domingo, 18 de julio de 2021

A mi viejo no le hablé de la violencia del domingo


Por Arnoldo Fernández V

Verlo con el clarear del día es una fiesta del alma; verlo lavarse su cara, cepillar sus dientes, es un regalo de Dios; verlo desayunar con tanto apetito es una dicha infinita. 

A mi viejo no le he contado lo sucedido el domingo 11 de julio, no vale la pena preocuparlo con algo tan serio como la violencia, venga de donde venga y en nombre de cualquier idea u orden. 

Mi padre viejo me educó en la honradez, el respeto a la verdad; así que nadie venga a pedirme que agreda a una familia, un vecino, un amigo, un conocido, incluso un desconocido por pensar diferente. 

MI patria es la humanidad, como me enseñó desde que era un niño este viejecito que tanto amo; una de las grandes verdades que aún me queda.

jueves, 15 de julio de 2021

Yo oro por Cuba


Por Arnoldo Fernández V

Una persona, muy asustada, me ha pedido que aprecie la foto que identifica su perfil en Facebook. Al verla en todos sus detalles le respondo: no encuentro nada anormal. Entonces me dice lo increíble: "es que mi filiación ideológica está siendo cuestionada por esa foto y tengo mucho miedo". La foto de su perfil tiene una bandera cubana con el eslogan "Yo oro por Cuba". La oración, lo creo así, es pedir a Dios por la salud, los alimentos, el bienestar de la familia, los amigos, la humanidad toda...La oración es hablar con  Dios. Es un derecho del ser humano y no debe ser cuestionado por nadie.

martes, 13 de julio de 2021

Testimonio de la tarde


Por Arnoldo Fernández V

Soy un cuerpo que testimonia el gris 

de una tarde de domingo

un cuerpo escondido

en unas palabras temerosas 

que asoma tras la ventana 

y escucha gritos a lo lejos 

canticos 

sonido de sirenas 

carros que van y vienen 

una muchedumbre embravecida que asombra por su locuacidad

Todo parece un espectáculo de circo

Mientras las palabras duran 

y se eternizan en el futuro 

un intenso aguacero pretende borrarlas

el granizo casi las aplasta 

intenta sepultarlas bajo unos escombros inmemoriosos

hasta los árboles sienten el crujido de sus huesos 

Allí donde el viento se enfurece con ellas

los ancianos toman café 

conversan en susurros 

temerosos de que toquen a la puerta de sus casas

los que tomaron las cimitarras 

y salieron a la noche a asfixiar 

aún más el silencio 

que ya no puede ser silencio 

pero que no tiene otra opción 

que ser silencio.

sábado, 10 de julio de 2021

Me joden las vendas


Por Arnoldo Fernández V

Soy el hombre que odia los apagones, el calor, los mosquitos, el hambre. Todos somos el mismo hombre, aunque otros hombres tengan vendas en las orejas, la boca y los ojos. 

Soy el hombre que se levanta oscuro, toma café e imagina el color de la felicidad. Creo que a todos los hombres les sucede igual que a mí, excepto a los de las vendas. 

Soy el hombre que tenía la certeza de que nunca más volvería a vivir otro período especial, yo creo que a todos los hombres les pasó igual, excepto a los de las vendas. 

Los de las vendas son felices tapando verdades que asoman por los tantos salideros del tanque. 

La decencia y las vendas van por el mismo camino, pero se excluyen, no pueden tolerarse, sobre todo si los hombres vendados hacen y deshacen con sus varitas mágicas que todo lo pueden y lo consiguen.

lunes, 28 de junio de 2021

Contramaestre, una mirada histórica a su gestión local (de su fundación a la actualidad) I


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

El método dialéctico materialista tiene entre sus principios cardinales el del desarrollo; sobre la base de la interrelación de lo universal, lo general y lo específico, en sus maneras de gestionarse. La Tarea Ordenamiento, coloca su mirada en lo local, apunta a la descentralización del Municipio, para crear riqueza y construir políticas de desarrollo desde una visión integral; pero: ¿es posible conseguirlo a corto o mediano plazo, con la mentalidad que ha acompañado a la gestión administrativa en las últimas décadas? Veamos el caso de Contramaestre, municipio creado por la Revolución Cubana en 1976. 

