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jueves, 9 de octubre de 2014

¿Quitar bueyes y poner tractores, cambiará la mentalidad de los cubanos?



 
Quitamos los bueyes y ponemos tractores si no cambian su mentalidad...
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu 

Miedo al cambio, pudiera ser la barrera más importante que tienen los seres humanos que laboran con  el Estado en Cuba, no toleran el entramado social naciente que ya impacta  las formas de entender el mundo, por eso se aferran a lo viejo, a resoluciones mutiladas por las complejas realidades que se imponen objetivamente.

No admiten lo renovador, la queja aparece en sus labios permanentemente, siguen atados al poste de que el OTRO OMNIPOTENTE debe solucionarle sus problemas;  con esa filosofía a cuestas nadan las aguas de la actualización del modelo, con ellos hay que seguir arando la tierra, son los mismos bueyes, no tienen reposición.

A veces me pregunto: ¿Por qué una utopía tan noble como el Socialismo, genera individuos incapaces, aferrados a lo viejo, para no dejar que otros muevan la palanca de Arquímedes?

Aprecio el mundo y  en todas las experiencias socialistas vividas, ocurrió algo similar, la gente no se atrevía a violar sus fronteras simbólicas y personales; por eso la mejor manera de llamarlos actualmente es acudiendo a un término sociológico de larga data: anomia. Simulan creer, aunque en la vida real, son otros, interesados más bien en proteger la vieja finca donde recogen lo que su experiencia ha sembrado. No tienen ojos para los experimentos; pueden acabarlos con el modus vivendi construido en lustros de resistencia a toda renovación.

La ciencia para ellos es propia de seres humanos que no tienen problemas materiales, pues viven en una burbuja y no tienen sentido del momento, por eso los combaten a sangre y fuego, incluso acuden a la desidia para desmoralizarlos ante el superior y hacer añicos sus proyectos. 

Alguien cercano me dijo: PUES QUITAMOS A LOS BUEYES Y PONEMOS TRACTORES. SI NO CAMBIAN SU MENTALIDAD, PUES CAMBIAMOS A LAS PERSONAS: SENCILLO, ¿VERDAD?”. Lo más difícil es cambiar a las personas, pero no queda otro camino que ese, las herramientas pueden sustituirse con mayor facilidad, las personas tienen hábitos, estrategias de sobrevivencia;  a la hora de la verdad se aferran a ellas y llegan a satanizar los cambios cuantitativos y cualitativos, no hay dialéctica posible, aunque juraron una Constitución acogida al Materialismo dialéctico.

Cuba cada vez es más compleja desde el punto de vista social, el capital simbólico de una historia de fracturas y hallazgos es patrimonio intangible de la nación, sin embargo, me pregunto: ¿Hacer tabula rasa es la opción? ¿Negarlo todo sin conocerlo es la más sabia de las elecciones? ¿El oportunismo es el camino de los extremistas? ¿Quedarán extremistas nobles? 

Tengo más interrogantes en mi cabeza negadora, pero basta; el puente al futuro es largo, muchos quedaremos en el intento de cruzarlo; compañeros de viaje serán los primeros en acuchillarnos; la esperanza es una paloma al otro lado; seguir es el dilema, mientras otros retardan lo que nadie sabe cómo será. Reina la oscuridad, ganancia de pescadores, pero hay que hacer lumbre y cruzar la antorcha. El futuro pertenece a los que perseveran y triunfan en el empeño de construir un mundo mejor.  

miércoles, 29 de agosto de 2012

“Esos son los bueyes que tenemos”


Cuba no podrá actualizarse  con esos bueyes, harán falta muchos toros para conseguirlo.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Una metáfora pecuaria parece señalar algunas realidades de la Cuba profunda: “Esos son los bueyes que tenemos”. Un buen amigo, jefe por muchos años me la dijo, muy en serio, muy en broma. ¿Qué sentidos tiene la misma para el cubano?

Identificar problemas, definir planes para solucionarlos y hacerlos realidad es tarea ingente, en una nación que pretende reorientar el navío, ante un posible naufragio de impredecibles consecuencias económicas y sociales.

Abiertamente la dirección de la revolución ha reconocido la existencia de una burocracia mediocre, que lo frena todo, interesada sólo en proteger privilegios e intereses. El pueblo la tiene bien caracterizada, pero, a veces, no le queda más remedio que acudir a la frase: “Esos son los bueyes que tenemos”.

También alude a la incapacidad de algunos funcionarios administrativos que llevan años empoltronados y no hacen nada por superarse, ser creativos, instrumentar modelos de dirección democráticos, y suelen ser déspotas en su comportamiento. El cubano los tiene bien identificados, pero ante la rémora de no cambiarlos, sólo le queda auxiliarse de la popular frase: “Esos son los bueyes que tenemos”.

Digo bueyes en el sentido biológico, pues acá en Cuba a los toros, que no se dejan domesticar por sus amos, se les capa, y ello determina un proceso que los hace dóciles y aptos para el trabajo. No causan más problemas a sus amos y sirven incondicionalmente hasta la muerte. No sienten preocupación por alguna novilla, de estampa elegante, interesada en sus ofertas seminales. Tal vez en este acto indigno que sufre el toro, el cubano encuentra importantes sentidos para caracterizar lo imposible, sin caer en el pecado de lo absoluto, pues siempre hay individualidades que marcan la diferencia. “Esos son los bueyes que tenemos”. Hombres doctos y hombres ligeros la pronuncian.

Jorge Mañach, desde su Indagación al choteo, nos recuerda: “Si la mediocridad  es tan tolerada en Cuba, es porque la intolerancia supone una autoridad, cosa repulsiva en sí. El cubano la rechaza como rechaza  toda superstición, todo dogma o beatería”. (Mañach, J: 1999, 76) Nada mejor entonces que una metáfora pecuaria, para rebajarles el prurito a esos bueyes que  pretenden mover la palanca de Arquímedes. Cuba no podrá actualizarse  con esos bueyes, harán falta muchos toros para conseguirlo.
 


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