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domingo, 25 de agosto de 2019

Año X del Caracol de agua

Editor del Cubo oriental conversa con Arnoldo.
Por Olber Gutiérrez (Escritor y periodista)
“CARACOL DE AGUA” llega a su décimo año. El editor de “EL CUBO ORIENTAL” saluda al hermano mayor queriendo que vengan otras cuantas décadas más para el proyecto de Arnoldo Fernández Verdecia.

“CARACOL….” no es solamente una paginita de Internet: es un universo virtual de la realidad del Contramaestre, es una puerta para que el de otro mundo, importando poco nacionalidad o idioma, pueda darse una probadita de Tierra Adentro, bien cubana y santiaguera.

El hermano pequeño agradece los consejos de hermano grande que ya cuenta con sus dos lustros y va por más. No quiere copiar las cosas que hace éste sino que tomando su ejemplo innove el pensamiento en bruto, dormido.

¡Felicidades desde la frontera con el Caribe como lo es la costa Guamense para el blog mas fiel a sus raíces que ha nacido en la patria de Martí!

Olber Gutiérrez Fernández, 24 de agosto de 2019, 11 y 50 am

viernes, 13 de abril de 2018

¿La “Sociedad civil cubana” está perdida?




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

En una conversación de Café, un grupo de jóvenes decía que la “Sociedad civil cubana estaba perdida”, que debían enfocarse en asuntos más personales, menos públicos, porque no valía la pena participar. Con aguda crítica les dije, “no vale la pena sentirse excluido, mejor el diálogo de los problemas entre cubanos, instituciones nuestras, que la mea culpa señalada por otros”. “Compadre estás envejeciendo, -dijo uno-, la realidad es que hacia lo externo somos una cosa, brillamos, pero hacia lo interno, andamos muy mal, los valores extraviados, la gente no respeta el derecho, ni de los animales; la corrupción anda campeando hace años y no hay forma de ponerle coto. ¿Qué hacer ante situaciones así?, ¿participar?, ¿para qué?, ¿si a Esteban Morales, un monstruo en las relaciones Cuba-Estados Unidos, economista brillante, lo silenciaron por participar con criterios revolucionarios?”. Volví a la carga y riposté, “Cuba es una país en paz, debemos mantener eso a toda costa;  no dar margen al fantasma del caos. Río revuelto, ganancia de pescadores extraños. Los tiempos obligan a la inteligencia. Confío en la capacidad de los elegidos para asumir la complejidad, encausarla e intentar el cauce ético más profundo, “ese sol del mundo moral”, como diría el poeta y crítico Cintio Vitier Bolaños. Debemos empezar, proseguí mi argumentación, por nosotros mismos, tener la capacidad de convivir con los que piensan diferente, pero saber decir las cosas, señalar los problemas, salirnos de la retórica oscura que oculta las dificultades; creo que necesitamos profundizar la revolución en aquellos problemas aún no resueltos, la vivienda, los viales, la tierra misma, la calidad moral de las personas, hacer que la gente regrese al campo, se sienta dueña de lo suyo, que lo ame, lo defienda, enseñe a los otros a hacerlo. Necesitamos más que nunca un ejercicio cívico de la comunidad en las escuelas primarias, la enseñanza de la historia local en las educaciones preescolar y primaria;  sino formamos patriotas capaces de amar las raíces, ¿qué tipo de cubanos tomarán el futuro, lo moldearán, lo construirán? “Compadre, dijo otro de los jóvenes-, a nadie le importa el barrio, es cosa de gente vieja, así lo dice Lorenzo Lunar en un libro titulado “El barrio en llamas”. La gente anda metida en los alcoholes, la lucha del pan de cada día, en cómo me visto mejor, cómo puedo tener un celular de los mejores. Así anda el cubano men, sobre todo nosotros los jóvenes. Para conquistar una jevita tienes que tener una montaña de fulas, porque si no es así, no va a ningún lado contigo”. Otra vez el camino cerrado, la angustia. Llegaron las tazas con aquella tisana llamada café, cada cual lo apuró según sus intereses. Hablamos de la “verdadera Ruta Funeraria de José Martí”, la ignorada por millones de cubanos;  el Obelisco perdido en San Lorenzo a Carlos Manuel de Céspedes;  pero aquellos muchachos necesitaban vender cupones de navegación,  querían mejorar el día y uno empezó a hablar en inglés, porque el futuro estaba en diciembre de 2018 y él quería sentirse turista en cualquier tierra, menos en la cubana.   

