domingo, 8 de mayo de 2022

NO HUBO DÍA DE LAS MADRES EN MI PUEBLO (Crónica de domingo)

 Por Arnoldo Fernández Verdecia

Domingo, Día de las Madres en Contramaestre, un pueblo de oriente como otro cualquiera. Recorro calles y avenidas con la esperanza de encontrar algo diferente. Llego a una de las tiendas en MLC y una cola se pierde en cientos de metros, pregunto qué venden y me responden, cerveza para llevar, imaginé que bien podían ofertarlas frías para tomarlas allí mismo, o en mesas improvisadas al aire libre, como mismo sucedía antes de la pandemia, pero a quién le importaría mis ilusiones del pasado. Asomo mis ojos tras las vidrieras a ver si había otra cosa para variar y se me ocurre saborear un vino tinto, pero cuando quise entrar a comprarlo me dijeron que era una misma cola, no me quedó más remedio que volver por donde mismo había llegado y seguir mi tour. Vi un sitio donde venden helados, llegué con la esperanza de tomar un auténtico sabor, sin embargo la alarma prendió mis neuronas, cuando en una tosca vasija de aluminio, sin artificio alguno, me sirvieron cuatro bolas hundidas en un lago cada vez más crecido. De mantecado no tenía ni el vestido que cubría lo que aún podía llamarse helado, así lo dije al dependiente y él sonrío muy culpable, además me dijo que no tenía vuelto, a la cara se quedó con el mismo y se retiró feliz, mira que había gente comemierda, pensaría, este tipo ni protestó, me quedé con diez pesos, diría; pero qué son diez pesos hoy, seguramente creería que yo tenía mucha plata y era un hombre más feliz que él; pero yo había salido al pueblo a encontrar algo diferente, un menú digno, una cerveza, tal vez un vinillo, o un simple dulce; aún albergaba la esperanza de que por ser domingo, Día de las Madres,   Contramaestre, mi pueblo, tendría muchas ofertas gastronómicas para iluminar la tristeza de los hogares y hacerles creer a sus inquilinos, que sus jefes no los habían olvidado. Derrotado regresé a casa. Mi perro alegremente movía la cola, pero al oler mis manos y no ver bolso alguno, gruñó y se perdió en el silencio de un domingo que ya se hundía en la memoria, como aquellas bolas de un helado del que nunca conseguí adivinar su sabor.  

jueves, 5 de mayo de 2022

¿QUÉ MARXISMO EN CUBA ESTÁ EN CRISIS?

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Un día como hoy, pero en 1818, nació en Tréveris, Alemania, Karl Marx. En su nombre se ha generado una confrontación de carácter cultural, que aún en nuestros días conserva cierta vitalidad. En las ideas que comparto a continuación, reflexiono sobre el marxismo de Marx y los marxismos que surgieron luego de su muerte. 

Nunca quiso ser llamado marxista, incluso pidió a sus seguidores que cuando no estuviera físicamente no se llamaran así. Sin embargo, en contra de su espíritu terminaron identificándose marxistas.

Lo más importante de su legado científico es el método dialéctico materialista, al plantearse el mundo como un proceso de contradicciones, portadoras del desarrollo histórico, que no pueden ignorarse, ni eludirse, porque existen objetivamente al margen de la conciencia de los hombres. 

Asumir las contradicciones y saber darles un cauce de originalidad y creación, contextualizadas en lo cultural, exige una elevada preparación y sensibilidad de los que se proclaman marxistas. Cuando no es así, se convierte en dogma, reduccionismo, freno, estancamiento, propaganda política, senilidad del pensamiento social...

Llamó al desarrollo, “espiral ascendente”, con sus momentos de retroceso, mutaciones, cambios y confrontaciones, que dan lugar a nuevos períodos históricos en la evolución de la humanidad.   

