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domingo, 8 de octubre de 2017

Ser como el Che Guevara no es una moda

 
Ser como el Che en el Tercer Milenio exige una gran resistencia sobre todas las cosas, la voluntad de serlo.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Al cumplirse el aniversario 89 del natalicio de Ernesto Guevara de la Serna (Che) y el 50 de su asesinato en Bolivia, es un buen momento para reflexionar sobre su vigencia ética, pues en la actual coyuntura que vive la nación cubana, se necesitan hombres y mujeres que asuman en todas sus dimensiones del comportamiento la máxima: “Ser como el Che”; pero evitando siempre la moda vacía, el recuerdo estéril. 

 Asumir al Che en su vigencia ética implica, sobre todas las cosas, estar a la altura de los tiempos,  preparado para comprender y actuar en correspondencia con los principios más elementales de un revolucionario crítico, sin la frase hecha, el dogma pétreo o el discurso sin sustancia. 

 Aspirar al Che como propósito no debe ser una mera fórmula para construir comunistas, sino una lucha perpetua por dialogar con el hombre, convencerlo desde el argumento inteligente, haciendo coincidir la palabra y los hechos en cada acción, si es revolucionaria en verdad. 

Ser como el Che en el Tercer Milenio exige una gran resistencia, sobre todas las cosas, la voluntad de serlo, pero ello es posible si en cada acción realizada está presente la impronta del deber ser, no para complacer al jefe inmediato, sino para  sentirse realizado más allá de la rutina estéril del cotidiano vivir, de la sobrevivencia limitadora. 

Proponer al Che como modelo de hombre del siglo XXI a los cubanos que quieran serlo de verdad, y no  imponerlo a los que rehúsen ese perfil ético. No debe ser una camisa de fuerza, sino un diálogo permanente, teniendo como base la verdad  y desde el conocimiento de la misma, construir razones para transformar la sociedad en beneficio de las mayorías. 

No debe ser una moda Ser como el Che, si en eso deriva, el modelo de ser humano al que aspiramos se pierde en la hojarasca de la mediocridad  y sólo sirve para el acto  estéril o la recordación superficial que hacemos los  14 de junio y los 8 de octubre de cada año.

 Ser como el Che implica la voluntad de querer serlo, sabiendo que ser como él es un gran reto, pues las brújulas orientan permanentemente a las leyes del mercado ciego que anulan la sensibilidad  y hacen del hombre un ser vacío de contenidos éticos y culturales. Si queremos un socialismo próspero y sustentable, el Che debe estar en los corazones y no en el cartel vacío llamando a serlo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Actualidad del apóstol de las libertades José Martí en el Tercer Milenio

 
Tres conceptos atraviesan toda su obra, y nos sirven de brújula ante los naufragios que el egoísmo, la intolerancia y la indiferencia traen consigo: Dignidad, Sensibilidad y Conocimiento.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Al cumplirse el aniversario 118 de la caída en combate del cubano José Martí, nuestro Héroe Nacional, pienso en la actualidad de su pensamiento  en este Tercer Milenio que nos toca vivir. En mi opinión, tres razones de peso, sin excluir otras por supuesto, determinan esa vigencia: el mundo moral, el antimperialismo conscientemente asumido y su vindicación del nativo.

En el caso de su mundo moral, tres conceptos atraviesan toda su obra, y nos sirven de brújula ante los naufragios que el egoísmo, la intolerancia y la indiferencia traen consigo: Dignidad, Sensibilidad y Conocimiento. Sin el primero, nadie puede elevarse, sentirse útil, creer en el otro, reconocerse en la diversidad a partir de sus valores personales. Sin el segundo (Sensibilidad), no es posible experimentar el dolor ajeno, colocarse en su lugar y desde esa experiencia luchar por un mundo mejor. Y sin el tercero (Conocimiento), no se pueden ejercitar los derechos conquistados por la humanidad en el devenir de la historia y nos convertimos en reos de caudillos, o esclavos del fanatismo.

Su antimperialismo conscientemente asumido es otra de las bases que nos lega Martí, para erguirnos en la diferencia con el vecino del norte, Estados Unidos, y comprender los milagros económicos de este coloso, pero también el oficio de águila que mueve el espíritu de su gente, regida por las leyes ciegas del mercado. Saber que un país de esa naturaleza tarde o temprano terminará por absorbernos en su seno, coloca en nuestras manos la honda de David y reedita mesiánicamente el mito  grande-pequeño, y las formas de evitar ser deglutido por ese gigante. 

Y finalmente debo referirme a su vindicación del cubano como pueblo, pues en toda su obra, a pesar de los 16 años y medio de vida, que sólo vivió en su patria natal, su obra pertenece por entero a la defensa de la cultura e identidad de los nacidos en esta isla del Caribe. Martí escribe para fortalecer la autoestima del nativo, para que comprenda sus fortalezas identitarias y conquiste toda la justicia posible, para que se reconozca en la diversidad de pueblos e identifique el alma de su nación y la multiplique con aportes que la hagan más habitable y solidaria, para que el hombre tenga libertad de pensar con cabeza propia y exprese dudas y certezas  de forma honrada, obviando el comportamiento hipócrita que lastra el espíritu.

Desde las dimensiones señaladas aquí se alza majestuoso José Martí, y sentado en el fuego de los tiempos, señala el camino a seguir para no torcernos en los rumbos inciertos de los pueblos que olvidan su identidad y cultura como soportes del futuro.


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