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jueves, 3 de enero de 2019

El asado de mi gallina blanca



Cuatro meses bastaron para cebarla, era casi una amiga, me veía ante la jaula  y cloqueaba con belleza; no quise ver como mi vecino ponía fin a su vida, pero tenía el propósito de meterla en una pequeña vara y asarla a la antigua: leños secos, condimentados con azúcar parda y Dimensión Latina junto a Oscar de León,  sonando sabroso.

Sus plumas, como la nieve, fueron a un saco de nylon; asomó el cuerpo desnudo, el amarrillo del gordo a la vista.  Las vísceras las extraje con cuidado, luego la colgué a escurrir, como si fuera un puerco hermoso, cuando en verdad era una gallina familiar al alma de un lugareño que todavía siente su partida.  

Crucé una cerca brava, por un momento, los alambres me aguantaron, pero finalmente el objetivo, el saco de carbón en mis hombros, nuevamente el cruce, mi pantalón enganchado,  el hoyo exacto, los carbones bien colocados, las llamas tomando el tiempo,  entonces comenzó el hechizo de la vara; como los aborígenes, me senté en una piedra, mientras veía dorarse el cuerpo de aquel ser que cloqueaba en las mañanas y comía golosa de mis manos, esas manos que hoy la necesitan, porque una “mascota”, es difícil olvidarla.

En mi patio reina el silencio. La jaula todavía conserva las huellas de la gallina blanca, mi amiga de las mañanas, las tardes;  nunca más estará, en su lugar “San Francisco”, uno de mis gallos legionarios. Desde allí trina fuerte, ya no vive en el pequeño espacio donde su libertad era limitada, ahora siente que puede aletear y comunicar sus campanadas sin las rejas enmohecidas.

La  vara gira,  apenas unos toques. La música eleva, tonifica el espíritu abrumado. El fuego bravo danza; huele a comino, naranja agria, ajos;  se esparce  en  la noche magnífica;  al transcurrir tres horas y veinte minutos, la señal. No más gallina blanca, sólo un hombre el 31 de diciembre de 2018 ante una mesa, comiendo sus carnes con ñame, lechuga, congrí y tomates. 





sábado, 9 de noviembre de 2013

Metáforas del desarraigo en patio cubano

A la gallina no le quedó otra salida que renunciar a la libertad conquistada y someterse a los dictados de su primer rey.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu 

Una de mis gallinas, aquí en Cuba, probó fortuna volando al patio más cercano; el rey la recibió a picotazos junto a sus cortesanas; no le quedó más remedio que abandonarse a la intemperie que cayó sobre ella de forma brutal.

Intentó refugiarse bajo el guardafangos de un viejo carro, pero allí llegó la turba y se ensañó nuevamente. Por un  instante se resignó, como si recibir golpes fuera normal y resistirlo algo propio de una gallina que se atreve a volar de su patio.

Llegó el momento en que decidió trepar a un frondoso cafeto y hacer su vida allí, condicionándome a ponerle agua y alimentos a su alcance para que no muriera en aquel retiro obligado. Los reyes no la querían en sus territorios bajo ninguna circunstancia.

A la gallina no le quedó otra salida que renunciar a la libertad conquistada y someterse a los dictados de su primer rey, que en actitud prepotente, picoteó huevos de su nido, bebió yema y clara  de cada uno de ellos y después tiró lejos los cascarones.

Desde el coliseo el resto de las gallinas aplaudieron ciegamente; nada mejor que un buen espectáculo para doblegar  a las rebeldes que se atreven a  salir del patio, sin pedir permiso a su majestad. 

viernes, 23 de agosto de 2013

Cuba cotidiana en fotos (IV parte)

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Diariamente hago un recorrido por la ciudad donde vivo, atento siempre a la palabra y la imagen anónima. A veces cargo una cámara prestada, nunca me falta la  grabadora; según un amigo, mis mejores armas en estos tiempos. Imágenes y palabras de la Cuba  cotidiana, la que vivo en esos recorridos, ahora en lo que nosotros llamamos campo adentro, quiero compartirlas a partir de hoy con los amigos de mi blog  Caracol de agua. Espere otras, en próximas entregas. 

Campesino  carga en brazos a su macota favorita.
Macota huye hacia su casa ante el cercano aguacero.
Macota se siente segura en su refugio.
Gallina recorre su territorio.
Pollera de nuestros campesinos.
Campesino rumbo a su casa ante el inminente aguacero.
Llovizna en el campo.
Llueve intensamente en el campo.
Pilón a la intemperie bajo la lluvia
Pilón y taburete a la intemperie después de la lluvia.
Atardecer en el campo cubano.


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