miércoles, 11 de octubre de 2017

El vendedor de harina criolla




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

“Hay harina criolla”. “Hay harina criolla”. Así lo repite muchas veces, siempre que asoman personas a ventanas, puertas o sencillamente cuando  quiere llamar la atención de los que todavía no se enteran de su presencia. Día por día aparece en el mismo horario, entre diez y doce, así que uno lo espera para  reforzar el almuerzo con frituras, bollo de maíz o harina. Se ha convertido en un personaje imprescindible en el barrio. Su divisa principal: “Harina de maíz, bien sancochada.  ¡Calidad!. No gano nada con estafar a la gente. ¿Qué me queda como vendedor si me compran una vez y no los hago mis clientes leales?”. Es un hombrecito de un metro 48 centímetros,  respetuoso de sus clientes, ellos siempre tienen la razón. El envase donde trae la mercancía refulge de limpio. Donde una vez hubo leche condensada, sirve de medida para comercializar el producto. Lo vende a dos pesos cubanos;  así que es un alimento para sacar de apuros a los más humildes;  siempre se puede contar con su venida diaria. “Hay harina criolla”. “Hay harina criolla”. Ya uno disfruta su manera de pregonar; a veces suena triste, otras alegre, depende del estado de ánimo de su comunicador. Lo cierto es que forma parte del repertorio de sonidos agradables al oído cada día de la semana.  Personas como este pregonero, ayudan a oxigenar el imaginario colectivo;  forman parte de una cultura popular viva, que viene de tiempos ancestrales, trae de regreso a generosos mulatos, allá por la colonia, que salían a los pueblos a vender frutas y dulces. En la memoria de cualquier cubano es normal tararear estos estribillos, devenidos luego famosos pregones: “Vendo rico mango de mamey. Quién quiere comprarme frutas sabrosas, marañones y mamoncillos del Caney”. “Traigo yuca, berenjena y mazorcas de maíz”. “El dulcerito llegó / y yo le voy a comprar /la panetela borracha / y el sabroso cusubé,/ el coco acaramelado / como le gusta a usted.” ““Si tomas guarapo por la madrugá.../lo bueno se queda y lo malo se va” y este ´Pregón santiaguero, conocida popularmente como “Harina de maíz criolla”. Nuestro pregonero se vale de esa letra y ritmo, para comunicar su mercancía desde una forma genuinamente cubana.


jueves, 13 de febrero de 2014

Conducta: más rebeldes con lo malo de la sociedad cubana de hoy*

 
Más rebeldes con lo malo que queda en la sociedad cubana de hoy.
Por Ángel del Toro Fonseca. 

Desde mi humilde mirada de comunicador social he percibido hechos de la  Cuba que me vio nacer, que me han marcado para siempre. Unos me han hecho más patriota; otros me han motivado a la rebeldía a la que me dio derecho el país, que mis padres y yo mismo nos ganamos con sudor. Pero hoy, a la luz del filme “Conducta”, me parece que se han conciliado en mí los dos procesos: creo que soy más patriota, por ser participe del mensaje de Ernesto Daranas (su director y guionista), y al mismo tiempo, más rebelde con lo malo que queda en la sociedad cubana de hoy.

Desde la crisis de los años 90 en Cuba aprendí de Cintio Vitier que los odiados “balseros”  eran y siguen siendo nuestros hermanos, primos, amigos, ecobios, correligionarios, soldados de mi escuadra, socios del barrio, parte del grito del jonrón o el nocaut, o competidores fraternales del último pasillo con Pupi  Pedroso.

De la misma manera, la noche del pasado sábado en el cine Belic de mi Contramaestre, los protagonistas de “Conducta”: Chala y su maestra, la madre alcohólica, el casi padre que peleaba perros, unos niños sumamente inteligentes, los holguineros “palestinos” en La Habana, las imágenes de las calles de esa ciudad patrimonial,  tan vieja como tan sabrosa; me hicieron comprender que ninguno de los que vivimos en esta isla podemos desentendernos de la Cuba profunda, esa de los barrios “duros” en donde se bebe alcohol rebajado con agua, en donde la “bolita” hace de las suyas e involucra a niños; pero en donde también nacen seres humanos que aman a las palomas, crecen intercambiando puñetazos con la vida y  cuidan de sus familias sin que nadie se los imponga.

