Mostrando entradas con la etiqueta Remanganaguas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Remanganaguas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de abril de 2017

Un hombre de 102 años



"Yo aprendí a amar a Cuba leyendo las páginas de la revista Bohemia".

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Ha vivido 37200 días, parece fácil decirlo;  pero la cosa cambia cuando afirmas “Sulpicio Fernández Peña”  cumplió 102 años de vida este 20 de abril de 2017 y lo celebró con toda la familia en Cruce de Anacahuita (oriente de Cuba), lúcido y pleno de salud.  

102 años. Increíble, diría cualquiera, pero lo cierto es – le respondería-, que nació casi con el estallido de la Primera Guerra Mundial; y por sus venas corre la sangre mambí de sus abuelos Juan de Dios y Toñé Fajardo, el hermano de Juan. En su casa natal creció escuchando las historias del insurrecto Jesús Rabí y los últimos días de José Martí  en tierras de Dos Ríos; oyó  sobre las tres veces que trató su abuelo Toñé, junto a Máximo Gómez y Martí, de cruzar el Contramaestre crecido. Juan y Toñé habían sido hombres de confianza de estos tres grandes adalides de nuestra historia patria (Martí, Gómez y Rabí). Supo,  mediante la palabra de Toñé, del primer entierro de Martí en Remanganguas: “Los Sánchez se hicieron cargo del cadáver, eran hombres muy respetados allí”.   

Durante la República (1902-1958) era un lector apasionado de la Revista Bohemia, según él, “la más leída por los cubanos. En casa estábamos suscritos. Yo aprendí a amar a Cuba leyendo sus páginas”.

Al hablar sobre Míster Bolton supe algo tremendo; uno de sus tíos, Justo Peña, -probablemente el más querido para él-, había sido administrador de las propiedades de este señor. Me dijo que Justo había tenido 27 hijos con varias mujeres y que por su probada fidelidad a Bolton, éste le regaló una caballería de tierra donde hizo una casa por el camino que va para Tumba Vaca. "Allí murió".

Quise saber de su padre “Herminio Fernández Rosabal” y estas fueron sus palabras: “El mejor hombre que hubo en todo esto por aquí. Fue maestro de un paquete de gente, pues les enseñó a leer,  escribir y   las nociones básicas de matemática”.

En cuanto a su madre “Petronila Peña Escobar” me  dijo que “era una mujer de probada lealtad a la patria; su padre era español y un día desapareció sin dejar noticia;  entonces su madre Ofelia Escobar se casó con Toñé Fajardo, el hermano del último mambí; fue criada y educada por este hombre con mucho amor. Para nosotros, Toñé, era el padre de mamá, nuestro abuelo. Murió con el triunfo de la Revolución. Tremendo hombre.”

Pregunté al viejo por su esposa Enma Ramos Ríos y supe una historia hermosa sobre un árbol centenario: “La conocí en casa de los Ríos, a la sombra de un árbol de carolina;  la familia decía que no se podía tumbar porque allí estaba el espíritu de los ancestros. Ella andaba en los 14 y yo con los 15 cumplidos. El amor empezó bajo aquel gigante legendario que estaba en el patio de la casa de Agustín Ríos. Los quince de Enma los celebramos allí, con lechón asado y mucho afecto familiar. Es la mujer de mi vida, mi compañera de más de 70 años y unos cuantos de novios”.

El viejo Pisio, como le dicen sus vecinos, fue vaquero; un hecho que definió profundamente sus habilidades como fabulador. Grandes lotes de ganado tenía que llevar de una región a otra en la antigua provincia de Oriente. En las noches, mientras reponía energías en torno a una fogata, junto a sus colegas, el señorío de la palabra se imponía; la imaginación ganaba terreno y se convertía en una especie de Midas, todo lo que hablaba parecía ficción. Era difícil definir el límite entre realidad e invención en sus historias.

Sus mayores aficiones como hombre siempre han sido: tocar el tres, el bongó, jugar gallos y montar caballos de raza.

En la cultura de Pisio anda ligado el espiritismo más profundo y un pragmatismo elemental. Desde niño siempre tuvo la capacidad de dialogar con los muertos y vivir el hoy sin pensar el mañana.

Cuando surgió el central América y con el mismo las colonias de caña que se multiplicaron por estos lares, ahí estaba manejando un camión para llevarlas al coloso azucarero.

Después probó fortuna como chófer de alquiler, conduciendo una máquina de Baire a Contramaestre; allí lo sorprendió la Revolución de enero de 1959; entonces se vino a la finquita heredada de sus padres y trabajó la tierra como agricultor pequeño.

