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viernes, 28 de abril de 2017

LOS OBLOMOVISTAS Y EL PUEBLO




 Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

11:20 AM. Debo llegar a la reunión. Media hora antes estoy en el salón de espera; siempre me ha gustado ser puntual. Largo tiempo sentado. Adentro, los veo merendar. Pasa la  hora convenida y sigo allí sin saber qué hacer. Pasa el almuerzo y mi estómago se pone más rebelde que nunca. La secretaria sobre un buró duerme a pierna suelta. Voy a ella y me dice, “van por el tercer punto todavía”;  regreso a la espera interminable. Unos entran; otros salen;  algunos montan carros rusos y escapan al  trote por sus cosas;  luego los veo regresar;  se ven satisfechos, seguro almorzaron, me digo para mis adentros. Los oblomovistas en la oficina se explayan en el bla, bla, bla, leen informes, piden criterios, toman acuerdos que nadie cumple;  ese día visten de aro, balde y paleta;  pudiera decirse que es el gran espectáculo de sus vidas. Son felices dejando a las palabras pastar a la sombra del aire acondicionado;  a ellos no les interesa el hombre común que no ha probado alimento; si me dejo llevar por “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, me gustaría saber qué personajes  interpretan  en esa escena de concertación de poder. Refritan las palabras; agota oírlos decir lo mismo con otros trajes, pero siempre el contenido es idéntico. Afuera, el mundo camino a una guerra nuclear; el río Contramaestre casi extinguiéndose por la acción depredadora de instituciones y personas irracionales. Adentro, los oblomovistas toman la palabra, unos enseñan las metodologías de los informes, si avanzan, si estancados. Afuera, el pueblo casi en anarquía, los mercados desabastecidos; los vendedores especulando con el hambre. Adentro, los oblomovistas llenan sendas hojas con acuerdos interminables, preocupan los términos, la palabra linda, el número adecuado. Afuera, las reservas de agua dulce se agotan a velocidad preocupante. Adentro, los oblomovistas y sus poses de poder. Afuera, mi pobre estómago en huelga. La secretaria sale del sueño y me dice que debo entrar. Otras cuatro personas allí, también sin alimentos como yo; nos llaman invitados;  los oblomovistas hablan todo el tiempo;  al final, nos dan las gracias y nos mandan a salir.  Afuera, los bancos del parque camino a casa arrancados sin explicación. Allá adentro, los oblomovistas deciden sin haber consultado a nadie;  ellos son el rey sol.  3:30 PM.  

A continuación este videito de Mario Morenos (Cantinflas) que bien vale la pena apreciar: 

jueves, 24 de noviembre de 2016

El río de Céspedes, Martí y Fidel Castro, está muriendo



Nacimiento del Contramaestre en San Lorenzo de Céspedes.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Génesis 
Obsesionado por la relación yo diría que terapéutica, vital y hasta lúdica de líderes históricos insulares, con el río Contramaestre y  los grandes momentos originados en la vida de cada uno, al extremo de marcar sus destinos, decidí escribir este ensayo de aproximación, con el propósito de aportar elementos de juicio que ayuden a los decisores de Cuba a salvar esta cuenca hidrográfica, en trance de homicidio actualmente por la acción depredadora del hombre. En el “Contramaestre” bañaron sus cuerpos y tomaron su agua tres personalidades de procesos emancipatorios claves: Carlos Manuel de Céspedes (Padre de la Patria), José Martí (Héroe Nacional) y Fidel Castro (Líder histórico de la Revolución). ¿En qué momento lo hicieron? ¿Qué acontecía en sus vidas? 
“Turbio el Contramaestre no se detiene / es un río delgado pero hermoso…”

Eduard Encina.
Carlos Manuel de Céspedes 
La novela “Contramaestre”(1) ha puesto al río que corre por detrás de la casa donde vivo, ubicado en el oriente insular, en pedestales muy altos del goce literario universal; no por los valores naturales del mismo, sino, por sus sentidos históricos. Veamos por qué. 


 Fotografía de Carlos Manuel de Céspedes del Castillo. Fototeca del Archivo Nacional de la República de Cuba. Caja 14. Sobre 1. Registro 251.
En Bijagüal, a orillas del “Contramaestre”, se produjo la destitución del iniciador de la Guerra de los Diez Años, Carlos Manuel de Céspedes;  allí confluyeron los odios de todos aquellos que nunca perdonaron su gallardía patriótica.  El 27 de octubre de 1873 cesantearon de la presidencia al ser humano que José Martí llamó sabiamente: “hombre de sueños heroicos y trágicas lecturas”.(2) 

Dos días después,  esa misma gente lo despojó de sus ayudantes, la escolta y  la servidumbre. Durante tres meses fue tratado como prisionero por cubanos indignos agrupados en el Gobierno de la República en Armas.

Lo autorizaron a moverse libremente el 27 de diciembre de 1873; entonces inicia un peregrinar que lo lleva hasta San Lorenzo; donde vive sus últimos días.  El 22  de enero de 1874  tiene la primera vista del “Contramaestre”, desde un lugar llamado “Lajial”; baña el cuerpo por vez primera en sus frías aguas. 

