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viernes, 6 de enero de 2023

LA UNICA VERDAD EN CUBA ¿La del inmortal?


Por Arnoldo Fernández Verdecia

Con una ingenuidad colosal, algunos creímos que el socialismo de estado, en su versión cubana, admite críticas para corregir desviaciones, errores, o elementos que merecen valoraciones para iluminar nuevos senderos de “creación heroica”. 

Algunos caímos en la trampa de hacerlo sin parapeto alguno, e intentamos cruzar argumentos, no antagónicos, con la vanguardia política, que en su fuero interno y externo, es la elegida, por encima de la propia Constitución, para dictaminar si es bienvenido el cuestionamiento o no, incluso penalizarlo.

La realidad nos hizo despertar. 

De ser en verdad una vanguardia en su sentido mayúsculo, como postulan serlo, debieran militar en ella los más iluminados, capaces de promover zonas de debate plurales, diversos, sobre los problemas que aquejan el ideal y sus modos de llevarlo a la práctica en beneficio del pueblo y no en su detrimento. 

Los que se atreven a polemizar con esa vanguardia, desde criterios no antagónicos, son colocados bajo sospecha, y ella misma se encarga de socializar en su militancia, parametraciones excluyentes, sobre la base de códigos binarios, entre los que sobresalen: comunistas-anticomunistas, revolucionarios-contrarrevolucionarios, leales-traidores, independentistas-anexionistas, centristas-reformistas, ateos-creyentes, patriotas-mercenarios...

Es imposible no ser colocado en alguna de esas binariedades, sino se asume el vocabulario hegemónico que comunican medios de esa llamada vanguardia iluminada. Sólo ellos aparecen ante el pueblo como únicos depositarios de la verdad. Todo lo que no fluya por los canales de socialización instrumentados por ella, es etiquetado de modo peyorativo, excluyente y penalizado por la ley. 

Estamos en presencia de la construcción de una hegemonía, capaz ya de cualquier estrategia, con tal de lograr sus propósitos de dominación sobre sus audiencias. No importa el costo, ni la forma; lo importante es imponer un discurso y que en nombre del mismo, el sistema funcione de arriba a abajo, y de abajo a arriba, sin atasco de su eje principal.  

Esa hegemonía tiene sus parientes en provincias y municipios, que reproducen la estrategia y los modos de concretarla a  cualquier precio, aunque tengan que manipular excesivamente, para mostrar una realidad normal, donde los que critican, o no comparten las políticas del gobierno, son la minoría, seres hipercríticos que no deben tenerse en cuenta, porque no expresan ningún consenso. 

Salirse de esas binariedades e intentar ser coherente desde una crítica social no antagónica con el sistema y su vanguardia iluminada, es prácticamente imposible en las condiciones del socialismo cubano, pues el mismo cerró toda posibilidad a la democratización de las opiniones, la participación y colocó el destino del Estado, en una élite política dueña de toda la verdad que el pueblo necesita saber.  

En una democracia así, anclada en unas binariedades que desautorizan la voz del contrario, la difaman, heretizan, no es posible un socialismo libertario porque:  "...socialismo y democracia deben llegar a ser una unidad;  de lo contrario, no habrá socialismo". (Zagorka Goluvic: Criterios, La Habana, no 42, 15 de mayo de 2013)

jueves, 29 de diciembre de 2022

MILITO EN EL BANDO DEL AMOR


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Nunca he odiado a nadie, ni a mis enemigos, ni a los que me han hecho algún mal. 

Hay momentos en en que deseo alejarme, lo más lejos posible, de la estupidez humana, de sus ambiciones. 

No discrimino a nadie por sus ideas políticas, mucho menos por su sexo, ideas religiosas, económicas... 

Creo en la diversidad que moviliza contradicciones y empuja a estados nacientes del ser humano. 

Rechazo el odio de clases. No milito en ningún partido, ni secta religiosa, ni excomulgo de mis afectos a los que lo hacen. 