La única  mujer de su vida hace cinco años no está. Ellos (mi padre viejo y mi madre Enma), me dieron el abrigo que con un año y medio de nacido perdí. Al calor de sus enseñanzas crecí en la honestidad. Felicidades a ese hombre que lleva en su cuerpo, más de un siglo de vida;  y en su mente, un mundo de historias por contar.

sábado, 27 de agosto de 2016

Un Caracol de Agua desde el oriente de Cuba



Eduard Encina.
Por  Eduard Encina. (Reside en Baire, Cuba) 

Así como las polímitas, es de raro encontrar espacios para el diálogo y la construcción de criterios en Cuba. Se torna más significativo, si esos viveros se fundan fuera de los centros de poder cultural y comienzan a emerger intereses, contenidos, en muchas ocasiones silenciados o subvalorados por la prensa tradicional.

Así llega a sus siete años CARACOL DE AGUA, el blog de Arnoldito, como le llamamos sus amigos, sobre todo quienes sabemos los silencios y resistencias que ha encontrado en el camino de fundar una Cuba virtual, donde la información funcione como una casa que se lleva a cuestas, que pesa sobre los hombros y al mismo tiempo es parte de nuestro cuerpo.

La metáfora del Caracol que se mueve y parlotea con el mundo, y muestra sitios nombrados,  Anacahuita o Remanganaguas, donde la gente abre los ojos cada día en una Cuba profunda llena de matices. Al principio (no me da pena decirlo) me pareció demasiado oscuro, un caracol entre un mar violento donde asoma la imagen de Martí y la cabeza arriesgada del intelectual periodista que en lo adelante se convertiría en conciencia crítica de su generación, era sin dudas un riesgo que acompañó con inmensa claridad el bardo Orlando Concepción.

Desde allí su comunidad de lectores ha podido disfrutar, discrepar, solidarizarse, en fin, ejercer una democracia en lo virtual que todavía no hemos sido capaces de crear en la sociedad, donde lo diverso tiene valor y participación , donde la información es más objetiva, porque no soldadea de un lado de la batalla, aquello a lo que se refería Guillermo Rodríguez Rivera, en un artículo titulado “Sobre la prensa en Cuba”, cuando proponía que “en la prensa en su conjunto, no pueden circular únicamente aquellos criterios que se consideren como “política oficial”. Tienen que circular valoraciones que enriquezcan el pensamiento, e incluso contribuyan a modificar lo que es hoy la “política oficial”: ese es un acervo del que la sociedad no puede prescindir porque la nutre y la desarrolla”.

Claro está, y CARACOL lo sabe, hay una burocracia que vive del “ocultismo”, y enseguida erige ciertos slogan como “hacer el juego”, “estar en la cerca”, “el coqueteo” y muchos etcéteras. Sin embargo, en el blog hay una transparencia, un frescor que tiene que ver con el guajiro que lo escribe, con el profe, el hermano, el fiel que no participa (como algunos) del provecho o la vendimia, sino que está dispuesto a llevar su caracol, que pesa, pero nos sirve de casa a muchos lectores en el mundo.

viernes, 20 de mayo de 2016

Orígenes tras la huella funeraria del Apóstol

Dos Ríos, lugar donde balas españolas asesinaron a José Martí el 19 de mayo de 1895.

En el Jobo Martí, primer lugar de Cuba donde descansó el cadáver de José Martí, luego de caer en combate.
En Remanganaguas, primer lugar de Cuba donde fue enterrado José Martí.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 
A Nancy Felicia. A los jóvenes cubanos que hacen Patria. 