El 23 de enero de 1874 llega a San Lorenzo, a las 8:30 de la mañana; allí anota en su Diario: “San Lorenzo está situado  á la marjen derecha del Contramaestre…”.(3) (Respetamos la ortografía original de Céspedes).

Toma su agua diariamente; incluso las comidas tienen el encanto del “Contramaestre”. En esos primero días allí, la lluvia y el frío no lo dejan ir a bañarse sistemáticamente. A partir del 29 puede hacerlo regularmente al mediodía: “pienso repetirlo  cuantas veces me sea posible, aunque es muy fría el agua…”(4)

A unos veinte metros del bohío habitado por Céspedes vivía Francisca Rodríguez, quien tenía una hija quinceañera llamada cariñosamente “Panchita”; cuya juvenil compañía amorosa “encontró el solitario de San Lorenzo en su obligado retiro”(5); ella  disfrutaba las caricias del “Contramaestre” junto a Céspedes en una poceta escondida, donde crecía el fuego de una pasión que trajo a la vida un hijo nacido en Santiago de Cuba y registrado con el nombre Manuel Francisco Rodríguez Gómez; los mismos apellidos de la madre.

El sábado 7 de febrero de 1874 hace una anotación premonitoria: “Hoy al salir  p. el baño, noté q. se había podrido y roto el cordón de seda negro con  q. traigo  al cuello la medalla de la Caridad que mi Anita me mandó de Nueva York”.(6) ¿Era acaso el hecho un mal presagio?  La tela desecha, puso en riesgo la imagen de su protectora; el “Contramaestre” dio una señal y la sujetó con algo más fuerte;  de todas maneras, sabía que las cosas no iban bien, su vida corría peligro; por eso día tras día reiteraba el mismo ritual terapéutico del baño, casi siempre al mediodía, momento donde el sol estaba bravo y las aguas servían de alivio a sus piernas agotadas y a la angustia padecida por la desidia de los que nunca le perdonaron ser el Iniciador de la guerra libertaria. En su Diario queda registrado la última vez que lo hizo: jueves 26 de febrero: “...me sorprendió la lluvia al regreso del baño…”(7)  El viernes 27 escribe largo en su Diario, juzga duramente a cubanos torcidos que tanto daño hicieron a su vida, entre ellos el Marqués de Santa Lucía, Salvador Cisneros, lo llama: “Ignorante, arruinado, petardista, vicioso, puerco, no gozaba de más consideraciones  q. la q. le daba su título…”(8); uno por uno el filo de su palabra caracteriza  a sus enemigos hasta en los detalles más íntimos. El baño al mediodía no puede hacerlo; el Bon San Quintín llegó sorpresivamente; Céspedes huyó buscando la protección del “Contramaestre”, al cual pensaba lanzarse desde un barranco de cuatro metros de altura, pero no pudo conseguirlo, antes fue abatido por una bala española  o quizás disparada por el mismo;  no olvidar que su muerte es un misterio todavía no aclarado definitivamente por la ciencia histórica. Una furnia a orillas del “Contramaestre”, abriga el cuerpo sin vida del Padre de todos los cubanos: “como un sol de llamas que se hunde en el abismo”(9), escribiría Manuel Sanguily años después.

Finalmente, volviendo a la novela de Raúl E. Chao, “Contramaestre”, estoy plenamente convencido que la titula así, porque el citado río es todo un símbolo en la vida de Carlos Manuel de Céspedes; sus aguas fueron testigo de momentos excepcionales en su vida  y sugiere con ello al lector una especie de conexión,  entre las vivencias de sus días vinculados al emblemático afluente y el pasado ilustre que vivió junto a su esposa  María del Carmen Céspedes en París entre 1841-1844, donde llega a  tratar muy cercanamente a grandes personalidades como Chopin, George Sand, Baudelaire, Balzac, Offenbach,  Wagner, Astolphe-Louis Leonor, Marqués de Custine, Chateaubriand; Delacroix, Ingres, Berlioz y sus hermanas Anne Marguerite y Adéle, el Barón de Humboldt, Jacques Laffite, María de las Mercedes Beltrán de Santa Cruz y Montalvo (Condesa de Merlin).

Una de las curiosidades reveladas por Chao, según Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, “ha sido registrar su intervención como abogado, en la publicación de muchas partituras de Chopin, con los editores Maurice Schlesinger (París), J.J. Cybulsky y Joseph Kaufmann (Varsovia), Breitkopf & Härtel (Leipzig), Tobias Haslinger (Viena) y Wessel & Co. (Londres). Intervino también en el pleito de Chopin con la publicación The Musical World, de Londres, que había acusado falsamente a Chopin de plagio. Chopin, jurídicamente asistido por Carlos Manuel, ganó el pleito y la publicación fue obligada a publicar una apología del músico y a pagar una Gala con obras de Chopin en Manchester. El salario obtenido por Carlos Manuel en este pleito jurídico curioso fue donado por los De Céspedes a la iglesia que frecuentaban semanalmente en París, San Eustaquio (todavía existente), que en ese momento recogía fondos para su restauración”.(10)

Analogía simbólica es lo que mejor tengo a mano para conectar la vida sencilla de Carlos Manuel de Céspedes (El Solitario), en el periplo Bijagüal-San Lorenzo, donde encontró el amor de Panchita, junto a hombres y mujeres humildes que animaron su vida con danzas movidas por el toque de tumbadoras y botellas rascadas con cuchillos, y aquel París acogedor donde amó a su primera mujer María del Carmen y apreció música del momento, en un ambiente donde se relacionó con luminarias de las artes, la política y las ciencias. 

