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martes, 2 de noviembre de 2010

Orlando Concepción ha muerto

Orlando Concepción ha muerto - les respondí. Pero esa no es la noticia.
Un día, Él también resucitará.


Por Eduard Encina.(Poeta y narrador)

Orlando Concepción ha muerto. Intento una frase puntual para que el mundo lo sepa. “Lo acabo de oír en la radio”, me dijo una vecina. Yo, comenzaba a darle la cena a mis hijos. Ellos, recibían la noticia con inocencia, quizás con el amor de escuchar el nombre de “Conce”, ese viejecito que les dedicó poemas y picardiosas conversaciones al teléfono.

“Nací en 1932, en el Central América, al borde del río Contramaestre donde se bañó Martí pocas horas antes de morir”, respondió vanidoso en su última entrevista pública, a la que accedió ya muy enfermo. “Hoy tengo ganas de contar lo que he vivido” le advirtió a los jóvenes que le escuchaban hablar de aquel chico curioso que disfrutaba llevarle el almuerzo a su padre, trabajador del central de Fico Fernández Casas, al adolescente que ya publicaba en periódicos del país pequeñas crónicas y artículos sobre variados aspectos de la vida de Contramaestre, al joven revolucionario de la clandestinidad, orgulloso discípulo de Chile Morín, “un maestro de la cultura -según él - al que un día habrá que volver”, al poeta que conoció a Lezama y lo hizo desbordar de la risa al confesarle que lo había leído, pero que no había entendido ni J, al intelectual y animador de nuestra vida cultural, al enamorado de la sorpresiva y única Sonia Ducasse.

Orlando Concepción ha muerto.

Pienso en el camino del hombre que siempre confesó ser mejor amigo que escritor, el que aprendió las equivocaciones y el perdón, las desilusiones y la fe. Pienso en la resistencia de su palabra aislada y solitaria que superó el tiempo necesario hasta durar en nosotros, que aprehendimos la fe, el amor, la irreverencia y la búsqueda de la verdad.

Ante tal noticia mis hijos no pudieron llorar ¿Se murió Conce papá?, preguntaron, todavía con una sonrisa sobre los platos.

Orlando Concepción ha muerto - les respondí. Pero esa no es la noticia. Un día, Él también resucitará.

Orlando Concepción: un eterno Sísifo en la literatura y el periodismo

A las 5 y 25 pm, del lunes 1 de noviembre, el Conce inició el camino, no sé si al Paraíso o al Infierno, pero nos queda el honor de contarnos entre sus amigos; de escuchar su encuentro con José Lezama Lima en la década de 1960; o los consejos que le diera Manuel Cofiño, o los de Mario Benedetti; de saberlo un eterno inconforme que jamás sucumbió a las tentaciones de Próspero y se mantuvo como Sísifo, siempre anhelando lo imposible.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

En víspera de la muerte, un hombre presenta momentos de lucidez y desliza en una entrevista a un amigo sus valoraciones más íntimas sobre sucesos vinculados con su vida literaria y pública, para algunos, su testamento literario, para otros, algo impublicable, repleto de extremismos y frustraciones.

Ahora la naturaleza lo priva de la razón y la palabra y se va junto a la Parca por el río que narró de forma sublime en La fuerza del hombre, uno de sus libros más conmovedores.

Una mujer de ojos azules, un hecho patriótico, o cualquier cosa que reclamara su mirada le arrancaban poemas, lo mismo décimas, sonetos o versos libres. Creo, y tal vez tome el rábano por las hojas, que no hay hecho de Contramaestre olvidado en su escritura.

El Midas de la literatura en Contramaestre deja su laberinto, pero una que otra vez las mariposas de su jardín nos invitaran a visitar la humilde casa, que de seguro pasará a la historia del parnaso, en esta ciudad, como el lugar donde vivió nuestro mejor Heredia.

