Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
Miedo al cambio, pudiera ser la barrera más importante que tienen los seres humanos que laboran con el Estado en Cuba, no toleran el entramado social naciente que ya impacta las formas de entender el mundo, por eso se aferran a lo viejo, a resoluciones mutiladas por las complejas realidades que se imponen objetivamente.
Miedo al cambio, pudiera ser la barrera más importante que tienen los seres humanos que laboran con el Estado en Cuba, no toleran el entramado social naciente que ya impacta las formas de entender el mundo, por eso se aferran a lo viejo, a resoluciones mutiladas por las complejas realidades que se imponen objetivamente.
No admiten lo renovador, la queja aparece en sus labios permanentemente, siguen atados al poste de que el OTRO OMNIPOTENTE debe solucionarle sus problemas; con esa filosofía a cuestas nadan las aguas de la actualización del modelo, con ellos hay que seguir arando la tierra, son los mismos bueyes, no tienen reposición.
A veces me pregunto: ¿Por qué una utopía tan noble como el Socialismo, genera individuos incapaces, aferrados a lo viejo, para no dejar que otros muevan la palanca de Arquímedes?
Aprecio el mundo y en todas las experiencias socialistas vividas, ocurrió algo similar, la gente no se atrevía a violar sus fronteras simbólicas y personales; por eso la mejor manera de llamarlos actualmente es acudiendo a un término sociológico de larga data: anomia. Simulan creer, aunque en la vida real, son otros, interesados más bien en proteger la vieja finca donde recogen lo que su experiencia ha sembrado. No tienen ojos para los experimentos; pueden acabarlos con el modus vivendi construido en lustros de resistencia a toda renovación.
La ciencia para ellos es propia de seres humanos que no tienen problemas materiales, pues viven en una burbuja y no tienen sentido del momento, por eso los combaten a sangre y fuego, incluso acuden a la desidia para desmoralizarlos ante el superior y hacer añicos sus proyectos.
Alguien cercano me dijo: “PUES QUITAMOS A LOS BUEYES Y PONEMOS TRACTORES. SI NO CAMBIAN SU MENTALIDAD, PUES CAMBIAMOS A LAS PERSONAS: SENCILLO, ¿VERDAD?”. Lo más difícil es cambiar a las personas, pero no queda otro camino que ese, las herramientas pueden sustituirse con mayor facilidad, las personas tienen hábitos, estrategias de sobrevivencia; a la hora de la verdad se aferran a ellas y llegan a satanizar los cambios cuantitativos y cualitativos, no hay dialéctica posible, aunque juraron una Constitución acogida al Materialismo dialéctico.
Cuba cada vez es más compleja desde el punto de vista social, el capital simbólico de una historia de fracturas y hallazgos es patrimonio intangible de la nación, sin embargo, me pregunto: ¿Hacer tabula rasa es la opción? ¿Negarlo todo sin conocerlo es la más sabia de las elecciones? ¿El oportunismo es el camino de los extremistas? ¿Quedarán extremistas nobles?
Tengo más interrogantes en mi cabeza negadora, pero basta; el puente al futuro es largo, muchos quedaremos en el intento de cruzarlo; compañeros de viaje serán los primeros en acuchillarnos; la esperanza es una paloma al otro lado; seguir es el dilema, mientras otros retardan lo que nadie sabe cómo será. Reina la oscuridad, ganancia de pescadores, pero hay que hacer lumbre y cruzar la antorcha. El futuro pertenece a los que perseveran y triunfan en el empeño de construir un mundo mejor.

