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lunes, 12 de junio de 2017

Tirarme del puente




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

No puedo dormir, extrañas visitaciones en mi cabeza. Mi gato Bartoly corre  a mí, a su manera me comunica un cariño enorme. Dejo caer el cuerpo sobre el corredor de la vieja casa;  siento unos deseos enormes de tirarme del puente del ferrocarril,  pero es una muerte demasiado dolorosa para un hombre tan humano como yo, que le duele hasta ver morir a un gorrión. Apuro dos prú orientales; necesito engañar a los procesos mentales de mi cabeza;  no creer que estoy a un paso de la locura más loca del planeta. Espero y la tormenta irracional sigue, me veo junto a mi madre vieja en una tumba del cementerio local, bajo una espesa palma; ambos calaveras, conversamos como siempre lo hicimos;  ella me arropa entre sus huesos; siento que poco a poco voy al polvo, a la noche inmensa que siempre viene con esas visitaciones que hablan de mis cables flojos, mis angustias terribles por los días congelados en el más absoluto de los veranos:  el hambre de  felicidad;  la paz perdida en el hogar…Mi madre me llama hijo y hace una señal; espantado creo ver un camino, pero la zarza es tupida y el almacigo señorea. Tomo otro antidepresivo (mucho más fuerte) y no llega el éxtasis.  Dos casas más allá, los vecinos lloran sus desgracias, unos sobre el transporte cada vez más caro; “a Santiago en camión hasta 50 pesos; Bayamo piden 40”;  uno muy joven habla de los países donde la gente se aburrió de comer carne vacuna y la consideran maligna para la salud;  “aquí, tan solo la vemos en una barra de picadillo de 1.25 centavos (CUC) y más del 70 por ciento es pura soya”. Bartoly me mira con sus ojos amarillos, pasa una y otra vez su cuerpo menudo sobre mí;  me quiere en la cama, allí donde todos los días me da la bienvenida al amanecer con sus maullidos. El puente magnífico se ve bajos las farolas, otra vez siento unos deseos enormes de tirarme al vacío, pero mi  humanismo se resiste a darle al cuerpo una muerte tan absurda.  Me levanto y ya pasan las doce; el lunes empieza  y el círculo se me viene encima. Volver a donde la gente se caza como fieras, sedientas de guillotinar cabezas,  verlas caer desde el graderío en cerrado aplauso; seguir la ruta de los cuerpos que siguen vivos; extraña manera de morir en vida. ¡Qué locura la que llevamos!. El puente ahí, muy cerca;  ya el bacalao me convida, trepo, el viento helado se mete en mis huesos y  soy Matías Pérez camino al río de Céspedes, al de Martí.  Alguien propone mi nombre para una vieja escuelita de un barrio de campos  pero ya no tengo ojos, cerebro, oídos. Soy una no persona, sin amigos, familia, sueños.

martes, 11 de abril de 2017

“A nadie importa huella de Fidel Castro en Cruce de Anacahuita”


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Hoy llegué a mi barrio natal y mis ojos recorrieron lo que una vez fue un venturoso Aserrío donde trabajó toda mi familia hasta jubilarse; actualmente una vieja ruina, declarada así por la Empresa Forestal Provincial de Santiago de Cuba, incluso hasta indicó que debe ser demolido por Materias Primas. La tristeza hizo presa de mis pensamientos. ¿Cómo era posible que estuvieran sucediendo cosas así en un barrio con tanta Historia?  

Cerré los ojos y recordé a mis abuelos trabajando allí, a mis padres, a mis tíos, a mis primos, a mis hermanos; me vi cargando aserrín para enfrentar  los fangales de primavera que se hacían en nuestro humilde hogar de guano y tabla de palma;  me vi cargando costaneras destinadas a corrales de puercos, conejos, gallinas, patos; me vi incluso cargando tirigüillas secas para prender el fogón de mamá en medio de aquellos temporales que no cesaban en semanas. 

Allí estaban las viejas maquinarias a la vista, parecían objetos museables, eran la huella de viejas generaciones que dejaron testimonio de lo que antes fue un sitio esencial en el aserrado de maderas preciosas en el oriente cubano. 

