tramo de ferrocarril que unía a Contramaestre y Baire.

Cuando ya estaba tostado, como se dice en el argot popular, porque se sabía de su obra clandestina; tuvo que irse a la Sierra Maestra, donde peleó a las órdenes del comandante Juan Almeida Bosque. Almeida le ordenó operar en Matías, como parte del Tercer Frente Oriental. Por su bravura e inteligencia, fue ascendido al grado de teniente.

El 17 de noviembre de 1958, durante una acción militar, es mortalmente herido. ¿Cómo ocurrió el hecho? Junto a sus hombres colocó una mina en un tramo de la Carretera Central a dos minutos aproximadamente del Cruce de la Anacahuita. Se retiraron a un lugar seguro. El objetivo era un medio blindado del ejército de Fulgencio Batista (una tanqueta).  Al producirse la detonación, Amadito regresó al lugar a recoger armas de los supuestos caídos, pero la tanqueta no sufrió daño y venía escoltada por el sargento Beto Venero, uno de los matones más temidos de todo Jiguaní. Lo acribillaron a tiros. Su cuerpo fue colocado sobre el capó de un jeep como trofeo de guerra y lo exhibieron por toda la Carretera Central desde Contramaestre, Cruce de Anacahuita, La Ratonera, Pueblo Nuevo, Baire, Jiguaní y  Santa Rita. Finalmente lo enterraron en el cementerio de Bayamo.

Actualmente sus restos están en el campo santo de Baire, al que fueron trasladados, gracias a la gestión de familiares y amigos. Puede verse su nombre en el Panteón de los Mártires de allí. 
Obelisco que fija ante la historia el lugar donde fue abatido por las balas del matón Beto Venero. Fot. tomada por A. Fdez.
En lo personal, estudié en la escuelita rural Domingo Portela, a unos trescientos metros del lugar donde fue asesinado en combate. Crecí escuchando sus hazañas;  los pormenores de su muerte. En mi casa de Anacahuita se hablaba con respeto de Amadito. Dice abuelo que tomaba café fuerte casi todos los días, sentado cómodamente en un taburete, mientras una avioneta del ejército sobrevolaba la zona.

Para mí siempre será Amadito, el héroe de mi Troya cercana, el que a muchos niños como yo les hubiera gustado ser. Inexplicablemente la escuela donde hice mis estudios primarios no tiene su nombre. ¡Cuántos Amaditos hubieran salido de sus aulas! Pero detrás de un buró alguien decidió de un plumazo y la historia se fue muy lejos.

viernes, 14 de octubre de 2016

Contramaestre fue tomado hoy por las palabras



Se reconoció en Mailín Castro Suárez a la escritora que mejores textos presentó.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Contramaestre, en el oriente de Cuba, amaneció hoy tomado por los escritores. Se les podía ver en la Librería, el Café, camino a la Biblioteca, o paladeando un té de anís. Vinieron desde Baire,  Maffo, hasta del mismísimo pueblo con nombre marinero. Muchas ilusiones en sus palabras impresas para el Taller debate municipal 2016.
Jurado integrado por los escritores Arnoldo Fernández, Delis Gamboa y Reinaldo García Blanco.
La confluencia de los concursantes se produjo a las 10 de la mañana, cuando llegaron hasta la Luz Berta Sánchez  y ante un jurado integrado por Reinaldo García, Delis Gamboa y Arnoldo Fernández, concursaron en los géneros literarios convocados.

En honor a la verdad, reconocer la calidad de las obras en concurso, proceso que hizo muy difícil su evaluación.
Décima  reconoció la obra “El solitario” de Roberto Carlos Aguilar.
Por unanimidad se reconoció en Mailín Castro Suárez a la escritora que mejores textos presentó en poesía para adultos (Arte de los días. Arte de las noches), poesía para niños (On line), cuento para adultos (Blanco y negro) y cuento para niños (Retrato de tres). Décima  reconoció la obra “El solitario” de Roberto Carlos Aguilar. Hubo varias menciones en los géneros convocados.