19 de mayo de 2016: Suena el timbre del teléfono, alguien al otro lado dice que faltan apenas unos minutos. Apuro el café, mastico un par de tostadas de pan y salgo a la calle. Camino rápido. El camión está a la vista, la expedición Orígenes no ha perdido tiempo, se han acomodado como han podido. Las poetisas y trovadoras visten sport, como si fueran a la playa;  los chicos siguen el mismo estilo. La Carretera Central de Cuba abre sus brazos; hay cuantiosa alegría. El poeta Encina muestra sitios de interés histórico, incluso bromea sobre ellos; en el Granizo, señala la casa donde nació el escritor Yunier Riquenes; los ojos siguen la señal, el verde predomina, el olor a tierra señorea. Jiguaní aparece y la gente se entusiasma con la imagen del Fuerte sobre la loma, quieren visitarlo pero no es el objetivo. Atravesamos el pueblo y seguimos destino a Dos Ríos. A ambos lados se levantan imponentes llanuras  tocadas por la esperanza. El sol broncea los cuerpos. Algunos bromean sobre los últimos días de José Martí;  otros dicen palabras plenas de sabiduría;  unidos hacen el cubano insular. A las 7: 40 de la mañana aparece Dos Ríos y su Obelisco; fuimos hasta sus límites, nos tomamos fotos, luego caminamos sobre un campo cercano y hablamos a la sombra de los árboles lo sucedido a José Martí la noche del 18 y la mañana del 19 de mayo de 1895. No perdí la oportunidad y me deslicé por una cerca y fui a dar a la margen derecha del Contramaestre, a unos veinte metros del Obelisco; intenté rememorar el escenario de la caída del Apóstol, allí se me apareció el alma de Martí, venía de la casa de Rafael Pacheco, el hermano de Rosalío, tuve el privilegio de verlo sobre una roca escribiendo las últimas anotaciones de su Diario. Luego ascendí hasta el sitio donde estaban concentrados los poetas, pero ya no había nadie, apuré mis pasos y el chofer al verme prendió el motor. Salimos por un camino tras la huella funeraria dejada por el cadáver de José Martí. La alegría parecía una palma real. Hablamos de Chino Oliva, el cubano traidor que llevó a los españoles hasta el sitio exacto donde estaba Máximo Gómez acampado junto a Martí. Recordamos a los malos y buenos seres humanos que nos acompañan en este viaje a la muerte. Tupidos bosques de marabú se levantan a ambos lados, atacan nuestros cuerpos sobre el camión, Riquenes es bañado por sus flores; los fangales casi tragan las gomas del camión. Avanzamos a ciegas y fuimos a dar a una vaquería, alguien nos dijo como llegar, pero volvimos al laberinto. Preguntamos en unas casuchas humildes y tomamos el camino definitivo. Lomas de crestas empinadas, bañadas por espesos pantanos arrancan puñados de temores, algunos prefieren seguir a pie hasta donde no hay peligro. Finalmente montamos todos. Avanzamos hasta El Jobo Martí y allí nos recibe la escuelita, sus niños y un sencillo Obelisco. Nos tomamos fotos, imitamos las poses de Jorge Mañach y Mariano de Esteva y Lora, cuando en la década del 40 del siglo XX pasaron por aquí en similar fecha. El sol raja piedras. Abordamos el camión después de tomar agua. Empiezan los arrepentimientos, “si llego a imaginar esto no vengo”; algunos se asustan, porque Remanganaguas no asoma y ya casi es mediodía. Fray Juan nos recibe con agua lluvia para calmar la sed, “no hay otra por aquí”, dice el tío de Carlitos el baterista de la banda de rock Metástasys. Seguimos y aparece un pueblito parecido a una pintura, es El Tití, nos sorprende la montaña asfaltada y descendemos a toda velocidad. Enormes llanuras brotan, tomamos muchas fotos, “ya casi llegamos”, dice una voz; cambia el camino, polvo, mucho polvo;  el camión dobla a la derecha y la Unidad Básica de Producción Agropecuaria Laureano Sánchez nos espera, “aquí será el almuerzo”, dice el guía. Llaman a Encina aparte, “tenemos congrí y mango nada más”. “Arnoldo ven acá hermano”.  Me informa la situación. Ante aquel desenlace no podíamos contaminar la alegría. “¡El macho nunca llegó, esa no era mi tarea!”, dijo el administrativo. No se podía hacer nada, así que hablamos con la expedición y la gente no protestó. Sirvieron la mesa y comimos una cena tan literaria que casi nos volvimos locos. “Arroz con frijoles y mango maduro”. Reímos todos. Olvidamos el puerco y hablamos de la obra de teatro “El robo del cochino”…Reímos de nuevo, ¿qué otra cosa podíamos hacer? Alguien trajo guayabas, comimos sin lavarlas, una voz advirtió sobre el químico que un día antes había regado: ya era tarde. Descansamos un par de horas y a las 2:00 p.m salimos destino a la escuela de Remanganaguas. Nos esperan niños y maestros. El poeta Roberto Manzano habla de la relación Patria-Matria, de Anteo, dice que humilde viene de humus y traza ante todos el recorrido de la palabra, habla de la diversidad, ella hace posible la convivencia, “cuando se trazan caminos, la gente se divide”. Sus palabras son el Delfos de la tarde. Todos las seguimos en su vuelo de águila. Luego hablamos Antonio y yo sobre los días de José Martí en Remanganaguas, las familias que vieron el cadáver. Los poetas, a pesar del agotamiento, nos siguen por dos horas y media. Yunier Riquenes y Héctor Luis regalan sus últimos libros a los niños. Unas voces llaman: “Arnoldo, Arnoldo”, me avisan. Desde la cerca muestran una alegría espléndida. Voy hasta ellos. Los abrazo. Me sirven prú oriental, helado y sabroso; ponen en mis manos una fuente con trozos de queso blanco, en otra vasija, galletas de sal y en una jarra verde, café recién colado, “es para su gente Arnoldo, pero antes, coma algo con nosotros”. Agradezco tanto cariño y atenciones. Los abrazo de nuevo. Le digo a una muchacha de San German: “por esta gente he dado mi vida durante siete años, ya ellos me sienten de la casa”. Nos despedimos del Barrio Remanganaguas. Fuimos al  Cementerio a pie; colocamos una ofrenda floral ante el Obelisco que recuerda a los cubanos el primer lugar de la isla donde José Martí recibió cristiana sepultura. Luego seguimos la tradición y pusimos el oído en tierra, el corazón del Apóstol se sentía allá en lo hondo. Volvimos al camión y salimos rumbo a Contramaestre, llegamos a las 5:30 de la tarde. Cuba latía con más fuerza en cada uno de los miembros de la expedición. “Valió la pena el sacrificio”, dijo el trovador Leonardo García; todos asentimos, seducidos por la Historia.  
Montando al camión para ir rumbo a Dos Ríos.
Rebaño de reses pastan en la inmensa llanura.
El poeta Eduard Encina habla de los últimos días de José Martí como lo hacen los cubanos de a pie.
Camino al Jobo Martí, tremenda jornada, mi piel  fue bañada por un espeso sol.