Recorrí  cada espacio, tomé fotos y creía estar viendo al Aserrío en plena faena; al viejo Lapey, Efrén, Valdo, Guancho, Irra, Che, Santos, Puca, Xiomara, Purrucho, Valoy, Manuel, Sebita, Nacho, Mingolo, Chanto; los vi desayunar en el descanso de la mañana, los vi almorzar, los vi cerrar la tarde e irse al juego de dominó.  

Cuando volví a la realidad, el viejo Chemo me decía: “Nolito, el Aserrío de Fidel Castro lo quieren demoler para convertirlo en una CARBONERA; ya un pincho de la provincia vino, y sin bajarse del carro decretó su muerte”. No podía creerlo, era un delirio, una locura, aquel Aserrío tan familiar; nuestra principal industria en Cruce de Anacahuita, con un fin tan negro. Pedí argumentos y Chemo los puso todos sobre la mesa: 

“A nadie le importa la huella de Fidel Castro en Cruce de Anacahuita. Con estos bueyes no hay quien pueda arar la tierra;  porque quieren borrarlo todo. Mi padre trabajó aquí. El conoció a Fidel, conversó con él una de las cinco noches que durmió en casa de Hildo Rosales Pau. 

“El Aserrío era de Hildo; la Revolución lo intervino en 1959 y lo puso en manos obreras;  incluso lo registró con el nombre de un mártir de la lucha insurreccional, Rafael López. No es posible entonces, dijo -rascándose la cabeza- que alguien de un plumazo, desde un carro,  haciéndose el cheche, decida el fin de un sitio sagrado de la historia de nuestro barrio”; así terminó Chemo su clarinada patriótica. 

Lo abracé y  salí al camino. No podía dejar de pensar en Hildo, las cosas que dijo siempre: “Cuando la gente pierde la huella de sus ancestros, está en peligro de extraviarse en el futuro”. Una carbonera allí, donde el aire es sano, donde las casas crecieron alrededor del Aserrío, donde los árboles de mango campean, donde todavía se yerguen algunos cedros, donde está la vieja tienda de Liro, el aljibe de Toña;  Dios mío, me pellizqué hasta provocarme dolor, no era posible una pesadilla así en el país que me enseñó a respetar la huella de Fidel Castro… 

A la vista, la Carretera Central. Todo fue quedando atrás y me vi envejecer y morir, sin que nadie me recordara, ni pusiera sobre mi tumba, un ramo de flores y una bandera. 

Galería de fotos del Aserrío Rafael López actualmente

 

jueves, 6 de abril de 2017

En los medios cubanos no hay espacio para los "quinta columnas"*



"Somos periodistas revolucionarios y trabajamos en los medios de comunicación de la revolución".
Por Joel Macías.

El debate de este miércoles en la Asamblea pos y pre Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), en Santiago de Cuba, fue muy profesional, sincero, así me lo creo, aunque algunos consideraron que había sido "más de lo mismo". Y no les quito la razón: en buena medida hubo "más de lo mismo" pero con otros ingredientes, otros tonos y, aún cuando puedan tildarme de conformista, (aceptado, por si acaso) creo que fue diferente y hubo detalles que me dejaron con mejores esperanzas, y eso no es malo.

Como nunca antes escuché razonamientos de solicitudes urgentes pero de mucho compromiso: se habló de la superación constante de los periodistas, de que las líneas temáticas de los medios de comunicación se ajusten más a las necesidades de la agenda pública; se "soñó" con que los medios de comunicación puedan llegar a autofinanciarse (por lo menos en una parte del presupuesto que necesitan para funcionar), y ante las necesidades (necesarias) se habló de que no se está pidiendo "que nos regalen los recursos, es que se nos de la facilidad de adquirirlos con nuestros propios ingresos" (para ello habría que mejorar esos ingresos), y fueron muy enfáticos al aprobar la máxima de que "tenemos que salir de la trinchera e ir a combatir a campo abierto".

