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lunes, 5 de agosto de 2013

CUBA COTIDIANA EN FOTOS(II)

Semanalmente hago un recorrido por campos cercanos al lugar donde vivo, atento siempre a la palabra y la imagen anónima. A veces cargo una cámara prestada, nunca me falta la  grabadora; según un amigo, mis mejores armas en estos tiempos. Imágenes y palabras de la Cuba  cotidiana, la que vivo en ese recorrido, quiero compartirlas a partir de hoy con los amigos de mi blog  Caracol de agua en esta segunda entrega. Espere otras...
Niños del campo cubano con sus tira priedras rumbo a cacerías memorables.
Arrollo del campo cubano tan inonfesivo mientras no llueve.
Casa del campo cubano tan frágil, pero fresca ante las calores que nos invanden.
Mangos del campo cubano.
Abuelo y yo en la finca este sábado, luego de darle el alta en el hopistal de Contramaestre.
El transporte del campo cubano.
Mercado rural del campo cubano.
Cruce de los Bungos  en el campo cubano.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Soy Guajiro

El olor a hierba, el canto del sinsonte, considerado el rey de las aves por estos lares, y los lamentos de una tojosa, me hicieron pensar en la canción “Soy Guajiro”. Y en verdad me siento así al estar entre olores, colores y sabores que pintaron mi infancia.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Hace tres meses que no llegaba hasta la finca donde nací. Hoy tomé el Camino Real, como le llaman en Cuba al antiguo paso de la corona española durante la colonia, y la visité.

El olor a hierba, el canto del sinsonte, considerado el rey de las aves por estos lares, y los lamentos de una tojosa, me hicieron pensar en la canción Soy Guajiro”. Y en verdad me siento así al estar entre olores, colores y sabores que pintaron mi infancia.

Observar a mi abuelo de 96 años salir de una plantación de maíz, bajo el tupido sol de Cuba, es una de las alegrías más fértiles para guardar en la memoria. O apreciarlo al desgranar maíz a puño, como lo hicieran nuestros aborígenes, es una dicha que no tiene comparación.

O sencillamente ver a mi mascota Cuquita recorrer el potrero en pleno goce de la libertad negada en la ciudad, donde autos y desconocidos ponen rejas a sus sueños, es otra de las vivencias para atesorar en el recuerdo.

Saborear la guayaba, el anón, la naranja y el mamoncillo, es una invitación a pactar con lo afrodisíaco del campo. Pintar los ojos de verde y azul, es una sensación que sólo se experimenta en la finca del abuelo.

Hacía tres meses que no estaba en la finca del abuelo y hoy la he visitado. Sus olores y la paz, bajo el frondoso tamarindo, me recuerdan que la Cuba sentida está en el campo, su gente. Esos que te dicen compay, y te invitan a un buche de café o te sirven un plato de harina de maíz con leche. Esos que fríen el gordo del puerco y hacen chicharrones para comer con yuca o plátano. Esos que visten sencillo, pero tienen el corazón grande.

Hoy he visitado la finca de abuelo y amo más a Cuba y su gente.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Enigma en la Ceiba

A mi abuelo Sulpicio Jesús Fernández Peña que vivió personalmente esta historia.

Por Arnoldo Fernández Verdecia

Si quieres hacerte invisible sólo tienes que ir a la ceiba a las 12 de la noche y poner una obra, dijo Esteban en el mostrador de la tienda. ¿Usted está seguro?, señaló uno de los del grupo.

Yo voy y veré cuál es el pedido. El viejo Esteban quedará como un mentiroso, piensa para sí. Él siempre anda con sus manías de contar historias y los tiempos no están para esas cosas.

Toma un quinqué y llega hasta la ceiba. Espera encontrar al menos una señal. Son casi las doce. Si hay algo, debe estar al salir.

Prende un tabaco y mira al cielo. Está estrellado. No hay rumazones de agua. Un ruido le pone los pelos de punta. ¿Quién anda ahí? Una luz brota en el tronco y se acerca. ¿Quieres ser invisible? ¡Sí!. El viejo Esteban dijo que había que venir para ver lo que usted quería. Debes cazar un gato negro y traerlo el viernes a las doce de la noche. Tienes que asarlo y comértelo bajo mi sombra. La luz desapareció y el hombre regresó a su casa.

Mujer hablé con la ceiba, me dijo lo que tenía que hacer para hacerme invisible. Pero usted es bobo, como va a creer esas cosas. Si fueras conmigo, la gente no dudaría. Te imaginas cuantas cosas puedo lograr. No tendremos más necesidades. Está bien, no se hable más del asunto, precisó la mujer.

Desolla el gato, lo aliña con varios condimentos. Huele bien. Comienza a asarlo. Extraños ruidos se escuchan en el tronco. Vieja, ¿qué será eso? Lo mejor es irnos. El olor a asado se esparce en el campo. ¡Ya está listo!. Cierra los ojos y mastica. Vieja, ¡está sabroso!, ¿prueba una posta? No, eso es un trato tuyo con esa cosa. ¡Viejo!, ¡Viejo!, ¿qué te ha pasado? ¡Viejo…!


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