Mostrando entradas con la etiqueta Máximo Gómez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Máximo Gómez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de enero de 2019

¿Cómo demostró España la muerte del Apóstol?

27 de mayo de 1895, momento en que el fotógrafo Higinio Martínez tomó esta fotografía.
Por Carlos Rodríguez Almaguer (Vicepresidente en Fundación Máximo Gómez) 

Lamento compartir esta dolorosa imagen, pero no se me permite comentar en el sitio donde se dio el debate y se me pidió opinión. La cuestión a debate es si esta foto pertenece o no al cadáver de Martí. El propio Martí nos enseña a dudar de todo, pero siempre con una duda razonable, nunca con ligereza. Igualmente nos enseña que los estudios hechos no nos provocan más que una profunda vergüenza porque lo primero que nos enseñan es cuánto nos falta todavía por conocer. De manera que bajo esas premisas martianas estoy claro de que en mí hay más dudas que certezas, y en lugar de envanecerme por lo que los demás suponen que yo sé, lo que hago es aterrarme por lo que yo mismo estoy consciente de que desconozco. Cada vez comprendo mejor a Sócrates y su llevado y traído adagio "solo sé que no sé nada". 

Sobre la foto en cuestión: Lo que la historiografía cubana ha afirmado, a partir de fuentes oficiales españolas y testimonios personales de algunos participantes directos, es que el cadáver de Martí fue enterrado en cinco ocasiones hasta llegar al Mausoleo que ocupa hoy en el Cementerio de Santa Ifigenia, en la infatigable Santiago de Cuba. 

El primer entierro ocurrió el 20 de mayo de 1895, al día siguiente de su muerte en el combate de Dos Ríos. Una vez reconocido su cadáver por los documentos que llevaba encima, fue enterrado sin ataúd, junto a un sargento español, en una fosa común del pequeño cementerio de Remanganagua, lugar relativamente cercano al sitio del combate. 

Al emitirse la importante noticia, desde un telégrafo ubicado en el cuartel de Remanganaguas, a Santiago de Cuba, La Habana y Madrid, en ese orden, el Capitán General de Cuba, Arsenio Martínez Campos, previa consulta con el Ministro de Ultramar, ordenaron la inmediata exhumación del cadáver y su exhibición pública para conocimiento general, dada la importancia política del dirigente caído. El comandante general de las tropas españolas acantonadas en Santiago de Cuba, general de división Juan Salcedo y Mantilla de los Ríos, cursó órdenes inmediatas al coronel Ximénez de Sandoval para que se dirigiera, con parte de sus hombres, hacia territorio santiaguero. De igual manera envió rumbo a Remanganaguas al doctor en medicina y cirugía Pablo Aureliano de Valencia y Forns, habanero radicado en Santiago que además se desempeñaba en esa ciudad como práctico forense.

El 23 de mayo, el doctor Pablo Valencia, hizo la autopsia para comprobar la identidad y lo embalsamó. Luego exhibieron el ataúd con los restos para dar mayor veracidad a sus informes militares y noticias en la prensa. Después su cadáver fue llevado a Santiago de Cuba y exhibido brevemente a un par de amigos el 27 de mayo, momento en que el fotógrafo Higinio Martínez tomó esta fotografía, que apareció en el bisemanario La Caricatura, el 9 de junio de 1895. A ese momento corresponde esta foto, según todas las fuentes disponibles, tanto los testigos presenciales testimoniantes, como la prensa española de la época, que celebró con bombos y platillos la muerte de aquel que supo convertir su palabra en fuerza material y juntó, para orgullo de Cuba y fatalidad de España, a los elementos dispersos de la guerra anterior para dar inicio al fin del dominio colonial español en América. 

Vivo en Santo Domingo desde hace 5 años. La Fundación Máximo Gómez que acá creamos, para rescatar y mantener viva la memoria del último de los grandes libertadores americanos del siglo XIX, ha restaurado la casa donde se firmó el Manifiesto de Montecristi, hemos seguido sus pasos por las tierras donde Gómez tuvo su finca La Reforma, en Laguna Salada, se han levantado testimonios orales y escritos sobre los días de Martí en estas tierras durante su último paso antes de embarcarse a los campos de combate en Cuba Libre; por ninguna parte ha salido jamás que Martí haya tenido que afeitarse el simbólico bigote para entrar a Cuba, puesto que la expedición desde sus inicios se asumió como totalmente clandestina, con todos sus peligros y consecuencias.

