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domingo, 9 de julio de 2017

Remanganaguas y su matrimonio de 58 años con el Socialismo Marxista Leninista de Cuba*




Por Arnoldo Fernández Verdecia y Antonio Isaac Hechavarría. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Hace unos años venimos estudiando en profundidad la historia de un pueblo de Cuba llamado Remanganaguas, que sólo se evoca en la actualidad,  porque allí se produjo el primer entierro de José Martí;  sin embargo  hubo un antes y un después, que inexplicablemente nadie se ocupó de estudiar. Aquel lugar, -hoy preterido-,  el Camino real lo atravesó completamente;  el sistema de correos de España lo usó como punto de cabalgadura, heliógrafo y telégrafo, es decir, el desarrollo se concibió a partir de las comunicaciones como motor fundamental.  Otro elemento que ayudó  fue la ocupación de la tierra, totalmente virgen, rica para el pastoreo de ganado mayor y menor, así como el establecimiento de fincas rústicas  especializadas en cultivos varios.

Al momento de llegar el cadáver de José Martí a Remanganaguas (20 de mayo de 1895), se contaba con tres comercios, traídos por migrantes de España que decidieron anclarse en la zona;  pero también existía un Fuerte con capacidad para 24 soldados permanentes, necesitados de esos servicios.  Desde el punto de vista ideológico, el control de la fe y las ideas corría a la cuenta de la Vicaria de Palma Soriano. El lugar contaba con sitios de culto católico, pero  también la muerte era otro de los terrenos  inspeccionados por la citada entidad religiosa, al tener un cementerio que prestó servicios a partir de la década de 1870 y se mantiene funcionando en la actualidad.

En el lugar existían cuatro grandes familias: los Sánchez, los Ferrán, los Benítez y los Gé; ellas son las depositarias fundamentales del capital simbólico de Remanganaguas. El Barrio gana su nombre con ellos. El sistema de partidos políticos establecido entre 1878-1895  gana adeptos allí. Liberales y conservadores se adversan en el mundo de la gestión política. Los principales problemas del Barrio se debaten y  solucionan en ese nuevo escenario. El cambio de metrópoli (de España a Estados Unidos), lo viven y valoran desde su pueblo.

Con la República (1902-1958) llegan otras familias y una de ellas cobra notoriedad extraordinaria: los Vila y su benefactor fundamental, Pedro, hombre emprendedor, de espíritu mercantilista,  une en matrimonio a sus hijos con figuras claves del mundo empresarial y político de la Provincia de Oriente, contrae así alianzas claves para impulsar el desarrollo que tiene previsto para la zona. En los Estados Unidos, compra una grúa de pesar ganado Máuser  y la instala en sus dominios que llegan a pasar las 50 hectáreas de tierra.

La confrontación se expresa durante la etapa republicana entre los Sánchez y los Vila;  los primeros controlan el comercio  de víveres, la Escuela pública no. 39 y el mundo simbólico que se construye en Remanganaguas por ser el primer lugar de Cuba donde el Apóstol Martí fue enterrado. Los Vila representan la libre gestión, el sueño de posicionarse a nivel nacional con rubros básicos como leche, quesos, cueros, carne, frijoles, maíz, viandas, carbón y caña de azúcar. Esos dos capitales, uno más bien simbólico, otro expresado en objetos tangibles, combaten por el control político del Barrio. Los Sánchez, unidos a los Benítez, los Ferrán, los Gé  y los Naranjo (nueva familia de migrantes), adversan a los Vila; incluso llegan hasta decisiones al más alto nivel en la capital de la Provincia Oriente, Santiago de Cuba y el fallo favorece a los primeros. En las cuestiones electorales, cuando surge la figura del alcalde de barrio, los candidatos que casi siempre se imponen pertenecen a la alianza encabezada por los Sánchez. Ellos piensan y conciben una Ruta turística para Remanganaguas, se valen de la prensa para promoverla a través de una campaña con varios artículos, editoriales y hasta una visita programada de periodistas de Palma Soriano al Barrio, para entender de primera mano, todos los beneficios económicos que  ello traería para el despegue definitivo de la economía. El sueño se concretaría en una carretera asfaltada, que enlazaría todos los puntos vinculados con el  recorrido del cadáver de José Martí y se bifurcaría hacia Palma y el próspero Contramaestre de la década del 40. Todo estaba calculado, era una idea, que requería una inversión a riesgo del Estado; las luchas electorales entre los candidatos harían de este punto el eje básico de sus programas.

En la década del 40 se concluye el Obelisco a José Martí en el cementerio del Barrio;  incluso en esos años se logra cambiar el nombre y pasa a llamarse Barrio José Martí. La inauguración oficial del Obelisco ocurre el 19 de mayo de 1953. Por allí pasan prominentes figuras del culto a Martí, interesadas en apropiarse de ese capital simbólico controlado por los Sánchez, para hacer carrera en la política; así llegan de visita un Jorge Mañach primero (1941) y un Eduardo Chibás (1947) después; ellos se creían ungidos por el espíritu del Apóstol y pretendían capitalizar el recurso simbólico  de la estancia de su cadáver en aquella tierra sagrada de la Patria.

Esa confrontación, en la búsqueda de un desarrollo endógeno para el Barrio, sería interrumpida por el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, que  con sus nuevos dirigentes instalados en Palma Soriano hasta 1976, no fueron capaces de hacer realidad el anhelo de la Ruta turística llamada “GRAN VÍA MARTIANA”  y cortaron de raíz, lo que hubiera podido ser un hito de la economía para toda la Provincia de Oriente. El Socialismo Marxista Leninista,  como alma de los nuevos cambios, no tuvo la capacidad de entender esa Historia y capitalizarla simbólicamente para sus intereses. Remanganaguas llegó a ser el tercer barrio más poblado de Palma Soriano en el censo de 1953, al  tener 11749 habitantes;  sin embargo,  en sólo 35 años, luego del  triunfo revolucionario, se produjo un éxodo masivo que finalmente dejó todo aquel hermoso capital simbólico, construido por los Sánchez,  orbitando en el más oscuro de los olvidos. A partir de 1976, con la División Política Administrativa, anexan Barrio José Martí al municipio Contramaestre y cartográficamente lo registran con su ancestral nombre: Remanganaguas;  de un plumazo fue borrado todo y uno se pegunta el por qué de algo así. Cuba vivía la década más dogmática de la historia revolucionaria, expresada en procesos como el “Quinquenio gris”, donde los militares quisieron probar fortuna en el terreno de la cultura y la historia.  Al parecer, esos ecos tuvieron su impacto en aquel Barrio, que había protegido celosamente el capital simbólico vinculado a Martí, como un preciado tesoro, desde el cual pensaron e intentaron conseguir un desarrollo  endógeno que los posicionara en la geografía insular.    

*Este artículo forma parte del libro “JOSÉ MARTÍ. EL APÓSTOL DE REMANGANAGUAS”,  inédito aún, que acabo de terminar en coautoría con Antonio Isaac Hechavarría


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