Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
Detrás de un muro de piedra se esconde todavía el estalinismo, es dueño de la cabeza de algunos miembros del Partido Comunista de Cuba; no del PARTIDO como institución revolucionaria. Es difícil localizarlos en la floresta roja, porque mudan de piel y se orientan con inteligencia calculada ante los vientos huracanados de la historia.
Sin embargo, sus perfiles salen una que otra vez, entonces se sabe que aparentan una disciplina acerada y una lealtad que raya en el fanatismo intolerante. Tienen una doble moral en sus actos públicos y privados, muy por encima de la honestidad revolucionaria y el amor a la verdad en cualquier circunstancia.
No admiten a su lado a revolucionarios guiados por la oncena tesis de Marx sobre Feuerbach; para ellos la contemplación sublimada de la realidad desde un dogma absoluto, es la máxima prioridad. Todo el que se aparte de los caminos trillados de sus templos, enseguida activan cercos invisibles y lo silencian en el concierto social.
La ideología es una camisa de fuerza que nunca quieren quitarse, todo lo observan desde ese posicionamiento; pero en la hora crucial, ante el peligro de las contradicciones antagónicas, huyen a orillas seguras a refugiarse, esperan la tranquilidad de las aguas para reinstalarse y beber el vino de los vencedores.
Estas personas son fanáticas por naturaleza, desprecian el sentido común, miran de lado al “hombre masa”, desprecian a los de ciencias y letras; y discriminan al que profesa una religión, no importa que la Constitución de la República diga otra cosa, su única ley, es el marxismo encartonado en una toga negra.
Se les puede encontrar en muchos lugares, lo mismo en un cargo decisor, que como simples trabajadores. Lo triste es que siempre tienen una tribuna para pregonar odios y megalomanías. En el espejo en que diariamente se miran, los únicos dueños de la verdad, son ellos y punto.
Pobre del que los enfrente, enseguida se arrebañan y riegan a diestra y siniestra el veneno de sus fracasos, dicen lo que es y lo que no es; en fin, asesinan la reputación moral del mejor de los seres humanos, sea militante, o no.
Donde viven, sólo reinan ellos, otros no tienen espacio, es como si un darwinismo insano los favoreciera: “O te adaptas, o estás fuera”, es la divisa de sus batallas. Demorar todo lo que debe ser cambiado es una manera de proteger privilegios e intereses. “En río revuelto, ganancia de pescadores”. El fuego de su desidia quema al hombre ejemplar. En las cenizas, queda un zombi herido, cargado de heridas y sin sabores.
El estalinismo empezó con Stalin, pero no terminó con su muerte; no podemos olvidar que aquí en Cuba, el Partido Socialista Popular (así se identificaba el Comunista), se orientó completamente a la Internacional Comunista, y que al sumarse a la Revolución triunfante el primero de enero de 1959, este flagelo perduró en formas enmascaradas que mucho daño hicieron al rumbo socialista escogido por nuestro pueblo y sus líderes.
Aunque parezca increíble, todavía el estalinismo arruina la vida de muchas personas honestas; nuestro “PARTIDO” debe apagarlos con los argumentos invencibles de los tiempos nuevos. Un error en Cuba, es un error en Nuestra América emancipada. Es hora de la marcha unida, pero sabiendo que hay siempre entre nosotros, estalinistas ocultos en viejos muros ideológicos, esperando la quietud de las aguas, para alzarse desde viejos rencores y abrir la caja de Pandora donde guardan odios y megalomanías.