Un país necesita aceptar sus contradicciones, para desatar los nudos que lastran el albedrío de sus hijos. De esas posiciones encontradas, vendrá una mejor sociedad. 

Vivir bajo  la tiranía de una idea, una fe, una visión excluyente de la diferencia, va contra la naturaleza humana,  necesitada siempre de asociarse  con sus semejantes para creer, fundar, hacer. 

Ya no aspiro a militar en organizaciones iluminadas, ni vanguardismos de ningún tipo, tampoco estoy en contra de los que creen en eso. Es su derecho. El mío, también.

Aspiro a un 2023 donde prime el respeto a la individualidad, donde la verdad consiga oídos honestos para ser escuchada, y se gobierne apelando a ella como mandato supremo de la dignidad. 

Yo milito en el bando del amor, donde nos encontramos aquellos que creemos que cada ser humano tiene un don, una virtud, una experiencia que aportar al mejoramiento ético de los otros. Urge crear el partido del amor.

lunes, 7 de abril de 2014

Escuchando a Foucault en Cuba

Michel Foucault
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu 

Escuché con atención  las palabras de Foucault  y no pude evitar compartir  estas ideas. “Siempre existe un ojo que espía nuestras acciones, las públicas  y las privadas”. El panóptico está ahí, de una forma u otra servimos a sus dictados. El miedo a los anillos de la torre de vigilancia impide realizarnos en lo individual.

La cárcel, la escuela, el hospital, el partido, o sencillamente las instituciones, observan nuestra huella, en otras palabras construyen modelos de adoctrinamiento que debemos repetir si no queremos padecer  alguna forma de reclusión, necesarias para el panóptico; de ellas se alimenta su inmenso poder.

Alguien cercano dijo que el panóptico habita nuestra mente, incluso la controla, por eso nunca nos atrevemos a ser uno en la masa, es preferible la comodidad del efecto zombi, a tener lucidez  y ser irreverente con los anillos  de la serpiente de cola verde, dispuesta a hincar el veneno donde más duele.

Pero también visita con frecuencia a los amigos, leales durante un tiempo, luego se convierten en otros, dispuestos a proteger el zombi instalado en sus ideas;  no quieren Quijotes capaces de alzar la espada, e irse por el mundo a liberar reinos gobernados por nerones. 

Si la duda se instala  en un poderoso, moverá los anillos, o alguien dirá como hacerlo, para asfixiar a la presa y comerla en el momento oportuno. Parece un juego, un sencillo juego, por eso pienso en la telaraña y sus posibles víctimas, hasta uno mismo puede ser una de ellas, sin más esperanza que huir, huir, sabiendo que tarde o temprano las cercas detendrán tus pasos. Hasta un día todo fue normal, pero de momento caes y por mucho que intentes salvarte, más te enredas. Nadie escapa al efecto del tejido. Nadie.

Al hombre no le queda más remedio que reproducir el panóptico pensado por otros para él, su libertad es posible dentro de los anillos de la serpiente. Otra libertad cuesta muy cara. Es preferible la comodidad de la cama matrimonial, al efecto rugoso del piso de cemento.

Escuchar a Foucault es comprender porque somos vigilados, aunque nos portemos bien. Cambiar ese modo de limitarnos la libertad no se  resuelve con una forma de ilustración, -no debemos olvidar- que también la misma, alguien se encarga de pensarla e instrumentarla,  para que nosotros la reproduzcamos en la vida diaria. La torre siempre está ahí.

viernes, 28 de febrero de 2014

Ser de provincias versus ser de municipios en Cuba: una relación discriminatoria


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Viajé a Santiago de Cuba, junto a mi esposa, al llegar a una institución respetada que dirige un buen amigo, éste último me dijo, el evento no es aquí, entonces tomó el teléfono y habló: Ellos son de municipios, ¿qué hago entonces?. Mi amigo lo había dicho inconscientemente, pues estaba reproduciendo una categoría cultural excluyente  que el discurso coral reproduce sin ton ni son, sin percatarse de los sentidos peyorativos que contiene. 


