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miércoles, 10 de enero de 2018

Angelito el boticario




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Llegó en los pinceles de un artista del Grupo Sirio, con residencia en La Habana, pero natural de Maffo. Su alias en el mundo de la plástica bautiza con creces un nombre: Adner Guevara (Renda).  

Renda me habló de su padre, hombre ejemplar, quizás no tan recordado  hoy, pero que merece un lugar en la memoria de Contramaestre, Maffo y Baire. Era uno de esos personajes imprescindibles.

Con dolor, habló del retrato al pastel que hizo del viejo; la posibilidad de donarlo a una institución pública donde sea reverenciado por sus aportes;  pero cuando  hicimos un itinerario mediante la palabra, en todos los casos nos asaltaba el temor de los posibles descuidos, el extravío del mismo, en fin, esas características tan propias de los pueblos, bajo la amnesia de los tiempos, sin preocupaciones por sus ancestros.

Con orgullo me dijo: Desde su juventud luchó por un mundo mejor y creyó en el internacionalismo. Hijo de puertorriqueño y cubana. En su sangre corría el sentimiento de liberación e integración latinoamericana”.

Renda aporta otros detalles interesantes: “A principios de la década del 50 sus relaciones con revolucionarios dominicanos le permitieron apoyar la lucha contra el tirano Leónidas Trujillo, integrándose al Movimiento Dominicano 27 de Febrero.

“Se relacionó con el escritor Juan I. Jiménez Grullón, quien escribió “Una Gestapo en América”, impresionante relato sobre la lucha de los dominicanos, prologado brillantemente por el cubano Raúl  Roa y su cubierta diseñada por el artista de la plástica Carlos Enríquez. La simpatía del escritor dominicano quedó grabada  en la dedicatoria: “Para Antonio Ángel Guevara, testimonio de mi simpatía”.

El personaje que nos ocupa en la crónica de hoy, también hizo vida revolucionaria en la antigua provincia de Oriente, según su hijo: “Desde principios de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, se integró al Movimiento 26 de Julio, participando en el apoyo a los hechos del 30 de noviembre en Santiago de Cuba. Luchador clandestino. Prisionero de la dictadura en la cárcel de Bayamo, donde fue brutalmente torturado”.

Quizás algunos ya tienen el nombre popular con que se le conocía, otros, tal vez son acompañados por un ejército de incógnitas, pero este dato, puede dar la luz que nos lleve al final. Precisa Renda: “Guardo una foto de la que se considera primera bandera del 26 de julio izada públicamenteo frente a la Estación de la Policía de Contramaestre, el 20 de mayo de 1957. Fue colocada por Rodolfo Rodríguez y otros compañeros. Confeccionada y adquiridos los fondos para hacerla, por Orlando Pantoja y otros compatriotas demasiado anónimos para ser recordados hoy; fotografiada después de colocada, por mi padre Antonio Ángel Guevara, quien la publicó en la prensa de la región oriental”. ¿Pero cuál es la popularidad del personaje? dirán los más jóvenes; los que peinan canas asentirán lo que para ellos es evidente.

Renda aporta un dato nuevo para los primeros, de extraordinario valor en la historia del periodismo local: “Mi padre era corresponsal de prensa del periódico “El Crisol”. Guardo un recorte de una cobertura de la actividad del Día del Corresponsal en Baire, el 3 de agosto de 1949, donde está retratado junto a otros colegas. También conservo su carné, firmado por el director del periódico Julio C. González Rebull, el 24 de abril de 1950”.

Antonio Ángel tuvo una contribución destacada al movimiento insurreccional encabezado por Fidel Castro; según su hijo: “Subió en varias ocasiones a las montañas del III Frente en la Sierra Maestra, en acciones de apoyo al Ejército Rebelde, de lo cual conservo fotos; una de ellas tomada el 22 de febrero de 1958, donde aparecen en un campamento rebelde los norteamericanos Frederic Carter y Charles Edgard, junto a los cubanos Rubén Milán y Antonio Ángel Guevara”.

Guevara tuvo una valiosa participación en la Batalla de Maffo, antes, durante y después: “Integró el personal del Hospital Rebelde ubicado en el entonces poblado de Bijagual; atendió heridos; participó en la atención del dominicano Jiménez Moya.

“Al triunfar la Revolución quedó al frente del Hospitalito y la atención y traslado de los heridos. “Desempeñó varias responsabilidades: Comisionado (Alcalde) en Contramaestre y Vicepresidente del Comité de Rehabilitación y Reconstrucción de Maffo”.

Cuando el historiador Roberto Pérez Rivero escribió el libro, “Maffo”, lo utilizó como una fuente autorizada; así lo confirma la dedicatoria: “Es un placer hacerle llegar a sus manos este modesto presente; usted me impresionó mucho, porque me demostró que ama con pasión la historia de su pueblo, la que por cierto conoce muy bien. Muchas gracias.”