De sus recuerdos conservo algunos que hoy prefiero narrarlos como él me los contó. Entre ellos las palabras de elogio que recibiera de Mario Benedetti, primero en Santiago de Cuba y luego en La Habana: “Allí estaba como cercano observador José Soler Puig, acompañado a su derecha, por Mario Benedetti, y a su izquierda por Rafael Soler Martínez y Luis Díaz Oduardo. Con modestia me acerqué hasta situarme al lado de Benedetti. Extendí mi mano saludadora desde Benedetti hasta Luis. Aspiro a leer “Montevideanos”, dije al célebre uruguayo. “Podrás”, sólo dijo.

Finalizado el ritual de los comentarios aprobatorios, escuché el consejo de Benedetti: “Seguí escribiendo. Vos sos un cuentista”. Aquellas palabras en la voz de Mario Benedetti las recibí como un estímulo, sin la más mínima cuota de engreimiento.

Un año después, en octubre de 1968, dos de mis cuentos recibieron primero y segundo premio en el Concurso 26 DE JULIO, auspiciado por el Consejo Nacional de Cultura. En el programa de visitas, los premiados fuimos a Casa de las Américas. ¡Grata sorpresa! Nos recibió Mario Benedetti. Recuerdo su sonrisa y su abrazo atento. Su alegría no disimulada. “Vamos a ver a Haydeé. Le conté la anécdota de tu cuento. Quiero que la escuche de ti”. Conocer y saludar a Haydeé Santamaría fue un honor no programado. Cuando repetí: “A mi no, al cuento”, se rió como yo no imaginé que se reiría la hermana de Abel, la novia de Boris, la heroína del Moncada.

Después, hablé con ella y Benedetti, sobre mi cuento “Desilusión”, que escribí con el tema del torturador de Abel. Me habían dicho que no debía ser publicado. Lastimaría a Haydeé. Fue el ganador del primer premio. Ella quiso leerlo. “Si puedes, publícalo. Está bellísimo”. Me conmovió su elogio.

Con el novelista Manuel Cofiño sostuvo una larga amistad que lo lleva a decir: “Nunca olvido las veces que Manuel Cofiño me trató de establecer una línea: “No te dejes distraer por todo lo que te rodea. Eres cuentista. Todos los días, debes escribir algo de un cuento”. Cofiño lo hizo. Yo, no. Fui indisciplinado. Hoy lo lamento”.

De la crítica en torno a sus seis libros publicados dijo: “Estos seis, imagino que son los únicos que pueden servir de fuente para alguna crítica seria. De ellos, solamente he tenido oportunidad de leer un estudio crítico con la firma de Basilia Papastamatiú. Coincido con ella en su valoración. Los cuentos de mejor calidad se encuentran entre los que mezclan la realidad con la fantasía. Así se lo di a conocer a Basilia, en el momento en que tuve la suerte de conocerla en una de las Ferias del libro en Contramaestre. Su obra literaria comprende los textos “La fuerza del hombre”, “Dos cuentos”, “Poesía cósmica”, “Velamen”, “El dinosaurio azul” y “El horno de la ira”. Aparece en varias antologías en Argentina, España, Cuba y México.

Del periodismo hay que destacar que Concepción Pérez escribió para unos 25 periódicos de Cuba antes y después de 1959, entre los que sobresalen: Cuba deportiva, América deportiva, Alerta, Diario de Cuba, Diario Nacional, Pueblo, Mañana, Prensa Universal, Revolución, Sierra Maestra, Surco, El Heraldo, El Triunfo y Prensa Libre entre otros. Su obra dispersa aparece publicada en Lunes de Revolución, Prensa Libre, Verde Olivo, La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Muchacha, Mujeres y Perfil de Santiago.

Hoy Orlando Concepción nos abandona, y lloramos su perdida los que aprendimos a quererlo con sus manías y caprichos, tal como él era, un humano irreverente que montó Rocinante la vida entera y nunca estuvo dispuesto a dejarse llevar por la Parca.