Ser de provincias  tiene sus ventajas y es obvio mencionarlas. Ser de municipios es sentir simbólicamente una frontera, que los instalados en la capitales provinciales dicen una y otra vez sin percatarse, que, todos somos Cuba y lo que vale es el talento, la obra del ser humano, no importa si es de La Habana, Santiago o Holguín. 

El policía, de la película Conducta, dice al padre y la hija orientales, en una confesión alumbradora: Yo soy de Contramaestre, en abierta alusión a su cartas legales. Lo único que justifica su permanencia en La Habana es el trabajo que hace, de lo contrario sería uno como ellos. En otras palabras, reproduce el trauma de la territorialidad excluyente como una forma de decirle, yo soy igual que ustedes, no puedo hacer nada.

Lo mismo sucedió a un escritor cercano, que en un programa de la televisión nacional, al presentarlo, lo identificaron como el autor de municipios fulano de tal, ante lo que replicó, de Contramaestre, yo soy de Contramaestre. Lo dijo con la dignidad cultural que implica sentir, pensar y hacer desde un lugar, que otros cómodamente se complacen en ignorar desde sus sillas destinales.  Hay otros ejemplos que podrían hacer bien larga esta página, pero prefiero  que usted los piense y comparta aquí. Ayudarán a entender una complejidad que nos toca de cerca.

Las fronteras simbólicas, en términos culturales, condicionan discursos corales, repetidos una y otra vez hasta convertirse en normales para los que lo construyen y anormales para las víctimas, que sienten la marginación escondida bajo esas frases acuñadas, que uno de los Lineamientos del VI Congreso del Partido llamó a erradicar de nuestras prácticas cotidianas.

La Revolución digital ha llegado a Cuba, gracias a sus bondades esas fronteras comienzan a ser borradas, pues en fracciones de segundos, al conectarnos, somos ciudadanos globales y la provincia es relegada, entonces todos somos iguales culturalmente hablando. Desde afuera nos leen como una imagen insular integrada, con sus matices, lógico, pero no interesa lo geográfico particular, interesa lo que se dice y su alcance.

¿Por qué no aspirar a borrar esas categorías excluyentes del discurso coral en Cuba? Creo que es posible, pues si el ser humano hace una obra edificadora desde la Sierra Maestra, por citar un ejemplo, lo correcto es que los medios lo presenten como el cubano fulano de tal, que ha llegado desde tal lugar con un aporte valioso. No hacerlo desde la forma poco constructiva que deja al sujeto identitario de municipios anulado cuando le dicen: es un creador de municipios. Lo digno es enaltecerlo, sin acudir a la variable geográfica.

Yo me pregunto entonces: ¿Ayudará Internet en Cuba a borrar esas fronteras simbólicas marginantes? Ya arriesgué mi criterio aquí, ahora espero el suyo.

martes, 30 de abril de 2013

El otro Guevara detestaba la guayabera y aborrecía la ritualidad

Dos principios morales tenía Guevara para andar siempre con el saco al hombro: detestaba la guayabera y aborrecía la ritualidad.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

En tiempos de bonanzas es cómodo ser revolucionario, pues los problemas disminuyen, o al menos, son menos visibles para el hombre mayoría que todo lo enjuicia desde su cotidianidad. Alfredo Guevara es un revolucionario de todos los tiempos, incluso ha ido a contracorriente por defender el derecho a decir la verdad e impulsar el mejoramiento humano.

Era un mito apreciarlo siempre con su saco al hombro. Muchas veces le preguntaron por qué  vestía de esa manera; tenía una respuesta salomónica y evadía las razones. Se nos fue a otra vida, y el programa Con dos que se quieran sembró la necesidad de saberlo. Amigos íntimos acaban de confesar el porque del anti-ritual que pertenece, ya, a esa leyenda nombrada Alfredo Guevara.