Sus obras referenciales son El capital y El manifiesto comunista. El primero, un texto de cabecera para el pensamiento económico, pues allí fundamentó la teoría de la plusvalía con una lucidez y originalidad, que aún hoy conserva total vigencia. El segundo, se convirtió en paradigma de las luchas sociales por un mundo de mayor equidad y justicia para los obreros. Hoy es altamente cuestionada su visión de la lucha de clases, como causa esencial del cambio histórico. 

Sus ideas sobre el estado de bienestar de la clase obrera, dieron luz a patronos, empresarios y hombres de negocio, sobre todo en Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Alemania, para generar pactos con el movimiento sindical a favor de mejores salarios, jornada laboral de ocho horas, seguro para asistencia médica, educación básica gratuita y de calidad, entre otras conquistas.

Creyó que la revolución mundial estallaría por los países de mayor desarrollo económico, sin embargo, las clases dirigentes de esos estados supieron interpretar el rumbo y alcance de sus ideas e hicieron muchísimas concesiones al movimiento obrero, dejándolo sin motivaciones para provocar una contradicción antagónica que diera paso a un nuevo régimen social. 

Consideró ingenuamente que el socialismo era un período de tránsito hacia el comunismo, donde finalmente se crearían las bases para una sociedad ideal, donde no existieran explotados, ni explotadores; y los obreros fueran los que gestionaran el capital. La plusvalía la usarían en función de un estado de bienestar colectivo.

En nombre del marxismo, Stalin en la Unión Soviética aplicó el terror rojo y violó el método dialéctico materialista e impuso, por medio de la coacción, un supuesto desarrollo, usando la violencia como recurso principal, ignorando el valor de los factores subjetivos en la comprensión materialista de la historia.

La influencia de Stalin en el proceso de formación de los partidos comunistas en todo el orbe, durante la primera mitad del siglo XX, cercenó los valores emancipatorios de las ideas de Marx y las convirtió en calco y copia de la URSS. Aquellos procesos de autoctonía en la construcción del socialismo por otras vías, fueron considerados revisionistas, contrarios al marxismo y perseguidos por los seguidores del que fue llamado Zar rojo. 

El marxismo estalinista restó credibilidad a las ideas de Marx, incluso llevó al movimiento obrero internacional a asumir el camino de la social democracia y participar en los procesos electorales, para construir un socialismo con rostro humano, más liberador y ajustado a las necesidades reales de los obreros. 

El marxismo o los marxismos no fallecieron con Marx, Lenin y Stalin, en muchos lugares del planeta, hubo acercamientos críticos al núcleo duro de su teoría, lamentablemente desconocidos en países como Cuba, donde aún conserva vigencia el espíritu estalinista en la dirección de los procesos sociales, económicos y políticos.  

Cuando el marxismo tiene un estilo comando, al ser liderado por jefes y líderes nacionales, regionales y locales, la mayoría de las veces sin la preparación necesaria, termina siendo autoritario en su método, lo que trae como consecuencia una crisis de fe en la vigencia de sus ideas y valores libertarios.

Si se quiere ser marxista hoy en Cuba, hay que preguntarse de qué marxismo estaríamos hablando, pues el construido en la URSS demostró que en la práctica era ajeno al espíritu de las clases y grupos sociales a los que decía defender. 

Leer los discursos de Fidel Castro puede ayudar a construir ese marxismo, a teorizar a partir de sus ideas; es posible, siempre y cuando no se convierta en camisa de fuerza para obligar al resto de la sociedad a asumirlo, sin haberla convencido de su necesidad y carácter liberador. Un marxismo que no sea liberador de los estados de enajenación de los seres humanos, nunca será aceptado porque va en contra de su naturaleza espiritual. 

domingo, 10 de abril de 2022

CIRCO ROMANO EN RANCHO BOYEROS, EL GLADIADOR: UN PEQUEÑO GATO

 Por Arnoldo Fernández Verdecia

¿HACIA DÓNDE VA UNA PARTE DE LA NACIÓN QUE PERMANECE ADORMECIDA ANTE UN ESPECTÁCULO DONDE SE MALTRATA A UN GATO Y NADIE HACE NADA PARA IMPEDIRLO?