Más allá del debate sobre este tema, verán los lectores cómo en los últimos tiempos las redes sociales están provocando el raro acontecimiento de que la ciencia constituida, con todos sus métodos y sus rigores de investigación, está siendo emplazada a dar explicaciones que ya fueron ampliamente fundamentadas en su momento, cuando lo que toca en realidad es que quien pretenda establecer una nueva tesis en el campo histórico, se sirva ofrecer con ella los argumentos que la avalen o, por el contrario, que cada cual se informe de aquello que no conoce--que siempre en todos nosotros será infinitamente más que lo que creemos saber--antes de lanzarse a especulaciones o afirmaciones infundadas que provocan una avalancha de interpretaciones que rara vez construyen. La libertad es un derecho inalienable de cada ser humano; pero con ella viene, como un deber inexcusable, la responsabilidad ética de emplearla bien.

sábado, 4 de agosto de 2018

Con la isla encima




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com


A mi amigo, el sonero Cachao. 

Vivo en un lugar como cualquier otro de Cuba. El tiempo me golpea fuerte y no encuentro maneras de reponerme. Salgo a la calle y los precios estallan como fuegos artificiales;  uno los mira a lo lejos y sonríe, parecen una obra de mal gusto, pero algunos aplauden y los encuentran bien. El viejito jubilado que sólo gana 247 pesos al mes, -apenas  diez CUC-, expresa una profunda amargura en sus ojos cansados. “No puedo más”, me dice y mira al cielo e invoca a Dios.   

Así andamos, lo básico inalcanzable;  las enfermedades asomando por doquier y uno con el temor de ir a dar a un hospital, porque las medicinas andan perdidas, los buenos médicos también. El miedo ahí, raro compañero, nos recuerda que no hay una segunda vida.

Así andamos, con los mosquitos como ejércitos dando batalla y diezmando tropas y uno sin saber porqué no dan la alarma y nos salvamos,  porqué no damos la batalla necesaria, la que salve a nuestros hijos, abuelos, amigos, al barrio.

En el noticiero se empeñan en mostrar un país hermoso, cuando en verdad duele caminar las calles y sentirse indefenso ante tanta especulación con los alimentos, las medicinas, el transporte, el aseo, el desodorante, el agua potable... La gente tiene mucho dolor en el alma. No llega la tranquilidad a sus hogares. El bolso regresa cada tarde o en la noche, vacío;  lo que ganan apenas alcanza para dos o tres días.

Cachao, el viejo sonero de Maffo, me dice al oído que anda muy mal, porque la chequera no cubre sus necesidades. A precio de garrote compro un desodorante, un jabón, un paquete de ase y un tubo de pasta de diente para él;  lo merece;  no es nada Maestro, le digo; me responde, es mucho Arnoldo, no todos se quitan para darle a alguien como yo, un viejo que apenas le quedan unos días de vida.

Recorro la feria de mi pueblo, -sábado-, es la de cualquier pueblo de Cuba y los fuegos artificiales suenan  como disparos. Me asusto ante los bolsos regresando a los hogares. Es tan hermoso ver a la gente  comprando, dice un político local, al menos encuentran las cosas, sentencia; como si fuera algo grande. Trato de ver su cara, estoy seguro que no sabe lo que es andar con el bolsillo en silencio y regresar a casa a envejecer, sin un poco de carne de res, pescado o sencillamente algo digno para variar y sentir que vale la pena abrir los ojos cada mañana.   

Vivo en un lugar de Cuba, puede ser cualquier otro. La gente siente el país encima y quiere sacudirse, porque algo subterráneo dice a sus oídos que es necesario ser el país más revolucionario del mundo, conquistar el amanecer, como diría Picón Salas; volver a montar el potro blanco de Martí, recorrer en tren con Máximo Gómez  la ruta Santiago-Habana;  montarse en uno de los camiones de la Libertad y entrar en enero otra vez, con los pobres  de la tierra a cuestas, esos por los que se hacen las revoluciones.  

miércoles, 26 de abril de 2017

Un hombre de 102 años



"Yo aprendí a amar a Cuba leyendo las páginas de la revista Bohemia".

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Ha vivido 37200 días, parece fácil decirlo;  pero la cosa cambia cuando afirmas “Sulpicio Fernández Peña”  cumplió 102 años de vida este 20 de abril de 2017 y lo celebró con toda la familia en Cruce de Anacahuita (oriente de Cuba), lúcido y pleno de salud.  