El Contramaestre estaba turbio como aquel 19 de mayo de 1895.
Travesía desde Dos Ríos hasta Remanganaguas por enormes lodazales.

Llegando a la escuela José Martí en el Jobo.
Niños y niñas de la escuelita del Jobo Martí.
Hablando de los últimos días de José Martí.
Sobre el camión, llovieron flores de marabú, pero siempre hubo una trovadora para alegrar el día.
Conversatorio en la escuelita de Remanganaguas entre los poetas Eduard Encina y Roberto Manzano.
Los niños y niñas de la escuelita de Remanganaguas.
Antonio y yo conversamos sobre los grupos de familias que vieron el cadáver del  Apóstol en  Remanganaguas.
El poeta Roberto Manzano habló de Patria, Matria, Anteo y de la Cuba que vivimos y la que soñamos.
El poeta Roberto Manzano y un servidor colocamos la corona ante el Obelisco que recuerda a los cubanos el primer lugar de Cuba donde José Martí recibió cristiana sepultura un 20 de mayo de 1895.
Coloqué mi oído en tierra y sentí el corazón de José Martí latir en lo hondo.
El trovador Leonardo García y el escritor Rafael Vilches escuchan el corazón de José Martí. 

jueves, 23 de julio de 2015

Mi nueva casa es José Martí en Remanganaguas


Existe un José Martí, tan real y vivo en el corazón de la gente que cada día de los padres, -igual hace ella-, van hasta su obelisco y ponen un ramo de flores para él.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Cada semana llega hasta el cementerio Remanganaguas, allí está su papá, dos hermanos y una sobrina; no ha resistido el espíritu de soledad dejado por el viejo al marcharse. Toma un camión en Contramaestre y por casi media hora va hacia él, conversan bajo una sombra de algarrobo y cree tener un destino, cuando sabe que su matrimonio es tan incierto como su vida misma. Regresa cerca del mediodía, atrás, polvo, pastizales secos y un río que no corre;  pero al menos existe un José Martí, tan real y vivo en el corazón de la gente que cada día de los padres, -igual hace ella-, van hasta su obelisco y ponen un ramo de flores para él en actitud solemne, donde reconocen la paternidad martiana en eso que se llama Cuba, mejor dicho: PATRIA. Ella sabe que descansara muy pronto junto a los suyos, por eso piensa en la Bandera de la estrella solitaria que ondea al compás de los clarines del viento; y en el concierto ofrecido por un sinsonte cada mañana a la ciudad dormida. Sabe que es cuestión de minutos, quizás horas, pero tendrá que ir hacia su Remanganaguas de la soledad, acostar el cuerpo allí e imaginar que su amor anónimo vendrá cada semana a traerle flores blancas y a conversar. Nubarrones negros anuncian la cercanía del momento luctuoso, pero tiene la esperanza de ver a Dios y pedirle más días para vivir el amor negado por un matrimonio de años, que la encastilló en rutinas y prejuicios.   El camión llega, entonces vuelve a lo real; la costura en su vientre recuerda que el fenómeno puede estar ahí, vivo, amenazante, sabe a ciencia cierta las dos  opciones.  Caminar hacia el poniente es la verdad, tiene la seguridad de que más allá de la vida, él irá a Remanganaguas cada semana a ponerle flores blancas, conversar y hacer el amor, como mismo lo hacían en la vida real.

viernes, 29 de mayo de 2015

Los días del Apóstol José Martí en Remanganaguas




Por Arnoldo Fernández Verdecia y Antonio Isaac Hechavarría


El 20 de mayo de 1895 llegó el cadáver de José Martí a Remanganaguas. Sin ceremonia enterraron su cuerpo. El 23 dejaron el corazón y las vísceras en el cementerio del barrio. Los nativos aún tienen la costumbre de colocar sus oídos sobre la tierra para escuchar los latidos del Apóstol. Poetas sensibles los han imitado y saben que está vivo, pero muy pocas personas conocen la historia del Barrio Remanganaguas, su cementerio y la presencia del Apóstol allí. Hoy queremos prender una luz en la geografía insular, que llame la atención del mundo sobre un lugar sagrado de la Patria.