¿Hacia dónde va un fragmento del país que a gradería llena aplaude el uso indiscriminado del látigo y el lazo sobre un gato? Llamar rodeo a eso, ¡qué mediocridad!

Sabe Dios de qué familia lo separaron para cobrar entradas y satisfacer el morbo de una muchedumbre, feliz ante cada chasquido en la piel o cada atrapada miserable de un gato-vaquero. 

El aplauso cerrado ante descomunal abuso me confirma lo inimaginable en una parte del país que pregona a los cuatro vientos hacer, en materia de derecho, lo que necesita la familia; sin embargo no puede, ni siquiera informar con objetividad, en el Noticiero Estelar de la Televisión Nacional, la gravedad de lo sucedido en una Feria Internacional Agropecuaria e Industrial (Fiagrop) 2022, el pasado viernes, en Rancho Bolleros, con un pobre gato. 

Algunos dirán, es un simple gatito, sobre todo esos funcionarios de guayabera y prominente barriga que ante cualquier crítica nos llaman sietemesinos, asalariados del imperio yanqui y todo lo que admita el saco de la difamación, para no dar una respuesta a la altura de las circunstancias. 

Mal anda una parte de la cultura de un país que necesita entretener a las masas, enlazando y dando fuete a un gato. Mal anda el espíritu de esas instituciones que premian al ganador, cuando se acerca y lo exhibe ante todos, casi ahorcado. Mal anda un fragmento del país, ojalá y no sea todo el país, cuando la muchedumbre adormecida no hace nada, ante la muerte casi inminente del gato por asfixia. 

No olvido a nuestro José Martí, su crónica sobre los últimos instantes de un ahorcado en los Estados Unidos del siglo XIX, el espectáculo terrible, la gente enardecida, el aplauso fácil, las emociones a flor de piel... Martí criticó el espíritu de una nación con exagerado morbo en aquel suceso. El viernes Martí estuvo en Rancho Bolleros. 


martes, 29 de marzo de 2022

NUESTRA ODISEA CUBANA

Por Arnoldo Fernández Verdecia.  

Un hormiguero de personas va, viene; en sus rostros asoma una oscura agonía, necesitan un puñado de esperanza para creer que mañana será un poco mejor; pero mañana, pasado, llega y no sucede nada. 

La vida se va en esa secreta utopía de creer que mejorarán las cosas y valdrá la pena vivir sin sobresaltos, sin ese encono que aniquila el espíritu y nos embrutece hasta rabiar por creer en la esperanza. 

Un país se está yendo por mares, selvas, continentes lejanos. Sangre de nuestra sangre, espíritu de nuestro espíritu, sueños de nuestros sueños, las mejores ramas del árbol; nada parece detener esa estampida en masa de los que una mañana veías camino a la universidad, la escuela, el trabajo y de repente desaparecieron sin dejar huella. 

Luego te enteras que emigraron, así, de la noche a la mañana y cuesta creerlo; atrás quedan los que no se atreven, los que no tienen como hacerlo, los que  vieron sus vidas pasar aferrados a un paraíso color purpura que nunca llegó y cada vez es menos creíble alcanzarlo. Lo real es una caricatura de lo que alguna vez fue.  Vivir es una odisea innombrable. Morir también los es. 

La familia, ese cálido grupo donde alguna vez nos sentimos seguros, vuela en millones de fragmentos;  abuelos, padres, tíos, temen al mañana; aquellos que trajeron como semillas al mundo no están, se han ido, andan por lugares lejanos trabajando, sobreviviendo, empezando de cero otra vez. Duele mucho, sobre todo si los viejos horcones tenían el anhelado propósito de cerrar los ojos y saberlos ahí, en ese instante donde se convierten en polvo cósmico. 