El  Taller debate literario municipal fue posible realizarlo aquí en Contramaestre gracias a la gestión de los instructores de literatura que costearon los gastos del evento, aseguraron la merienda de los concursantes y hasta el almuerzo del jurado.  Ellos, en especial Eduard Encina, merecen un especial reconocimiento, junto a los ganadores que nos representarán a nivel provincial en Santiago de Cuba.

domingo, 28 de agosto de 2016

Caracol de agua es un amigo sincero



Antonio Domínguez.
Por Antonio Domínguez García. (Reside en Baire, Cuba) 

Lo conocí por error pudiera decirse, lo traía un amigo en el celular, mostraba una información local sensible; así mismo, nunca imaginé que en nuestro Contramaestre hubiese algo llamado CARACOL DE AGUA, con tantos seguidores, amigos, críticos y enemigos; una pasión que no dejaba pasar ni los buenos sucesos, ni los trágicos, vividos por este BLOG.

Conocí de su existencia hace más de un año. Al entrar en su reino, conocí  que el mundo gira a una velocidad que nosotros los cubanos no advertimos, pues el día a día no nos da tiempo ni a utilizar el pensamiento. Supe entonces que CARACOL reúne  a muchas artistas en sus páginas; que todos  expresan sus criterios lúcidamente, sin ponerse nerviosos, porque  son consecuentes con la ética del espacio y saben el terreno que pisan, una especie de libro de acceso popular. Aquí se puede expresar el ciudadano cubano y el de cualquier lugar del planeta sin hipocresía.

El CARACOL  sabe escuchar  y decir, sin ser sectario; quizás por eso ha tenido que enfrentar  tristes desenlaces, persecuciones indirectas y hasta los sinsabores  que provocan los que siembran calumnias y se complacen con el dolor del otro al quitarse un ojo, si su contrario pierde los dos.   

Aprendí de CARACOL que los pequeños detalles hacen grande la vida y nos ayudan a ser mejores personas; que cada cosa en nuestro entorno es importante, sólo basta tener las mejores intenciones para encontrarla y darle significado. Me enseñó a querer a mis ancestros, a mi tierra natal Baire, a los personajes populares.

Tiene la magia de transportar  a sus seguidores, estén donde estén, a sus recuerdos  más queridos. Una estampida de emociones provoca en aquellos que dejaron atrás, alguna ilusión rota o una herida sin curarse. Es un bálsamo para la PATRIA.

Sus protagonistas son la gente del campo, los humildes, pero también esos pueblos y barrios donde se construye la identidad.

Tiene momentos sublimes dedicados al pensamiento más elevado, quizás por eso algunos lo llaman “elitista”…

Lamentablemente CARACOL es más conocido allende los mares, que en su propio pueblo.

CARACOL es mi amigo sincero, ¿Quieres serlo también? Te invito.

miércoles, 17 de agosto de 2016

El primer desayuno de Fidel Castro en Baire libre



Primer desayuno de Fidel Castro en Baire libre. (Foto tomada del archivo de Teodoro Garcés, 1997)
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

El líder Fidel Castro Ruz visitó Contramaestre en muchas ocasiones, una de ellas ocurrió el 24 de febrero de 1959 en el territorio de Baire, al que asistió en la mañana de ese día a una casa amiga para celebrar el reinicio de las luchas independentistas contra el colonialismo español. ¿Cómo aconteció ese momento en la vida de Fidel?

Antes de dirigirse al acto oficial por la conmemoración del 24 de febrero, Fidel Castro desayunó en la casa de su amigo Teodoro Garcés Pérez (Teo), Secretario de Organización y Propaganda del Banco de Oriente.

En conversaciones con este reportero, Teo narró entusiasmado el gusto de Castro por la comida criolla: “A Fidel le gustaban mucho los tostones con huevo frito y el café con leche. Celia Sánchez  probaba antes cada alimento que ingería el Comandante”.

Teodoro Garcés Pérez.
En ese tiempo Teo tenía afición por la fotografía; a él se deben muchos de los recuerdos que vinculan a Fidel Castro con el pueblo de Baire, luego del triunfo revolucionario de 1959.

De la casa de Teo partió al Parque Histórico, donde se celebró el acto oficial. Teo tomó muchas fotos del líder guerrillero  que hoy deben encontrarse en su archivo personal y permanecen inéditas para los cubanos.

