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sábado, 28 de noviembre de 2015

La feria de mi pueblo



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu 

Mi padre a sus 70 años camina la ciudad. Una voz anuncia precios inalcanzables en la feria. Avanza, su chequera no alcanza. Compra cigarros para revenderlos y ganar el diario. La voz anuncia conjunto de música tradicional. Guitarras, maracas y bongoes suenan. El güiro sobresale. La voz invita a comprar. Padre saca la cartera, comprará dos rollos de cigarros, al menos tendrá un menudito, piensa. La voz se aflauta en las bocinas. Paso cansado no puede con ese mundo que duele y mata lentamente, lo sabe; entonces a su memoria acuden los viejos tiempos, aquellos cerdos cebados con la grasa del año, aquellos chicharrones en una enorme lechera, aquellos saladitos para picar durante los tragos de aguardiente. La vista se nubla. Un sol abrasador cae sobre su piel. Sabe que le quedan pocos años. No quiere pensar, sólo quiere vivir, aunque ese mundo cercano duele y mata lentamente. El fue maestro, vivió jornadas de epopeya, dio lo mejor de su vida a la causa; todo eso anda en su cabeza, pero nadie quiere escucharlo. Las palabras no alimentan el desencanto. Su hijo se apaga en la sombra que todo lo oculta. Alguien dice ir a la sombra es la alternativa, quizás ignora los perros feroces cuando uno se acerca. Mi padre si lo sabe, no quiere a su hijo cerca de esa sombra, porque puede oscurecerlo para siempre y los buenos padres quieren lo mejor para sus hijos. La voz se escucha. Compren, compren… chiquichá, chiquichá, chiquicháaaa, todo es música y jolgorio, pero los bolsillos están poblados por el silencio. Chiquichá, chiquichá, chiquichaaaaaaaaaá…Compren, compren….Hunde la gorra en  la cabeza. Pone espejuelos y  empieza a adormecerse. Chiquichá, chiquichá, chiquichaaaaaaaaaá…Compren, compren….

lunes, 13 de octubre de 2014

Mi padre es el AMOR



Mis dos PADRES.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu


Mi padre arrastra sus pasos, debe ir junto a su mujer enferma en el extremo más oriental de Cuba, Guantánamo. Más de cuarenta años de matrimonio los hacen una pareja inseparable. Me duele verlo así, con esos ojos posados en el infinito.


Duerme poco y mal. Siente nostalgia de los amigos del barrio; no quiere separarse de olores familiares, la sombra del cafetal, las gallinas; pero sabe que debe irse a cuidar a su esposa, aunque un hormigueo en el estómago recuerde que la patria chica sigue acá, junto al laberinto cotidiano que recorren sus pasos;  el trago de ron para levantar el día, la solidaridad de los vecinos, siempre prestos a compartir palabras por encima de los límites que separan las viviendas. 


Mi padre es querido por todos, -no debe tener enemigos-, creo imposible pensar a un hombre como él rodeado de fieras sedientas de venganza. Recorre el pueblo ida y vuelta con la mano extendida para todos, incluso saluda a aquellos que alguna vez le hicieron mal. 


A mirarlo en su andar encorvado, intento un paralelo con algún personaje de la historia universal, y creo no ser vanidoso si lo comparo con el apóstol Pablo. Habla lengua humana, se da al otro sin esperar nada a cambio, protege al vulnerable, ofrece la mejilla ante la rabia. En palabras de Pablo: “…es paciente, es bondadoso;… no tiene envidia;… no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido…”


Mi evocación termina con palabras sagradas: “Esto, hermanos, lo he aplicado en sentido figurado a mí mismo y a Apolo por amor a vosotros, para que en nosotros aprendáis a no sobrepasar lo que está escrito, para que ninguno de vosotros se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro”.


