jueves, 10 de enero de 2019

Soñar el camino del viento




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Los seres humanos transitamos etapas en la vida con una limitada conciencia crítica;  siempre que salimos de  una, las marcas son profundas, a veces para bien, otras, no tanto. Gracias a Dios existen ideales, paradigmas, son faroles prendidos cuando la oscuridad llega.  De niño jugué a ser escritor; mis primos reían por los nombres. Dos me acompañaron muchos años: “FEDERSON DEL VALLE” y “FERNÁNDEZ”.

Ya adolescente recibí con gusto otro nuevo: “Liquen Bacteria”.  Mi tío “Guancho” fue el responsable. Después tuve  uno especial, tenía que ver con un pelotero famoso: “Mantecao Linares”; de veraz  me sentía bien, pues no había juego de béisbol con mis cercanos donde alguien lo ignorara.

Crecí con esos alias como ideales; creyendo que el futuro era cualquier día. Una semana dejé de ser “Liquen Bacteria”, porque mi padre biológico prefería decirme “Chicho macana”; aquello era demasiado vulgar; me ponía colérico.

Gracias al señor tiempo comencé a firmar  “DOCTOR FEDERSON DEL VALLE”. Me lo creía.  Mi primo Sebastián aún me llama así, no olvida el bachillerato y mis manías de verme en una profesión donde pudiera vivir de mi intelecto.

Llegó el Ejército y pasó a una velocidad que no recuerdo. 365 días,  rodeado de cañaverales, pueblos con nombres 43, 15, 13. Allí me bautizaron “Noly”. Tuve buenos socios, que aún hoy, desde sus profesiones, oficios o formas de ganarse la vida, me llaman como aquellos tiempos.

La universidad me dio uno que aún conservo: “GUAJIRO”. Amigos de San Luis, La Maya y Santiago de Cuba, lo acuñaron.  Estar en un grupo tomando una cerveza, leyendo un libro, o enamorando a una muchacha, y que pasara alguien y me dijera así, producía una energía agradable.

Me licencié en Historia y Filosofía. Fui feliz el día que tuve mi título en las manos y era de oro; pero más feliz cuando en el Teatro Heredia una voz dijo: “-¡Guajiro!, ¡lo logramos, carajo!”-, era Mengana, un muchacho de La Maya, también con un oro bajo el brazo. Luego almorzamos junto al Rector; quimbombó con carne de puerco, congrí, ensalada, mogo de plátano y  cerveza de botella; un lujo en medio de la crisis de los 90 del siglo XX (Período especial).  Junto a nosotros, Ena Elsa Velásquez; decana de una de las facultades, -actual Ministra de Educación-, persona muy especial, le encantó  saberme feliz con lo de “GUAJIRO”, pues era de Contramaestre igual que yo.

El trabajo me dio un nombre felino, “Tigre”. Era bueno escuchar a los alumnos llamarte así;  pero también la fiebre de los videojuegos me tituló Súper Mario. No me hacía mucha gracia hasta que probé jugarlo, entonces funcionó y lo llevé ante mis alumnos con dignidad. Unas veces era “Tigre”, otras, “Súper Mario”.

Ser profesor no fue tan bueno; decidí probar fortuna en el periodismo. Regresó el “Noli” del Ejército. ¿Sería una de esas analogías sorpresivas? ¿Tendría que ver con un individuo de mentalidad específica?    Ya pasan 14 años y muchos dejaron de decirme “Noli”, para llamarme “ARNOLDO”, mi nombre real;  éste último lo hice una armadura de hierro.

Luego de apreciar en enero la película, “Sanz:   lo que fui es lo que soy”, decidí ser Fernández; darle paz infinita al Caracol; soñar el camino del viento; luz en cualquier parte. El Apóstol José Martí en mi equipaje.

miércoles, 9 de enero de 2019

¿Cómo demostró España la muerte del Apóstol?

27 de mayo de 1895, momento en que el fotógrafo Higinio Martínez tomó esta fotografía.
Por Carlos Rodríguez Almaguer (Vicepresidente en Fundación Máximo Gómez) 

Lamento compartir esta dolorosa imagen, pero no se me permite comentar en el sitio donde se dio el debate y se me pidió opinión. La cuestión a debate es si esta foto pertenece o no al cadáver de Martí. El propio Martí nos enseña a dudar de todo, pero siempre con una duda razonable, nunca con ligereza. Igualmente nos enseña que los estudios hechos no nos provocan más que una profunda vergüenza porque lo primero que nos enseñan es cuánto nos falta todavía por conocer. De manera que bajo esas premisas martianas estoy claro de que en mí hay más dudas que certezas, y en lugar de envanecerme por lo que los demás suponen que yo sé, lo que hago es aterrarme por lo que yo mismo estoy consciente de que desconozco. Cada vez comprendo mejor a Sócrates y su llevado y traído adagio "solo sé que no sé nada". 