Nacimiento de un nombre

Los pueblos tienen nombres que los identifican en la geografía de una nación, muchas veces la oralidad juega un papel esencial al hacerlo y las personas comunes terminan siendo responsables de darle una identidad a la palabra y esta deviene documento cultural imprescindible que fija el nacimiento de una cultura asentada en un espacio geográfico concreto. Así sucede con ¨Remanganaguas¨ asociada a dos palabras en lengua hispana: remanga, forma verbal, acción y efecto de remangar, significa levantar, subir las mangas o el pantalón. La otra es un sustantivo: enagua, prenda de vestir utilizada bajo las faldas por las mujeres. Puede afirmarse que el hecho de nombrarla así surge en la Colonia y tiene que ver con el deplorable estado del Camino Real sembrado de enormes atolladeros, intransitable en algunas estaciones del año, sobre todo en primavera. Las fuentes orales tienen tres maneras de  referirse al origen del nombre:
Las mujeres al cruzar el río tenían que remangarse la enagua¨. 
Las mujeres al franquear el río montadas a caballo los hombres les “gritaban: arremángate la enagua”.
El lodazal surgido por las lluvias obligaba a las mujeres a remangarse las enaguas y a los hombres los pantalones. 
En uno de los casos hay un elemento importante, el mal estado del Camino Real y los contratiempos surgidos al transitar por el mismo. Esta versión tiene sus fundamentos en la vida cotidiana de las familias, pues salir desde Remanganaguas hasta el distrito de Palma Soriano – en este último, política, social y culturalmente se gobernaba en la Colonia-, obligaba a la gente a proteger la vestimenta para llegar; la única forma de lograrlo era remangarse las enaguas o los pantalones. 
Las dos versiones restantes tienen que ver con el río y, en alguna medida, también con el Camino, pues el primero atraviesa al  otro prácticamente por el corazón del barrio.  De manera que podemos concluir afirmando que  el nombre surge como una mezcla de dos palabras relacionadas con el tránsito de las personas por la principal vía de comunicación y termina siendo feminizada en la vida cotidiana con el ya definitorio Remanganaguas.

Camino Real

Remanganaguas adquirió importancia estratégica por ser atravesada por el Camino real de la isla, un hecho de profundo alcance económico, social y político en la Colonia. Gracias al mismo surgió el asentamiento  y a la vez ganó protagonismo el  territorio en la geografía oriental. Es bueno recordar que como principal vía de comunicación fue autorizado por los reyes de España a fin de establecer una ruta terrestre. Por eso Remanganaguas se benefició con la llegada del mismo; así podemos hablar de posta de caballos, telégrafo, fortín militar, cantina y fincas rústicas dedicadas al ganado y la agricultura.
Un creciente flujo económico, político y cultural transitó desde Remanganaguas hasta Palma Soriano y desde allí a Santiago de Cuba, Holguín  y   Bayamo. Por tanto, puede afirmarse que Remanganaguas surge y gana protagonismo en la geografía insular, gracias a la primera vía de comunicación creada en la isla por los reyes españoles. 

Posta de caballos 
Entre el siglo XVIII y XIX (1770-1864) las autoridades peninsulares organizaron un sistema de correos  para conectar la isla entre sí y con la metrópoli. El mismo se enlazó a través de los navíos que llegaban a la Bahía de Santiago de Cuba, principal enclave del Oriente, desde allí partía  el correo a diferentes lugares ubicados en el Camino real entre los cuales sobresalían, en un primer momento, 1770, las postas para el cambio de caballos en  Juan Barón, Cauto, Cauto Segundo, Yarayabo y el Puerto de Bayamo. Luego  fueron incorporadas postas en Remanganaguas, Baire, Jiguaní  y  Bayamo.  De modo que podemos afirmar que Remanganaguas, desde el punto de vista comunicacional, tuvo un relevante papel, en el Oriente de la isla, al servir de enlace con Palma y Santiago, lugares desde los cuales se conectaba con el resto del archipiélago. En 1864  el sistema de correos se modernizó y se introduce el telégrafo.



Línea telegráfica

La inauguración del telégrafo entre Santiago de Cuba y La Habana en 1864  fue un acontecimiento que revolucionó las comunicaciones. Trece años antes, La Habana lo había logrado (1851). Palma Soriano fue beneficiado de inmediato y allí surgió un centro telegráfico  operado por cuatro telegrafistas, con dos líneas principales, una que comunicaba con El Cobre, haciendo escala en el sitio de este término y con Dos Palmas del Cobre, y otra que comunicaba con San Luis,  Santiago, Remanganaguas y Manzanillo.

El servicio telegráfico de Remanganaguas está  ubicado en el fortín de los españoles y desde allí se enlazaba con el centro telegráfico principal. Tener esta línea  da al  Barrio una importancia estratégica y militar tremenda, pues desde allí se comunican directamente con el gobernador de la villa Santiago apóstol. Se puede afirmar que este grito de la técnica favoreció el surgimiento de una cantina para la venta de alimentos, tabacos y bebidas,  que tenía como  usuarios a los soldados del fortín y a las familias establecidas allí. Barrios y caseríos se ven obligados a conectarse con Remanganaguas,  porque desde allí se ordena el flujo comunicacional con la Corona española. Debe señalarse que el lugar se convierte en sitio de descanso de convoyes militares  y  columnas   que se mueven rumbo a Holguín, Palma Soriano o San Luis.
En las dos guerras de independencia (1868-1878) y (1895-1898) contra el colonialismo español, los cubanos lo tienen siempre como uno de sus principales objetivos,  para cortar las comunicaciones de la Corona.
El telégrafo fue estrictamente controlado por las autoridades peninsulares desde 1864 hasta que ceden Cuba, mediante el Tratado de París, al gobierno de Estados Unidos en la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana.

