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| Me crié con una frase que explica la nueva vida del siguiente modo: “un socialismo con pachanga”. |
Víctor Fowler (Ensayista y Poeta)
Me crié con una frase que explica la nueva
vida del siguiente modo: “un socialismo
con pachanga”. Dicen que la pronunció Roa, pero importa menos el nombre de que
el deseo de especificidad, de colocar una marca propiamente cubana (de
carácter) dentro de la opción ideológica.
Hace
unas semanas, entre un grupo de escritores, expresé que — a mi juicio—
cualquier posibilidad futura para el socialismo pasa antes por la obligación de
tener “swing”. Apelo a un término tomado de la música y agrego que solo recibí
veladas sonrisas cómplices a cambio de lo que me parece el desafío cultural más
serio que enfrenta el socialismo como sistema y modo de vida.
Al
Estado, al Partido, a la UNEAC misma en sus diversos niveles (entre otros
estamentos de la administración y planificación de nuestras vidas) corresponde
igualmente generar, organizar y alimentar esos valores impalpables que son la
alegría, la sabrosura, el “swing”. Si esto es cierto, entonces toca profundizar
y debatir no solo lo que el socialismo significa, sino —lo principal— en cómo
tornarlo un destino atractivo culturalmente deseable, una opción de vida grata
en un amplísimo abanico que abarca estilos de vida, identidades sexuales,
entretenimiento, prácticas populares, modos de religiosidad, habilitación de
espacios, nuevas vías de comunicación interpersonal y presencia pública del Yo,
entre otros.
Sin
embargo, no se trata de fabricar imágenes de multitudes permanentemente
alegres, sino de conocer la verdad, cosa esta última que no puede ser alcanzada
sin voluntad política y sin deseo. Hablamos de marginalidad, pero apenas es
posible saber nada de ello por nuestros medios de comunicación. Ni de racismo,
ni de pobreza, ni de homofobia, corrupción, violencia callejera, espacios de
burocratización, ausencia de debate y muchos otros aspectos de lo que realmente
importa de la vida.
Un
proceso social que ya cumple medio siglo (en este caso una revolución
socialista) tiene, además de enemigos externos, las contradicciones que el
proceso mismo al avanzar genera y ese formidable devorador de toda fuerza que
es el desgaste. Pertenecemos a una parte de la historia del mundo donde los más
diversos espacios de trasmisión de ideas (medios masivos, escuelas, literatura
y arte a nivel internacional) nos piden que identifiquemos con el fracaso. No
importa si de modo frontal o desde tangentes, pero en sustancia. Somos unos
sobrevivientes.
En
esta circunstancia tener “swing”, ser atractivo, es casi un imperativo
categórico. Y, junto con ellos, la búsqueda, encuentro, re-conocimiento y
discusión pública de la verdad como garantía mínima de que todavía son posibles
el humanismo, la transparencia y la esperanza.
Intervención en los debates sobre el Informe Cultura
y Sociedad, VII Congreso de la UNEAC.
3 de abril de 2008. Palacio de las Convenciones, La Habana. (Tomado de la Jiribilla)
3 de abril de 2008. Palacio de las Convenciones, La Habana. (Tomado de la Jiribilla)