Parece que más pronto que tarde habrán mejores noticias: ese fue el sabor que me dejaron las intervenciones de los "nacionales" que compartieron esta mañana con los periodistas santiagueros. Y me quedó bien claro: "somos periodistas revolucionarios y trabajamos en los medios de comunicación de la revolución". (Moraleja: en estos medios no hay espacio para los "quinta columnas" y yo lo subrayo).

*Tomado de su página en Facebook.

miércoles, 5 de abril de 2017

Don Pepe vomitó fuego sobre Maffo*



No pude evitar  que me hicieran una foto junto a este legendario cañón.
Este 3 de abril la Casa Memorial Orlando Pantoja Tamayo en Contramaestre, unida a la Sociedad Cultural José Martí, desarrolló la segunda edición de la ya popular peña “El Cañón Don Pepe”, dedicada en esta ocasión a niños  y jóvenes del barrio de Maffo.

Unas 50 personas acudieron a la cita con la cultura, la historia y la identidad del lugar. Esta vez se habló sobre la historia de la Unión de Pioneros de Cuba, devenida Organización de Pioneros José Martí. También se conversó largo e interesante sobre los creadores de la escuela Mariana Grajales.

El animador principal de la peña “El Cañón Don Pepe”, el conocido artista plástico René Emonides Quintana, tuvo a su cargo las palabras de bienvenida a los participantes y contó con el talento artístico de importantes figuras de la cultura local como Cachao, el Polo de Maffo y el decimista popular Virgilio Estrada.

Fue impresionante apreciar la voz de Cachao cantando el Son a Maffo, ovacionado largamente por jóvenes y niños,  impresionados ante este juglar, todo un símbolo de la cultura local, quizás no valorado como realmente merece por su obra creativa.

La peña tuvo un visitante de la Junta Provincial de la Sociedad Cultural José Martí en Santiago de Cuba, el profesor Antonio Isaac Hechavarría. Sus palabras sobre este acontecimiento lo dicen todo: “Fuera de Santiago de Cuba, no existe ninguna peña con estas características. Honor a quien honor merece. Ustedes han logrado hacer lo que otros ni siquiera  consiguen. Felicidades. Maffo merece acciones culturales como estas”. 

*Ver galería de fotos sobre la peña en el blog Contramaestre crecido

martes, 19 de julio de 2016

La basura




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gamail.com  

Todos los días  Antonio hace el mismo recorrido ida y vuelta de la casa al trabajo. Lleno de sueños piensa  en cómo mejorar las cosas de su barrio; mover las aspas oxidadas del viejo molino de la ciudad atrapada en medio mileno de historia. Salió de la precariedad porque empleó su vida recogiendo y clasificando lo que otros desechaban. Así hizo fortuna, vistió a hijos e hijas y se labró una casa digna donde los amigos tienen las puertas abiertas siempre. En la puerta de su hogar pende una herradura para espantar los demonios. Adentro, sus ídolos en un altar condensan una cosmovisión; la que los suyos necesitan. Viste de blanco, no porque se hizo santo, sino porque es su color favorito desde que tuvo conciencia de los tambores asomados a su corazón mulato. Antonio fue profesor de historia, creía en las revelaciones de las personalidades, pero un extraño llamado sentía en las masas inconformes, allá donde esos grandes hombres no podían llegar. Antonio lo supo mediante una revelación de sus deidades mestizas, el basurero era la salvación en medio de los tiempos oscuros; por  eso olvidó la tiza, el borrador, los programas y un día tras otro madrugaba para ser el primero en recibir las descargas de Sueño, Vista Alegre, Veguita de Galo, los hoteles de turismo y el Casco histórico… “¡En su casa hay todo tipo de lujos! ¡Quién lo iba a decir! ¡La basura redime y ennoblece!”, así me dijo el viejo Cristino cuando le pregunté. “Ese hombre era un intelectual de luces, mira en lo que terminó; pero hizo bien, vio lo que no fuimos capaces de ver a tiempo. Con dignidad alcanzó lo que otros logran por caminos torcidos”. Cristino abanicó el viejo sombrero, hizo la señal de los santos y salió a caminar con el saco de yute al hombro. Había llegado muy tarde esa mañana al basurero. 

viernes, 29 de enero de 2016

Alguna vez fuimos felices con aquel socialismo de los 80




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Solo me quedan uno recortes de discursos que hablan de aquel socialismo de los 80 en que éramos tan felices; alguien desde el tejado me grita,  “macho, esas cosas no dan comida”. Los guardo en una vieja caja; cierro toda entrada posible de luz; intento un Martí del decoro, una revolución de la virtud; pero la  biblioteca de Borges me ciega todas las razones y creo ser un hombre libre de hacer lo que quiera  con su vida como dijo el uruguayo Pepe Mujica en la "Mesa redonda".

