Mostrando entradas con la etiqueta artistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta artistas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de diciembre de 2022

VIÑETAS TIERRA ADENTRO (NOSOTROS, LOS DEL 70)



Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Fuimos niños en una década que Ambrosio Fornet llamó gris, donde escritores y artistas fueron excomulgados de la vida pública. 

Crecimos escuchando hablar del año de la productividad, la educación...; de una zafra que cruzaría la colosal cifra de 10 millones y nos convertiría en la Suiza de América. 

Inauguramos escuelas. Éramos felices con eso del hombre nuevo;  tuvimos juguetes, comida y unas tradiciones que aún sobrevivían al cambio cultural de 1959. 

Nuestros abuelos, padres, creían en la familia como grupo donde se educaban los afectos y el virtuosismo. Querían un futuro donde estuviéramos unidos. 

Aprendimos que la casa era un refugio al que podíamos volver, en caso de naufragios en nuestras aventuras por la vida. 

Íbamos a las escuelas en el campo, las becas,  a aprender a trabajar, a crecer en la virtud, a ser útil. 

Nos enseñaron que la verdad era un bien necesario y había que expresarla con bravura, acompañada de hechos concretos.

A la universidad entramos cuando el comunismo se había venido al suelo en todo el mundo. Estudiamos una carrera porque era lo más importante que podía lograr un ser humano. 

No nos importaron las adversidades, todas las superamos y nos labramos un futuro, algunos ejerciendo las profesiones aprendidas, otros tomando el camino del aire, del mar. 

A todos nos golpeó con fuerza inaudita una crisis colosal llamada Período Especial. Nos quedamos sin ropas, zapatos. Nos pusimos como Quijote, pero seguimos con los sueños intactos y luchamos por conquistarlos. 

Un día, cuando pareció que habíamos dejado atrás toda locura, volvió con fuerza inaudita otra crisis, pero ya no éramos los mismos, ahora más viejos, menos rebeldes. 

La vida empezó a irse, tratamos de retenerla, pero la caída era meteórica, no había manera de conseguir un instante de paz, esperanza. 

Cruzamos el medio siglo y tenemos muy claro que ya no hay nada que hacer, sólo luchar por los sueños que aún nos quedan y olvidarnos de los quinquenios grises, que regresan otra vez para maldecir, escupir, difamar. 

A nosotros,  los del 70, sólo nos queda vivir.

martes, 21 de junio de 2022

ESTÁN DE MODA LOS LEOPOLDO ÁVILA (Opinión)


Por Arnoldo Fernández Verdecia
.

Parecen naturalizarse en las redes sociales. Si alguna vez ocultaron sus nombres en cierta revista para atacar a intelectuales y artistas, hoy repiten el mismo guion, pero en Facebook, Twitter, YouTube... 

Recuerdo como criticaron a Adalberto Álvarez, luego del 11 de julio; un artista que llevó a Cuba en su esencia más genuina y la defendió con una obra, considerada referente de nuestra Cultura popular.   

Lo mismo hacen una y otra vez con Silvio Rodríguez, al extremo de considerarlo un virtuoso de la Trova, pero equivocado en algunos temas de política. Esta gente llegan a enfrentar dos Silvio: el artista y el ser humano.  

Igual con Carlos Varela, denigrado al extremo con sendas etiquetas infamantes y considerado un desagradecido, cuando toda mi generación sabe que el Nomo siempre cantó así, con esa inconformidad ante lo malo que es necesario criticar desde el arte.   

Ahora lo hacen con Pablo Milanés, ya lo han hecho otras veces. Siempre que ha ejercido su opinión y la ha expresado públicamente sobre determinados asuntos, los Leopoldo Ávila salen a combatirlo, vierten cubos de heces sobre un artista que merece respeto por su obra.

En los municipios de Cuba es mucho peor, algunos funcionarios, no todos, se han convertido en fiscales de lo políticamente correcto y en nombre de sus dogmas apelan a la descalificación y al efecto infamante, para restarle credibilidad a artistas y escritores que se atreven a compartir públicamente sus opiniones de la realidad. 

