Por Arnoldo Fernández Verdecia.
Siempre me sorprende tu vitalidad, esa energía que nace en lo profundo de tu ser y te convierte en gladiador desafiando el tiempo, al que vences una y otra vez y te acercas a los 107 años de vida, como muy pocos mortales en su paso por lo terrenal.
Te abrazo fuerte, beso tu cabello y doy gracias a Dios por permitirte seguir siendo
un caballero lúcido, un Quijote camino a la eternidad.
Te quiero viejo.