Cierro los ojos y me veo caminando junto a mi amigo Víctor Adriel   las calles de Madrid, hasta bebemos Rioja y cenamos filetes de ternera, un manjar exclusivo para mí, en medio de estas hambres acumuladas, donde el picadillo de soya llegó un día temporalmente y decidió quedarse para siempre.

Cierro los ojos y me veo caminando las calles de lo que fue Santiago ensangrentada; arriba, abajo, entro a célebres librerías, escapo con libros que no eras míos, pero que mis urgencias necesitaban y mis bolsillos no podían pagar.

Abro mis ojos y los potajes de chícharos, el pollo congelado y el culantro de castilla me cercan. La noche inmensa se abalanza sobre mí. Entonces comprendo que paso los cuarenta y hay una  lluvia de azufre afuera que apaga toda esperanza posible.

Necesito luz, mucha luz para salirme de mi casa molida por las trazas, donde todavía perdura una colección de papeles, muy amarillos, camino al polvo.  

sábado, 26 de diciembre de 2015

Los hayaqueros de San Luis en el oriente cubano entre el invento y la sobrevivencia



Por Antonio Isaac Hechavarría (Especial para Caracol de agua) 

Hayaca es el término aborigen utilizado por las culturas en Hispanoamérica para designar  un tipo de alimento elaborado con masa de maíz tierno. El Gran Diccionario de la Lengua Española la define como pastel de harina de maíz relleno de carnes y otros ingredientes que se hace especialmente en Navidad. En el centro y occidente de Cuba al mismo se le conoce como tamal, pero por acomodo de pronunciación se dice más en plural: tamales. En el oriente de Cuba la primera acepción es la más utilizada y bautiza al grupo humano que la elabora como hayaqueros.

Presentamos a los hayaqueros de San Luis que viven en el municipio de igual nombre, antiguo partido de Las Enramadas en la provincia  Santiago de Cuba. Representa uno de los cientos de oficios silenciados dentro de  la cultura popular tradicional. La palabra marginal alcanza notoriedad en este contexto: por los sociólogos, antropólogos, historiadores; por vivir en zonas periféricas de la urbe y por limitaciones de acceso a determinados servicios que los convierten en un tipo de marginación social. En otras palabras, nos referimos a un grupo social  de los más pobres del Municipio.

La descripción del ciclo  productivo de la hayaca a partir de la obtención  de las materias primas, hasta la satisfacción de las necesidades de los productores – vendedores y los consumidores, desde una perspectiva económica y cultural, es nuestro propósito.

A falta de fuentes oficiales, la oralidad y la observación participante son los recursos básicos para estudiar a este grupo humano.   

Una aproximación temporal indica que   surge   en la década del 70 del siglo XX en la zona conocida como Carretera del Cementerio y su aparición obedece al dominio de la  alimentación a partir del maíz, consolidado por una tradición maicera, la situación de pobreza en que se mantuvieron muchas familias de una zona esencialmente agrícola  donde se dependía de la caña y el maíz esencialmente. Por último, la necesidad de un productor que satisficiera las necesidades en la urbe más grande del oriente cubano. Por tanto no se conoce en la región otros hayaqueros que no sean los de San Luis.

No negamos la existencia de vendedores de hayacas, incluso desde la etapa colonial, solo centramos la atención en un grupo humano  nombrados hayaqueros en zonas específicas de  San Luis. 

