Por Reinaldo García Blanco
Eduar Encina viene del monte. No del seco y pardo. Viene del terrestre y embravecido. Allí donde tal vez Cristo no ha llegado para poner la cruz, pero ha puesto los ojos. Eduar y el Maestro tal vez lo sospechan.
En medio del potrero hay un caballo. Sobre el caballo un niño. Encima del niño, como un sombrero, el sol.
En su casa de adobe y sementera cava un pozo donde saca agua y palabras.
Ahora está al borde de la carretera central. Viene a la ciudad grande pues de gorja son y rapidez los tiempos. Se va con Lola y jolongo donde se lleva a Martí y a Rilke. A los minerales Vallejo y Neruda.
Eduar Encina viene de la espesura. Está bajo el árbol más alto y frondoso. Está a punto de nacer.
