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viernes, 8 de enero de 2016

No puedo hablar en positivo de los reyes magos en Cuba



Los inocentes sobrinos, sí creían en Gaspar, Melchor y Baltasar, los Reyes Magos.
 Por Joel Macías Rivas. 

El abuelo papá Juan no fue muy dado a los regalos y mucho menos a obsequiar con juguetes a los muchachos, él, ahora lo comprendo mejor, prefería que “jugáramos” a la verdad: narigoneando las yuntas de bueyes, pastoreando las vacas allá por la orilla del río, buscándole malojas a los caballos y cuando más y por poco tiempo, nos dejaba jugar un rato a las balinas. Así transcurrió parte de mi infancia,  sin conocer ni disfrutar del placer “imaginado” de poder ser dueño de un juguete de calidad.

Mi padre, el que realmente me engendró y al que sigo queriendo infinitamente después de haber cumplido 87 años, casi que no pudo estar junto a nosotros, sus primeros hijos, porque los deberes revolucionarios se lo impidieron y porque debió desandar por los centrales azucareros del Oriente Cubano buscándose "los reales” donde le dieran "un corte"; esa oportunidad de “hacer un bulto o dos de caña”,  o lo que es lo mismo: “cortar, alzar y tirar algunas carretas de caña y después seguir camino hasta otra colonia con el mismo objetivo”. De esa gestión de mi padre dependían la ropa y los zapatos de año nuevo, “y no daba para mucho más”, aseguraba el viejo.

Por esa misma “suerte” de haber nacido pobre y en el campo, quizás sea por lo que no pueda yo hablar en positivo sobre esa “tradición” que se le bautizó como "El Día de Reyes", cuando esperábamos la oferta de los Reyes Magos, esos que nos hicieron soñar hasta despiertos, los mismos que cada año se me anunciaban pero que nunca llegaron, a no ser con algunos carritos de madera, o con alguna muñeca de trapos viejos para mi hermana y mis primas, o con una escopeta de palo tallada al machete, o con un papelito escrito con sus faltas de ortografía (eso lo supe después), donde nos decían que “…este año no pudo ser pero si se portan bien volveremos el año que viene”.

Así fueron transcurriendo los años y en algunos de ellos, fue la tía Luisa la que, cargando los juguetes desechados por el niño de la casa en la cual ella se desempeñaba como niñera (criada) en Santiago de Cuba, hizo el papel de Gaspar, Melchor y Baltasar, para el deleite de los inocentes sobrinos que sí creían que los Reyes Magos habían cumplido su promesa para con nosotros.

Esa es la “tradición” que en este año con más fuerza, porque nunca dejó de “celebrarse”, algunos, o unos cuantos, o quizás un buen número de cubanos, salieron a la calle el seis (6) de enero, el Día de los Reyes Magos, a repartir juguetes para “hacer felices a los infelices hijos de muchas familias que no pueden, con su salario, comprar los juguetes a los niños en las tiendas shopping porque venden muy caro…”
Los reyes magos nos fueron impuestos por los parientes de la “Madre Patria”(en la Colonia), no es más que una forma de dominación...
Con el perdón de los que siguen creyendo en la “tradición” (derecho que tienen) y de los que aún sin haberla vivido antes tratan de asimilarla o vendérsela a los demás para que la asimilen, asumo la responsabilidad de decir que  esa “tradición” que nos fue impuesta por los parientes de la “Madre Patria”(de la Colonia), no es más que una forma de dominación y de asegurarse la dependencia de los que, de este lado del atlántico en el Mar Caribe, nos hicieron  soñar con lo imposible y que, aún cuando nunca vimos a un rey o una reyna, por lo menos pensáramos y soñáramos con la magia divina de tener un juguete.

Para terminar hago una salvedad: mi madre, que este seis (6 ) de enero cumplió 80 años, mi madre se llama Reina y fue ella, junto a Pablo, mi papá, mi abuelo Juan y  mi abuela Nicolasa, los que tuvieron que convertirse en verdaderos magos para criar a la prole de unos cuantos hermanos y primos hermanos.

miércoles, 6 de enero de 2016

Gaspar, Baltasar y Melchor regresaron a Baire después de cinco décadas



Los reyes Gaspar, Baltasar y  Melchor en Baire; sí, los Reyes Magos; increíble...

Por Antonio Domínguez García (Especial para Caracol de agua) 

Desde que tengo uso de razón veo en Baire, mi pueblo, aquí en el oriente de Cuba, una estructura grande a medio hacer. Recuerdo haberle preguntado a mamá qué se iba a construir allí; siempre me dijo, “una iglesia”; yo, un tanto ingenuo, volvía a preguntarle: ¿Por qué no está terminada? ¿Faltó acaso el milagro del Día de Reyes? Vieja, ¿perdieron la fe los que la iniciaron?
Diácono de la Parroquia de Baire dialoga con los niños.
El domingo 3 de enero, en la iglesia a medio hacer se dieron cita muchas familias, sobre todo niños que esperaban a unos personajes que recorrieron Baire con un atuendo llamativo,  unas extrañas barbas, estaturas diferentes y llamaron la atención de todos. Eran los reyes Gaspar, Baltasar y  Melchor; sí, los Reyes Magos; increíble, ¿verdad? Su alegría era contagiosa, sobre todo para los más pequeños que nunca los habían visto. El regreso de  estos magos sin magia fue una fiesta innombrable.   
El regreso de  estos magos sin magia fue una fiesta innombrable.  
Ya en el punto de concentración, -la citada iglesia-, se dramatizó lo sucedido hace unos cuantos años en la historia del cristianismo  donde el hombre era lo más importante. Allí, entre juegos y canciones, niños y familias completas retomaron una tradición que alguien dejó de cultivar, quizás por descuido, tal vez por dedicar esfuerzos a consignas vacías, a defender sueños sin convicciones, todo enmarcado en los deseos del hombre  nuevo y su tenaz batalla por construir una sociedad más equitativa y justa. En ese camino olvidó que, para los hombres, las ilusiones son el motor que guía la vida y la dota de sentidos.
Los Reyes Magos retornaron.
Por suerte para los miembros de la Parroquia de San Bartolomé de Baire, las ilusiones no se apagaron, los Reyes Magos retornaron y con ellos el pueblo de Baire comenzó a  darle vida a lo que será su nueva casa, la vieja estructura ubicada en calle 11, o mejor dicho, la que está por el Policlínico. En diciembre los feligreses realizaron una limpieza del local.

El Día de la Epifanía del Señor, domingo 3 de enero, con la presencia de un centenar de familias junto a sus niños,  la iglesia católica  de Baire inició el camino hacia una nueva sede; sin fanfarronería y con el apoyo de los que conservaron intactas sus ilusiones y el deseo de hacer el bien a la comunidad, salvando tradiciones que nunca debieron morir, o al menos estar en un coma profundo del que hoy han salido con este retorno de los Reyes Magos.
De forma sutil está logrando una juventud con valores cristianos, pero también  con educación formal.
Deberían muchos de los que critican sin mirar el esfuerzo y los resultados, aprender de esta comunidad cristiana,  que tiene dentro de sus objetivos más abarcadores, la formación de niños,  adolescentes y jóvenes, en una cultura de lo bueno, lo sano, lo útil, y los valores que hoy nos desgastamos tanto en formar. De forma sutil está logrando una juventud con valores cristianos, pero también  con educación formal, un comportamiento ciudadano adecuado y valores que los convierten en personas más útiles a la sociedad, sin perder de vista la genuina defensa de tradiciones como la del Día de los Reyes.


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