Principales asentamientos 
El estudio de las familias de San Luis que se dedican a la producción de hayaca para vender en Santiago de Cuba indica la existencia de varios asentamientos. El primero de ellos, ya declarado aquí, está ubicado un la zona alta de la cabecera conocida como Carretera del Cementerio, al oeste. En él incluimos otros barrios limítrofes: el conocido popularmente como Bollo Manso   y San Felipe  que se prolonga hacia una zona ya rural rodeada de maizales y cañaverales. La otra zona es Calle Ancha que incluye una manzana de calles estrechas que se comunican entre sí. Por último  el Barrio Los Gorgojos, al noreste, que se extiende por parte de la línea del ferrocarril hasta las cercanías del antiguo Central Unión.
En estos barrios se encuentran establecidas las principales redes a través de las cuales se sostiene la producción hayaquera y su base humana fundamental, la familia, en tanto que no funciona de manera aislada, sino al interior de los grupos de parentesco. Las casas donde se desarrollan en su mayoría limitan unas con otras. 

El maíz   
El maíz es una planta gramínea de  tallos altos y rectos, hojas grandes lanceoladas y fruto en mazorca, proviene del taíno mahís. Su  producción tiene dos ciclos, el primero comienza el 19 de marzo cuando rompe la primavera y el otro ciclo comienza en agosto, por tanto son dos cosechas al año. Cuando las lluvias son favorables una cosecha empata con la otra sin dificultad.  Al transcurrir los tres meses de siembra comienza la cosecha y la temporada de los Hayaqueros. Los meses de julio y agosto, luego noviembre y diciembre. Estas temporadas se pueden alargar o acortar en correspondencia con el ciclo de lluvia.
A diferencia de otras estrategias de supervivencia, los hayaqueros dependen en primera instancia de las bondades de la naturaleza  que determina la existencia o no de la materia prima esencial para su elaboración: el maíz. Durante los meses de seca los campesinos esperan con la tierra preparada para surcar y sembrar. Las semillas se guardan en depósitos seguros. Dos variedades son las más sembradas por los campesinos para su producción, el canilla y el criollo por tamaño de la mazorca y la cantidad de granos de cada una.

Desde las zonas agrícolas más inmediatas a la urbe comienzan a extenderse los campos de maíz, interrumpidos solamente por los inmensos cañaverales que abundan en esta zona.
Además de la Hayaca, los principales  alimentos elaborados a base de maíz son el bollo, el pinol, la mazamorra, el pudín y otros en condición de cereal. 

La materia prima
La adquisición del maíz por los hayaqueros se produce de diferentes maneras. Comprada directamente  al campesino y trasladada al hombro, fundamentalmente por mujeres; otras veces en carretas  que reciben un pago por el servicio.  La más común forma es  la existencia de un carretonero que compra a un precio en el campo y revende a otro. Hasta 1989, las ganancias eran   entre uno y tres centavos por mazorca.

En el período de 1970 hasta 1989 la compra en grandes cantidades solamente se realizaba  por los hayaqueros y los precios del maíz no ascendían de los cinco centavos.

A partir del 2000  los hayaqueros que han logrado acumular algún capital comienzan a realizar la función de comerciantes a través del alquiler de camiones  para trasladar el maíz comprado  desde el campo hasta La Carretera del Cementerio. Es importante señalar el aumento considerable de los precios, oscilatorios entre 40 y 70 centavos, los cuales se han mantenido fijos con tendencia a incrementarse.

El aumento del precio del maíz obedece a la política  del Estado cubano de comprarlo a los productores nativos  a un precio inferior que el del mercado mundial y superior al que existía anteriormente para los campesinos, lo que hace que la cosecha de maíz no sea vendida a los hayaqueros, sino al Estado.

Un factor que contribuyó al aumento de los precios del grano fue la utilización del maíz para la producción de combustible.  A partir del año 2005, Estados Unidos comienza a concentrar  su compra  a los países proveedores, fundamentalmente de América Latina y Asia para la obtención del etanol, por lo que aumentan los precios en el mercado mundial, dificultando así la compra del mismo por otros países consumidores. Cuba con escasos y débiles recursos financieros y el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos sufrió el encarecimiento de los precios en el mercado mundial quedándole  como alternativa estimular a los productores nativos.