Cualquiera sin rostro, ni obra, ni una vida pública conocida, cuestiona en las redes sociales con una vulgaridad inadmisible, lo mismo a encumbradas figuras de la cultura, que a los políticos, personas de bien, o a los que se atrevan a cuestionar el orden. Algunos los llaman troles, gusanillos necesitados de comer cualquier llama que pueda volverse incendio. 

Ese igualitarismo mediático donde lo banal, lo mediocre, asoma para difamar, oscurecer, aniquilar, parece imponer sus reglas del juego. Los sistemas se valen de sus garras para soltar perros entrenados allí, conceden facilidades para que naveguen en esos mares revueltos; lo mismo amenazan, atacan, vigilan; su trabajo es el otro y sus narrativas; por eso están atentos, muy rabiosos, para  verter camiones de heces sobre el que se atreva a cruzar la raya, mostrar su yo.  

Hay un mundo afuera, adentro, de nuestros pueblos, de nuestro yo, que es preciso equilibrar; hay naciones que no consiguen darle orden al caos, gobernantes que tienen en sus manos jugueticos que pueden acabar con la humanidad. Así va la vida, el entorno inmediato fracturado; el otro al borde de un conflicto nuclear.  

Alguna vez tuvimos líderes, hombres que pensaban y construían sueños; muchos creímos en ellos porque era racional hacerlo; la verdad de un líder era la de millones. Hoy la verdad es una magra caricatura, propaganda que no consigue entretener, ni proporciona paz, seguridad, porque ya no es creíble. 

La impunidad gana en todas partes. Algunos jefecillos sentados en tronillos de cristal gestionan la pobreza con hambre calculada, desvían ríos, mares, los convierten en parques temáticos donde reina la codicia, el pillaje, una molicie que solamente ellos pueden darse. 

Las calles mueren, costurones inmensos pueden verse en sus cuerpos que el tiempo parece vencer. Sitios de ensueño se desploman, nadie hace nada por detener su caída. Nuestro pasado casi es polvo, los nuevos Midas lo quieren así, lo necesitan para gobernar mejor. 

Personas van, vienen, no consiguen imaginar cómo será mañana, si hoy es terrible vivir, amar, soñar... Mañana es propiedad de unos que piden sacrificio montados en caballos de coral, rosados, hasta hermosos porque su piel no sufre los rigores del clima. Mañana no existe, aunque todavía algunos ingenuos pretendan convencernos alegando que será mucho mejor. Mañana es la nada. 

lunes, 14 de marzo de 2022

PERIODISMO EN CUBA, NARRAR LA VERDAD ES UN DERECHO

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

El día que la verdad salta ante tus ojos y prefieres ignorarla por espíritu de acomodamiento, conveniencia, miedo o sencillamente porque perdiste la capacidad de sentir por los otros, murió el periodista que llevas dentro. 

Cuando pasas por un lugar, ves un problema y prefieres tomar otro camino, ignorar lo que allí sucede, no atreverte a contarlo desde formas críticas en el mejor sentido, siempre para alertar, educar, proponer; dejaste de ser periodista. 

Si tus maneras de hacer, decir, no gustan a un censor, es porque tienen una carga de verdades que no tolera en su espacio vital; si decides complacerlo para seguir teniendo salario, comida, un ritual diario, ya no eres periodista.

Elegir un modo de ser ético tiene un altísimo costo espiritual que muchos no se atreven a llevar como destino, en una profesión que castiga y premia con la misma severidad que un emperador. 

Sacrificar la dignidad profesional en aras de sobrevivir porque llegan a la jubilación los más adaptados, es morir sin nunca haber probado el supremo encanto de la verdad dicha con látigo y cascabel. 

En una redacción hay múltiples maneras y modos de pensar y hacer el periodismo; pero el día que alguien secuestra la individualidad en nombre de cualquier doctrina o partido político,   impone modelos autoritarios, rigurosamente centralizados, utiliza el miedo, la difamación, como armas; la profesión está en peligro de muerte. 