José Martí 
La relación de José Martí con el “Contramaestre” es singular; quizás por el hecho de nombrarlo con sentidos vitales, confesionales y hasta terapéuticos.  ¿Por qué lo afirmo? Martí en sus últimos siete días de vida habitó dos casas en su ribera derecha: primero la de Rosalío y luego la de Rafael, ambos hermanos. (11) Allí tomó el agua del Contramaestre de sus tinajas. También era cotidiano el baño a la orilla  para quedar limpio; y una que otra vez lavaba y tendía la ropa sobre piedras cercanas. Un dato simbólico, quizás ignorado en otros acercamientos,  doce hombres lo cuidaron en la casa de Rafael.(12)
José Martí.
Otro aspecto clave, las anotaciones más estremecedoras de su Diario las escribió en la contemplación viva del “Contramaestre”, o tomando café colado con miel de abejas y aquella agua tan bienhechora.

Momentos especiales de su vida apostólica son registrados en la palabra escrita, desde la mirada atenta al “Contramaestre”. A partir de esa contemplación visualiza para sí mismo, o quizás para los que algún día pudieran leer las páginas de su Diario, la profunda angustia que sufre,  originado por los extravíos  en el hacer patrio. La vista del río, el baño y tomar su agua, alivia el alma, refresca, libera energías y lo mantiene alerta ante la hojarasca torcida que surge a su paso, sobre todo con dos generales de la Guerra de los Diez años: Máximo Gómez y Antonio Maceo, y sus maneras distintas de hacer la independencia; por eso advierte  en carta fechada el 12 de mayo de 1895 a Rafael Portuondo: “…un abrazo a tus amigos jóvenes, que aún veo detrás de mí, con sus  rostros resplandecientes como una corte de hijos. Me los traje en el corazón, por bravos, por sensatos, por su radical  y generoso pensamiento (…) Peleen, y piensen”.(13) A su amigo mexicano Manuel Mercado escribe días después: “Por mí, entiendo que no se puede guiar  a un pueblo  contra el alma que lo mueve, o sin ella (…) Me conoce. En mí, sólo defenderé  lo que tenga  yo por garantía  o servicio de la revolución. Se desaparecer”.(14)

El 12 de mayo se dirige a la Jatía. En un momento del trayecto, aparece el “Contramaestre”: “Con barrancas  como la del Cauto asoma el Contramaestre, más delgado y claro; y luego lo cruzamos y bebemos. Hablamos de hijos”.(15) El cuerpo recibe su agua, pero también la ingiere, hecho terapéutico que permite aliviar el espíritu, al pensar un pueblo  que lo imagina Presidente y ama, y un mando militar despótico que lo ubica como General y Delegado;  pero conversa también sobre su amado José Francisco, al que escribiría el 1 de abril de 1895, antes de venir a la isla en guerra, estas palabras: “…salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco  en el camino, recibirás  con esta carta la leontina  que usó en vida  tu padre. Adiós. Se justo”.(16)

Uno de los acompañantes, el 13, ya en La Jatía, pica espuelas y lo invita a observar el escenario donde la naturaleza entrega un verde intenso y descubre la unión de dos ríos: “(…) el Contramaestre entra allí al Cauto”.(17)  “Cruzamos el Contramaestre…”(18), una vez más sus aguas bañan el cuerpo. Ese día, en un gesto confesional, señala en el Diario: “Ya está el rancho barrido: hamacas, escribir; leer; lluvia; sueño inquieto”.(19)  La experiencia vivida en campaña, conjuntamente con el acercamiento a los generales Máximo Gómez y  Antonio Maceo, le permiten intuir un escenario de confrontación, difícil de encauzar: “Escribo, poco y mal, porque estoy pensando con zozobra y amargura. ¿Hasta qué punto será útil a mi país mi desistimiento? Y debo desistir, en cuanto llegase  la hora propia, para tener libertad de aconsejar, y poder moral para resistir el peligro que de años atrás preveo, y en la soledad en que voy, impere acaso, por la desorganización e incomunicación que en mi aislamiento no puedo vencer (…)”(20)  En circular del 14 de mayo, escribe junto a Gómez, a los jefes y oficiales: “La revolución no debe dejar nunca de enseñarse donde se espera que esté, y donde es su deber estar, -porque, si no, pierde crédito y fuerza”.(21) Las preocupaciones están a flor de piel. No  lo dejan dormir. Nuevamente el recurso terapéutico acude el 15, pues  libera angustias al bañarse en el “Contramaestre” y disfrutar luego el aguacero desde el rancho de Rafael,  o sencillamente encontrar sosiego para su espíritu abrumado por las contingencias patrias de última hora, en “la caricia del agua que corre: la seda del agua”.(22)

