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viernes, 12 de junio de 2015

Cuba: "En los blogs y en las redes sociales es tu conciencia la único que puede decirte que publicas y que no"*



Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí.
Por Lilibet Enriquez Infante 

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí, asegura que “la ética responde a una práctica fundamental e insoslayable: yo tengo que respetar a mi semejante. Existe ética porque existe el otro, como principio que regula la conducta en la relación entre los hombres, porque el hombre convive y comparte el espacio, la profesión, los gustos”.

Muchos creemos que la Web es una dilatada llanura donde se puede decir cualquier cosa, porque la libertad individual nadie la puede regular. Eso permite la impunidad para ofender o insultar a un colega usando un pseudónimo o sostener ideas contrarias a las tuyas por el mero hecho de engañar a los demás, comentó el también miembro de la Comisión Nacional de Ética.

Los que tenemos blogs, sabemos que esas son habitualmente las reglas. En lo personal, suprimí los comentarios de mi blog, porque puedo polemizar con ideas e invertir tiempo en una discusión que resulte productiva, pero no puedo responder insultos o tonterías que escribe alguien debajo de un texto ajeno y no ofrecen una opción legítima y atendible a las ideas que se plantean.

“Necesitamos que los criterios polemicen, la verdad solo se va a encontrar en la discusión de muchos, pero manteniendo el equilibrio que supone el respeto a las ideas del otro. La polémica no la gana el que más grita, sino el que más sabe usar la razón”, afirmó.

Y agregó que una polémica es una lucha de ideas y no una guerra de insultos. Nos falta superar el desequilibrio, pues no se es periodista para molestar. Por ejemplo, si hacemos una crítica todo es malo o bueno, no sabemos valores y desvalores. El comportamiento de un periodista no es el de un aficionado en el estadio latinoamericano, donde se aplaude y se insulta desde el anonimato…pero en el terreno tienen que haber otras reglas. Esa podría ser una imagen de la web.

La causa evidente de este debate, quizás no sea la definitiva, es la impunidad garantizada de la Web. Eso está facilitando que algunos den cauce a las bajas pasiones que nos acompañan y que muchas personas mantienen a raya porque aplican la ética en sus conductas. Yo no estoy exento de bajas pasiones, pero entiendo que algunas actuaciones no serían compatibles con mi formación, mis principios morales, incluso con mi profesión, que tiene ante las personas cierta sacralidad.

Pero el hecho de que el espacio de Internet haya ofrecido una alternativa, que se está convirtiendo en esencial, no es la culpable en parte ni en totalidad de la falta de ética de algunos. Incluso, aunque este regulado, ¿cómo lo puedes impedir materialmente? En los blogs y en las redes sociales es tu conciencia la único que puede decirte que publicas y que no. Hay que apelar al decoro humano, pero sobre todo al decoro profesional de quienes lo ejercen.

El uso de los instrumentos de la profesión debe estar regido por principios éticos, que nos obliguen a hacer un uso útil y constructivo de esos medios. Ese espacio está en nuestras manos como una especie de mandato social, que debemos agradecer usándolo éticamente, que es como decir honradamente.

Explicó que los últimos 25 años en el país han lastrado la conciencia social. “Nadie puede ser una flor en la miseria y si crece flor, posiblemente también le crezcan algunas espinas para defenderse. Todos los valores que la Revolución inculcó fueron decayendo con las insuficiencias materiales y la incertidumbre”.

Pero nuestra profesión no ha sido concebida para denigrar, sino para blanquear, para hacer justicia. Con todas las limitaciones del periodismo cubano, las más graves y difíciles de eliminar son las que nosotros mismos le imponemos con nuestra conducta, sentenció.

A la par de este debate, en algunos medios han surgido opiniones sobre el papel la Comisión Nacional de Ética, argumentando que debe ser más exigente y no solo aconsejar. Pero, explicó Luis Sexto, la Comisión es como un tribunal de arbitraje donde llegan los casos por una denuncia de una de las partes. Está facultada para juzgar cuando en un medio se cree que alguien ha violado el código de ética de los periodistas cubanos y hace la denuncia.

¿Qué participación está asumiendo para ayudar a un clima ético en el ejercicio de nuestra profesión?…Estas discusiones del documento fueron concebidas por la comisión como un modo de alertar. Es bueno que se discuta públicamente, pero hace falta que se medite: ser mejor profesional y persona depende uno, no solo de las circunstancias.

En el periodismo cubano tenemos un código de ética que nos dice cómo debemos actuar y por qué debemos actuar así. Pero es necesario que todos nos preguntemos: ¿para qué soy periodista? Para construir o para destruir, para formar o deformar. ¿Soy periodista solo para comer, para ganar fama? ¿Solo para aprovecharme de lo que yo puedo representar en la sociedad como profesional? De las respuestas quizás depende parte de la solución de lo que estamos afrontando hoy.

