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| "Los agradecidos hablan de la luz". |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
No es posible llamar a un ser humano “drogadicto y chivatón”, porque escogió hacer su carrera desde Cuba, y reconocía -en todos los escenarios públicos-, antes de morir, que nunca nadie, -en la isla-, puso límites a su creación musical. Es irresponsable expresarse así, cuando se trata de un símbolo internacional de la música como Juan Formell, que gracias a su inmensa obra, ganó el respeto de todos.
Al revisar los comentarios publicados en algunos medios, encuentro esas barbaridades, me pregunto entonces: ¿Por qué publican ofensas sin fundamentos? ¿No existe una política editorial que limite eso? ¿Qué ganan con visibilizar infundios en los que nadie cree? Creo que esos medios, muy conocidos por sus posiciones extremistas contra Cuba, –a pesar de su cantada "libertad de expresión"-, deben tener un poco de seso y revisar sus comentarios antes de publicarlos. Juan Formell marcó un antes y un después en la música. Que escogiera vivir la Revolución y hacer su obra desde ella, -nunca coquetear con los vinos imperiales-, no minimiza para nada su tremenda personalidad.
En una hora –tan vital-, para la cultura universal, eso de andarse con trapitos sucios no es de buenos seres humanos. Martí lo dijo con una claridad impresionante: “Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz”.