Contramaestre fue reconocido jurídicamente como barrio de Maffo el 5 de febrero de 1913. Conseguirlo costó mucho esfuerzo, porque la gestión administrativa se concebía desde el Ayuntamiento de Jiguaní y la burocracia económica y política que lo dirigía, primero pensaba en la cabecera del Término Municipal y después en los pueblos y barrios secundarios.  Desde la Alcaldía de Maffo se gestionó ante el Ayuntamiento de Jiguaní, la economía, la cultura y la vida social de Contramaestre en los primeros lustros de la República. 

Cuando se concibió el plano de la Carretera Central de Cuba, los intereses del ingenio América lograron imponerse en La Habana y el paso se produjo a dos kilómetros de Maffo; la élite política de allí no logró ser escuchada a nivel de país. Antes, primeros años del siglo XX, el paso del ramal del ferrocarril Manzanillo-San Luis, también desplazó a Maffo, pues el grupo empresarial Howell, aliado con Federico Fernández Rosillo, su hermano Manuel y el hacendado yanqui mister Bolton, consiguieron que pasara por Contramaestre. 

De manera que podemos plantear algunas ideas: 


El desarrollo de Contramaestre fue posible, en sus comienzos, gracias a la gestión de los administradores del Central azucarero América y los dueños de inmensas extensiones de tierra para el fomento de la caña de azúcar (1), principales artífices en el grupo de presión que a nivel nacional, logró imponer una visión de futuro en las máximas instancias del Estado cubano, sobre los beneficios que traerían las dos principales vías de comunicación. A ellos se debe el trazado urbanizacional del poblado de Contramaestre en 1912, ideado sobre un papel de trazas, por William Van Horne recostado a la sombra de un árbol; según la máster en conservación del patrimonio, Olna Mara Machado, tan avanzado para su época, como el de Vista Alegre en Santiago de Cuba (2). 

La idea de atraer y estimular una migración hacia el territorio pertenece a Federico Fernández Rosillo y William Van Horne, este último, adquirió la finca Vista Hermosa para la construcción del asentamiento, hecho que comienza en 1913. Catalanes, asturianos, gallegos, jamaiquinos, haitianos, estadounidenses, construyeron la línea férrea (3). 

Dadas las bondades del lugar, agua potable, vientos agradables, llanuras fértiles para la agricultura, fundamentalmente maíz, caña de azúcar, café, tabaco, frutos menores; abundante pasto para diferentes tipos de ganado, sobre todo vacuno, porcino, aves de corral, abundantes ríos, arroyos, cañadas y bosques exuberantes de maderas preciosas para la construcción de viviendas, constituyeron el pie forzado para la conquista de la tierra y el surgimiento de un hombre que empezó a sentirla y amarla como suya.  

Definitivamente la idea de poblado como estructura social, pertenece a Federico Fernández Rosillo, que llegó a gestionar más de 126 caballerías de tierra (4), para el fomento de la caña de azúcar, destinada a la principal industria del poblado, el central América, construido entre 1903-1913. (5)

(Continuará) 

Citas bibliogáficas y notas

1. Luego de la intervención militar de Estados Unidos en la Guerra Hipano-Cubano; el 20 de diciembre de 1898, las tropas yanquis entregaron al grupo norteamericano Howell 485 caballerías en Venta de Casanovas y 671 al cruzar el río Contramaestre, para construir el ingenio azucarero América. Ver información más ampliada en: José Manuel Galady: Maffo y el ferrocarril, en Bohemia, La Habana, Cuba, 10 de noviembre de 1995, p.67.

2. Arnoldo Fernández: Urge enseñar el amor por lo bello en Contramaestre, entrevista a Olna Mara Machado. 

3. Pura Real Cobo: Organización escolar en Contramaestre y mejoras  de que está necesitada;  tesis para optar por el grado de doctora en Pedagogía, Universidad de La Habana, 1952.