Sin embargo, vuelve a cargarse de energías negativas. El 16 narra en el Diario el testimonio del capitán Pacheco, vivencia que le permite fundamentar sus preocupaciones en torno a un mando despótico, que no sea capaz de interpretar correctamente la espiritualidad del cubano y de lugar a desviaciones lamentables: “(…) el cubano quiere cariño, y no despotismo: que por despotismo se fueron muchos cubanos al gobierno y se volverán a ir: que lo que está en el campo, es un pueblo, que ha salido a buscar quien lo trate mejor que el español, y halla justo que le reconozcan su sacrificio”.(23)

Nuevamente el baño en el río acude como bálsamo para aliviar la profunda angustia que lo desgarra emocionalmente. Luego, escribir y leer complementan una liberación de incertidumbres que anulan su libre albedrío en las decisiones patrias. Se siente completamente aislado por un militar, que al desembarcar ejerció el mando único y lo relegó a la condición de espectador, o sencillamente lo nombra Mayor General, para tenerlo de cualquier forma subordinado; incluso decide sin contar con él, en consulta con otros jefes, que su lugar es la emigración y no Cuba; dolor grande invade su reflexión, sus palabras. En carta a Mercado, el 18, señala: “…en cuanto a formas, caben muchas ideas: y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen.”(24)  Con esa angustia a cuestas y los dolores del cuerpo, sólo tiene el alivio de apreciar un cerrado aguacero desde el rancho de Rafael.

Un mal augurio intuye el 17, pues no puede bañarse en el “Contramaestre” amado, ni tomar su agua fresca; “conmigo doce hombres…”(25), dice en el Diario, en un  gesto casi bíblico, doce apóstoles lo acompañan camino a la resurrección, pudiera decirse. Más adelante, anota palabras que invierten completamente los usos dados al río hasta ese momento: “Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre -y me trae Valentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo…”(26) El río no funciona aquí para alimentar el espíritu y oxigenar las ideas, ahora es convertido en tisana cocida al fuego para sanar el alma patria. Se siente completamente abrumado por las preocupaciones. Tomar el té de higo es un intento de buscar estabilidad emocional, enfocarse en un destino, al parecer incierto según sus últimos razonamientos, aunque alberga la esperanza de que “a campo libre, la revolución entraría, naturalmente, por su unidad de alma, en las formas que asegurarían y acelerarían su triunfo”.(27) Tal vez el té de higo era el anuncio del paso a una vida distinta. Su Diario concluye con ese momento tan conciliador del alma nombrado la hora del té; pero nadie estaba en ese instante junto a él, o quizás sí, pero sus palabras no lo registran; uno presiente que Martí ha sido abandonado por esos doce Apóstoles y vive una soledad espantosa, va muy desamparado en medio del temporal guerrero; lo cierto es que no encontró sosiego, ni llegó a ver la anhelada revolución unida.  Acompañado por un Ángel, bisoño por cierto en trajines de la guerra, montando corcel blanco y  brioso,  murió asesinado, según versiones mambisas, por balas españolas en circunstancias aún no aclaradas por la historia. Murió al igual que Céspedes, en la ribera derecha del “Contramaestre”, ya próximo a las aguas del Cauto. Era pasado el mediodía del domingo 19 de mayo de 1895. Ese día no hubo baño, ni tampoco tomó su agua protectora. El río crecido veía la muerte de su Apóstol, aquel hombre menudo que día tras día acudía al mediodía, o en la tarde, a jugar con la “caricia del agua”, la “seda del agua”. 

Fidel Castro 
El asentamiento urbano, surgido a orillas del “Contramaestre”, con similar nombre al de su afluente mayor, cumplía 26 años el 10 de octubre de 1939. Según datos de archivo, un pleito entre la compañía Van Horne y obreros que construían un tramo de ferrocarril para unir a Cautillo con el central América, devino único  referente jurídico que justificó el surgimiento del pueblo, registrado el 5 de febrero de 1913, en las “Actas capitulares de Jiguaní” (28), -este último-, término municipal al que pertenecía geográficamente hablando.

