martes, 19 de mayo de 2026

LOS PASOS: UN PUEBLO MARTIANO DE TIERRA ADENTRO📖🤔

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Hay pueblos que se recuerdan por sus calles, por sus paisajes o por algún acontecimiento que los hizo conocidos. Los Pasos, en cambio, se recuerda por su gente. Tierra adentro, lejos del ruido y de las urgencias de las ciudades, este pequeño pueblo conserva algo cada vez más difícil de encontrar: la nobleza sencilla de quienes saludan porque así lo sienten y ofrecen hospitalidad sin convertirla en apariencia.

Hace más de 20 años que llegué a Los Pasos. Con el tiempo dejé de decir que estaba allí para afirmar que vivo allí, aunque mi residencia pueda estar en otro lugar. Hay pertenencias que no se explican por documentos ni direcciones; nacen de los afectos. Mi padre fue maestro por esas tierras y todavía hay quienes lo recuerdan. Quizás por eso, o quizás por razones más profundas, siempre sentí que este pueblo me abrió las puertas como a uno de los suyos.

Los Pasos posee un alma martiana que atraviesa generaciones. José Martí no es aquí una figura distante de los libros escolares. Su presencia forma parte de la memoria familiar. Las historias relacionadas con el paso de sus restos por la región se cuentan una y otra vez, de abuelos a nietos, de padres a hijos, como una herencia que no debe perderse. Es una memoria viva, transmitida en las conversaciones cotidianas y preservada con el respeto que se reserva a lo sagrado.

Por eso regresar siempre tiene un significado especial. Volvimos una vez más junto a Edurne, Elvis, Benítez y tantos otros amigos que han sostenido durante años el trabajo cultural y comunitario inspirado en el legado martiano. Como ha ocurrido tantas veces, nos recibieron con la generosidad que caracteriza a este pueblo. Algunos aportaron mucho, otros poco; pero todos entregaron lo que tenían con la misma intensidad y el mismo amor.

Desde los inicios de Orígenes me ha correspondido organizar El camino del corazón, conocido también como Ruta Funeraria. Esa responsabilidad me llevó a recorrer innumerables veces los barrios y comunidades vinculados a la historia martiana de la región. Con los años, aquellos caminos dejaron de ser simples rutas para convertirse en espacios familiares, habitados por rostros, recuerdos y afectos.

Entre todos los poblados de ese entorno, Los Pasos ocupa un lugar singular. Es un punto de referencia, un faro. Desde allí se articulan iniciativas políticas, sociales y culturales; desde allí se han impulsado sueños colectivos que parecían imposibles y que, sin embargo, encontraron siempre la fuerza necesaria para hacerse realidad. También desde allí hemos imaginado, una y otra vez, el proyecto Orígenes, que nunca ha faltado a su cita con la comunidad.

Quizás por eso hoy siento la necesidad de escribir estas líneas. No para hablar de individuos ni para reivindicar protagonismos personales, sino para agradecer. En tiempos en que algunos se empeñan en proclamarse herederos exclusivos de la historia o en presentar determinadas etapas como insuperables, conviene recordar una verdad sencilla: los verdaderos protagonistas son los pueblos. Son las comunidades martianas de la Ruta, los jóvenes escritores, investigadores, artistas y promotores culturales que mantienen viva la obra colectiva.

El futuro de Orígenes no depende de nostalgias ni de viejas glorias. Depende de la capacidad de abrir espacio a quienes vienen detrás, de acompañar sus iniciativas y de no desperdiciar energías en conflictos que poco aportan a la construcción de nuevos proyectos.

Y esa certeza volvió a acompañarme en Los Pasos. Allí descubrí, una vez más, que ya existe una nueva generación dispuesta a asumir la responsabilidad de continuar el camino. Muchachos que entienden que ha llegado su hora y que buscan construir su propio Orígenes, sin renunciar a la memoria, pero también sin quedar atrapados en ella.

Algún día nosotros no estaremos para acompañarlos. Sin embargo, Orígenes volverá a Los Pasos. Volverá porque pertenece a la gente que lo ha hecho suyo. Volverá porque hay jóvenes decididos a sostenerlo. Volverá porque los pueblos que conservan su memoria y su dignidad siempre encuentran la manera de seguir adelante.

La última palabra, como debe ser, les corresponderá a ellos.

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