4. Ayuntamiento de Jiguaní. Libro de actas 1912. Archivo Municipal de Jiguaní, Granma. 

5. Andrés Núñez Lora y José Manuel Galardy Alarcón: Contramaestre, penetración imperialista, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2008, p. 12.

jueves, 17 de junio de 2021

La muerte de Babby


Por Arnoldo Fernández
 

Iba de un lado a otro con ese tumbao inolvidable que lo hacía único en los de su especie. Muchas veces me pregunté cómo mantenía el equilibrio en su andares por techos, árboles o sencillamente al improvisar alguna acrobacia mortal. 

Sus ojillos, a pesar del verde centelleante, no tenían luz. Lo llamé Babby Lichy para honrar a su padre Lichy Alberto, como el de Informe contra mí mismo. Comía con apetito insaciable. 

Tenía dos años y unos pocos meses. Siempre me perseguía el temor de que algo malo sucediera, por las tantas discapacidades en su cuerpillo barcino y blanco. 

El sábado 12 de junio desapareció pasada las diez de la mañana. A la hora del almuerzo lo llamé muchas veces, pero no me hizo llegar ninguna respuesta de su paradero. Con la esperanza desarmada lo busqué por todas las casas del barrio. Una oscura intuición me hizo subir al techo; allí dormía, luego de jugar con un cable eléctrico.

martes, 1 de junio de 2021

¿Romper el caracol o conservarlo?, el dilema de Clara en Como polvo en el viento


Por Arnoldo Fernández Verdecia.
  
(caracoldeaguaoriente@gmail.com).  

I

La historia de Cuba de las últimas décadas  quien mejor la narra es un novelista llamado Leonardo Padura Fuentes, sobre todo en su último libro, Como polvo en el viento, donde presenta el testimonio de unos amigos repletos de sueños, ideas futuristas, en busca de un paraíso y las fracturas que dejó en ellos lo histórico. Sus testimonios son un auténtico reflejo de la crisis de un sistema social que necesita reinventarse para volver a ser parte de la esperanza, del porvenir. 

Como polvo en el viento es la historia novelada de una isla fragmentada entre los que se fueron y los que se quedaron; los hilos espirituales que aún perduran en esa relación. 

Sostengo la idea de que para el cubano esencial (y todos somos esenciales); Cuba es un caracol que lo acompaña adonde quiera; incluso, dentro de la propia insularidad no deja de hacerlo, quizás con más fuerza que para los que tomaron el camino de la diáspora.   

Veamos el tratamiento de Clara; un personaje que vive aún, más allá de los 50 años, en esta novela de Padura. 

II

Marcos había leído sobre un personaje emigrado que llevaba consigo su modo de vida como el caracol que arrastra su morada: ¿Por qué había conservado esa cita en su mente? ¿Sería porque su destino era convertirse en un caracol como su madre Clara, aunque de otra especie? También él llevaría por siempre su casa cultural sobre su espalda. (1)

Una primera idea es evidente: todo cubano marcado por el contexto de los 90 del siglo XX  tiene raíces culturales profundas  que lo acompañan a cualquier lugar del mundo;  siempre están los recuerdos, la nostalgia, los olores, los estados afectivos, los colores de la isla, los sonidos, los sabores, para no dar paso al olvido total. Nunca hay olvido.

En una parte de los que se fueron está el ansia de no regresar nunca; para no sentir la órbita de lo pasado, lo que duele y marca; pero en otros volver es la terca necesidad de reencontrarse con las huellas aún frescas de lo que fue el crecimiento de su ser espiritual en una entidad física, que puede ser La Habana, Santiago, Cienfuegos, Bayamo o un barrio isla adentro… 

Esa contradicción que acompaña al cubano de la diáspora, es un vía crucis angustioso, terrible, al que debe enfrentarse como artesano de su presente y, por qué no, de su futuro. Marcos, el hijo de Clara, lo tiene comprobado en su vida propia; la concha siempre va con él al igual que su madre que también es un caracol; incluso en sus peores momentos, pero también en los más hermosos. Gracias a esos resortes espirituales, consigue recrear sus modos de ser cubano en esa diáspora que vive en Miami, mediante el juego de béisbol con niños y los fines de semana de licores, playa, comida; junto a jóvenes cubanos de su generación, que se congregan para pensar, hablar y comportarse como lo hacían en su añorada isla.  

Pero Marcos tiene una certeza que no admite dudas: su madre es un caracol de otra especie.