102 años. Increíble, diría cualquiera, pero lo cierto es – le respondería-, que nació casi con el estallido de la Primera Guerra Mundial; y por sus venas corre la sangre mambí de sus abuelos Juan de Dios y Toñé Fajardo, el hermano de Juan. En su casa natal creció escuchando las historias del insurrecto Jesús Rabí y los últimos días de José Martí  en tierras de Dos Ríos; oyó  sobre las tres veces que trató su abuelo Toñé, junto a Máximo Gómez y Martí, de cruzar el Contramaestre crecido. Juan y Toñé habían sido hombres de confianza de estos tres grandes adalides de nuestra historia patria (Martí, Gómez y Rabí). Supo,  mediante la palabra de Toñé, del primer entierro de Martí en Remanganguas: “Los Sánchez se hicieron cargo del cadáver, eran hombres muy respetados allí”.   

Durante la República (1902-1958) era un lector apasionado de la Revista Bohemia, según él, “la más leída por los cubanos. En casa estábamos suscritos. Yo aprendí a amar a Cuba leyendo sus páginas”.

Al hablar sobre Míster Bolton supe algo tremendo; uno de sus tíos, Justo Peña, -probablemente el más querido para él-, había sido administrador de las propiedades de este señor. Me dijo que Justo había tenido 27 hijos con varias mujeres y que por su probada fidelidad a Bolton, éste le regaló una caballería de tierra donde hizo una casa por el camino que va para Tumba Vaca. "Allí murió".

Quise saber de su padre “Herminio Fernández Rosabal” y estas fueron sus palabras: “El mejor hombre que hubo en todo esto por aquí. Fue maestro de un paquete de gente, pues les enseñó a leer,  escribir y   las nociones básicas de matemática”.

En cuanto a su madre “Petronila Peña Escobar” me  dijo que “era una mujer de probada lealtad a la patria; su padre era español y un día desapareció sin dejar noticia;  entonces su madre Ofelia Escobar se casó con Toñé Fajardo, el hermano del último mambí; fue criada y educada por este hombre con mucho amor. Para nosotros, Toñé, era el padre de mamá, nuestro abuelo. Murió con el triunfo de la Revolución. Tremendo hombre.”

Pregunté al viejo por su esposa Enma Ramos Ríos y supe una historia hermosa sobre un árbol centenario: “La conocí en casa de los Ríos, a la sombra de un árbol de carolina;  la familia decía que no se podía tumbar porque allí estaba el espíritu de los ancestros. Ella andaba en los 14 y yo con los 15 cumplidos. El amor empezó bajo aquel gigante legendario que estaba en el patio de la casa de Agustín Ríos. Los quince de Enma los celebramos allí, con lechón asado y mucho afecto familiar. Es la mujer de mi vida, mi compañera de más de 70 años y unos cuantos de novios”.

El viejo Pisio, como le dicen sus vecinos, fue vaquero; un hecho que definió profundamente sus habilidades como fabulador. Grandes lotes de ganado tenía que llevar de una región a otra en la antigua provincia de Oriente. En las noches, mientras reponía energías en torno a una fogata, junto a sus colegas, el señorío de la palabra se imponía; la imaginación ganaba terreno y se convertía en una especie de Midas, todo lo que hablaba parecía ficción. Era difícil definir el límite entre realidad e invención en sus historias.

Sus mayores aficiones como hombre siempre han sido: tocar el tres, el bongó, jugar gallos y montar caballos de raza.

En la cultura de Pisio anda ligado el espiritismo más profundo y un pragmatismo elemental. Desde niño siempre tuvo la capacidad de dialogar con los muertos y vivir el hoy sin pensar el mañana.

Cuando surgió el central América y con el mismo las colonias de caña que se multiplicaron por estos lares, ahí estaba manejando un camión para llevarlas al coloso azucarero.

Después probó fortuna como chófer de alquiler, conduciendo una máquina de Baire a Contramaestre; allí lo sorprendió la Revolución de enero de 1959; entonces se vino a la finquita heredada de sus padres y trabajó la tierra como agricultor pequeño.