La obtención de materias primas  por los hayaqueros se mantuvo en estos años a pesar de las restricciones y  el encarecimiento de los precios. Comprar mayor cantidad de maíz, producir más hayaca, reducir la norma   de cada unidad y  abaratar los  costos de producción se convierte en las alternativas de subsistencia de este grupo. 

La preparación del maíz
Varios sacos de maíz son lanzados en un patio de tierra, mientras los mayores esperan con machetes; sobre un pedazo de tronco se corta la punta, el resto de la familia comienza a deshojar; sobre las piernas se colocan las hojas más grandes y en un bullón se deposita la mazorca limpia. De las hojas desechas se extraen las mejores para producir los amarres conocidos como tiras que deben alcanzar para la cantidad de hayacas que rinda. El maíz se prepara en cientos (100), es decir,  nunca   una cantidad menor, porque es el número a través del cual se calcula el rendimiento de todas las materias primas utilizadas, con esa cifra se mueven además el campesino y el carretonero.
Picar el maíz es el segundo paso, con cuchillo afilado se corta de arriba hacia abajo quitando todo el grano, así se va dando la vuelta de cortes hasta que queda solamente la tuza, que es utilizada junto a la malhoja para los animales. Sobre una mesa queda la estiva de maíz tierno listo para moler.

Hasta 1990 la molida era manual con maquinitas diseñadas para este fin y que eran producidas en la Unión Soviética. También se usaban máquinas americanas, más conocidas como moledoras de café. Estas se instalan en una mesa a través de un tornillo que la fija y se va echando en el embudo de la misma para ser molida. Este trabajo es colectivo, donde los miembros de la familia se van rotando según su turno de molida.

En la segunda etapa de los hayaqueros, aparece un nuevo instrumento, el molino eléctrico, puesto al servicio exclusivo de los hayaqueros y los moledores de granos para la cría de puercos. En lugar de moler en la casa, se  traslada  el maíz en tanquetas o latas hasta dicho molino. Se  acorta el tiempo de molida a pocos minutos.   

Al estar lista la masa, se agrega sal, azúcar, sofrito de ajo, cebolla, empellas de macho, chicharrones y otras especias, según el gusto, la posibilidad y la tradición del productor. 
La elaboración de la hayaca 
La preparación de la hayaca comienza con el embase de la masa. Se busca una cuchara grande que represente la norma y se vierte una o dos   en el envuelto compuesto por dos hojas obtenidas del mismo maíz que al doblarse son amarradas con tiras. Cuando toda la masa está embasada, comienzan a depositarse en un caldero de agua tibia, puesta en un fogón de leña, hecho con tres piedras sobre la tierra en el piso. Se tapa y comienza la candela  a hacer su trabajo. Cuarenta minutos después, son  sacadas e invertidas, unas para abajo y otras para arriba dentro del caldero. Al terminar la cocción total se embasan en bolsos hechos con sacos comunes forrados con tela por fuera y por dentro con cubierta de nylon. Esto garantiza que lleguen  calentitas a los consumidores. 

El traslado  
Antes de partir, cada productor vendedor, consulta sus santos o ídolos, ante ellos, reza. También se encienden velas y se remueven las obras de santería.  Los más utilizados son la Virgen de la Caridad del Cobre, Santa Bárbara y San Lázaro, además de los reguardos y oraciones para evadir al enemigo y tener buena venta.

En las décadas del 70 y 80, los traslados eran en la guagua estatal San Luis – Santiago. Desde la Carretera del Cementerio, salían las locales hasta la  Terminal y aquí  se continuaba el trayecto. Otra vía era alquilar máquinas al costo de 10 pesos. A partir de los 90, reaparecen los coches, tirados por caballos hasta la Autopista, luego, los camiones particulares. En el 2000 se produce una explosión y se incrementa considerablemente el número de hayaqueros.
Los camiones particulares comienzan los viajes directos desde la Carretera del Cementerio, donde una concentración de bolsos repletos de hayaca los espera a una hora fija, antes del medio día para que la venta coincida con la hora de almuerzo. El traslado de San Luis hasta santiago oscila entre 30 y 40 minutos. 

