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sábado, 18 de julio de 2026

UN TÍTULO UNIVERSITARIO PARA MIS VIEJOS📖🤔

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Hace hoy 31 años crucé el escenario para recibir mi título universitario. A simple vista, era la culminación de una carrera; en realidad, representaba el final de un largo camino de sacrificios compartidos y de sueños sembrados por otros mucho antes de que yo pudiera comprender su verdadero valor.

Aquel día de 1995 no estuve solo. Mi padre caminó conmigo, orgulloso y emocionado, como quien ve florecer una semilla que ayudó a cuidar durante años. Me gradué con Título de Oro, pero el verdadero mérito no descansaba únicamente en mis esfuerzos. Aquel diploma llevaba impresas las renuncias silenciosas de mi padre y de mis abuelos, quienes me criaron con amor, disciplina y una fe inquebrantable en el poder de la educación.

Ellos se privaron de muchas cosas para que yo pudiera estudiar, avanzar y alcanzar una meta que, quizás, también había sido suya mucho antes de ser mía. Cada sacrificio, cada desvelo y cada gesto de apoyo encontraron sentido en el instante en que sostuve aquel título entre mis manos.

Por eso, cuando llegó el momento de dedicar ese logro, no tuve dudas. Mi padre y, de manera muy especial, mi abuela-madre y mi abuelo-padre recibieron ese homenaje. Ellos habían construido, con esfuerzo, ternura y amor, el camino que me condujo hasta allí. Mi graduación también les pertenecía.

Han pasado 31 años desde aquella celebración. El tiempo ha seguido su curso, la vida ha cambiado y muchos de los sueños de entonces han dado paso a nuevos desafíos. Sin embargo, hay recuerdos que permanecen intactos. El abrazo de mi padre, la emoción compartida y la certeza de que ningún sacrificio hecho por amor es en vano siguen vivos en mi memoria.

Hoy miro hacia atrás con una gratitud que los años no han hecho más que fortalecer. Comprendo mejor el inmenso valor de quienes apostaron por mi educación cuando hacerlo significaba renunciar a sus propias comodidades. Mi título nunca fue solo un reconocimiento académico; fue la expresión de un legado de amor, esfuerzo, dignidad y esperanza.

En este aniversario quiero compartir ese recuerdo con quienes formaron parte de aquella generación. Felicidades a todos los graduados de entonces. Al mirar nuestros títulos, recordemos también los rostros, las manos y los corazones de quienes hicieron posible que nuestros sueños se convirtieran en realidad.

Porque, al final, hay títulos que llevan un solo nombre, pero pertenecen a toda una familia.

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