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A Mariela Castro la
conocí en el BlogazoxCuba y compartí brevemente con ella. No la sentí ajena al
hombre que construye el día a día en un P.4, o cena en un humilde comedor.
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Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
La
visita de Mariela Castro a Estados Unidos ha generado construcciones mediáticas
que se han disparado más allá del bien y del mal; algunas líneas editoriales
satanizan el hecho, otras lo ven bien. Lo cierto es que ningún medio se ha
quedado sin opinar sobre el asunto. ¿Qué tiene esta mujer de especial para los
medios?
Es
la hija del presidente cubano Raúl Castro, primera condición para atraer a los
medios. Sin embargo, no es esa la principal urgencia mediática para ir tras
ella. Interesa más conocer, cómo una mujer, desde la Cuba machista, que hizo una
revolución liderada por hombres, asume abiertamente la defensa de lesbianas y gays.
Otras
tendencias de análisis enfocan hacia el vacío que pudiera llenar, de cara a la
Cuba futura, como posible presidenta de un país, que nunca ha tenido a una
mujer en la silla destinal de la nación.
Algunos
matrices de opinión se enredan en criterios que la presentan como un sujeto crítico con su tío Fidel Castro, al que no tolera por sus posiciones machistas y homófobas, proceso que la convierte, según algunos formatos de información, en revisionista de la obra del Comandante en Jefe.
Esta mujer, sencilla por naturaleza, comparte la vida cotidiana junto
a cualquier cubano de a pie, y dialoga sobre diversos asuntos, en lenguaje
ameno y crítico. La conocí en el BlogazoxCuba y compartí brevemente con ella. No
la sentí ajena al hombre que construye el día a día en un P.4, o cena en un
humilde comedor.
Mariela
Castro siente a la Cuba profunda, y lo hace de verdad, sin
falsas retóricas, ni imágenes prediseñadas para ganar o perder credibilidad, en su lucha por una sexualidad mejor
comprendida y tolerada, en el cerrado escenario de la nación, donde hombres y mujeres no admiten, todavía, a los que siguen tras el armario.