Ferrocarril
Con la llegada del Ferrocarril a Oriente en 1905, el sistema de correo postal cambió; las  comunicaciones se establecían diariamente. En su consolidación juega un papel importante la red de oficinas ubicadas en Hatillo, Candonga, Xavier, Los Pasos, Guaninao, Central América;  y fuera de la ruta,  Juan Barón y Aguacate.  Este hito marca un antes y un después para Remanganaguas. La condición de centro comunicacional estratégico, ganado en la Colonia, lo pierde completamente. Lo que fuera un lugar de comercio incipiente y unas comunicaciones que marcharon al ritmo de la isla, pasa a ser un simple Barrio de Palma Soriano. Otros hechos inciden negativamente en la pérdida de importancia estratégica; la mayoría ocurrió entre1910-1915:
* Abierta la oficina de Caney del Sitio (1911).  
* Palmarito de Cauto alcanza categoría de oficina intermedia entre San Luis y Alto Cedro.
* Surgen oficinas telegráficas entre en los centrales azucareros Palma, Oriente y Miranda (1914-1915).
Por su importancia, no debemos dejar de mencionar un hito de las comunicaciones en Oriente y es el relacionado con el comienzo del tendido de la red telefónica el 23 de julio de 1912 por parte  de la Cuban Company.  Con la llegada del teléfono (1912) y la Carretera Central (1927-1931), Remanganaguas pierde definitivamente su condición de centro estratégico y comunicacional del Oriente de la isla. 

Los días del Apóstol en Remanganaguas   
Atado al lomo de un caballo, el cadáver de José Martí llegó a Remanganaguas el lunes 20 de mayo de 1895, a las nueve de la mañana. Contó una lugareña que, desde el portal de su casa, la abuela lo vio todo: «Era como un Cristo. ¡Qué espanto! ¡Qué desesperación, asombro y tristeza nos dio! ¡Han matado al Presidente!». Antes de ser enterrado, permaneció en el patio del fuerte español bien protegido por la guarnición. Cerca de las tres de la tarde lo llevaron, bajo una fina llovizna, al cementerio. En silencio, cuatro soldados bajaron el cuerpo. Recibieron órdenes expresas y comenzaron a cavar una fosa, no muy profunda, en medio del fango. En ella situaron el cadáver de José Martí primero —solo una prenda lo viste: el pantalón, y está descalzo; lo despojan del reloj, el pañuelo, el cinto, y el anillo—; y encima colocaron al sargento español Joaquín Ortiz Galileo.
Cerrada la fosa, ubicaron cuatro piedras en forma de cruz para identificarla. Allí quedó una posta perteneciente a la tropa, a la que le entregaron una alforja con algunos comestibles. El resto se trasladó de inmediato al fuerte del barrio a galope tendido. Desde aquel lugar, a través del telégrafo, Ximénez de Sandoval transmitió el parte oficial  en el que informaba los resultados de la acción militar, y sobre todo, la probable muerte en combate del organizador de la guerra, el doctor José Martí Pérez.  
Al conocer la noticia, el Capitán General de la isla de Cuba, Arsenio Martínez Campos, para evitar equívocos que comprometieran su reputación militar, consultó al Ministro de Ultramar lo relacionado con la exhumación y el reconocimiento forense del que llamaban, supuestamente, «Doctor Martí». El comandante general de las tropas españolas, acantonadas en Santiago de Cuba, general de división Juan Salcedo y Mantilla de los Ríos, cursó órdenes inmediatas a Ximénez de Sandoval para que se dirigiera con parte de sus hombres a territorio santiaguero, y cumplimentaran la orden de Martínez Campos. De igual manera envió rumbo a Remanganaguas al doctor en medicina y cirugía Pablo Aureliano de Valencia y Forns, habanero radicado en suelo oriental, quien se desempeñaba como práctico forense.
Más de 72 horas permaneció en contacto directo con la tierra de Remanganaguas el cuerpo del Maestro. Dos nativos del barrio, el carpintero Pedro Ferrán Periche y Jaime Sánchez, construyeron por encargo del mismo Valencia un féretro de cedro con una ventana de cristal para el difunto. El segundo de ellos lo entregó. Recibió por el servicio ocho pesos. De eso modo se convirtió en uno de los testigos principales de un momento histórico excepcional.
A las 5:30 p.m. del 23 de mayo de 1895, varios hombres removieron la tierra de una sencilla tumba, con la intención de develar un enigma de alcance estratégico para la corona española en Cuba. Jaime, quien se hallaba entre ellos, contó cómo se produjo la exhumación: 
«Estábamos presentes el Dr. Valencia, su ayudante y yo; extrajimos los cadáveres de Martí y el sargento enterrado en la misma fosa, estando el Apóstol al fondo y ambos en estado de putrefacción. Tendidos el cadáver de Martí (…) e inmediatamente abriéndole el vientre le extrajo las vísceras. Después lo rellenaron con algodón (…).
«Con el objeto de preparar el cadáver para la traslación ya que no era posible un embalsamiento completo, se le pusieron por todos los puntos del cuerpo, 302 inyecciones de solución de bicloruro al 1 por 600 (...) Después con una solución de alumbre y ácido salicílico hecha en agua hirviendo, se le dio por todo el cuerpo una especie de barniz. Con esto el médico Valencia dio por terminada esa parte de la operación».
A las siete de la noche, a la luz de unas velas, Valencia terminó definitivamente la exhumación. A esa hora colocó los restos en el servicio funerario, que fue trasladado, muy bien escoltado por soldados españoles, al fuerte de Remanganaguas, donde permaneció la noche del 23, el 24 completo y el 25 hasta aproximadamente las diez de la mañana, momento en que lo condujeron a Palma Soriano. 
Atrás quedaban el barrio humilde, las vísceras y el corazón de José Martí para siempre, quizá por la voluntad suprema escrita en sus Versos Sencillos de echar su suerte junto a los olvidados de la historia. También se ajustaba para el inolvidable momento uno de sus más sublimes pensamientos: «la muerte no aflige ni asusta a quien ha vivido noblemente». 

