"...existe un conjunto de relatos en la tradición oral que ha alimentado el imaginario popular, desde personas que aseguran haber visto mujeres desnudas que desaparecen en sus aguas..."Por Arnoldo Fernández Verdecia.
Hay lugares que no necesitan que nadie los nombre para existir. Les basta con el rumor de un río, la sombra de un árbol antiguo y una historia repetida tantas veces que termina pareciendo verdad. El Encanto, en las aguas del río Contramaestre, es uno de esos lugares.
Los abuelos de Contramaestre cuentan que allí vivían sirenas. No eran criaturas de los libros ni de las estampas que llegan de tierras lejanas, sino mujeres de una belleza inquietante que pertenecían, desde siempre, a aquellas aguas. Algunas mañanas, cuando la neblina comenzaba a levantarse sobre el río, salían a la orilla y se sentaban a peinar sus cabellos bajo el sol. También podían aparecer al atardecer, cuando el cielo se teñía de naranja y las sombras de los árboles comenzaban a alargarse sobre la corriente.
Nadie sabe de dónde venían.
Nadie supo jamás hacia dónde regresaban.
Los hombres que aseguraban haberlas visto hablaban de mujeres desnudas, hermosísimas, con una belleza capaz de hacer olvidar el camino de regreso. Pero bastaba que alguno intentara acercarse para que ellas se desvanecieran en las aguas profundas, como si el río las reclamara de nuevo.
Otros eran menos indulgentes con la leyenda. Decían que aquel sitio estaba encantado y que no debía visitarse bajo ninguna circunstancia. Aseguraban que los ojos de las sirenas tenían un poder terrible: quien se atreviera a sostenerles la mirada podía terminar convertido en piedra.
Tal vez por eso el Encanto fue siempre un lugar donde la belleza caminaba de la mano con el miedo.
Y quizás no fuera solamente superstición.
Porque aquellas aguas, hermosas desde la orilla, escondían una profundidad que podía estremecer hasta al más valiente.
Durante la construcción de la Carretera Central de Cuba, en la segunda mitad de la década de 1920, muchos hombres llegaron hasta el Contramaestre para extraer las arenas que serían utilizadas como materia prima. El trabajo era duro y peligroso. El río guardaba pozas profundas, traicioneras, y más de uno encontró allí la muerte. Cuántos fueron exactamente es algo que todavía pertenece a la oscuridad de los archivos y de la memoria.
Los muertos, sin embargo, no necesitan cifras para regresar. A veces regresan convertidos en historias. A veces regresan como un silencio repentino en medio de una conversación. Y otras veces, dicen, regresan con el rostro de una sirena.
También el nombre de aquel lugar tiene su propia historia.
Se cuenta que el magnate azucarero Federico Fernández Casas acostumbraba visitar aquella margen del río durante los fines de semana. Llegaba de excursión y, cuando quería convencer a los demás de acompañarlo, pronunciaba una frase que terminó echando raíces en la memoria de todos:
—Vamos al Encanto.
La frase comenzó a repetirse entre capataces, obreros y vecinos. De tanto decirla, aquella expresión dejó de ser una invitación y se convirtió en un nombre.
Así nació, según cuentan, el Encanto.
Y quizás haya nombres que contienen un destino. Aquel rincón del Contramaestre estaba hecho para encantar. Había allí un bosque espeso, lleno de árboles frutales y de una fauna que impresionaba al visitante. Mangos, mamoncillos, canisteles, marañones y chirimoyas ofrecían sus frutos bajo un cielo casi siempre luminoso. Los cedros y algarrobos levantaban sus copas enormes, como si fueran guardianes de una historia que nadie había terminado de contar. Bajo su sombra, las familias almorzaban y merendaban. Los niños corrían. Los mayores conversaban. Y el río seguía pasando, indiferente, llevando consigo hojas, ramas, recuerdos y quién sabe cuántos secretos.
René, hijo de Aquilino Fernández, ya fallecido, recordaba aquellos días con una nostalgia que parece venir de muy lejos:
“Ese día era inolvidable. Papá estaba encima de nosotros, pues se decía que abundaban los caimanes.”
Así era el Encanto: un sitio donde la alegría nunca conseguía expulsar del todo al misterio.
Después del triunfo de la Revolución, el lugar conoció otra época.
El Encanto se convirtió en escenario del Carnaval Acuático. Cada 24 de junio, víspera de San Juan, las aguas del Contramaestre parecían despertar de su largo sueño y convertirse en el centro de una fiesta multitudinaria.
Llegaban orquestas populares de toda Cuba.
La música se mezclaba con el ruido del río.
Los niños gritaban.
Los jóvenes competían.
Los palos ensebados provocaban risas, las carreras de cintas llenaban de emoción las tardes y las competencias de natación convertían aquellas aguas en escenario de desafío y orgullo.
Por unas horas, nadie pensaba en las tragedias antiguas.
Nadie hablaba de los hombres que habían muerto extrayendo arena.
Nadie quería recordar a las sirenas.
O quizás sí.
Quizás ellas seguían allí, escondidas bajo la corriente, escuchando la música desde el fondo, esperando que terminara la fiesta para volver a peinarse bajo la luna.
El Carnaval Acuático sobrevivió hasta finales de la década de 1980. Después llegaron los años difíciles del Período Especial. Las carencias fueron cerrando caminos, apagando músicas y borrando costumbres. Poco a poco, aquella celebración desapareció.
