Por Arnoldo Fernández Verdecia.
Han sobrevivido huracanes, trombas y tempestades. A tantas cosas se han enfrentado… menos al hombre.
Allà permanecen, a la entrada de aquel central con nombre de madre: América.
Dicen que alguna vez fueron dos hileras de palmas que acompañaban el camino hasta el mismĂsimo central. Dicen tambiĂ©n que quienes llegaban se sentĂan en casa al encontrarlas, como si aquellas palmas fueran los brazos abiertos de una tierra que recibĂa.
Hoy quedan estas.
Las Ăşltimas palmas de Fico siguen desafiando al tiempo, erguidas frente al azul turquĂ, como novias que se resisten a abandonar su paisaje.
Lástima que importen tan poco a la gente.
Quizás muchos pasan frente a ellas sin saber que esas palmas llevan, en sus letras, una historia. Son las palmas que recuerdan el nombre y los apellidos del dueño del América:
Federico Fernández Casas.
Y allĂ siguen, silenciosas, guardando la memoria de un tiempo que se niega a desaparecer.
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