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| Túnel de la Carretera Central obstaculizado por varios árboles derribados por Sandy. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
En
casa no dormimos anoche. A las 11 y 30, todos estábamos en la sala. El viento
comenzó a bramar. Nos hizo pensar cuál lugar era el lugar más seguro para
proteger nuestras vidas, en caso de llevarse el techo.
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| Las ráfagas sobrepasaban los 127 kilómetros por hora. |
Las
ráfagas sobrepasaban los 127 kilómetros por hora. Tejas volaban, restos de madera, árboles caían por
la fuerza de Sandy. Nuestro árbol de guayaba se fue abajo. Plantas de café,
aguacate y plátano se desplomaron rudamente.
Nunca
en mis cuarenta años había vivido una experiencia como la noche-madrugada del
24 para el 25 de octubre. Otras personas mencionaron el Flora, pero nada
comparable con los vientos de Sandy. Aquel huracán dejó mucha agua a su paso,
pero éste se ensañó con nuestro amado Contramaestre, que se embellecía para
celebrar su centenario el próximo 5 de febrero de 2013.
A
las 4 de la mañana nos fuimos a la cama. El rugido del viento amainaba. Dormimos un par de horas. Al levantarnos y salir a nuestro patio, imagen
desgarradora: casas y árboles derribadas por Sand; las calles llenas de
escombros; llanto en algunas familias que lo han perdido todo.
Vivir
la experiencia de un huracán es
traumático. Sandy enseña al hombre de estos lares a respetarlo. Por muy
formidable que sea una casa, la fuerza es descomunal y barre con todo.
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| Árbol de la acera del parque Jesús Rabí derribado sobre la Carretera Central. |