A Teo lo visité  en 1997 en su amplia casona de Playa, en La Habana;  tuve la suerte de ver la montaña de telegramas que recibía cada cumpleaños a nombre de Fidel Castro; las numerosas fotos junto al líder que conservaba. Las botellas de Napoléon que le enviaba Millar Barruecos (Chomi) a nombre de Fidel Castro. Los telegramas de Raúl Castro.  Lamentablemente no se sabe el paradero del archivo personal del Teo, porque al morir, sus propiedades pasaron a ser controladas por un hermano con el que tenía algunas desavenencias familiares.

martes, 16 de agosto de 2016

FIDEL CASTRO EN CONTRAMAESTRE

 
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Fidel Castro visitó la casa de Aquilino Fernández por primera vez el 10 de octubre de 1939. Estuvo tres días, en los que se dedicó a jugar con René en el patio y realizar visitas al río Contramaestre, del que le impresionaron varios lugares a los que volvió una y otra vez: la poza del Diablo, el Chorrerón, el Encanto y la de Pitillán. Leer más 



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De aquel cuarto ya envejecido por el paso del tiempo, tía Ana me condujo hasta el muro del amplio corredor, al que Fidel Castro subió para hablarles a las personas que acudieron a visitarlo la penúltima noche: “Recuerdo que eran como las siete de la noche y pasó un avión del Ejército, Fidel mandó a apagar las luces, horas después como a las once, once y pico, arrancó de nuevo a conversar, luego partió hacia Baire”. Leer más
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En un momento de la conversación, luego de tomar café, le dije que tenía un hermano de dos años que le pusimos Fidel, por si acaso a él le pasaba algo, quedara el otro y pudiera hacer la Revolución. Fidel se puso muy serio y me dio la mano, luego me dijo que le gustaría conocer al otro Fidel, entonces mamá le dijo que tenía Tosferina, no lo habían traído porque el  sereno le hacía daño. Fidel  me abrazó y dijo que cuidara de mi hermano, porque quizás hiciera falta algún día. Leer más
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Allí se erguían imponentes naves de café. En aquel escenario Fidel Castro comandó una de las grandes batallas contra la tiranía de Fulgencio Batista. Mis ojos se detuvieron ante la huella de los disparos en las paredes, la tarja que recuerda el nombre de los caídos. Leer más
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Muy pocas personas saben que la ropa usada por Fidel Castro en la Sierra Maestra y con la que entró vestido a La Habana, como parte de la Caravana de la Victoria, fue cosida por Osmán Pantoja Jiménez, un hombre de Maffo,  principal impulsor de “Creaciones Pantoja” en Contramaestre, una sastrería de fama nacional. Leer más 


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El primer desayuno de Fidel Castro en Baire libre
En conversaciones con este reportero, Teo narró entusiasmado el gusto de Castro por la comida criolla: “A Fidel le gustaban mucho los tostones con huevo frito y el café con leche. Celia Sánchez  probaba antes cada alimento que ingería el Comandante”. Leer más



 

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Los fidelistas apasionados de toda la vida
Creo que todo cubano viva donde viva alguna vez tuvo la pasión por Fidel Castro; la mía comenzó en la niñez  pues en mi casa se hablaba de su presencia en Cruce de Anacahuita durante cinco noches durante la toma de Maffo; desde esa etapa soñé con la posibilidad de abrazarlo o tenerlo cerca. Leer más





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 El Mate y Carlos Manuel de Céspedes 
“Céspedes vivió días duros y azarosos en estas montañas de la Sierra Maestra.  Céspedes cruzó muchas veces este río Contramaestre; y, por último, Céspedes murió en San Lorenzo, donde precisamente se encuentran las fuentes de este río.  Y como justo homenaje a aquel patriota que inició las luchas por nuestra independencia y a los que con él lucharon y lo secundaron en aquella tarea, nada más justo que ponerle ese nombre a esta obra. Leer más

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 El río de Céspedes, Martí y Fidel Castro, está muriendo
Al mediodía del 10, el almuerzo se sirvió con un menú a gusto de la dueña de la casa, Enma Bárzaga, esposa de Aquilino. Ese día Fidel tomó agua del Contramaestre y muy pronto  se compenetró con Aida, la cuarta en orden cronológico  de los cinco hijos de Aquilino y Enma. Conversaron mucho en el patio de la casa, luego se fueron al “Contramaestre”, donde bañaron sus cuerpos toda la tarde.  Leer más
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