Con la imagen de mi padre en la frente, intento el camino del Peregrino, pero todavía tengo animales en el alma, para merecer estar a su lado en esta cruzada a favor del verdadero AMOR.

sábado, 18 de junio de 2011

El mejor padre del mundo

Mi Abuelo junto a mi Padre.
Hoy 4 de septiembre de 2014, es el cumpleaños de mi padre, llega a 69, celebraría como todos los años lo hacíamos, pero circunstancias  muy personales, relacionadas con el amor de su vida, no permiten una fiesta. Pero no pasará por alto, todos los que lo amamos, brindaremos en la copa del amor sus 69. Guayabita del pinar es el regalo, junto a una caldosa cubana, arroz congrí y fricasé de puerco. Su vieja lo quiere así, a pesar de saberse muy enferma. Mi Caracol de agua, comparte este post (escrito el 18 de junio de 2011) dedicado a mi padre,  para mí, el mejor del mundo, un hombre bueno, noble, siempre pensando en hacer el bien…..para todos los que me aprecian:

EL MEJOR PADRE DEL MUNDO  

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
 
De niño esperaba el chiflido sobre la montaña para celebrar el Día de los Padres y corría a alcanzarte. Siempre traías dulces, juguetes; papá del mundo, de todos, el mejor para mí. Hasta decía a mis amigos de aula que eras maestro y el orgullo lo colocaba sobre mi cabeza como una corona de laureles.

Te recuerdo en el Día de los Padres con aquel sombrero negro, una especie de mago con aquella camisa a cuadros y la colonia que tanto me gustara cuando te abrazaba y te decía “Mi papá lindo”, y me extasiara en aquel olor tan familiar. Me dabas un gran beso y en mi inocencia creía que eras el mejor padre del mundo.

Cuando algo estaba mal me hacías los cuentos de aquel niño fantástico llamado Chopin que vivía en Palma Soriano, según tú, un hijo que tenías por allá y me podía robar el enorme cariño que me dabas, ese día lloraba y te pedía disculpas por mis errores. Chopin nunca existió, fue una fábula que inventaste para darme argumentos y rectificar mis errores.

Gracias a tus libros llegué a imaginar París una ciudad de caramelos, nostalgias asomadas al Sena, muchas casas de poetas, parques llenos de farolas, siempre creí los juguetes los traías de allá, esa noche caminaba el Arco de Triunfo, la Torre Eiffel, el Campo de Marte. Una mañana de 1992 regresaste, extrañas noticias decía el periódico, todos los días a la misma hora llegabas arrugado de cansancio, muchas veces imaginé París pero los juguetes nunca regresaron.

Con el tiempo comprendí que de mi vida eras todos los horcones, pues si mi barco hacia agua, ahí estabas para arrastrarme a puerto seguro y poner una brújula en mis manos y hacer como los versos del poeta: “dejar una promesa y seguir”.

Llegué a la universidad porque realmente la gané a golpe de batalla, nunca nadie me regaló nada, ni negocié los principios en los que me educaste; crecí limpio como un nardo, y eso me ganó enemigos que me enseñaste a olvidar leyendo aquellos pasajes de "El hombre mediocre": Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección, y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala, si la dejas apagar no reenciende jamás y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento”.

Hoy te obsequio una flor cortada en nuestro jardín del bien. No olvido el ideal, nuestro ideal,  no es una fórmula muerta, sino una hipótesis perfectible; para que sirva debe ser concebido así, actuante en función de la vida que incesantemente deviene y coloca trampas a la generosidad.. Debemos sobreponernos, seguir adelante, proa a una estrella, con la paloma en el alma y los ojos de Martí en el corazón. Felicidades padre, mi padre, para mí, el mejor del mundo.
Enma Ramos Ríos, la madre de mi padre. Tiene 96 años.

Sulpicio Fernández Peña, el padre de de mi viejo. Tiene 96 años y trabaja todas las mañanas en el campo.
En esta casita nació mi padre. Actualmente es un sitio de refugio donde todavía permanecen mis dos abuelos
Palmares en la finca de los padres de mi viejo.

En la finca junto a familiares muy queridos de mi padre.

Junto a mi mascota Cuquita en días de retiro en el refugio de mi padre.


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