Los funcionarios vestidos a lo Leopoldo Ávila, de seguir con su lenguaje de odio, falsas acusaciones, de fabricar enemigos donde no los hay, llevarán al proyecto revolucionario a un abismo del que nunca podrá regresar, sino se pone de moda la ética y el respeto al que piensa diferente y tiene la dignidad de expresarlo.  

Cuando se pretende imponer el pensamiento único, estamos en presencia de formas de fascismo encubiertas, igual cuando se exaltan los nacionalismos estrechos, al reducir conceptos culturales a intereses políticos y esgrimirlos demagógicamente en el espacio público, sea el digital o el analógico.   

¿Hacia dónde irá el proyecto sino tolera la diferencia, la crítica edificadora? ¿Qué pueden esperar artistas e intelectuales sino pueden expresarse públicamente en las redes sociales, en la vida cotidiana, en el trabajo, en el barrio, porque los Leopoldo Ávila están ahí para cuestionarlos, difamarlos? ¿Podrá haber sanación futura en el cuerpo vivo de la nación, sino se hace algo urgente por restañar el inmenso daño antropológico que ya sufrimos en términos culturales?

Artistas e intelectuales son líderes de opinión. Hay mucha gente menor queriéndolos ningunear, a costa de imponer en el imaginario de las redes sociales, en la vida cotidiana, que no merecen credibilidad porque le hacen el juego al enemigo, o sencillamente porque alguien les paga y es preciso desmoralizarlos para que nadie crea en ellos. 

Urge dialogar, funcionarios, artistas, escritores, pueblo, sentarnos a la mesa y sabernos escuchar, sin ninguneos, sin difamaciones, con respeto al otro. Hagamos un país donde quepamos todos, donde Pablo Milanés cante y regresemos ese día a casa con ganas de hacer, crecer, apreciar lo bello, sin esos Leopoldo Ávila tan enconados e incómodos que nos oscurecen la alegría.

jueves, 3 de mayo de 2018

No es tiempo de bufones




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoiente@gmail.com 

Siempre algún bufón sale a la calle a anunciarse ante los incrédulos;  comenta noticias, amplifica historias; es feliz con ese modo de ser, no imagina otra manera de vivir que no sea la de generar lo que me atrevo a llamar, “efecto infamante”.

Algunos ingenuos, también anacoretas, reproducen ese esquema de información y al final pierde la cultura, la historia, la vida misma. Artistas y escritores terminan divididos por esa labia venenosa; no hay manera de separar el trigo de la paja; el pueblo mismo no puede encontrarse en la diversidad.

El bufón imagina la grandeza del toro, quiere su brillo, la fuerza de su empuje;  pero de tanto inflarse y contemplar  la imagen en el charco, termina explotando como nigua perdida en el monte.

Día por día atrae a las cornetas chinas portadoras de sus megalomanías. Suenan en todos los lugares del pueblo; algunos oídos son tragados por esa cloaca sin obra, ni sentidos; necesitada de grandeza, no importa el precio, los que una vez fueron amigos, amigas.

Siempre habrá bufones que hagan del hombre un estado inalcanzable, del poeta un semidiós, del político, alguien irrepetible.

A veces el bufón hace falta, pero hay que saber usarlo, porque con el tiempo se vuelve peligroso y puede convertirse en un dictadorcillo huracanado, soltando veneno allá, acá, y donde antes hubo un pueblo vigoroso, instituciones unidas, intelectuales sensibles; puede germinar la semilla de la discordia, la desidia, la repartición de “falsos méritos”, en fin, eso que José Ingenieros llama “la fuerza del rebaño, el reino de la costumbre”.

Son tiempos de unirnos en las diferencias, respetando a los otros, con los ideales susceptibles de ser mejorados;  pero con una certeza irrefutable: si dejamos a los bufones estrenarse en el teatro de los días, terminaremos  fajados a  trompones, creyendo enemigos a los que siempre han estado a nuestro lado haciendo Patria, Cultura.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales, ni comentarios anónimos. Revise su comentario antes de ponerlo, comparta su identidad y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables éticos por su contenido.