Sobre la foto en cuestión: Lo que la historiografía cubana ha afirmado, a partir de fuentes oficiales españolas y testimonios personales de algunos participantes directos, es que el cadáver de Martí fue enterrado en cinco ocasiones hasta llegar al Mausoleo que ocupa hoy en el Cementerio de Santa Ifigenia, en la infatigable Santiago de Cuba. 

El primer entierro ocurrió el 20 de mayo de 1895, al día siguiente de su muerte en el combate de Dos Ríos. Una vez reconocido su cadáver por los documentos que llevaba encima, fue enterrado sin ataúd, junto a un sargento español, en una fosa común del pequeño cementerio de Remanganagua, lugar relativamente cercano al sitio del combate. 

Al emitirse la importante noticia, desde un telégrafo ubicado en el cuartel de Remanganaguas, a Santiago de Cuba, La Habana y Madrid, en ese orden, el Capitán General de Cuba, Arsenio Martínez Campos, previa consulta con el Ministro de Ultramar, ordenaron la inmediata exhumación del cadáver y su exhibición pública para conocimiento general, dada la importancia política del dirigente caído. El comandante general de las tropas españolas acantonadas en Santiago de Cuba, general de división Juan Salcedo y Mantilla de los Ríos, cursó órdenes inmediatas al coronel Ximénez de Sandoval para que se dirigiera, con parte de sus hombres, hacia territorio santiaguero. De igual manera envió rumbo a Remanganaguas al doctor en medicina y cirugía Pablo Aureliano de Valencia y Forns, habanero radicado en Santiago que además se desempeñaba en esa ciudad como práctico forense.

El 23 de mayo, el doctor Pablo Valencia, hizo la autopsia para comprobar la identidad y lo embalsamó. Luego exhibieron el ataúd con los restos para dar mayor veracidad a sus informes militares y noticias en la prensa. Después su cadáver fue llevado a Santiago de Cuba y exhibido brevemente a un par de amigos el 27 de mayo, momento en que el fotógrafo Higinio Martínez tomó esta fotografía, que apareció en el bisemanario La Caricatura, el 9 de junio de 1895. A ese momento corresponde esta foto, según todas las fuentes disponibles, tanto los testigos presenciales testimoniantes, como la prensa española de la época, que celebró con bombos y platillos la muerte de aquel que supo convertir su palabra en fuerza material y juntó, para orgullo de Cuba y fatalidad de España, a los elementos dispersos de la guerra anterior para dar inicio al fin del dominio colonial español en América. 

Vivo en Santo Domingo desde hace 5 años. La Fundación Máximo Gómez que acá creamos, para rescatar y mantener viva la memoria del último de los grandes libertadores americanos del siglo XIX, ha restaurado la casa donde se firmó el Manifiesto de Montecristi, hemos seguido sus pasos por las tierras donde Gómez tuvo su finca La Reforma, en Laguna Salada, se han levantado testimonios orales y escritos sobre los días de Martí en estas tierras durante su último paso antes de embarcarse a los campos de combate en Cuba Libre; por ninguna parte ha salido jamás que Martí haya tenido que afeitarse el simbólico bigote para entrar a Cuba, puesto que la expedición desde sus inicios se asumió como totalmente clandestina, con todos sus peligros y consecuencias.

Más allá del debate sobre este tema, verán los lectores cómo en los últimos tiempos las redes sociales están provocando el raro acontecimiento de que la ciencia constituida, con todos sus métodos y sus rigores de investigación, está siendo emplazada a dar explicaciones que ya fueron ampliamente fundamentadas en su momento, cuando lo que toca en realidad es que quien pretenda establecer una nueva tesis en el campo histórico, se sirva ofrecer con ella los argumentos que la avalen o, por el contrario, que cada cual se informe de aquello que no conoce--que siempre en todos nosotros será infinitamente más que lo que creemos saber--antes de lanzarse a especulaciones o afirmaciones infundadas que provocan una avalancha de interpretaciones que rara vez construyen. La libertad es un derecho inalienable de cada ser humano; pero con ella viene, como un deber inexcusable, la responsabilidad ética de emplearla bien.

jueves, 3 de enero de 2019

El asado de mi gallina blanca



Cuatro meses bastaron para cebarla, era casi una amiga, me veía ante la jaula  y cloqueaba con belleza; no quise ver como mi vecino ponía fin a su vida, pero tenía el propósito de meterla en una pequeña vara y asarla a la antigua: leños secos, condimentados con azúcar parda y Dimensión Latina junto a Oscar de León,  sonando sabroso.