La única  mujer de su vida hace cinco años no está. Ellos (mi padre viejo y mi madre Enma), me dieron el abrigo que con un año y medio de nacido perdí. Al calor de sus enseñanzas crecí en la honestidad. Felicidades a ese hombre que lleva en su cuerpo, más de un siglo de vida;  y en su mente, un mundo de historias por contar.

domingo, 20 de mayo de 2012

La litúrgica de Martí en el Contramaestre


En un momento del trayecto, aparece el Contramaestre.  Refresca su cuerpo con el agua del mismo, pero también la ingiere, un hecho litúrgico que permite aliviar los dolores y las tensiones presentes
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

La relación de José Martí con tierras de Contramaestre es singular; quizás por el hecho de nombrar el paisaje, la gente y sobre todo el río, en su Diario de Campaña, con sentidos litúrgicos y hasta confesionales. 

El 9 de mayo de 1895, Martí llega a la finca de una familia contramaestrense: los Venero. El viejo Venero, había estado en la Guerra Grande, y era muy amigo de Máximo Gómez. El intercambio con el hombre común,  genera un escrito de gran valor sentimental y patriótico: “Aún está en Altagracia Manuel Venero, tronco de patriotas (…)” “Con los Venero era muy íntimo Gómez (…)” “Su casa hoy nos recibe con alegría, en la lluvia oscura y con buen café”.

El ojo martiano descubre su primera noche en Contramaestre: “(…) Dormimos, apiñados, entre cortinas de agua”. “Así dormimos en Altagracia”. En ese interregno, que cubre el tránsito del  9 al 10 de mayo, describe el diálogo con la gente de Holguín, proceso  que le permite conocer, los caminos torcidos que pueden extraviar el destino concebido en Montecristi. Pero también aprecia el cariño que le profesan los humildes: “Presidente me han llamado, desde mi entrada al campo, las fuerzas todas, a pesar de mi pública repulsa, y a cada campo que llego, el respeto renace, y cierto suave entusiasmo del general cariño, y muestras de goce de la gente en mi presencia y sencillez. –Y al acercarse hoy uno: Presidente, y sonreír yo: “No me le digan a  Martí Presidente: díganle General: él viene aquí como general: no me le digan Presidente”. “¿Y quién contiene el impulso de la gente, General?”; le dice Miró: “eso les nace del corazón a todos”. “Bueno: pero él no es Presidente todavía: es el Delegado”. –Callaba yo, y noté  el embarazo y desagrado en todos, y en algunos como el agravio”.

El 12 de mayo se dirige a la Jatía. En un momento del trayecto, aparece el Contramaestre.  Refresca su cuerpo con el agua del mismo, pero también la ingiere, un hecho litúrgico que permite aliviar  dolores y  tensiones presentes, en un pueblo  que lo imagina Presidente y ama, y un mando militar despótico que lo ubica como General y Delegado.

En un gesto premonitorio, el 13, uno de los acompañantes, ya en La Jatía, pica espuelas y lo invita a observar el escenario, donde la naturaleza entrega un verde intenso, y descubre la unión de dos ríos: “(…) el Contramaestre entra allí al Cauto”.  “Cruzamos el Contramaestre”. Ese día, en un gesto confesional, señala: “Ya está el rancho barrido: hamacas, escribir; leer; lluvia; sueño inquieto”.  La experiencia vivida en campaña, conjuntamente con el acercamiento a Gómez y a Antonio Maceo, le permiten intuir un escenario de confrontación, difícil de encausar: “Escribo, poco y mal, porque estoy pensando con zozobra y amargura. ¿Hasta qué punto será útil a mi país mi desistimiento? Y debo desistir, en cuanto llegase  la hora propia, para tener libertad de aconsejar, y poder moral para resistir el peligro que de años atrás preveo, y en la soledad en que voy, impere acaso, por la desorganización e incomunicación que en mi aislamiento no puedo vencer (…)”  Nuevamente el recurso litúrgico acude, pues el 15,  libera tensiones al bañarse en el Contramaestre, disfrutar el aguacero desde el rancho,  o sencillamente apreciar “la caricia del agua que corre: la seda del agua”.

Sin embargo, vuelve a cargarse de energías negativas.  El 16 narra el testimonio del capitán Pacheco, que le permite fundamentar sus preocupaciones en torno a un mando despótico futuro, que no sea capaz de interpretar correctamente la espiritualidad del cubano y de lugar a desviaciones lamentables: “(…)el cubano quiere cariño, y no despotismo: que por despotismo se fueron muchos cubanos al gobierno y se volverán a ir: que lo que está en el campo, es un pueblo, que ha salido a buscar quien lo trate mejor que el español, y halla justo que le reconozcan su sacrificio”.