Dos principios morales tenía Guevara para andar siempre con el saco al hombro: detestaba la guayabera y aborrecía la ritualidad. Al saberlo, algunas personas, de esas acomodadas en las tradiciones se enojaron, cómo es posible que enjuiciara de esa manera un atributo de la identidad cultural como la guayabera;  pero ojo, no se trata de eso, sino de los usos dados a esta prenda, y la saturación provocada en los jóvenes al observar a  funcionarios y dirigentes  vestidos con la misma en cada espacio de poder público. Guevara no quería ser valorado de esa forma, se sentía diferente y por eso creía apocarse si aceptaba el ritual.

Llevar saco también lo apocaba, al extremo de preferir echarlo sobre la espalda, como un gran peso, vacío de significados para él. Al final, terminó en símbolo de resistencia contra los usos públicos que anulan las energías revolucionarias. Se visualizaba públicamente como un joven encerrado por una bruja en un cuerpo viejo.

José Ingenieros parecía soplar el fuego de la rebeldía en sus oídos, por eso sus divisas eran: no dejar de luchar y no perder la vergüenza. Ese legado ético lo llevó a recorrer la isla de un extremo a otro, a vivir en permanente diálogo con los jóvenes, a pedirle que nunca se cansaran, a ser provocadores cuando tuvieran la razón, a ser polémicos y agudos en el enfrentamiento a los problemas de su tiempo.

Pensar y hacer son las máximas que deja Alfredo Guevara a los revolucionarios cubanos en tiempos difíciles. No hacerlo equivale a ser un anti-revolucionario, o mejor, alguien interesado en defender privilegios e intereses, más allá de las realidades y del sentido común. Por eso despido este homenaje con un fragmento de la entrevista Con dos que se quieran:
 
"yo creo en las militancias. Yo creo que ante cualquier realidad hay que tener criterio (una realidad que valga la pena). Y hay que tener, si vale la pena, pasión. Yo le llamo a la pasión, en el lenguaje nuestro de Partido y Juventud, le voy a llamar militancia, pero es pasión. Incluso dudo mucho que pueda alguien ser un militante si no tiene pasión, ya usando el otro lenguaje.

 
"Yo soy militante porque tengo el carné, porque no sé qué diablos, porque hice esto, porque lo otro, ¡basura! Si no hay pasión en tu ser...

 
"Por eso para mí, ayudando a entrar en el ICAIC en la producción cinematográfica, para mí quienes más me fascinaban, eran los locos. Es decir, si llegaba un chico o una chica, enervados con su pasión por hacer cine y enloquecidos con el disparate y todo, porque antes de la formación se es así, yo decía, ahí hay un artista y es por eso por lo que he dicho más de una vez en las conferencias, que no son conferencias, son diálogos".

martes, 11 de septiembre de 2012

Cuba necesita prensa revolucionaria no oficial


—Cuba necesita prensa revolucionaria no oficial. Es una necesidad. Cuando escucho al Primer Secretario del Partido, lo que ha dicho sobre la prensa, y leo los propios documentos del Partido, recuerdo esa idea.
Fragmento de entrevista concedida por Fernando Rojas, Viceministro de Cultura, al Caimán Barbudo
 
