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sábado, 27 de octubre de 2012

En Cuba se pararon los relojes

“Ahora sí nos chivamos. En Cubase pararon los relojes”.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Ante la cercanía del huracán Sandy, fui hasta una de las panaderías del lugar donde vivo, aquí en Contramaestre. Había dos largas colas para comprar: una de mujeres y otra de hombres. Disputaban sobre la cantidad que debía venderse.

Apelaron a su condición de miembros de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR) y de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), para exigir a la administración de la entidad, trato justo en tiempos anormales, como el que se vivía, víspera del ciclón.  Hablaron de igualdad, igualitarismo, hicieron cálculos, mencionaron lineamientos económicos y sociales del VI Congreso.  

En medio de la confrontación, salió un individuo del local con una jaba repleta de panes. La ira desató palabras. Comentarios llovieron. La administradora, gorda de voz gruesa dijo que a ella le interesaba vender y no importaban cifras ni a quien. “Es uno de mis trabajadores, puede llevarse los panes que quiera”, señaló. Respuestas llegaron enseguida. “Todos los días lo hace. Con el salario no puede comprar esa cantidad”, dijo una viejecilla rebelde. El debate creció en intensidad. “Léase bien los lineamientos Señora, entonces comprenderá mejor nuestro proceder”, sentenció la directivo, en actitud de prepotencia que arrancó chiflidos a la muchedumbre.  

La viejecilla habló de su hoja de servicios a la Patria, de que esta es una Revolución hecha por los humildes y para los humildes. No podía obrarse así.  La administradora nuevamente cargó sobre ella. “A mí no me interesa su opinión, lo nuestro, es vender”.

La anciana narró su vivencia reciente en una placita estatal. Hizo cola para comprar puré de tomate a $15, pero enseguida se acabó. Dos cajas estaban a la vista. “¿Y esas para quiénes son?”, interrogó. “Para los trabajadores”, respondió el administrador, sentado tras una mesa donde hacía cálculos sobre las ventas realizadas.

Las experiencias sufridas durante el día, por aquella venerable anciana, determinaron su valoración final de los últimos cambios: “Ahora sí nos chivamos. En Cuba se pararon los relojes”. Acudía a una metáfora tecnológica para describir el mundo que duele hondo a un pueblo que no ha perdido la fe, pero sueña darle cuerda al tiempo.



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