Por Arnoldo Fernández Verdecia
¿HACIA DÓNDE VA UNA PARTE DE LA NACIÓN QUE PERMANECE ADORMECIDA ANTE UN ESPECTÁCULO DONDE SE MALTRATA A UN GATO Y NADIE HACE NADA PARA IMPEDIRLO?
¿Hacia dónde va un fragmento del país que a gradería llena aplaude el uso indiscriminado del látigo y el lazo sobre un gato? Llamar rodeo a eso, ¡qué mediocridad!
Sabe Dios de qué familia lo separaron para cobrar entradas y satisfacer el morbo de una muchedumbre, feliz ante cada chasquido en la piel o cada atrapada miserable de un gato-vaquero.
El aplauso cerrado ante descomunal abuso me confirma lo inimaginable en una parte del país que pregona a los cuatro vientos hacer, en materia de derecho, lo que necesita la familia; sin embargo no puede, ni siquiera informar con objetividad, en el Noticiero Estelar de la Televisión Nacional, la gravedad de lo sucedido en una Feria Internacional Agropecuaria e Industrial (Fiagrop) 2022, el pasado viernes, en Rancho Bolleros, con un pobre gato.
Algunos dirán, es un simple gatito, sobre todo esos funcionarios de guayabera y prominente barriga que ante cualquier crítica nos llaman sietemesinos, asalariados del imperio yanqui y todo lo que admita el saco de la difamación, para no dar una respuesta a la altura de las circunstancias.
Mal anda una parte de la cultura de un país que necesita entretener a las masas, enlazando y dando fuete a un gato. Mal anda el espíritu de esas instituciones que premian al ganador, cuando se acerca y lo exhibe ante todos, casi ahorcado. Mal anda un fragmento del país, ojalá y no sea todo el país, cuando la muchedumbre adormecida no hace nada, ante la muerte casi inminente del gato por asfixia.
No olvido a nuestro José Martí, su crónica sobre los últimos instantes de un ahorcado en los Estados Unidos del siglo XIX, el espectáculo terrible, la gente enardecida, el aplauso fácil, las emociones a flor de piel... Martí criticó el espíritu de una nación con exagerado morbo en aquel suceso. El viernes Martí estuvo en Rancho Bolleros.