Por un Obelisco digno

Y no obstante, por ser el más preclaro y universal de todos los cubanos, el Apóstol merecía el más digno de los obeliscos. Era un compromiso que asumían los habitantes de Remanganaguas en nombre de todos los hijos de Cuba. Por eso el afán por mejorar las condiciones del cementerio se hizo evidente desde las primeras décadas del siglo XX, aunque los gobiernos de la República Mediatizada permanecían en silencio ante el reclamo de inversiones para transformar sus condiciones, como bien patrimonial de la nación.
No obstante, familias campesinas, junto al Club de Veteranos del Ejército Libertador, dirigidos por el comandante mambí Manuel Benítez, desarrollaron una intensa lucha cívica para mejorar la Ruta Funeraria y levantar el importante monumento. Con ese fin se creó el Comité Pro-Obelisco en 1920, al cual se unió la Asociación de Reporters de Palma Soriano.
También muchas figuras de la intelectualidad, destacadas en el culto a Martí, se hicieron eco de la situación, como Jorge Mañach y Eduardo Chibás, quienes visitaron el camposanto en los años iniciales de la década del 40. Finalmente, gracias a colectas públicas se reunió el financiamiento necesario, y el 28 de enero de 1942 se terminó el obelisco que recuerda al mundo, y a los cubanos en particular, el primer lugar de la isla donde fue enterrado el Héroe Nacional de Cuba. 
Aguaceros continuos impidieron que una caravana procedente de Palma Soriano llegara para su inauguración oficial, el 20 de mayo. El hecho añorado sucedió en conmemoración del centenario del natalicio de Martí, con la parada martiana que liderara la maestra de la escuela pública no. 39, Emilia García.

Nace Barrio José Martí 
Un ideal patriótico de amplio alcance generó, sin dudas, el hecho de que de una vez y por todas se hiciera realidad el sueño de los campesinos de Remanganaguas de rendirle honores al Apóstol. Pero ello también condicionó la necesidad identitaria de ese histórico lugar de renombrase en la geografía patria, a partir del 20 de mayo de 1942, como Barrio José Martí.
Con tal denominación mencionaba este sitio conocido antes como Remanganaguas, no solo el historiador católico Severino Betelu, párroco de Palma Soriano en esas décadas, sino también Moyán Martínez y Pérez Rizo en su Historia de Palma Soriano. Como Barrio José Martí también lo recogieron los censos de población de 1943 y 1953. 
De igual modo afloró en las escrituras de propiedad de la tierra de 1956, y en las sucesivas ediciones del periódico más influyente de la época, el Diario Cuba, en cuyas publicaciones se hizo referencia a Barrio José Martí hasta que estas cesaron, en los primeros años de la Revolución.
Hasta 1976, en que surgió el municipio de Contramaestre que lo acogió, el Barrio José Martí siguió perteneciendo a Palma Soriano. Mas, a partir de entonces, y después de 35 años, volvió a nombrarse Remanganagua, pero sin la s al final, tal vez por lo difícil que resultaba pronunciarlo correctamente.
De ahí que referirse a este sitio sagrado para los cubanos como Remanganaguas constituya un acto de justicia histórica. Igual lo sería si lo llamáramos Barrio José Martí, porque fue una victoria del movimiento cívico que por más de tres décadas logró visibilizarlo de ese modo. Y como si fuera poco, le dieron legitimidad en la geografía, la jurisprudencia, la demografía, la prensa insular y en la historia. 