El río, en cambio, permaneció.
Los ríos tienen esa manera misteriosa de sobrevivir a todo.
Hoy el Encanto ya no es el mismo.
El tiempo ha cubierto de silencio algunos de sus antiguos caminos y ha dejado que la naturaleza vuelva a reclamar espacios que alguna vez estuvieron llenos de voces.
Pero hay lugares que permanecen aunque ya no sean visibles.
El Encanto continúa viviendo en la memoria de quienes lo conocieron. Vive en los recuerdos de quienes fueron niños a bañarse en sus aguas, en quienes escucharon música durante los carnavales y en quienes todavía pueden recordar el sabor de las frutas bajo la sombra de los cedros. Vive, sobre todo, en las historias que los abuelos cuentan a sus nietos. Y entre todas esas historias, ninguna ha resistido tanto como la de las sirenas. Todavía hay quienes aseguran que viven allí.
Dicen que cuando el sol comienza a descender y el Contramaestre se vuelve de cobre, puede escucharse algo parecido a un peine deslizándose sobre el cabello.
Otros juran que, en determinadas tardes, una figura femenina aparece entre los árboles y desaparece antes de que alguien consiga acercarse.
Nadie ha podido demostrarlo.
Pero tampoco nadie ha conseguido demostrar lo contrario.
Por eso algunos bohemios, movidos por la curiosidad o por esa antigua necesidad humana de encontrarse cara a cara con lo inexplicable, se aventuran hasta el Encanto. Van buscando la historia que escucharon de sus abuelos. Van buscando el sitio donde alguna vez hubo música, frutas, carnavales, caimanes y hombres que desafiaron la profundidad del río. Y quizás, en el fondo, van buscando otra cosa. Van buscando comprobar si las leyendas sobreviven.
Tal vez cuando llegan ya no encuentran nada. Tal vez solamente escuchan el viento entre los árboles y el agua golpeando lentamente las piedras.
Pero existe la posibilidad de que, cuando la tarde esté a punto de morir y el último resplandor del sol caiga sobre el Contramaestre, una mujer aparezca sentada en la orilla.
Quizás tenga el cabello largo.
Quizás esté desnuda.
Quizás sostenga un peine entre las manos.
Y quizás, al levantar los ojos, mire directamente al visitante.
Entonces comprenderá que algunas historias no fueron inventadas para ser creídas. Fueron inventadas para que nunca olvidáramos el lugar donde ocurrieron.
Y el Encanto, mientras el Contramaestre siga corriendo, seguirá guardando sus muertos, sus fiestas, sus árboles, sus silencios... y sus sirenas.
Muy bonito el relato, saludos mai
ResponderEliminarNery Santos Leon: Arnoldo cuando estaba leyendo tu relato me imagiba estar en ese luhar comiendo mamoncillos a la orilla del rio ¡que bonita es nuestra cuba! un beso
ResponderEliminarJulio Concepcion: Arnoldo y que planes existen , si sabes algo ,de rehacer lo real maravilloso de este lugar .
ResponderEliminarGrisell Pupo Montesdeoca:ndi Atrayentes imágenes que apoyan tu historia, bellas palabras para describir El Encanto, Uy.... quién pudiera visitarlo???? . Gracias Arnoldo por dar a conocer tanta belleza. Ah, te sigo y te considero excelente cronista.
ResponderEliminarMiriam Almanza Muy atractivo e interesante.Agradecida. Felicito la originalidad, la belleza, los esfuerzos.Exclente producto
ResponderEliminarhermano muy buena tu remembranza sobre esa parte parte del rio contramaestre, realmente es muy bueno rehacer la historia desde estos "pequeños" relatos, un fuerte abrazo
ResponderEliminarMe gusta el articulo, que me ha hecho retroceder a mi niñez, cuando iba con el viejo de pesca.- Era un paraje realmente precioso, lleno de culebras de agua entre la maleza de las orillas; y no tengo recuerdo de que las familias acomodadas de Contramaestre fuesen de relax a dichos parajes, de acceso bastante tortuoso en aquella época..- Lo que si había muchos potreros con ganado vacuno
ResponderEliminarEddy Gil: loco
ResponderEliminarIsabel Suarez: ARNOL LOS 24 DE JUNIO es fecha inolvidable para mi pues acostumbro a llevar a mis niños al río en la madrugada antes de salir el sol y picar varios pelos y pedir a sanjuan junto con los vecinos del barrio pues ellos esperan las 12 en la posa la Laja este año no pude pero mi vecina acompañó a mi hija con mi Hermana quiere decir que todavia se mantiene la tradicion en esta parte del rio y tocan bailan encienden mechones esta tradición la traigo por mi madre un dia me llevaba para el rio en un monte donde viviamos y yo era de meses mi madre me conto que me llevaba cargada y me le safe de los brasos en una barranca y cai enganchada en un arbol un hermano mio corrio y decia ya mi hermanita esta muerta se suvio al arbol y me cojio sufri fracturas en una Costilla y clavicula mi madre en la caida se pelo toda una pierna y de ahi viraron a la casa pero ella me pidio que siguiera esta tradicion y asi lo hice y se lo inculque a mis hijos. No dejo de creer en las sirenas pues yo vivi en moscu por la presa y siempre escuche que en esa presa habian caimanes y no nos dejaban ir solos nunca los vi eee a saber lo que las personas veian o vieron...
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