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lunes, 31 de diciembre de 2018

La hora de los puercos asados en Cuba



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

2018 se despide, no es como otros años; pocos puercos (machos) han gritado en el vecindario ante la puñalada mortal; si dos o tres  lo hicieron, fueron muchos. Reina el silencio, como si un dolor profundo inundara los corazones. Algunos pintan sus casas, otros,  toman rones baratos, los menos, más caros.

Pocas varas de asar en la calle. La gente metida en los patios, casa adentro; quiero creer que es fin de año; incluso cuestiono el puerco de mi vecino, demasiado grande para cuatro o cinco personas, pero es la tradición y no interesa si queda más de la mitad, lo importante es el ritual, buscarlo en el corral, poner el agua caliente,  el sacrificio, coger la sangre para morcillas, el hígado para la sabrosa jandinga con yuca; ponerlo a escurrir y  finalmente el aliño, con todos los picores necesarios. 

Llega la hora del puerco,  debe estar listo  antes de la medianoche. Empieza la gente a darle timón a la vara, como jocosamente dicen por acá los lugareños. El humo toma cuerpo, se ve desde lejos, estallan los cueros, la grasa asoma, el olor es más sabroso que el mismo asado, la boca se hace agua y uno siente ganas de comer cueritos, llenarse las manos de grasa, arrancarle una pata delantera, se ven doradas.  Pero ni un pan viejo para pincharlo y ponerlo bajo las cascadas que llueven desde el asado.

Un amigo me dice de los vinos de Bayamo, otro de los de Santiago, lo real, no hay ninguno y nosotros queremos vino, no esos rones cálidos que ponen la bemba encendida.

La tarde empieza a caer;   es 31 de diciembre de 2018  en Cuba. Apenas unas horas para entrar en 2019. Las pocas varas giran a la vista pública; las manos cansadas se rotan, casi es la hora de comer y los cubanos empiezan a felicitarse; todo es música y razón, como diría José Martí, porque "...los días de fiesta reponen las fuerzas y suavizan las iras". ¿Qué nos traerá el 2019 cubanos?

lunes, 14 de octubre de 2013

Crío puercos y escribo poesía


Crío puercos y escribo poesía. Soy de Baire ¿y qué?
Por Eduard Encina. 

A ratos, cuando leo mis poemas lejos de Oriente, suelen presentarme como un escritor santiaguero, y en verdad un 27 de enero de 1973, mi madre fue trasladada con dolores de parto, desde Baire hasta la entonces Clínica de los Ángeles en Santiago de Cuba. Allí vi la luz, pero en lo que canta un gallo ya estaba de regreso con los míos en el pueblecito de los Generales, de los peluces, como solían llamarle, dando mis primeros pasos y también, mis primeros tropiezos.

Soy bairero. Le rectifico al que se equivoque, y no es que me moleste ser de otra parte, es que no se puede negar la esencia de donde uno viene. Mi padre nació en la Sierra Maestra, mi madre también; junto a ellos aprendí a no sentir vergüenza de ser humilde, a vivir como se puede, pero limpio y sobre todo a mirar al otro en su dignidad y no solo en su apariencia.

En las vacaciones solíamos machacar a los muchachos que venían de otras provincias y más si eran de La Habana, pues, desataban un brillo perverso en los ojos de nuestras chicas. El que quería novia tenía que ganársela, y la única forma era igualándose a nosotros, después terminábamos siendo los mejores amigos del mundo. Hoy lo pienso y parece segregador, sin embargo, bien adentro, se puede advertir que desde la infancia uno intenta construirse la resistencia. La idea no era que nos molestara el otro, sino “lo otro”, la construcción social que se había hecho entre los que vivían en la ciudad y el  campo.
Me gusta romper ese mito, y comienzo por reconocer mi casa, mi patria chica y profunda. Nunca me he ido de aquí, no añoro el Malecón, ni el Capitolio Nacional. Supongo que les pase lo mismo a los que viven allá, con una diferencia, para muchos de ellos somos palestinos, área verde, pero en realidad somos la resistencia.

Crío puercos y escribo poesía. Soy de Baire ¿y qué?

Fuente: Cimarronzuelo Oriental


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