(…)  —Cuba necesita prensa revolucionaria no oficial. Es una necesidad. Cuando escucho al Primer Secretario del Partido, lo que ha dicho sobre la prensa, y leo los propios documentos del Partido, recuerdo esa idea. Nosotros necesitamos que la información no se asocie solo a lo que se informa sobre la gestión del gobierno porque se produce una limitación de base para el periodismo, en particular para el periodismo de opinión, para el crítico, incluso para el noticioso, que tendría que insistir en los defectos de esa gestión gubernamental y política. Una de las cosas que tendría que resolver el periodismo es considerarse no oficial, o no necesariamente oficial, en una medida mucho mayor de la que hoy se considera en algunos medios. Y al mismo tiempo, revolucionario. Es el reto: una prensa revolucionaria no oficial que permita una mirada crítica, que no signifique tener que responder estrictamente a la gestión del gobierno, sino todo lo contrario: poder enfatizar en las lagunas, los errores, los problemas, decir descarnadamente lo que pasa. El periodismo tiene capacidad suficiente para cumplir esa función, pero, al mismo tiempo, hay que crearle condiciones para que lo haga. El periodista no puede sentirse inseguro si va a seguir esas pautas que nos está trazando la dirección del Partido, pero tenemos que crearle condiciones para que no se sienta inseguro a la hora de hacer este ejercicio crítico.

Enlace para leer toda la entrevista: El periodismo cubano, gran asignatura pendiente

jueves, 16 de agosto de 2012

"Un socialismo con pachanga"


Me crié con una frase que explica la nueva vida del siguiente modo: “un  socialismo con pachanga”.
Víctor Fowler (Ensayista y Poeta)

Nota: Publicado inicialmente con el título: Somos unos sobrevivientes

Me crié con una frase que explica la nueva vida del siguiente modo: “un  socialismo con pachanga”. Dicen que la pronunció Roa, pero importa menos el nombre de que el deseo de especificidad, de colocar una marca propiamente cubana (de carácter) dentro de la opción ideológica.

Hace unas semanas, entre un grupo de escritores, expresé que — a mi juicio— cualquier posibilidad futura para el socialismo pasa antes por la obligación de tener “swing”. Apelo a un término tomado de la música y agrego que solo recibí veladas sonrisas cómplices a cambio de lo que me parece el desafío cultural más serio que enfrenta el socialismo como sistema y modo de vida.

Al Estado, al Partido, a la UNEAC misma en sus diversos niveles (entre otros estamentos de la administración y planificación de nuestras vidas) corresponde igualmente generar, organizar y alimentar esos valores impalpables que son la alegría, la sabrosura, el “swing”. Si esto es cierto, entonces toca profundizar y debatir no solo lo que el socialismo significa, sino —lo principal— en cómo tornarlo un destino atractivo culturalmente deseable, una opción de vida grata en un amplísimo abanico que abarca estilos de vida, identidades sexuales, entretenimiento, prácticas populares, modos de religiosidad, habilitación de espacios, nuevas vías de comunicación interpersonal y presencia pública del Yo, entre otros.

Sin embargo, no se trata de fabricar imágenes de multitudes permanentemente alegres, sino de conocer la verdad, cosa esta última que no puede ser alcanzada sin voluntad política y sin deseo. Hablamos de marginalidad, pero apenas es posible saber nada de ello por nuestros medios de comunicación. Ni de racismo, ni de pobreza, ni de homofobia, corrupción, violencia callejera, espacios de burocratización, ausencia de debate y muchos otros aspectos de lo que realmente importa de la vida.

Un proceso social que ya cumple medio siglo (en este caso una revolución socialista) tiene, además de enemigos externos, las contradicciones que el proceso mismo al avanzar genera y ese formidable devorador de toda fuerza que es el desgaste. Pertenecemos a una parte de la historia del mundo donde los más diversos espacios de trasmisión de ideas (medios masivos, escuelas, literatura y arte a nivel internacional) nos piden que identifiquemos con el fracaso. No importa si de modo frontal o desde tangentes, pero en sustancia. Somos unos sobrevivientes.

En esta circunstancia tener “swing”, ser atractivo, es casi un imperativo categórico. Y, junto con ellos, la búsqueda, encuentro, re-conocimiento y discusión pública de la verdad como garantía mínima de que todavía son posibles el humanismo, la transparencia y la esperanza.

Intervención en los debates sobre el Informe Cultura y Sociedad, VII Congreso de la UNEAC.
3 de abril de 2008. Palacio de las Convenciones, La Habana. (Tomado de la Jiribilla)


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