miércoles, 31 de diciembre de 2025

LA QUIMERA DEL PLATO VACÍO📖🤔

Por Arnoldo Fernández Verdecia.

(A las personas de la tercera edad y a los niños, los que más sufren el plato vacío.)

El plato de comida diario era, en una familia cubana, lo más natural del mundo. Desayunar, almorzar y comer no eran solo hábitos: eran las dimensiones temporales de la vida doméstica. Hoy, sin embargo, el desayuno se ha vuelto algo lejano, casi imposible. Incluso el trago de café, tan indispensable en la cultura cubana, ha dejado de ser cotidiano por el precio especulativo del azúcar y del propio café.

El almuerzo también se aleja de la rutina diaria, porque ya no es fácil garantizar ni siquiera un menú sencillo: arroz, potaje y boniato, aquel almuerzo de pobres que antes nunca faltaba y que hoy resulta inalcanzable para la mayoría de los hogares. Un huevo frito en ese plato de media jornada se ha convertido en un lujo imposible para muchas familias.

¿Y qué decir de la comida? Cada vez son menos quienes pueden asegurarse una sopa o un vaso de leche, dos alimentos esenciales en la mesa de una población envejecida. La carne, en cualquiera de sus variantes, es un privilegio inaccesible; el pescado, impensable; y el postre pertenece ya al recuerdo de otros tiempos.

Las meriendas de la mañana y de la tarde desaparecieron de la vida ordinaria. El pan, la mantequilla, el queso y las frutas también se volvieron inalcanzables.

Cuando uno intenta comprender cómo vive y se alimenta el cubano humilde, descubre que esas tres dimensiones temporales que organizaban la alimentación —y los pequeños intermedios entre ellas— prácticamente han dejado de existir en la vida familiar. El orden doméstico está roto.

La crisis provocó el derrumbe de una cotidianidad donde muchas familias comen apenas una vez al día, y aun así, malamente. Un país no se sostiene con palabras: las palabras son aire y no llenan el plato de comida.

“Antes eras pobre, pero había comida en la casa”, dicen los abuelos. Hoy eres pobre y, además, te mueres de hambre.

Un plato de comida se ha convertido en una quimera. Y las quimeras, al fin y al cabo, no alimentan a nadie.

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