*Publicada originalmente en Cubaperiodistas con el título: "Tenemos el deber de respetar a nuestros semejantes"

viernes, 28 de octubre de 2011

La muerte de Galardy

Foto de José Manuel Galardy Alarcón, tomada por Arnoldo Fernández V

Luis Sexto sexto@enet.cu
Publicado el 27 de Octubre del 2011 en Juventud Rebelde

La esperas, y llega; no la esperas, y llega también. Ese es el ancestral lugar común que en el corazón del doliente se convierte en el más original de los sentimientos. Yo esperaba a José Manuel Galardy Alarcón en casa. Un par de días antes, habíamos hablado por teléfono; discutimos si debía ir yo a buscar el libro que él quería regalarme.

Mejor voy yo, decidió como siempre había hecho después que se mudó de barrio y cuya dirección me parecía complicada. No vino. En su lugar llegó la noticia de su deceso: el 20 de octubre, un infarto le sajó el corazón, tan noble y limpio como para dejarse matar. Y sin esperarlo, ni invocarlo. Porque entre tantas cosas que hablamos en más de 20 años de cariño filial de mí hacia él, nunca la muerte se metió en nuestras conversaciones.

Tal vez los lectores esperen de una crónica unas letras menos luctuosas. Desde mi experiencia, la he definido como un texto amable, a veces mechado con pasas de gracia. Pero sin dejar de ser un desahogo amable, lírico, incluso poético, hoy nada me sale de otra forma que no sea con la geometría del lamparón irreprimible que alumbra mi tristeza.

Dudo, sin embargo, en asociar el deceso de Galardy a la tristeza. Era viejo. Tanto como para poder contar parte de la historia de Cuba del siglo XX, como víctima doliente y como protagonista vencedor. Entre Contramaestre y Jiguaní osciló parte de su existencia. Fue amigo de infancia y juventud de Olo Pantoja. Ambos, y otros del mismo lar, recibieron el título de revolucionarios en las montañas.

Galardy, quizá como prueba de su ductilidad de carácter, en vez de a la Sierra Maestra trepó a las alturas del Rubí, en la Cordillera de los Órganos, en Pinar del Río. Ah, pienso ahora, cómo estará El Rubio —René González Novales—, ese guerrillero amigo compacto del guerrillero Galardy, y también amigo mío en la vecindad de la inmortal calle Gloria cuando éramos muy jóvenes… René, René, cuándo nos reuniremos para, en vez de callar un minuto en honor del viejo, hablar durante horas sobre Galardy. Hablar, hablar, porque ese es el mejor homenaje a José Manuel Galardy, conversador de cosas útiles, sabio de palabras sensatas, opinión iluminadora de recovecos oscuros.

Estoy triste. Pero casi no debía mojar mis dedos en las lágrimas que me sobrepujan. Galardy vivió en la condición virtuosa de ser útil y honrado. ¿Qué calló alguna vez, qué cálculo le pudo coser la boca cuando él estimaba preciso decir cuanto pensaba? Lo recuerdo así: enamorado de la historia, que ayudó a construir, y luego ayudó a escribir. Porque de Contramaestre nadie podrá pergeñar una línea si no lee las cuartillas de Galardy. Ni de Olo se podrá decir, ni del Capitán San Luis se podrá decir, ni de Tania, la guerrillera de quien Galardy fue uno de los entrenadores, y lo digo porque ya ese mérito, tantos años después, no debe estar con el sello de lo secreto.

La necrología de José Manuel Galardy tendrá que aparecer alguna vez entre los mejores y más modestos combatientes. Yo ahora quiero terminar hablando de cómo fundé mi amistad con él. Sucedió gracias a un diferendo epistolar. Una vez conté el episodio en una crónica para que él riera con la mesura de su discreción habitual. Había nacido para político, para dejar correr su voz familiar en el oído del que no entendía. Y una vez, a principios de los 90, tal vez en ese año, Galardy me envió una carta corrigiendo lo que él consideraba un error de enfoque en un texto mío. Era tan delicado su reproche que le respondí públicamente en Bohemia. Elogié, en primer término, la suavidad —que no excluía la firmeza— de sus reparos, y enseguida explayé mi defensa. Me visitó en la revista. Y luego empezó a traerme a casa los originales donde redactaba sus investigaciones, para que el periodista los corrigiera. En la dedicatoria de uno de sus libros publicados, me llamó «mi maestro».

¿Maestro yo, Galardy? ¿Maestro tuyo, de ti, que tanto habías vivido por la patria, que tanto habías hecho por mejorar a tus compatriotas? Maestro tuyo… Qué más yo hubiera querido, amigo, que te fuiste sin ir a verme y darme ese libro que ya nunca leeré.

Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/columnas/coloquiando/2011-10-27/la-muerte-de-galardy/


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