Nuevamente la lluvia acude como bálsamo para aliviar preocupaciones. Escribir y leer complementan una posible liberación de angustias, que anulan su libre albedrío en las decisiones patrias, se siente sólo, completamente aislado, por un militar, que al desembarcar, ejerció el mando único, y lo relegó a la condición de espectador, o sencillamente lo nombra Mayor General, para tenerlo, de cualquier forma subordinado; incluso decide sin contar con él, en consulta con otros jefes, que su lugar es la emigración, y no Cuba; dolor grande que invade la reflexión, la palabra.   

Con esa carga negativa,  sólo tiene el alivio de apreciar un último aguacero; aunque un mal augurio parece intuir el 17, pues no puede bañarse en el Contramaestre, ni beber su agua fresca. “Está muy turbia el agua crecida (…), -y me trae Valentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo…” La última anotación de su Diario, nombra al río que ahora también lo anula, ni funciona ya como recurso litúrgico, para alimentar el espíritu y oxigenar las ideas. Se siente completamente abrumado por las preocupaciones. El destino de Cuba, parece incierto, aunque alberga la esperanza de que “a campo libre, la revolución entraría, naturalmente, por su unidad de alma, en las formas que asegurarían y acelerarían su triunfo”.

No llegó a ver la revolución unida. Sin su ayudante Ramón Garriga, y acompañado de un joven bisoño, montando un corcel blanco y  brioso,  murió asesinado, según versiones mambisas, por balas españolas, en circunstancias aún no aclaradas por la historia. Era domingo, y 19 de mayo. Temía a la oscuridad y salió a buscar luz.

Fuente consultada: Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1964, pp.234-243.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Muerte de José Martí en Dos Ríos: ¿Responsabilidad de Máximo Gómez en la tragedia? VI


¿Y por qué lo dejó usted lanzarse (a Martí)? pudiera observárseme".
 
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Sobre la muerte de José Martí  en Dos Ríos, lugar de encuentro del Cauto y el Contramaestre, Máximo Gómez narraría a Tomás Estrada Palma, años después: “¿Y por qué lo dejó usted lanzarse (a Martí)? pudiera observárseme. A alguna distancia del enemigo le ordené se retirara, él desdeñó mi orden y mientras yo ordenaba la carga no era posible que yo mirase a Martí. Cuando me pude apercibir de su caída, lo más que podía hacer lo hice, lanzarme solo a ver si recogía su cadáver. No me fue posible, y puedo asegurar a usted que jamás me he visto en tanto peligro.” 1

En una misiva de ese mismo mes, remitida a Benjamín Guerra, Gómez dio otros detalles: “Aquel día oímos los fuegos a distancia de más de media legua de nuestro campamento, y cuando yo acudo, con la gente que tenía, a salirle al encuentro, Martí marcha a mi lado. “Hágase ud. atrás, Martí, no es ahora éste su puesto, le ordené yo, lo oyeron varios. Él detiene, es verdad, un tanto su caballo, pero yo con toda mi atención en el enemigo, no miré más a Martí, en la brusca acometida que se le dio aquel día al enemigo” 2

De las declaraciones de Máximo Gómez, y de la falta de un parte oficial, nace la confusión. Lo que anota en su Diario, y luego repite en cartas, es distinto de lo que dijo en aquellos días a George E. Bryson, el corresponsal del New York Herald: una vez contó que Martí quiso seguirlo cuando el cargaba contra el enemigo; otra que ya estaba camino a Jaragua, donde embarcaría hacia Jamaica. La ropa, el dinero y los otros objetos con que lo recogieron los españoles, más bien denuncian el viaje, pero el desamparo en que se vio, la falta de escolta, mejor se explica si pensaba quedarse en el campamento de Vuelta Grande y que de allá se lanzó, imprudente, sobre el enemigo. Muchos años después, ya muerto el Generalísimo, Ximenez de Sandoval lo culpaba por el desastre cubano.

Notas: 
1 De Gómez a Estrada Palma, 22 de agosto. Archivo Nacional de Cuba, fondo Delegación cubana en Estados Unidos. Caja 116, documento 15631.

2 De Gómez a Guerra. 29 de agosto de 1895, La Revolución del 95. Según la correspondencia. T. 1. Pág. 71.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales, ni comentarios anónimos. Revise su comentario antes de ponerlo, comparta su identidad y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables éticos por su contenido.