Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
En
pueblos pequeños el pensamiento tiene
límites difíciles de superar. Las mentalidades son un laberinto. De cualquier
cosa surge una inmensa hoguera. El
resplandor se ve en cada hogar. Nada
queda entre amigos. Se expande y arrastra a su paso lo inimaginable.
Aunque
uno siga la máxima de José Martí, de expresarse con honradez y ser responsable
del alcance de la palabra, tener un blog implica muchas cosas, a veces buenas,
otras no tanto.
Con
ingenuidad de quijote de tierra adentro creí siempre que la palabra bien
esgrimida produce milagros; inicia crecidas; siembra lo nuevo; sirve al diálogo
cuando no hay sordos; pero el tiempo me
dice todo lo contrario, la palabra pierde alas cuando uno trata de elevarla y
eso que Fernand Brawdel llamó “estancos mentales”, se encargan de anularla,
restarle peso y volverla un látigo de uno mismo.
Hace
nueve años un viejo amigo que ya no está, usó una metáfora bélica para
referirse a mi blog Caracol de agua: “tienes una granada sin espoleta en tu
mano izquierda”; yo sonreía porque me
parecía muy dramática su manera de verme. Me lo dijo al cumplirse el primer
aniversario.
Traer
el blog hasta los nueve años confirmó el aserto de mi amigo. Año tras año,
temporales, huracanes, terremotos; de todo ha pasado; pero no ha dejado de navegar, ni de ser
martiano, cuando se necesita más que nunca en la vida serlo en hechos y
pensamientos.
Tal
vez me he equivocado en muchas cosas al conducirlo, nadie es infalible. Lo
cierto es que he dado a mi país todo; a mi gente; a partir de la “ética
elevada” que aprendí leyendo a Martí. Me he expresado siempre desde el espíritu
de nuestro Apóstol.
A
los nueve años (25 de agosto de 2009 salí a navegar) el Caracol se ha encerrado en su concha. Seguirá siendo martiano
hasta sus últimos días; pero soplan vientos de tromba, el ruido ensordece, las
armas afiladas se muestran y uno tiene que aprender, como diría el poeta Fajad
Jamís, de los “tantos golpes que te da la vida”. Con esos magníficos versos,
cierro esta evocación, que espero no sea la última. Dios quiera y pueda estar
por aquí en el aniversario 10:
Con
tantos palos que te dio la vida
y
aún sigues dándole a la vida sueños.
Eres
un loco que jamás se cansa
de
abrir ventanas y sembrar luceros.
Con
tantos palos que te dio la noche,
tanta
crueldad, y frío y tanto miedo.
Eres
un loco de mirada triste
que
sólo sabe amar con todo el pecho,
fabricar
papalotes y poemas
y
otras patrañas que se lleva el viento.
Eres
un simple hombre alucinado,
entre
calles, talleres y recuerdos.
Eres
un pobre loco de esperanzas
que
siente como nace un mundo nuevo.
Con
tantos palos que te dio la vida
y
no te cansas de decir “te quiero”.