Allí nació un hijo de inmigrantes españoles nombrado René Fernández Bárzaga;  compañero de estudios de Fidel Castro en el Colegio Dolores, en Santiago de Cuba; donde estrecharon relaciones afectivas; por eso el padre de René lo invitó a visitar  “Contramaestre” desde el 10 hasta el 12 de octubre de 1939, tres días no lectivos del plan de estudios. El asiento trasero del auto-cuña de Aquilino acogió a los dos estudiantes. Llegaron a la casa, en el entonces reparto “San Luis”, al mediodía. Habían pasado 71 años del Alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en su ingenio La Demajagua, similar tiempo del Grito de Yara, devenido fracaso militar donde pronunció la memorable frase, -que Castro retomaría años después-: “Aún quedan 12 hombres, bastan para hacer la independencia de Cuba”.(29)

Fidel Castro.
Fidel llegó exactamente al mismo reparto  donde había y  existe hoy descendencia de Carlos Manuel de Céspedes y su amada quinceañera de los tiempos de San Lorenzo, Panchita Rodríguez, con quien había tenido un hijo llamado Manuel Francisco, que no pudo llevar en vida el apellido del padre, pero era llamado por todos Manuel Céspedes. Manuel contrajo matrimonio con Ana María Estrada  y tuvo seis  hijos; el primero de los cuales  fue llamado Amado Oscar, en memoria  del hermano  inmolado en 1870.  Manuel Francisco Rodríguez  Gómez murió el 15 de octubre de 1921 en Palma Soriano. Un dato valioso es que dos de sus retoños, José Manuel y María Carmela Rodríguez Estrada  se establecieron en  el reparto San Luis, aproximadamente en la misma década en que Fidel visitó Contramaestre por vez primera. José Manuel tuvo seis hijos; al primer varón lo llamó José Manuel en memoria de su bisabuelo y el abuelo respectivamente (Carlos Manuel de Céspedes y Manuel Francisco Rodríguez); el José, por nuestro Héroe Nacional, bautizado Apóstol de las libertades de Cuba. María Carmela tuvo un solo hijo y lo nombró Perucho, quizás pensando en el creador del Himno Nacional cubano. El mismo reside actualmente en Estados Unidos.

En aquel Reparto, rebautizado hoy Rodolfo Rodríguez, -por cierto nieto de Carlos Manuel de Céspedes e hijo de José Manuel-, donde la sangre patria fertilizó la tierra, estuvo Fidel Castro tres días, -reitero-, en su adolescencia con sólo trece años de edad. ¿Qué hizo en “Contramaestre?

Al mediodía del 10, el almuerzo se sirvió con un menú a gusto de la dueña de la casa, Enma Bárzaga, esposa de Aquilino. Ese día Fidel tomó agua del Contramaestre y muy pronto  se compenetró con Aida, la cuarta en orden cronológico  de los cinco hijos de Aquilino y Enma. Conversaron mucho en el patio de la casa, luego se fueron al “Contramaestre”, donde bañaron sus cuerpos toda la tarde. El 11, después del desayuno, volvieron al  “Contramaestre” y visitaron la poza del Diablo, sitio vinculado a tenebrosas leyendas populares desde luces impresionantes, hasta apariciones fantásticas. Castro disfruta las aguas, retozan como mozuelos al fin, siempre vigilados por el ojo atento de Aquilino. Fidel se siente muy atraído por la muchacha, tal vez fue su primer amor, sin pasar más allá de miradas, afectos compartidos y aquellos baños lúdicos en el “Contramaestre”. La agenda se completó con la visita a la poza de Pitillán, que los lugareños bautizarían más tarde con el nombre “Chorrerón”. Decían las invenciones populares que en aquella poza existían caimanes. Fidel, Aida  y René no vieron ninguno. Un paseo de rocas permitía cruzar de un lado a otro sin mojarse. Aquilino no les extendía el permiso para ir a la más célebre  de las pozas: “El Encanto”, también con una carga de ficciones, desde fantásticas sirenas, hasta ahogados impactantes.

En la poza del Diablo disfrutaron largas zambullidas, brazadas  a lo largo y ancho de la misma, juegos, bromas, miradas furtivas, corazones agitados por la cercanía de los cuerpos. Las horas transcurrían sin apenas darse cuenta. Al mediodía, regreso; almuerzo abundante. Toma nuevamente el agua del “Contramaestre”, que llega fresca a través de unas tuberías desde el mismo río hasta la casa. Breve descanso y nuevamente al “Contramaestre”. Decía René que Fidel no quería salir de la Diablo y Aquilino tuvo que ponerse fuerte con él. Esa noche pudiera imaginar el novelista acucioso, soñó con Aida; su calidez ya formaba parte del repertorio amoroso del adolescente Fidel Castro.

El 12, alrededor de las cinco de la mañana, inició el viaje de retorno a Santiago de Cuba. En su cabeza, recuerdos del magnífico río “Contramaestre”, su agua dulce, de Aida, el pueblo. Volvió varias veces, pero en otras condiciones, pues sus ideas fertilizadas por Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, lo habían colocado en la vanguardia de una nación,  que decidió romper el dogal de  la tiranía de Fulgencio Batista y  generar una Revolución que barrería todo lo viejo a su paso y sembraría una clarinada que llega hasta nuestros días. Doce hombres, pudieran considerarse apóstoles también, bastarían  a Fidel Castro para hacer la independencia. 