Decir la verdad es la más sagrada de las misiones del buen periodismo; negarla, esconderla, evadirla o manipularla para justificar altos o mediocres fines políticos, es traicionar el espíritu del arte de contar lo más duro, incluso lo más difícil con belleza de lenguaje y realización impecable. 

Periodismo es memoria, nombrar lo innombrable, registrar la huella del hombre, convertirla en patrimonio del futuro.  Negar ese derecho es sacrificar la esperanza en nombre de caudillismos locales, regionales, nacionales, globales, que necesitan del olvido para gobernar con más comodidad. 

Yo creo en el periodismo que arriesga cruzar la frontera de lo desconocido y sale de allí, premiado por la luz que una buena historia puede aportar a la virtud, la decencia, el crecimiento ético. 

Los censores siempre harán todo para apagar la luz de un buen ejercicio, es lo mejor que saben hacer; por eso acuden a todo, incluso a lo más sucio para difamar, restar, dividir, echar a unos contra otros y recibir así la miel sobre hojuelas tan vital en sus tronillos de cristal. No pueden, no quieren, ni un pírrico fuego de piedrecillas; los censores creen ser la verdad, su poder es demasiado débil y hay que sostenerlo con lo invisible.

Creeré en el periodismo el día que los medios se parezcan a la realidad que vivo a diario, cuando la verdad pueda narrarse sin miedos y la memoria no sufra de amnesia, porque los periodistas de ayer no contaron el hoy con la responsabilidad necesaria. 

jueves, 10 de marzo de 2022

LOS CUBANOS EN FACEBOOK PIDEN VER A OMAR EN LA TELEVISIÓN NACIONAL

Por Arnoldo Fernández Verdecia

Cuba entera sigue a través de la red social Facebook la peregrinación de Omar, el de la promesa inquebrantable a la Virgen de la Caridad.  Los recibimientos en cada poblado han sido multitudinarios.  La gente reclama, desde su barrio virtual, que la Televisión Cubana transmita en vivo su entrada al Santuario del Cobre. 

Sin embargo, existe un silencio en la imagen nacional que difunden los informativos. El Noticiero Estelar de la noche nunca ha dedicado un titular al trayecto, ni siquiera una crónica de relleno. Algunos medios, muy contados, de occidente, centro y el oriente del país en sus páginas web, compartieron su narrativa del hecho. 

En pueblos de provincias, donde casi nunca ocurren noticias, la radio y las corresponsalías acompañaron ese silencio digital y analógico, prefirieron dar la espalda a la cobertura del trayecto y enfocarse en la propaganda de los valores positivos del nuevo Código de la Familia.

La hegemonía mediática recibió órdenes puntuales de no transmitir el acontecimiento; pero en la medida que Omar se acerca al Cobre, la indicación parece relajarse; hay que capitalizar todo el simbolismo del hecho, no permitir otras narrativas que ganen mayor visibilidad.

Omar se ha convertido en válvula para restarle presión a una olla que parecía estallar, pasado el 11 de julio de 2021. Por eso la reacción ha sido intensa. Las personas espontáneamente se lanzan en masa a manifestarle su apoyo a la causa que lo lleva al Cobre; recorren los límites geográficos de los poblados y lo entregan en cada lugar, como algo sagrado, necesitado de protección y cuidado.   

La multitud adora a este hombre, devenido símbolo de fe, resistencia; en un tiempo donde creer cuesta y los hijos emigran a cualquier lugar del mundo donde puedan vivir económicamente mejor y con alguna noción de futuro más creíble. 

Omar no pide nada, pero el pueblo dona miles de pesos a esa fe que lo inspira y él, en gesto de total desprendimiento, va devolviendo ese dinero a los más necesitados por los poblados donde pasa, lo mismo a un inválido, un enfermo de cáncer, un ciego, cualquiera que merezca su ayuda dadivosa. 

