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jueves, 20 de octubre de 2022

SABOTEA MI CASA UN ENCAPUCHADO


Por Arnoldo Fernández Verdecia
 

Lo increíble sucedió hace unos minutos; tengo el sueño muy liviano,  por esa razón a las 3 y 35 de la madrugada un terrible olor puso en alerta mi olfato, salí de la cama a la velocidad de un rayo, desde las persianas pude ver a un encapuchado correr, perderse en el oscuro barranco que da al río Contramaestre.

En el piso de la sala numerosas gotas de un olor terrible, regué serrín, pero mi instinto me orientó abrir la puerta, al hacerlo, el piso del corredor, la puerta misma y la reja vilmente saboteadas con mierda.

Recordé que ese es el recurso principal de los cobardes, incapaces de actuar de frente y dialogar cuando existen problemas que duelen a todos y es deber criticarlos con honestidad.

Agarré el machete mambí de mi abuelo y un trabuco de anoncillo,  y mientras limpiaba,  pasó en varias ocasiones un motor con las luces apagadas por la manzana cercana a mi casa.

Montaré guardia extrema en lo adelante y al que coja, sea mandado por quien sea, el machete de mi abuelo está bien despalmadito esperándolo, lo blandiré a diestra y siniestra con la fuerza de un Antonio Maceo.

Así anda este pueblo, el de Martí, Virgilio Piñera, Lezama Lima...,  así anda Contramaestre en el Día de la Cultura Nacional. 

Nunca  en mi vida he violado las leyes, siempre he sido un ciudadano de bien que se expresa y comporta según los valores en los que cree. ¿Por qué tamaña afrenta?

A ese encapuchado que recibió órdenes o fue pagado por alguien para amedrentarme, un aforismo bien claro: "-Siempre hay un ojo que te ve y hablará".

sábado, 1 de julio de 2017

Soy un mambí incómodo, irredento


Peleo, sufro y me desgasto por la vida que quisiera para mí y los míos, desde aquí. Será “la utopía de las utopías” para algunos. O un sueño estúpido. Pero es el mío.

Por Luis Alberto García (Cuba) 

Soy un mambí incómodo. Insurrecto. Siempre irredento. Los que me quieren mucho, los que me quieren menos, los que me aborrecen y hasta los que no confían en mí, saben que acierto y yerro, siempre por convicción y no por compulsión. Es lo que hace que a diario ponga la cabeza en la almohada sin arrugas internas.

Si opino acerca de tantas cosas vitales y banales, y comparto aquellas que me mueven el piso en las escasas ocasiones en que consigo planear por Facebook, no quiero ni puedo ahora dejar de decir lo que pienso, sin presiones ni sugerencias y a mi manera, acerca de la obra protagonizada por el actual presidente estadounidense en un teatro de La Florida hace varios días:

No me gustó la locación, ni el nombre de la sala, ni el casting, ni la figuración, ni el contenido del libreto, ni la dramaturgia, ni las actuaciones, ni la labor de los asesores históricos (imagino que los hubo), ni la escenografía, ni la música. Los departamentos de vestuario y maquillaje funcionaron bien.

Se me antoja desde todo punto de vista, imposible, prestarle atención a un grupo de cubanos que asegura querer lo mejor para su gente y que pretenda hacerlo bajo una bandera y un himno que no son los de su país de origen. Está raro eso. Muy raro. No va conmigo. Hiede a anexionismo a 90 millas de distancia.

Si ese mismo grupo aplaude de manera harto entusiasta que a su gente la sigan hostigando y tratando de rendir por hambre y más miseria, automáticamente no comulgo con él. Y conmigo, una inmensa mayoría que en este archipiélago hemos pasado las verdes, las maduras y las podridas. De igual manera, me consta que hay cientos de miles de compatriotas diseminados por todo el mundo, que quieren que terminen la asfixia y el cerco a sus iguales, que dura ya varias décadas.

Que el grupo de actores y extras en aquel “motivito”, además, vitoree la vuelta a la larga noche de bravuconerías y ukases imperiales de Goliat contra David, asusta y lo descalifica por completo en sus esperanzas de incidir en la vida futura de su pueblo. Los pueblos tienen memoria de elefante. Y el odio es mala hierba.

Las cosas iban. Lentas, pero iban. Obama y Raúl respetando y, sobretodo, respetándose, lo consiguieron para bien de dos naciones, de dos pueblos. Pudiera decir que hasta para bien del continente. Más aun, de la Patagonia hasta Alaska.

Ahora nos regresaron al stop motion. Al dominó trancado con los dos equipos llenos de fichas gordas. Porque si Goliat se pone guapo, por muy grande que sea, David no come miedo. Como siempre ha sido.

Hay muchas cosas buenas que me emocionan de mi tierra. Y otras muchas no me agradan del país actual que habito. Peleo, sufro y me desgasto por la vida que quisiera para mí y los míos, desde aquí. Será “la utopía de las utopías” para algunos. O un sueño estúpido. Pero es el mío. Y en ese sueño, equivocado o no, la bandera tiene una sola estrella y suena el Himno de Bayamo. Y en él caben todos los nacidos bajo las palmas reales y sus descendientes, más allá de sus posturas ideológicas o políticas siempre y cuando piensen y defiendan de corazón, con hidalguía y sentido común, lo que será mejor, de verdad, para todos los cubanos. Aquello de “con todos y para el bien de todos” no es letra muerta.

No me gustaría en absoluto que el presidente cubano intentara bailar en casa del Trump. No lo ha hecho. Y no lo hará.

De la misma manera no quiero que el Trump quiera dirigir las coreografías en la casa mía. No tiene clave.

PD: Y ahora, vengan a por mí los talibanes de todas las denominaciones. Estoy listo. 

(Tomado de La Jiribilla)


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