Mostrando entradas con la etiqueta Rodolfo Rodríguez Benítez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rodolfo Rodríguez Benítez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de noviembre de 2018

“La descendencia escondida de Céspedes en Contramaestre”



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

El 22  de enero de 1874  Carlos Manuel de Céspedes tiene la primera vista del río “Contramaestre”, en un lugar llamado “Lajial”; allí baña su cuerpo por vez primera en las frías aguas.  Luego continúa camino a San Lorenzo, adonde llega el 23 de enero de 1874 a las 8:30 de la mañana.  En aquel lugar encuentra su último amor en una de las pocetas del Contramaestre:  Francisca Rodríguez Gómez (Panchita), una muchacha de 15 años.

De la relación de Panchita con Céspedes nació un hijo, Manuel Francisco;  que no pudo llevar en vida el apellido del padre; pero era llamado cariñosamente por sus cercanos, Manuel de Céspedes. En realidad fue registrado con los apellidos de la madre en Santiago de Cuba. Con la mayoría de edad se mudó a Palma Soriano, hasta allí llegó su hermano Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, años después   y lo ayudó para que estableciera un pequeño comercio;  incluso quiso iniciar un proceso legal para que adoptara  el apellido de su padre, pero Manuel no quiso hacerlo por razones muy personales vinculadas al honor de su madre. Por esa razón, toda la descendencia que tiene  Manuel lleva el apellido Rodríguez,  cuando en verdad, por razones de sangre, debería ser “Céspedes”.

Manuel contrajo matrimonio con Ana María Estrada  y tuvo seis  hijos; el primero de los cuales  lo llamó, Amado Oscar, en memoria  del hermano  fusilado en 1870.  Manuel Francisco Rodríguez  Gómez murió el 15 de octubre de 1921 en Palma Soriano. Un dato valioso, hasta ahora desconocido por nuestra historia, es que dos de sus retoños, José Manuel y María Carmela Rodríguez Estrada,  se establecieron en  el reparto San Luis (hoy Rodolfo Rodríguez ), a principios de la década del 50, del siglo XX.

José Manuel se casó en matrimonio con Artemia Benítez Ramírez.  Tuvo siete hijos; Ilsis María, Milagros, Carmen, Nilda, José Manuel, Aurelio, y uno de ellos, bautizado Rodolfo,  nacido el 15 de abril de 1938; sí, el del reparto que lleva su nombre;  el miembro de la célula de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio en Contramaestre; el responsable de la Bandera del 26 colocada sobre el techo de la tienda “La Libertad” el 20 de mayo de 1957; el rebelde la Columna número 3 del Tercer Frente Oriental, dirigido por Juan Almeida; el lector infatigable que siempre tenía en su mochila un libro de José Martí.

Por esos azares del destino, Rodolfo Rodríguez nunca supo la verdad sobre el padre de su abuelo; lo cierto es que al caer en combate el 23 de noviembre de 1958 en el poblado del Cristo, perteneciente a Santiago,  defendía orgulloso el apellido de su bisabuela Panchita. Si su abuelo Manuel hubiera legalizado aquella descendencia escondida, hablaríamos hoy de Rodolfo de Céspedes y Benítez;  y  sus hermanos no serían unos desconocidos para el pueblo de Cuba.

sábado, 30 de noviembre de 2013

A solas con mi madre en el cementerio

Camino al cementerio  la primera imagen que  aparece es un angelito; en un segundo plano brotan flores de pascua, y al final, erguida, se levanta la palma que ubica el lugar exacto donde está mi madre.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

No pude visitar, este 28 de noviembre, el cementerio donde está mi madre enterrada;  razones laborales me llevaron a Santiago de Cuba;  regresé bien tarde en la noche, por eso el 29, mi primera acción fue cumplir con el sagrado deber de llevarle flores, limpiar su tumba y conversar como siempre lo hicimos,  en un ambiente libre, sin las anulaciones que imponen cercanías poco constructivas, de seres regidos por goces triviales y muy parecidos espiritualmente a los insectos.
Camino al cementerio  la primera imagen que  aparece es un angelito; en un segundo plano brotan flores de pascua, y al final, erguida, se levanta la palma que ubica el lugar exacto donde está mi madre;  un rayo se enseñoreó con sus pencas y todo parece indicar que morirá. Madre no tendrá más en el futuro su sombra, al menos estarán las flores, las verdaderas flores nacidas del amor de los que no la olviden cada 28 de noviembre.

Al llegar, la yerba cubría la tumba, un pequeño ramillete de copetuas   yacía sobre  la jardinera; con tristeza supe que había sido mi padre el único en visitarla este 28; nadie más había dejado flores, ni se apreciaban huellas de visitantes. Puse mis flores en su memoria, y azada en mano limpié todo; afloraron los recuerdos, las visitas al río, el café en la madrugada, la sazón de su comida, los mimos  que me hacía cuando las derrotas me cercaban. ¡Cuánta falta me haces vieja!, mis enemigos florecen como ortiga, envenenan el aire con difamaciones; gracias a tus consejos obro recto y sigo fiel a la máxima que me enseñaste: “Pobre, pero honrado”.

Mis ojos recorrieron tus vecinos cercanos; a unos pasos   está  el sitio donde fuera enterrado el mártir del Moncada, Gregorio Careaga Medina; a continuación, Rodolfo Rodríguez Benítez, combatiente de la última lucha liberadora, junto a su adorable madre Artemia, que tantas veces me recibiera en su casa con una limonada; un poco más allá están los restos del comandante mambí, Rondón Barrero. Llamaron mi atención también un rosario de viejas tumbas abandonadas, sin nombres identificativos, acompañadas del rumor de la yerba y la aridez de la tierra.

Entre sepulcros memorables y  otros olvidados está mi madre. Respira en las alas del angelito, las flores de pascua y los héroes épicos que la acompañan. La humildad de su tumba nos recuerda, sobre todo a los hijos, que ella fue y es nuestra matrona ejemplar, la que siempre estaba cuando más falta nos hacía. Nunca debemos olvidar el permanente tributo que merecen sus restos mortuorios.
Sepulcro donde fuera enterrado el mártir del Moncada, Gregorio Careaga Medina.
.
Sepulcro donde están los restos de Rodolfo Rodríguez Benítez, combatiente de la última lucha liberadora, junto a su adorable madre Artemia.
Sepulcro donde reposan los restos del comandante mambí, Rondón Barrero.
Tumba abandonada acompañada del rumor de la yerba.
Tumba abandonada acompañada del rumor de la yerba.
Tumba abandonada acompañada por la aridez de la tierra.
Entre sepulcros memorables y  otros olvidados está mi madre.
La humildad de su tumba nos recuerda, sobre todo a los hijos, que ella fue y es nuestra matrona ejemplar, la que siempre estaba cuando más falta nos hacía.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales, ni comentarios anónimos. Revise su comentario antes de ponerlo, comparta su identidad y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables éticos por su contenido.