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lunes, 24 de septiembre de 2012

Sálvese el que pueda o vergüenza contra dinero en la Cuba de hoy


“Una sociedad cerrada dentro de una conceptualística estalininista no tiene nada que decir o que hacer en el renovado planteamiento revolucionario socialista”. (Jame, Joel: 2012: 39)
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Las vanguardias ilustradas siempre han jugado un papel positivo o negativo en los cambios o retroceso sociales. Negarlo es un acto de ceguera política. Al leer Vergüenza contra dinero, ensayo lúcido, del fallecido Joel James Figarola, pienso una y otra vez en el rol del intelectual para orientar, criticar y enrumbar hacia caminos afortunados.

Libro escrito en la década de 1990, al calor de un mundo convulso; lleno de inseguridades; tildado de revisionista; sometido a valoraciones desacertadas, sin comprender el alcance de su meditación, más allá de tecnicismos, o mera retórica; obliga a pensar, cuánto camino se habría ahorrado la clase dirigente cubana para no llegar a la situación que transita hoy, casi en trance de suicido económico.

En aquel momento escribir un aserto como el siguiente era echar leña al fuego: en “una estructuración institucional aún no ajustada… como la nuestra”, pueden generarse fallas en los mecanismos de control, y por las mismas se “filtran los ingresos, opciones no autorizadas  de apropiación individual”. O sencillamente llamar la atención con una sentencia: “En todas partes hay gentes vendible y comprable, y entre nosotros también”. (Jame, Joel: 2012: 20). Fue una temprana alerta que casi nadie escuchó, o no quisieron hacerlo, sobre todo los adoctrinados en un marxismo de corte estalinista, que concebían al estado como algo omnímodo. Ante una evidencia tan clara, Figarola precisa: “Una sociedad cerrada dentro de una conceptualística estalininista no tiene nada que decir o que hacer en el renovado planteamiento revolucionario socialista”. (Jame, Joel: 2012: 39)

“Una teoría revolucionaria congruente con la experiencia mundial acumulada, nutrida en lo esencial  de un marxismo dialéctico y desprovisto de determinaciones místicas, habrá de laborar arduamente para situar la categoría  dictadura del proletariado en su justo lugar, evitando los riesgos casi irreversibles de que una aplicación mecanicista  y acrítica  de la misma conduzca a la hegemonía de sectores y mentalidades burocráticos dentro del cuerpo social; al otorgamiento al proletariado de capacidades de iniciativas por encima de las que en efecto pueda poseer en cada coyuntura concreta y sobre  que semejante pretendida dictadura sólo sirva, a la postre, para excluir o alejar del proyecto revolucionario otras clases o grupos con él comprometidos o identificados”. (Jame, Joel: 2012: 39)

Analizar como hombre de ciencias lo ocurrido en la década de 1960, y señalar los errores cometidos por la dirección de la revolución, un desafío, para una sociedad, acostumbrada a esperar ese tipo de conclusiones verticalmente: “ (…) fue equivocada la política de estatización extrema llevada a cabo, con una voluntad ideologizada, por la Revolución Cubana y que dentro de los resultados adversos y dañinos que todo ello acarreó, la afectación del campesinado como clase, constituyó uno de los más lamentables, conjuntamente  con la desaparición de la infraestructura  de servicios  en manos privadas que en esencia  se liquidó con la llamada ofensiva revolucionaria de 1968”. (Jame, Joel: 2012: 38-39)

Cuestionar abiertamente, a partir de un conjunto de interrogantes, a la dirección política de la revolución,  en aquellos cruciales años, es un modelo, para el intelectual cubano de hoy, sólo superado por su predecesor más ilustre, Ernesto Guevara: “¿Había que expropiar totalmente las fincas de más de cinco caballerías tal como lo decretó la Segunda Ley de Reforma Agraria?

“¿No era más prudente  dejar a los latifundistas  -en tránsito  de ya no serlo- la extensión máxima de cinco caballerías estipuladas por la ley? ¿No se hubiese  preservado así una continuidad en la producción agropecuaria  superior  a la que en realidad se obtuvo? ¿No hubiese sido una mejor estrategia  responsabilizar al sector privado con la alimentación de la población, y especializar al sector estatal en aquellas producciones  destinadas a la exportación?” (Jame, Joel: 2012: 38)

Sus reflexiones en torno un socialismo, ajustado a los intereses del cubano,  tienen notable vigencia:

“El socialismo, cuando sea, será obra de la mayor parte de la sociedad, la clase obrera dirija este proceso o no, depende de cómo se defina esta propia clase y cómo resuelva su comunicación interna entre los distintos segmentos que la integran”. (Jame, Joel: 2012: 39)

“El expediente del socialismo de Estado, inseparable de un alto grado de centralización y autoritarismo, no podrá equiparse jamás con un auténtico programa de estado socialista, de suyo humanista, consciente y desalienado, obra de la libre asociación de entidades productoras independientes”. (Jame, Joel: 2012: 40)

Cuatro ediciones se hicieron de Vergüenza contra dinero, libro seminal del pensamiento cubano. La primera, desparecida misteriosamente, sin el necesario debate que reclamaron estas ideas, en un momento esencial, de replanteamientos del camino a recorrer por la revolución. Joel James Figarola hace honor al aserto martiano de no soldadear a un lado de la batalla como un número más, sino como un crítico de la obra que ayudó a edificar. Tal vez por eso cierra el ensayo, apelando a una divisa ética, de profundo alcance: “Vergüenza contra dinero entre nosotros hoy se contiene dentro de la definición mayor de PATRIA O MUERTE”. (Jame, Joel: 2012: 42)

La lectura de Vergüenza contra dinero implica tener claridad de que Cuba necesita hoy, más que nunca en toda su historia, de intelectuales honestos, con una reflexión crítica desprejuiciada y comprometida con los cambios, sin olvidar el llamado de James Figarola a: “Dotar de empeños morales el empeño político…” (Jame, Joel: 2012: 7)

JAMES, JOEL (2012). Vergüenza contra dinero, Ediciones Santiago, Cuba.


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