domingo, 10 de octubre de 2021

CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES Y CONTRAMAESTRE, LA HISTORIA QUE MUY POCOS CONOCEN*


Por Arnoldo Fernández Verdecia

La novela Contramaestre(1) ha puesto al río que corre por detrás de la casa donde vivo, ubicado en el oriente insular, en pedestales muy altos del goce literario universal; no por los valores naturales del mismo, sino, por sus sentidos históricos. Veamos por qué.  

En Bijagüal, a orillas del Contramaestre, se produjo la destitución del iniciador de la Guerra de los Diez Años, Carlos Manuel de Céspedes; allí confluyeron los odios de todos aquellos que nunca perdonaron su gallardía patriótica.  El 27 de octubre de 1873 cesantearon de la presidencia al ser humano que José Martí llamó sabiamente: hombre de sueños heroicos y trágicas lecturas.(2)  

Dos días después,  esa misma gente lo despojó de sus ayudantes, la escolta y  la servidumbre. Durante tres meses fue tratado como prisionero por cubanos indignos agrupados en el Gobierno de la República en Armas. 

Lo autorizaron a moverse libremente el 27 de diciembre de 1873; entonces inicia un peregrinar que lo lleva hasta San Lorenzo; donde vive sus últimos días.  El 22  de enero de 1874  tiene la primera vista del Contramaestre, desde un lugar llamado Lajial; baña el cuerpo por vez primera en sus frías aguas.  

El 23 de enero de 1874 llega a San Lorenzo, a las 8:30 de la mañana; allí anota en su Diario: San Lorenzo está situado  á la marjen derecha del Contramaestre.(3) (Respetamos la ortografía original de Céspedes). Toma su agua diariamente; incluso las comidas tienen el encanto del Contramaestre. En esos primero días allí, la lluvia y el frío no lo dejan ir a bañarse sistemáticamente. A partir del 29 puede hacerlo regularmente al mediodía: pienso repetirlo cuantas veces me sea posible, aunque es muy fría el agua(4)

A unos veinte metros del bohío habitado por Céspedes vivía Francisca Rodríguez, quien tenía una hija quinceañera llamada cariñosamente Panchita; cuya juvenil compañía amorosa encontró el solitario de San Lorenzo en su obligado retiro(5); ella  disfrutaba las caricias del Contramaestre junto a Céspedes en una poceta escondida, donde crecía el fuego de una pasión que trajo a la vida un hijo nacido en Santiago de Cuba y registrado con el nombre Manuel Francisco Rodríguez Gómez; los mismos apellidos de la madre. 

El sábado 7 de febrero de 1874 hace una anotación premonitoria: Hoy al salir  p. el baño, noté q. se había podrido y roto el cordón de seda negro con  q. traigo  al cuello la medalla de la Caridad que mi Anita me mandó de Nueva York.(6) ¿Era acaso el hecho un mal presagio?  La tela desecha, puso en riesgo la imagen de su protectora; el Contramaestre dio una señal y la sujetó con algo más fuerte;  de todas maneras, sabía que las cosas no iban bien, su vida corría peligro; por eso día tras día reiteraba el mismo ritual terapéutico del baño, casi siempre al mediodía, momento donde el sol estaba bravo y las aguas servían de alivio a sus piernas agotadas y a la angustia padecida por la desidia de los que nunca le perdonaron ser el Iniciador de la guerra libertaria. En su Diario queda registrado la última vez que lo hizo: jueves 26 de febrero: ...me sorprendió la lluvia al regreso del baño(7)  El viernes 27 escribe largo en su Diario, juzga duramente a cubanos torcidos que tanto daño hicieron a su vida, entre ellos el Marqués de Santa Lucía, Salvador Cisneros, lo llama: Ignorante, arruinado, petardista, vicioso, puerco, no gozaba de más consideraciones  q. la q. le daba su título(8); uno por uno el filo de su palabra caracteriza  a sus enemigos hasta en los detalles más íntimos. El baño al mediodía no puede hacerlo; el Bon San Quintín llegó sorpresivamente; Céspedes huyó buscando la protección del Contramaestre, al cual pensaba lanzarse desde un barranco de cuatro metros de altura, pero no pudo conseguirlo, antes fue abatido por una bala española o quizás disparada por el mismo; no olvidar que su muerte es un misterio todavía no aclarado definitivamente por la ciencia histórica. Una furnia a orillas del Contramaestre, abriga el cuerpo sin vida del Padre de todos los cubanos: como un sol de llamas que se hunde en el abismo(9), escribiría Manuel Sanguily años después. 

El hijo de la relación con Panchita, Manuel Francisco, no pudo llevar en vida el apellido del padre; pero era llamado cariñosamente por sus cercanos, Manuel de Céspedes. En realidad fue registrado con los apellidos de la madre en Santiago de Cuba. Con la mayoría de edad se mudó a Palma Soriano, hasta allí llegó su hermano Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, años después   y lo ayudó para que estableciera un pequeño comercio;  incluso quiso iniciar un proceso legal para que adoptara  el apellido de su padre, pero Manuel no quiso hacerlo por razones muy personales vinculadas al honor de su madre. Por esa razón, toda la descendencia que tiene Manuel lleva el apellido Rodríguez,  cuando en verdad, por razones de sangre, debería ser Céspedes. 

Manuel contrajo matrimonio con Ana María Estrada  y tuvo seis  hijos; el primero de los cuales  lo llamó, Amado Oscar, en memoria  del hermano  fusilado en 1870.  