Pero, ¿quién es Antonio Ángel Guevara en la cultura popular? Sencillamente era conocido por un alias que lo hizo muy querido y popular: “Angelito el Boticario”, pues trabajó en varias farmacias de Maffo, Baire, Jiguaní y Contramaestre, en las cuales se desempeñó como Técnico de Laboratorio Farmacéutico (Boticario) hasta su jubilación.

De hombres anónimos como “Angelito el boticario” se hace la gran historia, esa que los vencedores escriben, pero que muchas veces se olvida, porque no hay periódicos para registrarlo, o los historiadores no se han interesado en escribir sus historias de vida.

Ojalá y  sirva esta crónica para despertar el interés de la Farmacia Piloto, quizás la de Maffo, Baire, Jiguaní, o tal vez nuestra emisora de radio, para darle el destino añorado por Renda, al retrato al pastel  que tiene como protagonista a su padre.

Galería con momentos importantes en la vida de "Angelito el boticario": 


lunes, 14 de septiembre de 2015

El cubano inventa lo que no tiene



Editor de Caracol de agua, junto a Renda. Foto tomada en 2014.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Llegó con ojos y pelo cano; parecía un árabe resucitado de uno de los cuentos de “Las mil y una noches”. Habló hasta bien entrada la oscuridad. Escuché sus impresiones del Petén.  
“Camino sobre lava volcánica. Verde intenso tiñe la vista hacia cualquier parte”, dice. “Si algún día visitas Guatemala, no dejes de ir a ese magnífico sitio: sus pirámides, templos y plazas son una maravilla. ¡Cuánto esplendor!”  En mi condición de escucha, sólo agregué una que otra nota, tenía ante mí a un sabio, la vida enseña a escuchar cuando se trata de elegidos. Habló de autopistas, la estatal y la privada, el pago de peaje por transitar por ellas. La calidad de la segunda, las malas condiciones de la otra. El tráfico en horas picos del día, “si te coge, no llegas al trabajo o a casa temprano; la gente madruga y así los evita; otros prefieren trabajar horas extras, ganan el doble y se lo quitan de arriba”. Llegó un café y apuró la taza. “Muy bueno”, dijo. Entonces el sector privado asomó su rostro. Dijo lo bueno y lo malo del mismo. “Tienes derecho a un carné que te da acceso a sitios de recreación y descanso. No tienes que pagar por entrar. Puedes disfrutar sus ofertas lúdicas gratis; lo único que debes asumir es la bebida y la comida. En el caso del sector estatal no es así. Allí la gente trabaja duro, se esfuerza, no pierde las horas del día flotando. El fin de semana es sagrado, sábado para higienizar la casa y el domingo para pasear. Vale la pena sacrificarse trabajando porque vez el resultado”. Una llamada a mi pequeño celular condicionó una breve parada en nuestra conversación; la misma sirvió de pretexto para explayarse en el Internet residencial y el alternativo;  “hasta cinco gigas de velocidad el primero, el otro hasta medio giga. Cuesta unos $20 dólares al mes; todo depende de la calidad del servicio que compres”. Cerré los ojos por unos instantes. Me preguntó sobre el Internet que consumo, dije que llega cuando máximo a 120 kb/s, “demasiado lento, no podrás abrir ninguna página”, señaló; “el cubano inventa”, fueron las palabras que encontré a mano para salir dignamente de aquel callejón.  Aproveché y en un giro lo llevé a su condición de artista plástico; ¿cómo sobrevive en ese mundo? Dijo que no hace exposiciones individuales porque son muy caras;  “hay que pagar los marcos de cada obra y generalmente deben ser unas quince o más. El mercado de las obras plásticas es muy  selecto, el que compra, sabe lo que quiere;  no puedes darte el lujo de presentar el producto sin dignidad. Prefiero apostar a las expo-colectivas y comparto el gasto con otros. Puede ser que pongas en venta un solo cuadro y te saques la lotería; pero todo es riesgo, lo mismo puedes venderlo, que perder el dinero invertido”. Ya en el final de nuestras mil y una noches, lo llevé a la mesa; la corriente eléctrica se perdió por unas horas; así que debía improvisar; puse una linterna como lámpara y lo invité a digerir alimentos bien cubanos; probó el sabor  de cada uno y sus ojos de hombre bueno asintieron; hablamos de la historia patria, del valor patrimonial del río Contramaestre, desgraciadamente convertido hoy en cloaca de ganado porcino que prolifera aguas arriba y abajo sin ordenación alguna y pone en peligro la salud de esta maravilla fluvial. Una coca cola cubana sirvió para brindar. Ambos teníamos la certeza de la verdadera amistad. Despedida muy familiar. Luego se perdió en la calle donde estaba su vieja escuela Rodolfo Rodríguez. Iba rumbo al Maffo de sus ancestros. Su nombre artístico revoloteaba en mi cabeza: Renda.

lunes, 17 de marzo de 2014

Paisajes, mujeres y polimytas en la pintura del cubano Renda*


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Apareció de repente, una colega lo trajo, habló de su pintura, premios, pero nunca imaginé encontrarme a un hombre donde el físico y el arte se daban de la mano. Creí conocerlo de toda la vida, así se lo hice saber, él buscó en la memoria y dijo que no lo creía posible.