 
 “Conducta” me hizo comprender mejor porque los cubanos que aspiramos a dejar una huella digna en esta nación y en los hijos que procreamos. No podemos desentendernos de esas duras realidades en un país que trabaja duro por salir de los apretones que nos imponen desde afuera e intentamos solucionar errores que, como humanos, cometemos aun.

Dura paradoja, en esa misma sala de cine de Contramaestre, donde se estrenó “Conducta” y mi esposa lloró durante casi una hora, solo estaban unas 30 personas. Dura paradoja, me dije, cuando al abandonar el lugar avisté a decenas de niños en las calles a las 10 de la noche necesitados de un buen consejo, una buena madre o quizás una  maestra de alta calidad humana.

“Conducta” se exhibe en el cine Bélic de Contramaestre toda esta semana. Las impresiones de todo tipo llueven. El reconocimiento de decenas de padres y algunos adolescentes de que el maestro merece un altar ante el cual pidamos no su adoración  divina, sino su renovada salud, es un reclamo necesario.

Como quiera que sea, desde las entrañas de Cuba y a pesar de los pesares, yo apuesto por niños como Chala, para los cuales siempre hay otro chance en cualquier escuela y así puedan reencontrarse con lo más hermoso de la Revolución. Apuesto definitivamente por un país que sigue dispuesto a admirar con devoción a sus maestros.


Publicado originalmente con el título: Conducta: una lección desde las entrañas de Cuba, en http://citaconangel.blogspot.com/2014/02/conducta-una-leccion-desde-las-entranas.html

lunes, 7 de octubre de 2013

Cine: una pelea cubana contra el DVD

En el cine de mi pueblo ya no se proyectan películas. Ahora solo sirve de escenario a cómicos y cirqueros.

Por Osmar Barrios Mora (Realizador de audiovisuales y promotor cultural)

En el cine de mi pueblo ya no se proyectan películas. Ahora solo sirve de escenario a cómicos y cirqueros. Lejanos están los tiempos en que luego de largas colas para entrar, disfrutábamos con los estrenos de filmes espectaculares que el tiempo convertiría después en clásicos.

Atrás quedaron la magia, la emoción de ver iluminarse la pantalla. Los jóvenes perdieron el espacio para sus citas amorosas. Hace poco participé en una tertulia donde se trató el tema del cine (La industria, no el local) y llegamos a una conclusión demoledora: Hemos perdido el gusto por la sala oscura.

¿Por qué el cine ya no atrae a la gente? Pienso que se debe en lo fundamental a los pobres presupuestos que se destinan a la industria nacional. Los obsoletos proyectores de la era soviética ya no cumplen su cometido, y los nuevos que están en el mercado resultan demasiado “caros” a la mentalidad ahorradora que cultivamos. Súmese a ello el estado deplorable de muchas salas cinematográficas, su lunetario, el sistema de audio, la ventilación; en fin, el abandono. Un aparte para las propuestas que distribuye el ICAIC. Son filmes desfasados y en su gran mayoría, de bajo nivel estético.

En estos tiempos de gran desarrollo tecnológico, el espectador cubano prefiere quedarse en casa a disfrutar de su película favorita. No tiene que comprar ticket para entrar, terminaron las largas colas, no necesita compañía. Se ha convertido en un espectador privado. Ha transformado el lunetario en un cómodo butacón, el sonido le llega a través de los cinco canales de audio de su teatro en casa, controla la temperatura en modernos ventiladores, y el clásico proyector deja libre el camino al consabido DVD. Resta solo cargar la memoria flash con cualquier bodrio que acaba de llegar en el paquete de la semana.

Recientemente le comenté mi preocupación a un amigo, gran conocedor del séptimo arte y me afirmó: “El cine no va a morir”. Su lacónica respuesta me dejó reflexionando ¿Se refería a la industria del entretenimiento o al cine de mi pueblo? Si hablaba del último tengo mis dudas, porque para mí hace mucho que murió.


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