El periodismo en Contramaestre tiene en Orlando Concepción a uno de los iniciadores principales; lo mismo sucede con la literatura. Y es que en la vida de este autor, periodismo y literatura son una familia. Movido por ese argumento conversamos sobre la práctica de dos oficios tan complejos pero apasionantes.
Primero fue el periodismo

Llegamos hasta su casa en la calle Guillermón Moncada del municipio Contramaestre en Santiago de Cuba, está en camiseta, no se ha afeitado, le dice al fotógrafo. Quiso posar como una distinguida figura.
Le pedimos que se fuera hasta su mesa de trabajo, entre los límites desde los cuales concibe su obra, allí está la olivetti, dice quererla más que los $200 que le costó. Sus dedos se dejaron correr con habilidad y empezó a hablar en octosílabo, don que cree tener desde 1990, cuando una muchacha le dijo que hablaba en décimas.
Enseguida comenzaron sus bromas con los que hacen periodismo en Contramaestre, hecho que facilitó una pregunta ¿por qué antes de ser narrador de cuentos, Orlando Concepción Pérez fue periodista?
Desde los 15 años comencé a hacer periodismo. Ayudó a sintetizar. Me enseñó a escribir con oficio, lo mismo para hacer un reportaje que para hacer una crónica. El hecho de tener que usar la narración y muchos de los recursos que también usa un escritor, contribuyeron a formar en mí el narrador que llevo adentro. Periodismo y literatura son una gran familia.
Influencias

Los libros que más quiere
A todos los hijos los quiero igual y es un lugar común decirlo. Creo que de mi obra lo mejor es "Dos cuentos", me gustaron no porque hayan sido premiados, sino porque le dan un vuelco al tiempo narrativo de los cuentos de "La fuerza del hombre". Si me voy por lo sentimental adoro "El Dinosaurio azul" porque está dirigido a los niños, son los más inteligentes. Existe un grupo de ellos que son mis amigos, les leo las cosas que escribo y me dicen lo que funciona y lo que no, como el mejor de los críticos.
Del cuento a la poesía un salto mortal
Te voy a confesar una cosa, creo que nunca se la he dicho a nadie. Una de esas tardes de verano que tiene Cuba, encontré a Felix Pita Rodríguez y dijo que en mi obra narrativa había poesía, desde ese día comencé a creérmelo. Primero me enamoré de la décima, está más cerca de lo cubano y me salen con mucha facilidad, cosa que no me sucede con el soneto que es mucho más difícil. Me salen algunos que no sabría decirte si son buenos o muy malos.
Después escribí versos libres y lo hice porque me marcó un encuentro con el poeta José Lezama Lima. Sucede que fui a verlo para conversar sobre su obra, me preguntó lo que pensaba de ella, anonadado le respondí: Maestro, yo no entiendo ni jota de lo que usted escribe. Estalló una risa enorme y su barriga le saltaba, me dio un abrazo y pareció feliz con mi respuesta. Ese día comenzó el misterio de la poesía para mí.
Los jóvenes y la escritura
Escribo muchísimo y siempre estoy rodeado de jóvenes que inspiran a cualquiera, quieres mejor inyección que la juventud. Hoy tenemos más de una docena de muchachos que escriben y lo hacen bien. En mis comienzos el oficio era muy solitario y no tenía con quien intercambiar experiencias.
Sus manías
Creo que te he dicho un discurso, dijo, cerrando la entrada que había dado a su laberinto. Regresó a su camiseta, pero antes leyó un ensayo que había escrito sobre un reconocido poeta de Contramaestre. Luego nos acompañó hasta la puerta. El olor que despiden las mariposas de su jardín nos hizo recordar algunas de sus manías, si este olor no inunda su espacio de trabajo, la musa lo abandona y todo estará perdido.
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