Viste el color de la Virgen de la Caridad, está ungido de su fe; cree en el milagro de la vida, su hijo ha sobrevivido 10 años a un diagnóstico terminal, nada más y nada menos que un tumor en el mediastino; después de operado no ha hecho metástasis, es un milagro y Omar siente cada vez más cercano el momento de encuentro, sanación, diálogo con la Patrona de Cuba, en un país donde el catolicismo ha escrito brillantes páginas en la fragua de la identidad nacional. 

Buena Fe expresó su voluntad de esperarlo en el Cobre y cantar, unido a él, Valientes, ante de postrarse a los pies de la Virgen. Algunos creen que debían acompañarlo allí, iconos de la música cubana que le han cantado a la Patrona; otros creen que no debiera convertirse en espectáculo algo tan serio como una promesa; lo cierto es que los criterios están divididos; el espíritu del país polarizado en torno al final de un hecho que ha conmovido a los cubanos desde el primer mes del año.    

La Televisión Nacional aún no decide si transmitirá la entrada de Omar al Santuario del Cobre y el momento de cumplir su promesa. El pueblo a través de Facebook lo pide en masa, son muchos los grupos allí que se hacen eco del reclamo popular. 

Omar Quintero Montes de Oca está a unos pocos kilómetros de lo que parecía imposible para un hombre de 56 años, adicto al cigarro y con una hernia discal en su cuerpo. 

La Televisión Nacional espera una llamada del nivel central, una voz que autorice la transmisión. En la vida real, millones de cubanos, celulares en mano, se toman videos y fotos con Omar; construyen la noticia en Facebook que los medios de prensa, en su resistencia secular, se niegan a transmitir.

martes, 15 de febrero de 2022

ANIA ÁLVAREZ, UNA DE LAS GANADORAS DEL VARADERO DE AMOR

Este lunes 14 de febrero se realizó en Matanzas la premiación del concurso de poesía Varadero de amor.

Uno de los premios colaterales, otorgado por el hotel Mar del Sur, lo obtuvo la contramaestrense residente en Cárdenas Ania Alvarez Enamorado.

El jurado del evento lo presidió el reconocido crítico de cine, Frank Eduardo Padrón Nodarse.
Álvarez Enamorado es fundadora del Taller  literario Raúl Gómez García de Contramaestre. Por años fue nuestra poetisa insignia en el cultivo de la poesía erótica. Ganó en múltiples ediciones los encuentro debate literario de carácter municipal y provincial. Recientemente ganó el premio de poesía Patria chica que se desarrolla en Baire cada año.

El acto de premiación tuvo como escenario el hotel Royaltie Icacos. La organización del Varadero de amor estuvo a cargo de Jorge Hernandez y la Dirección de Cultura del municipio Varadero.

lunes, 14 de febrero de 2022

EL PESO DE LA ISLA

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Donde vivo todos somos el hombre que intenta levantarse día por día. Siempre el mismo círculo: potajes de frijoles negros, chícharos, arroz blanco; un trozo de cualquier vianda, ausencia de plato fuerte; al menos tengo la imaginación para recordar aquellos 80 que nunca volverán donde creíamos haber tocado el paraíso. Encerrado en el baño leo por media hora. Es mi mejor momento del día. Después, interminables jornadas siendo testigo de quejas, maldiciones, caracoles, palomas negras y cocos en todas las esquinas.  El odio alcanzando el cielo. En la calle, alguien busca vender cualquier cosa a precios elevados. La viejita jubilada pregona culantro de castilla; el discapacitado cucuruchos de maní, el viejo soldado limpia zapatos bajo un flamboyán, el guerrero de Angola raspa calderos por 60 pesos, el Testigo de Jehová vende truchas, el hijo de Juan el Misionero ensartas de mojarras, la vieja maestra turrones de maní, el profe jubilado botellas de vino tocadas con la misericordia divina, la vieja Carilda cigarritos; parece un circo donde cada uno interpreta varios personajes.