III

"... cuánto amaba aquella casa, su casa: el caracol que arrastraría como una bendición y una cadena.” (2)

Así piensa Clara y tiene sus razones. Creció bajo la influencia de un mito asociado a una piedra traída del mismísimo Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba; una piedra imán, colocada en los cimientos de lo que sería el hogar de sus padres en Fontanar, La Habana; donde aprendió los afectos que curan el alma; donde creció física, espiritual y profesionalmente, hasta graduarse de ingeniera y casarse con el que sería el padre de sus hijos; e incluso, mucho después, encontrar el amor de su vida en otro hombre llamado Bernardo. 

En la casa de Clara se reúne el clan, una cofradía de amigos que estudiaron juntos, se hicieron profesionales y tenían aquel sitio como cuerpo simbólico donde encontrarse, celebrar cumpleaños, la Navidad, esperar el año nuevo; en fin, alimentar la amistad como uno de los estados afectivos más apreciados. Los amigos forman un mosaico interesante que comprende una pareja de homosexuales, un médico cirujano, una lesbiana, un alcohólico, un físico, dos arquitectos, un pintor y los hijos de Clara. 

Todos se van y tienen destinos distintos, pero Clara y el alcohólico Bernardo se quedan. Circunstancias adversas que ponen en peligro la vida de este último los unen, y descubren el amor más puro que ya no creían alcanzar, ya pasados los 50. Ese amor crece, se desborda en la casa de Fontanar; allí donde el mito prevalece, y los que se fueron a España, Argentina, Estados Unidos no dejan de pensar en ella, para bien o para mal; pero todos reconocen que allá están las mejores personas, los amigos de siempre, a los que hay que salvar a cualquier precio, porque son el caracol con el que cada uno emigra y no consiguen despegar de sus pensamientos. 

Clara es el caracol especial que desde su niñez aprendió la lealtad, la dignidad, la maternidad responsable, la madre protectora, la amiga de todos, el prototipo ideal del cubano esencial, el que, dentro de la propia isla, arrastra un caparazón del que no podrá liberarse, porque en él va su espacio vital, el sentido de la vida. 

IV

(...) Clara, el pedazo más fuerte del imán que siempre nos atrajo desde el fondo de la tierra y hoy nos tiene aquí unidos a los fragmentos que hasta ahora hemos sobrevivido, sentados encima de esa piedra de cobre magnética venida de tierra santa cubana; la piedra mágica sobre la que se levanta esta casa, que es mucho más que una casa: es nuestro refugio, nuestro caracol.(3)

Lo dice Bernardo un 24 de diciembre de 2015, ya en la fase terminal de un cáncer que lo está devorando.  Una parte del clan disperso se congrega en esa casa imán, en su pedazo más sólido, Clara, a la que todos adoran y agradecen, porque nada supera su calidad espiritual como ser humano. 

El momento es mágico pudiera decirse, porque, en una especie de última cena, viajan al centro donde empezaron a encubarse sus sueños, a encontrarse con fragmentos de sus pasados que los lastiman, los hacen sentir culpables; necesitan una anagnórisis que los redima del futuro, para poder seguir cada uno con sus vidas. Horacio, por la hija que nunca conoció, Joel y Irving por esas vidas que tuvieron que hacer lejos, huyendo de un miedo casi enfermizo; Darío, por escapar de una precariedad material y del maltrato de que fue víctima cuando niño; Bernardo, por la adicción al alcohol y sus fracasos amorosos, familiares. Los hijos de Clara Marcos y Ramsés, con sus diferencias, pero con familias construidas muy lejos de aquel hogar, donde vinieron al mundo y se hicieron hombres, pero que no ofrece ningún futuro para su descendencia. 