Apocalipsis 
Una mañana de septiembre de 2015 me sentí obsesionado con ese emblemático afluente que de niño visitaba en las narraciones de mi madre sobre el viejo Bijagüal, donde vivía su hermana mayor Ana Luisa y su esposo Alfredo Armengol;  muchas veces escuché atento lo sucedido a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria allí; pero también sobre los baños de José Martí en la ribera derecha del “Contramaestre” cuando aquello pertenecía a la “Mesopotamia oriental”; mi abuelo centenario también hablaba de eso porque él era de allí, yo lo seguía en las palabras cada noche hasta el último destello del candil. Luego me llegó a través del octogenario René Fernández Bárzaga, la visita de Fidel al naciente pueblo y su adoración lúdica por el “Contramaestre”, del que no quería salir nunca.

Escribir las páginas de este ensayo de aproximación a tres líderes seminales de nuestra historia patria  y su entrañable relación con el “Contramaestre”, es un soplo de aire a la memoria, pues trae de vuelta pasajes que hoy están en trance de olvido, como la tubería nacida en el río que llevaba el agua fresca hasta el primer Acueducto del pueblo y desde un enorme tanque era distribuida  hacia hogares del viejo Reparto San Luis. No existe tampoco la Fábrica de Hielo, ni los viejos almacenes que vieron los ojos de Fidel Castro a los trece años. La casa de Aquilino, donde vivió casi tres días,  pertenece a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

Al terminar mi escrito, pensé en lo que  harían hoy Céspedes, Martí y Fidel, en términos críticos, si vieran los agentes contaminantes de toda naturaleza que invaden las  aguas del río que tanto amaron en vida. ¿Se cruzarían de brazos?  Actos irresponsables de personas e instituciones  tienen en peligro de muerte al “Contramaestre”. Según especialistas de Higiene, el baño de seres humanos allí ya no es posible, pues  estudios bacteriológicos han demostrado la presencia de más de 24 mil colifermos  fecales y totales, que ponen en peligro la salud.(30)  Se muere el “Contramaestre”. Los restos de Céspedes y Martí desde sus tumbas se levantan a salvarlo. Fidel tal vez no recuerde su viaje memorable aquel 10 de octubre de 1939;  pero de saber lo que está pasando ahora, seguramente citaría su frase lapidaria en el discurso de la Cumbre de Río: “Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo.” 

Citas bibliográficas y notas 
1. Raúl Chao: Contramaestre, Ediciones Universal,  Colección Caniquí, Estados Unidos,  2008.

2.  José Martí: Céspedes y Agramonte, en El Avisador Cubano, Nueva York, 10 de octubre de 1888, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, Tomo 4, p. 361.

3.  Carlos Manuel de Céspedes: Diario, p. 256, en la compilación realizada por Eusebio Leal con el título: Carlos Manuel de Céspedes. El diario perdido, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  1994.

4.  Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 264.

5 Hortensia Pichardo Viñal: Facetas de nuestra historia, Editorial Oriente, Santiago, Cuba, p. 226.

6.  Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 276.

7.  Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 293.

8.  Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 294.

9.  Manuel Sanguily: Discurso pronunciado en el Chickering Hall, Nueva York, 10 de octubre de 1895  (en): Breve Antología del 10 de octubre. Publicaciones de la Secretaría de Educación, La Habana, 1938. p.31.

10.  Carlos Manuel de Céspedes y Menocal: Esclarecer rumores,  apaciguar las dudas antiguas y crear nuevas;  en Palabra Nueva, Revista de la Arquidiócesis de La Habana, año XVI, Noviembre/2007, No. 168, pp.67-70.

11.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 107. y ver de Froilán González: Martí a flor de labios, Editora Política, La Habana, p. 161-162.

12.  Froilán González: obra citada, p. 166.

13.  José Martí: carta a Rafael Portuondo, la Jatía, 12 de mayo de 1895, en José Martí. Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, tomo 5, p. 240.

14.  José Martí: carta a Manuel Mercado, Montecristi, 18 de mayo de 1895, Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, tomo 5, p. 252.

15.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, tomo 5, p. 102

16.  José Martí: carta a José Francisco y Zayas Bazan, Montecristi, 1 de abril de 1895, Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, tomo 5, p. 142.

17.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 104.

18.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 104.

19.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 104.

20.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 105.

21.  José Martí: Circular a los jefes y oficiales,  14 de mayo de 1895, Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, tomo 5,  p. 245.

22.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 106.

23.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 107.

24.  José Martí: carta a Manuel Mercado, Montecristi, 18 de mayo de 1895, Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, tomo 5, p. 252.

25.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 107.

26.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 108.

27.  José Martí. Diarios de Campaña, Centro de Estudios  Martianos, La Habana, 2014, p. 105.

28.  Actas Capitulares sobre litigio de tierras entre compañía Van Horne y Obreros de la misma. En Archivo de Jiguaní, 5 de febrero de 1913.   Fondo Donativos y Remisiones. Caja 633, No 67.

29.  Ignacio Ramonet:  Cien horas con Fidel, publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, Cuba, 2006, p.210

30.  Comparecencia en Radio Grito de Baire: “Presencia de agentes contaminantes en el río Contramaestre”, 5 de junio de 2012.   

BIBLIOGRAFÍA ACTIVA 
ACTAS CAPITULADES SOBRE LITIGIO DE TIERRAS ENTRE COMPAÑÍA VAN HORNE Y OBREROS DE LA MISMA (1913) En Archivo de Jiguaní, 5 de febrero de 1913.