 El momento más difícil del traslado es el paso por el Punto de Control de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).  En la primera etapa de los hayaqueros, para justificar la mercancía se utilizaban diversas estrategias, sobresaliendo las siguientes.
  • Encargar un bolso a cada conocido en el camión para no llamar la atención.
  • Justificar con un enfermo en el hospital.
  • Declarar que las hayacas son para el cumpleaños de algún familiar.
  • Ponerlas en la cabina del camión para que no las vean.
  • Decir oraciones de santería para alejar a la policía.
Las áreas de venta 
Los hayaqueros tienen distribuidas sus áreas de venta. Se hace de manera que en una misma área no existan competidores, ya que a diferencia de otras alimentos, este debe venderse rápido, caliente y en buen estado. Cada  vendedor conoce su área al dedillo (calle, callejón o cuartería) De igual modo hay una adaptación  del consumidor al vendedor (hayaquero – marchante). Cuando otro vendedor aparece es más difícil la venta si no usa el engaño de decir  que es de San Luis. 

Se trata de un sabor distinto que posee el alimento, dado en los ingredientes y especies que contiene, la calidad del maíz y el dominio de una tradición.

Los lugares donde se puede encontrar  los vendedores son disímiles, los más comunes son: Sueño, Santa Rosa, Trocha, Martí, Santa María, Altos de Quintero, La Ceiba, San Agustín,  Sorrive y el Distrito José Martí.

Los últimos personajes son los carretilleros manuales. Su función es esperar previo aviso a los  hayaqueros para trasladarles sus bolsos por el área de venta, servicio que cuesta 10 pesos en la actualidad.  Otros  prefieren llevar su propia carretilla desde  su casa. También se cargan en las manos que se van ligerando en la medida en que se vende más y baja la carga. Al terminar,   vuelta a   casa, otros sacos de maíz esperan. 

Los pregones      
Vender sin un pregón a la mano no tiene caso en una ciudad con tradición de grandes pregoneros. Cada cual se busca su pregón con o sin sonoridad: 
Coge tu hayaca aquí, la buena hayaca de San Luís.
Las traigo bien calenticas, tiernas y sabrositas, no las deje de probar con un peso comerás.
Yo las hice con maíz, tu hayaquita de San Luis, pruébala ahora que vas a almorzar.

Canción del hayaquero Candido Fabré 
Originario de la Carretera del Cementerio en San Luis el destacado músico y compositor Candido Fabré ha decidido rendir tributo a los hayaqueros de San Luis, para exaltar otros de los cantos anónimos que él en sus canciones ha vislumbrado. Es tan evidente el cotidiano  quehacer de los hayaqueros que es imposible desdeñarlos, ni siquiera para los que los miran de lado. Ahora compensa el duro bregar y sacrificio desmedido de las familias que cultivan  con el mismo empeño que nos enseñaron los taínos cubanos las maneras de hacer el maíz que expresa una cultura en el dominio de la culinaria sanluisera.  

Quien lo lleva a la música tiene la doble intención de visibilizar a los hayaqueros a través de un estribillo devenido pregón tradicional.  Para quien ha movido sus maracas al olor del maíz y la caña le hace más placentero componer su  elegía a lo hayaqueros. Es el primero en dar a conocer a Cuba y el mundo las humildes familias que durante décadas han cultivado el arte de hacer hayaca, tal vez porque desde niño también aprendió y saboreó el rico alimento oriental.  
Hayacas, tamales,
te traigo para ti,
tamales bien calentitos
hayacas de San Luis.

¿Tiempo vivo y tiempo muerto? 
 El término  tiempo  muerto ha sido legitimado en El Ingenio de Manuel Moreno Fraginals para señalar los meses del año que no hay zafra así como   el estado de desempleo y  pobreza que genera la paralización de la industria del  azúcar.

La existencia de un ciclo natural de lluvia hace depender la producción de maíz y con él a los campesinos y hayaqueros. Podemos hablar   de dos temporadas  vivas y dos muertas para los hayaqueros, salvando la distancia del tiempo y las condiciones dadas por el carácter de movilidad de este grupo hacia otros tipos de ventas   espontáneas y ambulantes en la mayoría de los casos que los permiten sobrevivir entre una temporada y otra. Existen casos de algunos que solamente venden hayaca. Para ellos el tiempo muerto sigue siendo una fatiga natural que los desplaza a un nivel de pobreza considerable.    

