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domingo, 8 de noviembre de 2015

Cuba debe mejorar su situación económica y ser más plural


Nos tomamos fotos frente al emblemático edificio Rodríguez; al fondo, dos imágenes de líderes; pensamientos que hablan de cambios, futuro.

Por Arnoldo Fernández Verdecia.  caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Carro de turismo llega hasta mi casa en Contramaestre, oriente de Cuba. Dos hombres bajan, preguntan al vecino del frente, luego vienen, asoman voz y rostro, saludan al viejo. "¿Arnoldo está? ¿El de Caracol de agua?", interrogó uno de ellos. Mi padre desconcertado dijo que el se llamaba Arnoldo, pero no era el que buscaban, señaló mi puerta, entonces llegaron abrazos, frases apasionadas; mi Caracol es la ventana que abre Arnaldo, pues así se nombra el que hace las preguntas, a su Contramaestre de la nostalgia, el que acompaña sus días en la emigración. Nuevos abrazos. Pensamientos bien intencionados. Luego, “¿me acepta una cerveza?”, y nos fuimos a un barcito en la ciudad, hablamos largo y Caracol de agua crecía en nuestra conversación como un río cristalino; se desbordaba en cada palabra. “Mucha gente lo abre día por día –dice Arnaldo-. No imagina usted Arnoldo los miles de hijos e hijas de esta tierra que antes de ir al trabajo, al regreso, o sencillamente al abrir los ojos cotidianamente, buscan Caracol de agua para enterarse del palpitar de Oriente, Cuba y nuestro amado Contramaestre”. Nos tomamos fotos frente al emblemático edificio Rodríguez; al fondo, dos imágenes de líderes; pensamientos que hablan de cambios, futuro. Apuramos las cervezas. Dije que no era tomador, pero llegó otra y hubo que bajarla. Arnaldo me habló de su madre de Blanquizal, de su hijo pinareño que fue a buscar en el tour y dijo: “vamos a casa de mi tío, quiero conozcas a mi vieja”. Nos tomamos nuevas fotos, él con su celular, yo con mi cámara de trabajo. Abordamos y Cuba bullía con fuerza, la música, el hablar alto, las comidas exuberantes de salsas, el café en exceso, todo eso que se añora en la distancia, porque se vive una vida centrada en el trabajo y no hay tiempo para conocer a los vecinos  y nadie es solidario ante la enfermedad, los problemas del hogar. “A mis vecinos no los conozco. Ellos imagino a mí tampoco. Casi nunca nos vemos”. Bastó aquella frase para pensarlo en una ciudad cosmopolita detrás de un bar, jefe de turno y cultivando en secreto el bailarín que fue acá, el que viajó Italia con Eduardo Rosillo y puso el nombre de Cuba con mayúscula  en esos escenarios. “Cuba es el mejor país para vivir, pero debe mejorar la situación económica, ser más plural, dar entrada a la diversidad”; resolviendo esas cosas, no hay mejor patria en el mundo para hacer una familia”. 
Llegamos. Me presentó a su madre, tíos, sobrinos y a su chico. A todos les decía de Caracol de agua, del orgullo de tenerme allí; “Caracol es de las cosas buenas que uno agradece allá afuera. Amigo Arnoldo, todavía me parece mentira tenerlo aquí”. Hablamos por largo rato. Luego me puse en pie y prometimos crecernos en la amistad. Yo regresaba a mi vida cotidiana; Arnaldo  a contarle a sus amistades que había conocido a Arnoldo, el editor de Caracol de agua, el blog que pone a Contramaestre, Cuba y el mundo en el día a día de la gente, que a pesar de la distancia, siguen amando intensamente a la más bella  isla de las Antillas: CUBA.........


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