Un cementerio olvidado
La historia del cementerio tiene sus orígenes en la segunda mitad del siglo XIX. Los documentos consultados ubican su fundación en la década de 1870. En ello tiene mucho que ver la Parroquia de Palma Soriano, -la misma está dividida en cuartones-, y era la principal encargada de decidir donde hacerlos (cementerios) y bendecirlos desde el punto de vista religioso, higiénico y sanitario. 
El capellán, padre  Perfecto Verdes y Fernández,   el 19 de febrero de 1872,  se dirigió a Remanganaguas para cumplir el ritual que lo oficializara definitivamente. Realizó el viaje, convencido de las buenas condiciones del mismo y ello lo justifica con la información previa obtenida a través de terceras personas que lo describen “perfectamente cercado con su correspondiente portada y sobre una cruz de tamaño regular, cuya construcción fue hecha por el comandante militar de dicho punto D. Luis María Barro”.  Al comprobar por sus propios ojos que la situación encontrada   no respondía a la descripción realizada por la autoridad colonial, visitó a la misma y lo  obligó a enviar una carta “al Señor Teniente del Cuartón  de Arroyo Blanco, llamándole la atención  sobre el estado del Cementerio, encargándole que hiciera  cercar con madera todo el sagrado recinto y que se conservara con limpieza y reverencia”. 
Meses después, en el propio 1872,  el padre de la Parroquia, en carta a la principal autoridad militar de Palma Soriano, describe la situación del campo santo como sigue: “…un bosque sin muros o cerca que lo sustituyan y si no fuera por dos o tres cruces que allí cuesta trabajo divisar, difícil sería apercibirlo, y en calidad de cura encargado de la Parroquia  excita el celo del Capitán para poner remedio…”  Por lo dicho en este documento, se infiere que inició la prestación de servicios funerarios sin tener las condiciones requeridas. Ello justificó el diferendo entre autoridades católicas  y peninsulares para que estas últimas, generaran acciones constructivas que cambiaran su imagen. Esto no tuvo efecto alguno, pues durante varias décadas, incluso  en la República, y hasta en la propia Revolución del 1959, se mantuvo en similares condiciones a las descritas por el sacerdote de Palma en la emblemática carta. Puede afirmarse que nunca fue bendecido, aunque siguió prestando servicios por más de cien años, sin tener las condiciones requeridas.

Llega un cementerio digno del Apóstol

En 2003, mediante la Resolución 189 del 19 de mayo del citado año,  es declarado monumento nacional por su valor histórico.  Once años después, 28 enero de 2014 la situación cambia gracias a las permanentes denuncias realizadas por la prensa  de Contramaestre entre 2009-2015, mediante un seriado de programas de investigación, opinión, documentales y post, publicados en Radio Grito de Baire y el blog Caracol de Agua. Los mismos encontraron manos tendidas que los llevaron a la Oficina del Programa Martiano adscripta al Consejo de Estado. Inmediatamente se produjo un diálogo fecundo que trajo consigo mejoras para el cementerio entre las que se incluyen una cerca perimetral  y una bóveda  para la exhumación de cadáveres (28 de enero de 2014); en mayo de 2015 se exhumaron todos los cuerpos ubicados tres metros a la izquierda, a la derecha y en la parte frontal del Obelisco, para ejecutar un proyecto concebido por el Fondo de Bienes Culturales de Granma. Las familias, con total desprendimiento, acudieron a la cita. Las exhumaciones se hicieron en dos días (12 y 13 de mayo).  Luego los compañeros de Granma enchaparon en mármol blanco la entrada hasta el mismo Obelisco (14 al 18 de mayo). Vial 10, una de las entidades ejecutoras, trabaja en la confección de osarios, al terminarse los mismos, serán enchapados en mármol blanco y se colocará la valla identificativa con un pensamiento del Apóstol. La sala de protocolo se construirá siguiendo patrones del siglo XIX que recrearán la historia y la cultura del lugar. La obra deberá estar lista antes de concluir el 2015.
El cementerio Remanganaguas ya no es un lugar con cuatro cruces y sin cercas, ahora se invierten allí recursos y talento creador. Hombres, mujeres e instituciones generosas, educados en el culto a José Martí, llevan adelante una cruzada de amor, para que llegue más luz al hombre que nunca quiso la oscuridad por residencia en su paso a la inmortalidad.

MOVIMIENTO CÍVICO DE INVESTIGACIÓN, DENUNCIA Y SEGUIMIENTO, A TRAVÉS DEL BLOG CARACOL DE AGUA, DE LA SITUACIÓN DEL CEMENTERIO REMANGANAGUAS, MONUMENTO NACIONAL ENTRE 2011-2015 



12. Estado actual del proceso de restauración del cementerio Remanganaguas, 28 de mayo de 2015. 

Nota: Las fotos y dibujos utilizados pertenecen a mi archivo personal. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales. Revise su comentario antes de ponerlo y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.