A las 5 y 25 pm, del lunes 1 de noviembre, el Conce inició el camino, no sé si al Paraíso o al Infierno, pero nos queda el honor de contarnos entre sus amigos; de escuchar su encuentro con José Lezama Lima en la década de 1960; o los consejos que le diera Manuel Cofiño, o los de Mario Benedetti; de saberlo un eterno inconforme que jamás sucumbió a las tentaciones de Próspero y se mantuvo como Sísifo, siempre anhelando lo imposible.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Escritor Orlando Concepción sufre una isquemia

El Conce inició el camino, no sé si al Paraíso o al Infierno, pero nos queda el honor de contarnos entre sus amigos; de escuchar su encuentro con José Lezama Lima en 1966.
Por Arnoldo Fernández Verdecia.

En víspera de la muerte, un hombre presenta momentos de lucidez y desliza en una entrevista a un amigo sus valoraciones más íntimas sobre sucesos vinculados con su vida literaria y pública.

Ahora la naturaleza lo priva de la razón y espera a la Parca junto al río que narró de forma sublime en La fuerza del hombre, uno de sus libros más conmovedores.

A través del teléfono me mantuve al tanto de la evolución de su enfermedad. No quería verlo postrado ni delirando.

Hoy un amigo me dijo, ya no hay nada que hacer, Orlando Concepción se nos va y debemos estar preparados para perderlo. Anoche sufrió una isquemia y agoniza. El cáncer linfático acelera su camino.

Orlando Concepción huye, y ya casi lloramos los que aprendimos a quererlo con sus manías y caprichos, tal como él era, un humano irreverente que montó Rocinante la vida entera y nunca estuvo dispuesto a dejarse llevar por la Parca.

El Conce inició el camino, no sé si al Paraíso o al Infierno, pero nos queda el honor de contarnos entre sus amigos; de escuchar su encuentro con José Lezama Lima en 1966; o los consejos que le diera Mario Benedetti en un evento literario celebrado en Cuba; de saberlo un eterno inconforme que jamás sucumbió a las tentaciones de Próspero y se mantuvo como Sísifo, siempre anhelando lo imposible.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

“La Asociación Hermanos Saíz me ha dado visibilidad”

Por Arnoldo Fernández Verdecia.


Uno de los participantes en el Consejo Ampliado de la Asociación Hermanos Saíz desarrollado en La Habana, capital de Cuba, entre el 15 y el 16 de julio del presente año, es el escritor contramaestrense Eduard Encina Ramírez, con el que conversamos sobre los principales asuntos que se debatieron en el evento.

Arnoldo Fernández V: ¿Eduard, aún coinciden las expectativas que llevaste al Consejo Ampliado con las que tienes ahora?

Eduard Encina: Yo salí para La Habana con muchas inquietudes, de hecho, todavía las tengo, pero sabía que éste iba a ser un espacio de pugna ideológica, de pensamiento, porque de eso se trata, pues nuestra organización juvenil no puede proyectar sólo una imagen diferente, sino también un pensamiento diferente, y no exclusivamente en el plano de la creación artística, ha de proyectarse también hacia la responsabilidad intelectual, desde la participación activa en el diseño y rediseño de nuestra sociedad. Ahora lo importante es no ceder, trazar caminos y caminar sobre la desidia y la inmovilidad que a veces se nos para delante.

AFV: Según medios de prensa los debates fueron críticos y responsables ¿Pudieras acercarnos a algunas de las ideas que más te llamaron la atención?