CASA  GARCÉS-MORÍN (1917) Mapa del trazado de manzanas y calles de Contramaestre.
CONTRAMAESTRE, UNA CIUDAD DE FUTURO (1917) Revista Orto, Imprenta y Casa Editorial El Arte, Manzanillo, número especial dedicado a Contramaestre, 1917.

CASTRO, FIDEL (1992). Discurso pronunciado en Río de Janeiro, 12 de junio;  disponible en la siguiente dirección electrónica: http://www.especieenpeligro.net/index.php/discursos/115-palabras-de-fidel-rio-92

CHAO, RAÚL (2008): Contramaestre, Ediciones Universal,  Colección Caniquí, Estados Unidos.

ESCOBAR, FLOILAN (1991). Martí a flor de labios,  Editora Política, La Habana.

GOMEZ, MÁXIMO (1969). Diario de campaña, Instituto Cubano del Libro, La Habana.

LEAL SPENGLER, EUSEBIO (1994). Carlos Manuel de Céspedes. El diario perdido, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

MARTÍ PÉREZ, JOSÉ: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

MARTÍ PÉREZ, JOSÉ (2014). Diarios  de campaña, Centro de Estudios Martianos.

MARTÍ PÉREZ, JOSÉ (1993): Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

SANGUILY, MANUEL (1938): Discurso pronunciado en el Chickering Hall, Nueva York, 10 de octubre de 1895  (en): Breve Antología del 10 de octubre. Publicaciones de la Secretaría de Educación, La Habana. 

BIBLIOGRAFÍA PASIVA 
CÉSPEDES GARCÍA Y MENOCAL, CARLOS MANUEL (2007). Esclarecer rumores,  apaciguar las dudas antiguas y crear nuevas;  en Palabra Nueva, Revista de la Arquidiócesis de La Habana, año XVI, Noviembre/2007, No. 168, pp.67-70.

FERNÁNDEZ VERDECIA, ARNOLDO (2011) Las complejidades en torno a la toponimia y fundación de Contramaestre (parte 1 y 2), en http://caracoldeagua-arnoldo.blogspot.com/2011/04/las-complejidades-en-torno-la-toponimia.html y http://caracoldeagua-arnoldo.blogspot.com/2011/04/las-complejidades-en-torno-la-toponimia_12.html respectivamente.

PICHARDO, HORTENSIA (1989). Facetas de nuestra historia, Editorial Oriente, Santiago de Cuba.

RAMONET, IGNACIO (2006): Cien horas con Fidel, publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, Cuba. 

FUENTES ORALES 
Entrevista realizada por el autor Arnoldo Fernández junto a Orlando Concepción, a René Fernández Bárzaga, amigo de la adolescencia de Fidel Castro en los años de estudio en el Colegio Dolores. Santiago de Cuba, 21 de julio de 2008. 

Entrevista realizada por Arnoldo Fernández  a Milagros Rodríguez Benítez, biznieta de Carlos  Manuel de Céspedes, Contramaestre, 4 de octubre de 2015.

Entrevista realizada por Arnoldo Fernández  a José Manuel Rodríguez Benítez, biznieto de Carlos  Manuel de Céspedes, Contramaestre, 10 de octubre de 2015.

Comparecencia en Radio Grito de Baire: “Presencia de agentes contaminantes en el río Contramaestre”, 5 de junio de 2012.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Se llama Jesús Rabí el parque de Contramaestre y no Mariana Grajales como creen algunos


La principal y por ende más significativa de las avenidas del poblado, llevaba el nombre de Jesús Rabí, al igual que el único parque que aparece en dicho plano. (Orlando Concepción)

Por Orlando Concepción Pérez* (Escritor y periodista) 

La empresa que planificó al poblado de Contramaestre tenía plena convicción de lo que representaban para el pueblo de Cuba los generales de las guerras de independencia del siglo XIX. La entidad norteamericana responsabilizada con la construcción del tramo de la vía ferroviaria entre Manzanillo y San Luis, como una de las formas de recuperar las cantidades de dinero acumuladas por aquellos que trabajaban como obreros en tan importante obra para el desarrollo del transporte, concibieron y pusieron en práctica la idea de hacer un proyecto de plano del poblado de Contramaestre. El nombre era el mismo del río que bordearía al poblado por su porción este.

Pusieron el plano a la consideración del término municipal de Jiguaní, al cual pertenecía el terreno de la finca ganadera “Bellavista”. El plano fue elaborado por el agrimensor Manuel Cintra y el Comisionado de Terrenos Agustín Agüero, ambos de The Cuba Railroad Company, desde Camagüey, con fecha 27 de abril de 1912.

Las calles con que contaría Contramaestre, diez en total de norte a sur y cuatro en  total de oeste a este, llevaban nombres de generales del Ejército Libertador Cubano, de las campañas de 1868 y de 1895.

La principal y por ende más significativa de las avenidas del poblado, llevaba el nombre de Jesús Rabí, al igual que el único parque que aparece en dicho plano.

