lunes, 20 de abril de 2026

LA REINA HA VUELTO🍍🤔

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Por estos días mi pueblo vive una invasión. No llegaron ejércitos ni caravanas. No se escuchan alarmas ni discursos. Han llegado las piñas.

Aparecen por todas partes: en carretillas, mercados, portales y esquinas. Se exhiben con orgullo, doradas, fragantes, coronadas por sus penachos verdes. Las hay de distintos tamaños y precios, recién cortadas, todavía con el olor de la tierra donde crecieron. Detrás de cada una están las manos pacientes de campesinos que las cultivan y las cosechan con el cuidado que solo da el conocimiento de generaciones.

No es una fruta cualquiera. La piña ocupa un lugar privilegiado en la memoria gustativa y cultural de Cuba. No por gusto fue considerada durante mucho tiempo la reina de las frutas cubanas. Su dulzura y su perfume encontraron lugar en la poesía romántica del siglo XIX, y mucho después seguirían viajando por la imaginación de nuestros escritores y artistas.

Cuando José Lezama Lima convirtió la realidad cubana en un universo de imágenes deslumbrantes, la piña también encontró sitio en su reino verbal. No resulta extraño que Fayad Jamís la colocara en el diseño de la portada de Paradiso, esa novela monumental que devolvió el barroco a la literatura con una energía inusitada y que mereció el elogio de figuras como Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa. En la obra lezamiana, la piña deja de ser únicamente un fruto para convertirse en símbolo, metáfora y celebración de una cubanía profunda.

Pero esta historia no ocurre en las bibliotecas. Ocurre en las calles.

Mientras las piñas abundan, la gente parece haber tomado una decisión sencilla y contundente. Muchos han dado la espalda a los jugos industrializados de precios cada vez más elevados. Frente a una fruta fresca, madura y aromática, resulta difícil competir. Los jugos procesados podrán tener envases atractivos y largas fechas de conservación, pero cargan también con conservantes y procesos que terminan por diluir aquello que los hizo posibles: el sabor original de la fruta.

La comparación se vuelve inevitable. ¿Para qué pagar cifras exorbitantes por un litro de jugo cuando la naturaleza ofrece, en su forma más pura, la experiencia completa? La piña llega acompañada por una corte de lujo: la guayaba, el melón, el zapote, el níspero y el mango. Juntas componen una sinfonía de sabores que ninguna fábrica ha logrado reproducir.

Quizás por eso los estantes donde descansan los jugos industriales miran estos días con preocupación hacia los mercados y las plazas. Allí está ocurriendo algo más que una simple temporada de cosecha. Se está produciendo el regreso de una preferencia antigua: la de la fruta verdadera, la de Cuba adentro, la que conserva intacta su identidad.

La piña ha vuelto a ocupar su trono. Reina por derecho propio, por sabor, por historia y por memoria. Y mientras siga llegando fresca a nuestras manos, seguirá recordándonos que algunos de los mayores lujos de la vida no salen de una fábrica, sino de la tierra.

Que reine, entonces. Y que lo haga por mucho tiempo, la piña. 🍍

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