Uno de los momentos más conmovedores de la novela acontece cuando Ramsés, _el hermético Ramsés_, va hasta el patio de la casa y ante la tumba de su perro, rompe a llorar: 

"Lo emocionó más de lo esperado ver bajo el aguacatero que él mismo había plantado cuando todavía era un niño (este árbol, sí más grande), un túmulo de piedras coronado por una losa blanca en la que, con letras negras ya un poco desvaídas se leía el nombre de Dánger". (4)

Aquel hombre, que ni al abandonar su Patria se conmovió; ni se inmutó al tener que vivir en otro lugar del mundo, al aprender idiomas, comenzar una nueva vida laboral,  empezar de cero en todo,  cae rendido ante los recuerdos de la niñez y la adolescencia vinculados a su mascota. El clima del momento es intenso y comunica explícitamente un mensaje al lector: a pesar del desarraigo, de la radicalidad de la vida construida lejos del hogar de nacimiento, el pasado es una mancha indeleble que siempre estará presente; no importa el lugar donde vivamos, ni las vidas que elijamos vivir. Siempre el caracol cultural irá en nosotros, como una extraña osamenta de la que nunca podremos librarnos. 

La casa refugio, caracol de todos, será el centro del desenlace final de los miembros del clan reunidos allí en los últimos días de diciembre de 2015. Cada uno tendrá la conclusión de sus vidas, la solución de los acertijos y demonios que castraron el camino que alguna vez intentaron recorrer, movidos por una utopía que ellos creían milagrosa, justa, pero que según Fukuyama: "no era superior  en ningún aspecto al sistema occidental sino que, en realidad, constituía un fracaso monumental.”(5)

V

Y vio a Clara saberse sola, cósmicamente sola, con su caracol a cuestas.

Ahora sí ella tiene que hacer las gestiones y, si le dan la visa americana, venir un tiempo para acá con nosotros. Quedarse aquí para siempre si quiere. Romper ese caracol de mierda. (6)

Habla Marcos en Miami, el hijo de Clara. Quiere sacarla de una isla, donde sobrevivir es una obsesión desgarradora. 

Clara está completamente sola. La muerte de Bernardo es la culminación de un proceso de pérdidas que comenzó con la partida de Darío; luego, la de todos sus amigos, las de sus hijos y ahora el destino le quita al hombre que la hizo feliz como nadie en su historia personal. 

Clara tiene ante sí el dilema existencial más importante de su vida, pasado los 50: ¿Irse o quedarse? 

En la búsqueda de respuestas, su diálogo con Marcos es estremecedor. Los caracoles culturales que cada uno arrastra se enfrentan desde la sabiduría de sus vidas: 

_Yo debería estar ahí contigo, mami

_No. Acá está la muerte. Contigo está la vida.

(...)

_¿Por qué no te quedas aquí? Allá estás sola, en la casa (...)

(...) Clara colgó y se sintió alarmada. Al final, ¿ella también se iría del país, atraída por sus hijos y sus nietos, espantada por la soledad? (7)

Es una duda que la golpea profundamente; pero tiene una certeza absoluta, la dice con sobriedad, sin dramatismo: "Acá está la muerte. Contigo está la vida". Sin embargo, elige el camino de retorno a la casa insular; junto al silencio, la soledad, los recuerdos.  Quizás sus hijos, los nietos, la necesitan; pero mientras dure su ciclo vital, arrastrará un caracol de raíces muy profundas. En su concha vive el rumor de la tierra, su tierra, el paisaje, una vida intensa, triste a veces, pero con pequeñas dosis de felicidad, también la amargura de muchas pérdidas; sin embargo, nada de eso ha conseguido desarraigarla de la pasión por lo suyo, hasta en el momento que cumple la última voluntad de Bernardo: esparcir sus cenizas en una de las fuentes del río mítico de los habaneros, el Almendares. En ese instante en que Bernardo se vuelve vida otra vez, escucha: "El canto del sinsonte (...), el canto del país." (8)

Contramaestre, 5 de mayo de 2021.

Citas  bibliográficas  y notas

1.  Leonardo Padura: Como polvo en el viento, Tusquest Editores, España, 2019, p. 32. 

2.   Leonardo Padura: Obra citada, página 57.

3.  Leonardo Padura: op.cit, p. 352. 

4.  Leonardo Padura: op.cit , p. 351

5.  F. Fukuyama: ¿El fin de la historia? y otros ensayos, Editorial digital Titivillus, 2017, p.40.

6.  Leonardo Padura: op.cit,  p.366

7.  Leonardo Padura: op.cit p. 394

8.  Leonardo Padura: op.cit, p. 396.


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