Desde la ventana la vida pasa muy lento, uno quiere andar pero es demasiado el peso.  Una amiga me pregunta, si es algo propio del año, otra dice, “es el calor, porque aquí casi no tenemos ni invierno”; lo cierto es que la gente lleva una carga aplastante e intenta salvarse con licores baratos, músicas locas para aturdirse el espíritu, excursiones al río buscando liberarse de lo malo, o comprar lo que puedan sus menguados bolsillos, “cualquier cosa”, dice la esposa de Marcos, “cansa lo mismo todos los días.” 

Soy muchas veces en la semana ese hombre que no consigue levantarse, todos somos ese hombre; luchamos por ser otros, pero al final nos aplasta el trillo, la calle, la carretera, los precios, el hambre, el zombi metido en el alma y uno quiere elevarse, creer en París, New York, London, Moscú, Madrid, Miami... 

Las preguntas de mi yo interior me acosan: 

— ¿Dónde están los sanos de corazón? 

— ¿Dónde los que no odian? 

— ¿Dónde los que no roban?

— ¿Dónde los que no mienten?

— ¿Dónde los que no envidian? 

— ¿Dónde los que dicen la verdad? 

— ¿Dónde la familia que alguna vez tuvimos? 

Al levantarme, la carga ahí, mirándome desafiante. Calzo los zapatos y salgo a la calle, todos lo hacen, buscan una felicidad que no consiguen traer en sus bolsos cuando termina el día. No queda otra que irse a la cama durante la noche, cerrar los ojos, imaginar, soñar. Hasta los sueños pesan, duelen.

sábado, 29 de enero de 2022

DUELE SER CUBANO

Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Hago el mismo recorrido de todos los días. Busco a los amigos que no están, necesito hablarles de la vida, las cosas… pero mis amigos habitan en otra parte, o se han ido a algún país, o están muertos, o se han alcoholizado, o ya no son mis amigos.

Hay una fiebre enorme de huir a cualquier lado, a algún sitio donde se pueda estar tranquilo, reunir unos quilos y regresar a reunirse con aquellos que una vez estuvieron, con los que permanecen leales, o con la familia dispersa. Lo ideal es una playa, un río, el asado de un puerco en medio de la calle, una finca o, simplemente, un lugar donde estar unidos; al menos en esos instantes fugitivos, memoriosos, que nos hacen tan felices.

Un padre ha traído su niño desde Estados Unidos, lo he visto descalzo, metido entre la gente, lleno de tizne, tomando un café en el lugar de todos; —tiene al cubano en los genes, dicen sus cercanos. Así las cosas, la gente está viniendo de cualquier lugar a buscar a los suyos, a darse una dosis enorme de espiritualidad compartiendo una cerveza, un plato de comida, caramelos, chicles; lo que ayude a unir, dar alegría, repartir sueños.

Casi nunca se habla de política porque están agotados de lo mismo. La gente tiene sed de muchas cosas y esos amigos que llegan traen un espíritu que vale la pena compartir. Son cubanos hasta los genes, como el niño tiznado, cubanos que no traicionaron nunca, que se fueron por mejorar económicamente; deportistas, artistas, personas que hoy tienen mucho que darle a sus hermanos de la Isla.

Merecen volver, ser llamados ciudadanos, porque Martí fue puntual cuando escribió: «La patria no es juguete de unos cuantos tercos, sino cosa divina».  Solo con esos amigos puede montarse una bicicleta de agua en Varadero, o contemplar el azul del mar, las arenas blancas; los placeres de un capitalismo que una vez llamamos brutal y nos acompaña hoy disfrazado de pañuelos rojos.

Ahora hace falta esa gente que está afuera para darnos venturosos días de felicidad. «¡Mi familia, carajo! —dice un viejo octogenario al que saludo cada mañana. Hasta campos de golf para ricos están floreciendo, eso tampoco es para los cubanos de adentro como yo, porque con qué bolsillo entrar allí».