EE: Ahora mismo tengo en la cabeza una especie de montaje de pensamientos, se yuxtaponen y creo que podrían contaminarse, pero trataré de organizar algunos.
Lo primero que podría decirte es, que estos debates no comenzaron en las comisiones, ni en la sesión plenaria del Consejo, sino en todo un proceso de balance que matizó las problemáticas y necesidades específicas por las que atraviesa la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en las diferentes provincias del país. Esto permitió que las intervenciones fueran específicas y con profundidad, sobre todo planteadas desde el objeto social de la Asociación, no para proponer una crítica sedentaria, como nos encontramos muchas veces en otros espacios, todo lo contrario, reflexiones desde una participación y una experiencia: ¿Cuál es la intervención real del talento joven en la concepción y aplicación de la política cultural? ¿Qué imagen de los jóvenes producen y reproducen nuestros medios de comunicación? ¿Se evalúan correcta y responsablemente los contenidos que se transmiten? ¿Son efectivos los modelos educativos de la escuela cubana actual? ¿La enseñanza artística persistirá en mantener perfiles y programas, claustros y directivos incongruentes, alejados de las necesidades y la sensibilidad que esta enseñanza reclama? ¿Se tiene conciencia de la necesidad de las Casas del Joven Creador como un espacio que diseña modelos de pensamiento, de gusto y de participación para los jóvenes? ¿Por qué no se proyectan en el país las muestras generadas en los festivales de Nuevos Realizadores, el Almacén de la Imagen o cualquier otra, que reflejan nuestros problemas e intereses, ante una avalancha de programas juveniles norteamericanos, que legitiman un estilo de vida y un modelo que distorsiona las expectativas y las aspiraciones que nuestra sociedad defiende?
En realidad, te digo que fue un Consejo inquieto, cuestionador, también frondoso de respuestas, donde se observó la vocación comunitaria de los proyectos acometidos y sobre todas las cosas: un Consejo de vanguardia, no ruidoso, sino vital.

AFV: ¿Qué te dejó el encuentro con Alfredo Guevara?

EE: Energía. Una fe indetenible en lo que soy y en lo que pienso. Me detuve a escucharlo hasta el fondo, pues todos los días uno no tiene la oportunidad de escuchar y también desde el silencio se aprende. A pesar de los años Alfredo sigue siendo un hombre coherente, capaz de fundar cuando hay que fundar, de disentir cuando hay que disentir. A la salida del conversatorio un grupo de nosotros se trataba de explicar cómo lo desconocido puede estar tan cerca y él lo va revelando así, como un poeta, que al nombrar las cosas más comunes, les va agregando contenidos admirables.

AFV: ¿Qué sentiste al saber que el Consejo te eligió como miembro de la Dirección Nacional?

EE: A penas salía de la adolescencia cuando ingresé a la AHS , desde entonces la Asociación me ha dado visibilidad, sentido histórico de la participación. Ahora necesita de mí, y yo no la voy a traicionar

jueves, 27 de agosto de 2009

La soledad del oficio

Por Yovanis Acuña Montero

Escribir siempre ha sido una de las aventuras más interesantes que ha descubierto el ser humano. Asimismo es una verdadera aventura, no tan interesante, la publicación de las obras que sueñan sus creadores.

Es ahí donde comienzan a sucederse los obstáculos objetivos y subjetivos. Ideas como éstas maneja Arnoldo Fernández Verdecia en su texto: “La soledad del oficio”, libro inquietante y motivador, que hace un análisis sucinto y profundo de la escritura en correspondencia con su contexto y que fue presentado hoy, en la librería municipal, por el escritor Orlando Concepción.

Al decir de Arnoldo en el prólogo de este libro: “Los compromisos y dilemas que enfrenta un escritor en cualquier parte y época, es un universo cultural que surca el rostro de la humanidad desde sus albores. ¿Qué sería lo trascendente en un ensayo sobre el tema? Prefiero definirlo con una metáfora: escritor del interior de Cuba ”.

Este tropo es ideal para adentrarnos en la propuesta de Fernández Verdecia, y es que la principal problemática que aborda el libro son las vicisitudes que pasan los escritores desde el interior del país, específicamente desde el municipio, tan alejado de los circuitos culturales nacionales.

La Soledad del Oficio no es un libro de resentimientos ni de pedidos, es un texto que invita al diálogo, al análisis de una realidad que debe hacerse más enfática en el intercambio cultural contemporáneo de la isla. Lo cierto es, que Arnoldo Fernández no resulta el único con este reclamo, hay muchos que comparten la soledad de su oficio.


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