Por Arnoldo Fernández Verdecia.caracoldeaguaoriente@gmail.com
Quisiera ser cursi para nombrarte, pero
Martí me atosiga, no me deja evocar estrellas, joyas, frasecitas manidas. No me deja mostrarme en
las palabras hueras, las que otros han usado y
no sirven de nada.
Afuera la vida y yo adentro, queriendo ser
un Heredia que nunca he sido, aspirando el verso más elevado, cuando el mundo anda metido en joviales reguetones.
Ella ha sido la culpable, me ha dejado sin
amor en medio de los tormentosos días de
una isla, donde el púrpura manda y la gente come potajes, habla alto y cree en
el futuro, aunque puerta adentro, saben
que el mundo está a punto de irse por un botón que alguien puede apretar.
La calle abre su boca ancha, me traga.
Atrás veo el amor que pudo ser y no fue, los cuadernos que escribí y nunca
llegaron a sus labios. Me estoy muriendo de tanto vivir. La vida es un coñazo
de locura, tal vez una odisea sin esos arcángeles que una vez nos hicieron
imitarlos. Ya no hay Itaca, ni una Penélope que nos espere la vida entera.
El asteroide se desinfla. Mis palabras no
alcanzan a nombrarte, porque no quiero ponerme cursi, ni atolondrarme con
flautitas, ni trompos, creyendo que puedo volver a ser feliz, si las palabras huyeron este lunes de mi
alma.
Imágenes y palabras de la Cuba cotidiana, la
que vivo en esos recorridos, ahora en lo que nosotros llamamos campo
adentro, quiero compartirlas a partir de hoy con los amigos de mi blog
Caracol de agua. Espere otras, en próximas entregas.
Mariposas cubanas florecen en nuestros campos (I).
Mariposas cubanas florecen en nuestros campos (II).
Mariposas cubanas florecen en nuestros campos (III).
Mariposas cubanas florecen en nuestros campos (IV).
Mariposas cubanas florecen en nuestros campos (V).
“De
nosotros depende comenzar a crear a
nivel global los sistemas de información, cooperación, asociacionismo y
movilización que puedan enfrentar al monstruo”.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Hay
libros que se leen de un tirón, como decimos en buen cubano, y experimentamos
placer; pero hay otros que nos ponen la cabeza caliente, y su lectura nos convierte en seres críticos y
desconfiados. Este es el caso de Medios
violentos. Palabras e imágenes para
el odio y la guerra, de Pascual Serrano, publicado en Cuba, por la
Editorial José Martí.
Habitualmente
tengo, todos los sábados, un segmento de opinión dedicado a temas internacionales.
Por esa razón estoy obligado a revisar los diferentes formatos de información,
de los grandes medios, y de los alternativos. Cruzar ambas miradas me da la
posibilidad de comprender mejor muchos procesos, y desconfiar ante las agendas
mediáticas de diarios como el País o el Nuevo Herald.
El
libro Medios violentos. Palabras e imágenes para el odio y la guerra
tiene varios asertos que convocan, a todo aquel que se mueva en la órbita de lo
que se llama en Madrid Periodismo Preventivo, a estar alerta a la hora de buscar soluciones, identificar
actores, contextualizar la información, y por supuesto, contrastar las fuentes,
sobre la base de un rigor y una objetividad a prueba de moral.
Si
las cadenas mediáticas son cada vez más amorales a la hora de difundir sus
mensajes ante las múltiples audiencias, y la verdad depende de quién es el
dueño del medio o mejor quién paga, o a quiénes responden, entonces nuestro ojo
crítico debe permanecer abierto, pues en cualquier momento nos están vendiendo
una información como la relacionada con los 312 bebes del hospital kuwaití d
Addan. Los medios afirmaron que vieron a “soldados iraquíes que entraron al
hospital con sus fusiles, sacaron a los
bebes de las incubadoras y los dejaron morir en el suelo”.
Según
el autor de Medios violentos. Palabras e
imágenes para el odio y la guerra, el presidente Bush citó esta
historia seis veces en uno de sus
discursos. Se trató también en un foro internacional de la Organización de
Naciones Unidas (ONU), dos “días después esta organización aprobó la
intervención militar. El crimen de los bebes
de las incubadoras fue denunciado también por Amnistía Internacional, en
el documental aparece un testigo que explica
cómo amortajó a catorce niños”. (P.70-71)
Luego
se supo que todo fue creado a partir de una campaña en los medios con el nombre
Free Kuwait, financiado por una ONG, que se llama Ciudadanos por un Kuwait
Libre, que “aporta 10 millones de dólares a una empresa de publicidad
denominada Hill Nowton El ejecutivo de la empresa explica que como “la ciudadanía norteamericana no reaccionaba se preguntaron: ¿Qué podíamos
hacer para convencerles de que Saddam era un loco peligroso que había que
parar. Reconocen que organizaron el cuento de las incubadoras y llevaron como
testigo estrella a un adolescente que
después se descubre que es la hija del
embajador kuwaití en Estados Unidos, algo que ni los congresistas sabían”.
(p.71)
Ante
hechos como los narrados en el libro, Medios
violentos. Palabras e imágenes para el odio y la guerra, no nos queda otra
opción que desconfiar cuando nos dicen que Rober Mugabe es un dictador, o que
Fidel Castro es igual a Hitler, o que Chávez funda un imperio de petrodólares
que pone en peligro la seguridad de América. La pregunta sería ¿La obra humanista
de Fidel Castro en beneficio de grandes mayorías marginadas es igual a la obra
de sangre y asesinatos del canciller alemán Hitler? ¿La obra de Chávez responde a intereses
monopolistas o sencillamente apuesta por darle al pueblo oportunidades para
vivir mejor y darle otras alternativas?
Medios violentos. Palabras e imágenes
para el odio y la guerra, de Pascual
Serrano, nos propone una conclusión que no debemos ignorar: “De nosotros
depende comenzar a crear a nivel global
los sistemas de información, cooperación, asociacionismo y movilización que
puedan enfrentar al monstruo”. (p. 188)
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