Las grandes ciudades embellecen. Los pueblos pequeños, como el mío, siguen con el mismo maquillaje de sus inicios. Las ciudades grandes viven de los pueblos pequeños. No hay manera de cambiarlo. ¿Con qué poder?

Vivo en un pueblo al que sus creadores llamaron «Mesopotamia oriental», tierra entre los ríos Cautillo, Jiguaní y Contramaestre, donde cualquier semilla era fruto de la noche a la mañana y el ganado se esparcía silvestre. De aquella Mesopotamia solo queda el recuerdo.

La gente que viene busca el pueblo bello, el de las viejas fotos; algunos quieren fundar, invertir, pero no hay manera de hacerlo. Lo que una vez José Martí llamó «crucero del mundo» es una metáfora inalcanzable. Pensar que aquí hubo libaneses, como Isaías y Erasme Tarabay, que crearon hoteles identificados con sus apellidos; emigrantes asturianos como Carnero, que también lo hicieron; gente de Galicia, Murcia, Canarias, Andalucía…Todo lo que habla del Contramaestre que somos, tiene un fuerte componente de riquezas traídas o creadas por inmigrantes…

El regreso a casa, día por día, me pone sentimental. Pienso en los viejos amigos: ¿dónde estarán?, ¿en qué mares del mundo?, ¿en qué pueblos?, ¿qué familias fundaron?, ¿qué huellas dejaron en la vida?

Mis dudas lastiman profundamente, como mismo laceran a muchos que una vez fueron amigos y hoy no lo son. Pablo Milanés me acompaña y cantamos, como hacen todos los que vuelven y encuentran a su gente:

¿Dónde estarán los amigos de ayer? (…) ¿Dónde andarán mi casa y su lugar, mi carro de jugar, mi calle de correr? ¿Dónde andarán la prima que me amó, el rincón que escondió mis secretos de ayer? Cuánto gané, cuánto perdí, cuánto de niño pedí, cuánto de grande logré. ¿Qué es lo que me ha hecho feliz? ¿Qué cosa me ha de doler?

viernes, 14 de enero de 2022

QUIERO TENER LA FUERZA DE CRISTO

Día por día el gris, la tarde asomando como un grito, el sobresalto en el estómago, la estupidez en todos lados. Soy un zorro azul y quiero volar muy alto, pero mis alas cortadas sólo me hacen imaginar cómo será. No tengo lengua, el cazador de perdices la ha anudado a un tronco inmenso; estoy obligado a pastar a su sombra, tomar el agua sucia que me sirve, tolerar sus humillaciones, tener que hacer como los esclavos de las Guerras Púnicas, esperar, mientras el grillete pudre mi carne y la jaula me separa de la luz, esperar a ver qué trae el futuro, si es que hay futuro. 

Tengo muchas palabras almacenadas pero no consigo decir ninguna; se han atorado en mi garganta. 

Me creía un Nemo de los tiempos nuevos, como aquel viejo capitán que viajaba en submarinos cuando nadie pensaba en ellos. Ser Nemo era bueno, pero ahora prefiero convertirme en un cucarachón cuando lleguen los del arsénico; volver en el tiempo y ser el niño que comía naranjas en las inmensas siembras de su abuelo; el que leía La isla del tesoro y Los tres mosqueteros a la luz de un candil; pero no puedo regresar; ante mí, un oscuro laberinto me interroga, no tengo respuestas para salir. El dedo acusador en alto. Voy a morir. No quiero la clemencia de los emperadores, ni sus falsas palmaditas en el hombro. Prefiero la muerte indócil y no la palabra arrinconada.   Los hombres felices no dejan memoria. El dolor es condición de los nacimientos. ¿Hasta cuándo?, preguntaría Cristo; pero Cristo se dejó clavar en la cruz en defensa de su verdad. Quiero tener la fuerza de Cristo, su valor. 




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