Manuel Francisco Rodríguez  Gómez murió el 15 de octubre de 1921 en Palma Soriano. Un dato valioso, hasta ahora desconocido por nuestra historia local, es que dos de sus retoños, José Manuel y María Carmela Rodríguez Estrada,  se establecieron en  el reparto San Luis, de Contramaestre, a principios de la década del 50, del siglo XX. 

José Manuel se casó en matrimonio con Artemia Benítez Ramírez.  Tuvo siete hijos; Ilsis María, Milagros, Carmen, Nilda, José Manuel, Aurelio, y uno de ellos, bautizado Rodolfo,  nacido el 15 de abril de 1938; sí, el miembro de la célula de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio en Contramaestre; el responsable de la Bandera del 26 colocada sobre el techo de la tienda La Libertad el 20 de mayo de 1957; el rebelde la Columna número 3 del Tercer Frente Oriental, dirigido por el comandante Juan Almeida; el lector infatigable que siempre tenía en su mochila un libro de José Martí. Por esos azares del destino, quizás Rodolfo Rodríguez nunca supo la verdad sobre el padre de su abuelo; lo cierto es que al caer en combate el 23 de noviembre de 1958 en el poblado del Cristo,  defendía orgulloso el apellido de su bisabuela Panchita. Si su abuelo Manuel hubiera legalizado aquella histórica descendencia, lo recordaríamos defendiendo también la dignidad de su bisabuelo Carlos Manuel de Céspedes. 

Finalmente, volviendo a la novela de Raúl E. Chao, Contramaestre, estoy plenamente convencido que la titula así, porque el citado río es todo un símbolo en la vida de Carlos Manuel de Céspedes; sus aguas fueron testigo de momentos excepcionales en su vida  y sugiere con ello al lector una especie de conexión,  entre las vivencias de sus días vinculados al emblemático afluente y el pasado ilustre que vivió junto a su esposa  María del Carmen Céspedes en París entre 1841-1844, donde llega a  tratar muy cercanamente a grandes personalidades como Chopin, George Sand, Baudelaire, Balzac, Offenbach,  Wagner, Astolphe-Louis Leonor, Marqués de Custine, Chateaubriand; Delacroix, Ingres, Berlioz y sus hermanas Anne Marguerite y Adéle, el Barón de Humboldt, Jacques Laffite, María de las Mercedes Beltrán de Santa Cruz y Montalvo (Condesa de Merlin).

Una de las curiosidades reveladas por Chao, según Monseñor Carlos Manuel de Céspedes:

 ha sido registrar su intervención como abogado, en la publicación de muchas partituras de Chopin, con los editores Maurice Schlesinger (París), J.J. Cybulsky y Joseph Kaufmann (Varsovia), Breitkopf & Härtel (Leipzig), Tobias Haslinger (Viena) y Wessel & Co. (Londres). Intervino también en el pleito de Chopin con la publicación The Musical World, de Londres, que había acusado falsamente a Chopin de plagio. Chopin, jurídicamente asistido por Carlos Manuel, ganó el pleito y la publicación fue obligada a publicar una apología del músico y a pagar una Gala con obras de Chopin en Manchester. El salario obtenido por Carlos Manuel en este pleito jurídico curioso fue donado por los De Céspedes a la iglesia que frecuentaban semanalmente en París, San Eustaquio (todavía existente), que en ese momento recogía fondos para su restauración.(10)

Analogía simbólica es lo que mejor tengo a mano para conectar la vida sencilla de Carlos Manuel de Céspedes (El Solitario), en el periplo Bijagüal-San Lorenzo, donde encontró el amor de Panchita, junto a hombres y mujeres humildes que animaron su vida con danzas movidas por el toque de tumbadoras y botellas rascadas con cuchillos, y aquel París acogedor donde amó a su primera mujer María del Carmen y apreció música del momento, en un ambiente donde se relacionó con luminarias de las artes, la política y las ciencias. 

Citas bibliográficas y notas

1. Raúl Chao: Contramaestre, Ediciones Universal,  Colección Caniquí, Estados Unidos,  2008.

2. José Martí: Céspedes y Agramonte, en El Avisador Cubano, Nueva York, 10 de octubre de 1888, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, Tomo 4, p. 361.

3. Carlos Manuel de Céspedes: Diario, p. 256, en la compilación realizada por Eusebio Leal con el título: Carlos Manuel de Céspedes. El diario perdido, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  1994.

4. Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 264.

5. Hortensia Pichardo Viñal: Facetas de nuestra historia, Editorial Oriente, Santiago, Cuba, p. 226.

6. Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 276.

7. Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 293.

8. Carlos Manuel de Céspedes: obra citada, p. 294.

9. Manuel Sanguily: Discurso pronunciado en el Chickering Hall, Nueva York, 10 de octubre de 1895  (en): Breve Antología del 10 de octubre. Publicaciones de la Secretaría de Educación, La Habana, 1938. p.31.

10. Carlos Manuel de Céspedes y Menocal: Esclarecer rumores,  apaciguar las dudas antiguas y crear nuevas;  en Palabra Nueva, Revista de la Arquidiócesis de La Habana, año XVI, Noviembre/2007, No. 168, pp.67-70.

*Publicado en mi libro Cuba en el alma, Ediciones Entre Líneas, Miami, Estados Unidos, 2020. 

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