Un pequeño espacio de terreno, procedente de una finca ganadera, consistente en treinta manzanas con solares y calles, configura el Centro Histórico de Contramaestre. Ni en la primera ni en la segunda mitad del siglo XX llamó la atención de historiadores ni autoridades de algún tipo, que en el parque ni en todo el radio de acción del Centro Histórico, apareciera algún monumento, obelisco o simple busto con el rostro del Mayor General Jesús Sablón Moreno, históricamente conocido por Rabí.

Entre el decenio final del siglo XX y el inicial del XXI, alguno de los asociados a la Unión de Historiadores de Cuba, decidió investigar y redactar un número de ponencias con el tema del Contramaestre Fundacional. El compendio de dichas investigaciones aún se mantiene inédito, a pesar de la absoluta carencia de Historia Local, que enfrentan los estudiantes en todos los grados, en la totalidad de los niveles de instrucción.

La deuda contraída con Jesús Rabí debe ser una de las primeras en ser saldadas. Su efigie deberá aparecer a todo lo largo de “su” Avenida. Una mini biografía puede (y debe) ser aprendida  “de memoria” por niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Para “ser”, es necesario “saber” y “estar”.

Rabí no es un nombre que puede ser sustituido por ninguno otro. Jesús Rabí es la más digna representación de Contramaestre. Las fechas de su natalicio y muerte, combates y batallas, de todo su vivir y pensar, no puede acumularse en un almacén de recuerdos. Debe atesorarse en el bosque del jamás olvido. Así también se hace Patria.

Como la Ética es la ciencia de la moral, sólo las razones morales decidirán quienes merecen el honor de figurar en las páginas de esta Historia. José Martí nos enseñó que “Historiar es juzgar, y es fuerza para historiar estar por encima de los hombres, y no soldadear de un lado de la batalla”. (O.C.14:399). 

* Fallecido el 1 de noviembre de 2010.

miércoles, 11 de julio de 2012

Cuando el río Contramaestre no suena (Documental en audio: escuchar)

Cuando el río Contramaestre no suena (Documental en audio de los servicios informativos de Radio Grito de Baire:  Clic en este enlace para escuchar

Sinopsis:  
El río Contramaestre, tan valorado por el más universal de los cubanos José Martí en su Diario, está en peligro de desaparecer, por las agresiones  de personas inescrupulosas e instituciones estatales. Escuche este documental y opine sobre su realización y contenido.

viernes, 29 de julio de 2011

Fósforos para mi oscuridad


Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Todos los días, al ir para el lugar donde trabajo, en la ciudad donde vivo, aquí en Contramaestre, Cuba, paso por el área exterior del restaurante de comidas típicas El Trópico. La imagen de un anciano venerable me detiene. Su pregón invita a la reflexión sobre la tercera edad: “וֹHay fósforos!”.

El sombrero no deja apreciar la cabeza despoblada de cabellos. La vista ausente. Algunos paseantes ni reparan en su presencia, olvidan que un día llegarán a ser ancianos y necesitarán cariño para hacer soportable la vida.

Varias veces lo invité a un café, lo aceptaba, pero apenas dejaba escuchar una que otra palabra. Lo hice tantas veces, que mi presencia se hizo familiar.

Este 29 de julio, de por medio un café y una sonrisa agotada, tras sus enormes espejuelos bifocales, me dijo que se llamaba Pedro Guibert Ramos, había nacido el 1ro de noviembre de 1915 y está por cumplir 99 años. “A mí nadie me conoce por el nombre, todos me dicen Mangé. Tengo 5 hijos, 2 en Palma Soriano y tres en La Habana. Gozo de buena salud. Soy viudo. Hace 35 años vivo sólo y de alquiler en alquiler. Yo soy un cacique en Contramaestre. Aquí todo el mundo me conoce.”

Con los ojos bañados en lágrimas me colocó una mano en el hombro izquierdo y dijo: “Pregono fósforos para comer y pagar un techo”.

Hombres como Mangé recorren nuestras calles en plena lucha por la sobrevivencia. De tanto admirarlo y apreciarlo en su ancianidad virtuosa, no imagino el área exterior de El Trópico sin su imagen.

Su frase favorita: “Yo se todo de Contramaestre. La misma me hace pensar, que este hombre tiene casi la misma edad de la ciudad donde vivo. ¿Cuántas historias guardará Mangé para los jóvenes?

Terminado el café, Mangé confiesa: Llené las planillas para ingresar al asilo, estaré allí mis últimos días, tranquilo, sin que nadie me gobierne. Jugaré dominó y esperaré por los amigos que acudan a visitarme”.

Al separarnos, le apreté su mano derecha. Los ojos de Mangé brillaron como el río Contramaestre. “Muchacho, hace falta que los jóvenes no olviden que un día serán ancianos”. Seguí el rostro encorvado, hasta que llegó al sitio donde todos los días pregona “fósforos”.

No imagino el centro de la ciudad sin Mangé; aunque tendré que resignarme a visitarlo en el asilo, donde estará, en los próximos días, acompañado por la amiga de sus últimos años: la soledad.
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