Nació un año después de la Segunda Guerra Mundial, así que casi roza los 70. Maffo es su terruño natal, no puede borrarlo, sobre todo el cine, el parque y el viejo Liceo. Al preguntarle por Antonio Sierra, desgranó una frase puntual: “Es el mejor maestro de mi vida y eso que me dio nada más que el sexto grado”.

No pude evitar mencionarle el San José, tan necesario para la gente de estos lares, vital en la vida de mi fallecida madre. Me respondió que era una fiesta patronal de una belleza simpática. Entonces sugirió una crítica constructiva: “Aquí había dos lugares bailables sin los que no se podía imaginar la recreación: los liceos de Contramaestre  y Maffo. No logro explicarme como dejaron perder esos referentes”.

Con orgullo habló de la secundaria básica Rodolfo Rodríguez, los amigos que se fueron, los que ya no están, profesores inolvidables, vivencias asociadas a la libreta de dibujos que siempre llevaba consigo y por la que recibió castigos pedagógicos.

Dijo que se había hecho ceramista y con ese oficio se fue a conquistar el mundo. Guantánamo lo recibe en la década del 70 y descubre la belleza de la polmyta. A partir de ahí será una obsesión permanente, al extremo de ser conocido en Cuba como el pintor de las polimytas. 


A partir de la jubilación,  hace cuadros campestres, imantado por el color de la finca del abuelo en la Sierra Maestra. 

Me habló también de otras de sus obsesiones, rostros de mujeres; con ellos ha tenido un largo diálogo, recogido en una inmensa cantidad de cuadros que hoy andan por Nicaragua y Guatemala.

Con entusiasmo mencionó SIRIO, grupo creado junto a dos buenos amigos, pintores como él: Víctor Moreno y Alejandro Ulloa. “Somos 17 artistas unidos por razones sentimentales, estéticas, y sobre todo, solidarias, pues nos apoyamos mutuamente en nuestras presentaciones”.

Al hablar de conceptos artísticos, a vuelo de pájaro, trazó un mapa, donde primero fue paisajista, luego abstracto y en la madurez, figurativo. El óleo, la tinta y el acrílico están ahí, como raros compañeros de viaje, tan íntimos, que no puede imaginar la vida sin ellos.

Ya en el final de nuestra larga conversación, me pidió información sobre mí, muy brevemente conté mis libros, mi vida como capitán del blog Caracol de agua en las oscuras aguas de Internet, desde un pueblo pequeño y todavía en plena revolución de las tecnologías. “Imagino los obstáculos”, dijo con palabras sinceras. “En pueblos pequeños las cosas se tergiversan o se inventan narraciones extrañas; con esa carga es difícil ser un buen navegante. El costo debe ser alto”.

Al despedirnos, me visitó nuevamente la sensación de cercanía, aquel artista, de rostro bondadoso, conocido por sus colegas como Renda, tenía un lugar en mi memoria,  no sé cómo había llegado allí, pero estaba. No supe explicarlo a mi mujer, pero Renda  parecía una extensión de Don Quijote de la Mancha, Michelangelo Buonarroti, o el cubano Vidal Ortiz.


*Adner Ángel Guevara Quesada (Renda). Artista cubano de las Artes Plásticas, con más de 30 exposiciones en Cuba y otros países. Estudió Construcción Civil y cursó estudios de Cerámica. Cuenta con varios premios en exposiciones. En su obra se destaca la temática de las polymitas, molusco cubano de extraordinaria belleza. Es presidente del Grupo Sirio de artistas de las Artes Plásticas de Ciudad Habana, fundado en 2000 y está integrado por 17 reconocidos artistas.

Caracol de agua propone a sus lectores una muestra de la obra de Renda, espero la disfruten:
Caracola. Oleo sobre cartulina. Rostro de mujer con elementos de polymitas.
Vuelo XC (Homenaje a Alicia Alonso). Acrílico sobre cartulina.
Simbiosis. Oleo sobre cartulina.
"Atracción sensual". Técnica mixta sobre cartulina.
"Efecto mariposa". Oleo sobre cartulina. Mariposa cubana integrada con rostro de mujer y polimytas.

"Foo-fighter". Oleo sobre lienzo 79 x 60 cm. Paisaje cubano con luces y polimytas



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