domingo, 26 de septiembre de 2010

El socialismo es algo más que una pasión

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

De niño me eduqué en las ideas de José Martí; mis padres alimentaron una devoción por él que me ayudó a pasar el Período Especial y no quedar atrapado en sus demonios. Mientras otros se iban a probar fortuna desarrollé una resistencia y creí en la divisa “todo tiempo futuro siempre será mejor”.

Hoy presiento que no estoy preparado para atravesar la isla y no dejar a los demonios encadenarme. Como muchos, de mi generación, me aferré a la fantasía de enterrar aquel fantasma del que habló Carlos Marx en el siglo XIX. Era posible la utopía y monté Rocinante para alcanzarla.

Tomé partido con los humildes, guiado por aquella imagen del dominicano Máximo Gómez, cuando dijo, al ver a la muchedumbre descalza y hambrienta, por esta gente doy mi vida. Pero un mar revuelto se aproxima y hay que afinar la puntería. Ser revolucionario en tiempos normales es muy fácil, ahora implica un alto sentido de lo épico.

A pesar de los tiempos, es necesario seguir creyendo que nuestro rechazo a la hegemonía de EE.UU. y la garantía de trabajo, educación, sanidad y vivienda para todos, es la mejor prueba de que el socialismo es una alternativa ante los usos y abusos del capitalismo.

Un fantasma recorre el mundo y es preciso encadenarlo para que no cause estragos. Las fantasías de ayer no sirven para domar el presente, es hora de montar nuevos corceles y conquistar lo imposible en medio de tanta incredulidad.

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