Por Arnoldo Fernández Verdecia.
La escena apareció sin aviso, como suelen llegar las cosas que de verdad importan. Era una vieja carretilla, gastada por el uso, pero encendida por una explosión de colores que parecÃan latir con vida propia. No era solo un conjunto de flores: era un pequeño paÃs contenido en pétalos, en tonos rutilantes que estremecÃan la mirada y obligaban a detener el paso.
Allà estaba él, el hombre que cuidaba aquel jardÃn. No tenÃa nada de extraordinario a simple vista, salvo esa serenidad que sólo poseen quienes han aprendido a vivir con lo justo. Hablaba con calma, como si cada palabra también hubiese sido cultivada. Me contó del jardÃn, de las flores, de la paciencia que exige hacerlas crecer. En su voz no habÃa grandilocuencia, sino una devoción silenciosa, casi sagrada.
Mientras lo escuchaba, pensé que la patria también se construye asÃ: sin ruido, sin aplausos, en manos de hombres que trabajan la tierra como quien sostiene una esperanza. Recordé entonces a José Martà y su fe en los humildes, en esos que sostienen el alma de un paÃs lejos de los discursos encendidos. En aquel jardinero habÃa una bondad que no se exhibe, pero que sostiene.
Quise guardar ese instante en una imagen, como quien intenta proteger algo frágil de la intemperie. Porque hay rostros y gestos que merecen permanecer, no por su rareza, sino por su verdad.
Confieso que también sentà una punzada Ãntima. Yo amo las flores, pero no he tenido un jardÃn. No he tenido ese espacio donde sembrar y esperar, donde ver crecer algo propio. Uno intenta crear, abrirse paso, pero a veces la belleza parece esquiva, como si eligiera con cuidado a quién revelarse.
Y sin embargo, aquà estoy. Del lado de ese hombre. Del lado de quienes aman y sueñan un paÃs mejor. Empujando mis dÃas con la obstinación de SÃsifo, cuesta arriba, sin ceder ante las tormentas que otros arrojan. Porque incluso sin jardÃn, uno puede seguir sembrando: en la mirada, en la palabra, en la esperanza.
Tal vez la patria sea eso al final. No una idea lejana, sino una suma de gestos pequeños, de manos humildes, de flores que alguien decide cuidar contra todo pronóstico.
📖 Crónica escrita hoy 1 de mayo, en respuesta a un viejo amigo.
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