A propósito de la economía informal
Los hayaqueros desarrollan un tipo de economía informal, dado en que las regulaciones estatales no alcanzan a imponer un sistema de interdependencia con  los mismos,   este tipo de economía es calificado como ilegal, no declarada ante las autoridades, que evaden los códigos tributarios y no se declaran ingresos. También se alude a economía subterránea o no registrada.

Al tratarse de grupos humanos vulnerables, el Estado asume una actitud ambigua hacia estas actividades, tolerando su existencia  y el desempeño de una actividad que el Estado no puede realizar por lo complejo que es en cuanto a la intensidad del trabajo, esfuerzo físico y calidad requerida, con una precisión económica que no admite el más mínimo desvío de alguna de sus materias primes. La escasez de alimento en la ciudad de Santiago de Cuba es muy relativa, siendo la solución a varios problemas. Esto no indica una posición pasiva, sino la existencia de un sistema de regulaciones que no siempre se aplica a este tipo de productor – vendedor.

Los miembros del grupo humano hayaqueros no tienen vínculos laborales con el Estado, salvo raras excepciones.

El estado de las ganancias les permite aceptar y enfrentar los desafíos que la labor requiere  y obliga a estas familias a una explotación mayor de su propia fuerza de trabajo. Uno de los entrevistados declaró las siguientes inversiones correspondientes al  2015
·        200 mazorcas de maíz   ……………     140 pesos
·        Dos paquetes de Leña   ……………     10 pesos
·        Molino                         …………….     10 pesos
·        Media libra de azúcar   ……………      4 pesos
·        Alquiler del caldero     …………….     5 pesos
·        Especie                        …………….     10 pesos
·         Camión de ida           …………….     10 pesos  ( cinco por la persona y cinco por el bolso)
·         Transporte regreso     ………………  5 pesos
·        Carretilla  para traslado de bolsos durante la venta      ………… 10 pesos
Total invertido. 194 pesos.
Rendimiento de hayaca por cada cien mazorcas: 150. Total 300
Ganancia. 106 pesos  

En este caso el rendimiento de hayaca por mazorca es de 1. 5 que es el máximo que se puede alcanzar, el mínimo de 1.2. los precios de la hayaca han variado muy poco. Hasta 1990 se mantuvieron en 50 centavos y a partir de ahí a un peso. Lo que varía es la norma, por tanto, la variación del precio no es percibido por el consumidor, enmascarado con una disminución de la cantidad de masa por unidades. En otras palabras, con la misma cantidad de masa, se obtiene mayor cantidad de hayacas  y con ello una compensación respecto al costo de producción. 

Los hayaqueros: perspectivas para su desarrollo 
Las condiciones de informalidad en que sobreviven  los hayaqueros indican que el mejoramiento del nivel de vida se expresa en el último peldaño evolutivo de la sociedad sanluisera. Las condiciones de las viviendas, la adquisición de equipos electrodomésticos y las comodidades elementales como seres humanos aún están lejos de lo que debería ser si se tiene en cuenta los cuarenta años de existencia de este grupo, lo cual indica un estancamiento cultural que los reafirma y consolida en su condición de hayaqueros.
Una lectura etnográfica sugiere que no es la necesidad  económica, sino los aprendizajes culturales los que han generado este tipo de subsistencia. Independientemente del estado de las ganancias, el mejoramiento del nivel de vida  indica  estancamiento si lo comparamos con el de los vecinos no hayaqueros de este barrio.

Lanzados a un incipiente consumismo en medio de grandes deformaciones estructurales  en la Cuba de hoy parecen ser de los pobres que nunca pueden ahorrar porque el mercado les impone un sistema de precios que devora en cuestiones de segundos sus gigantescos esfuerzos para obtener el peso diario. Las familias hayaqueras no logran sostener un capital para sus inversiones, el más mínimo resbalón en la cadena productiva y de venta los lanza con facilidad a la ruina.
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