Sus plumas, como la nieve, fueron a un saco de nylon; asomó el cuerpo desnudo, el amarrillo del gordo a la vista.  Las vísceras las extraje con cuidado, luego la colgué a escurrir, como si fuera un puerco hermoso, cuando en verdad era una gallina familiar al alma de un lugareño que todavía siente su partida.  

Crucé una cerca brava, por un momento, los alambres me aguantaron, pero finalmente el objetivo, el saco de carbón en mis hombros, nuevamente el cruce, mi pantalón enganchado,  el hoyo exacto, los carbones bien colocados, las llamas tomando el tiempo,  entonces comenzó el hechizo de la vara; como los aborígenes, me senté en una piedra, mientras veía dorarse el cuerpo de aquel ser que cloqueaba en las mañanas y comía golosa de mis manos, esas manos que hoy la necesitan, porque una “mascota”, es difícil olvidarla.

En mi patio reina el silencio. La jaula todavía conserva las huellas de la gallina blanca, mi amiga de las mañanas, las tardes;  nunca más estará, en su lugar “San Francisco”, uno de mis gallos legionarios. Desde allí trina fuerte, ya no vive en el pequeño espacio donde su libertad era limitada, ahora siente que puede aletear y comunicar sus campanadas sin las rejas enmohecidas.

La  vara gira,  apenas unos toques. La música eleva, tonifica el espíritu abrumado. El fuego bravo danza; huele a comino, naranja agria, ajos;  se esparce  en  la noche magnífica;  al transcurrir tres horas y veinte minutos, la señal. No más gallina blanca, sólo un hombre el 31 de diciembre de 2018 ante una mesa, comiendo sus carnes con ñame, lechuga, congrí y tomates. 





martes, 1 de enero de 2019

La quema del muñeco (BBC-Mundo)


Armar un gran muñeco con materiales inflamables y prenderle fuego en la calle es una costumbre que existe en diversos países latinoamericanos para diferentes fechas importantes.

Varios países de la región como Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela realizan esta tradición en fin de año, motivo por el cual algunos llaman al muñeco como "Año Viejo" o directamente "El Viejo".

En general, la idea es juntarse con familiares, vecinos y amigos para crear muñecos que representen acontecimientos o personajes negativos del año que se termina y luego quemarlos para ponerles fin y dejarlos atrás.

Así como esta tradición tiene múltiples variantes, también posee diferentes orígenes. Uno de los más interesantes, no obstante, es el de Ecuador, donde este evento es cada vez más un atractivo turístico.

Si bien la quema del muñeco hoy en día está vinculada a la creatividad y el sentido del humor, surgió en 1895 en la ciudad de Guayaquil en un contexto muy distinto.

"Datos históricos señalan que en aquella época, la población de Guayaquil se vio amenazada por un brote de fiebre amarilla por lo que, como medida de protección sanitaria, se recomendó confeccionar ramadas y monigotes de paja con los vestidos de los parientes que habían fallecido", informa el Ministerio de Turismo de Ecuador en su sitio web.

"Estos eran colocados en la vía pública el último día del año y a las cero horas se quemaban", agrega.

Comer 12 uvas a las 12 de la noche (BBC-Mundo)


La tradición de comer 12 uvas exactamente a las 12 de la noche llegó a América Latina desde España.

Para tener 12 meses de buena suerte y prosperidad es necesario comer una uva con el sonido de cada campanada de la medianoche.

Según el libro "España", del periodista estadounidense Jeff Koehler, existen dos teorías sobre los orígenes de esta antigua costumbre.

La primera se remonta a la década de 1880. Según diarios de la época, la clase burguesa española, imitando a la francesa, comenzó a celebrar Nochevieja comiendo uvas y tomando vino espumante.

"Poco tiempo después, esta costumbre fue adoptada por ciertos madrileños que iban a la Puerta del Sol para oír las campanas de la medianoche y, muy probablemente con ironía o como burla, comer uvas al igual que la clase alta", escribe Koehler en un artículo para la radio estadounidense NPR.

La segunda teoría sitúa los orígenes unas décadas después, en 1909. Ese año los productores de Alicante, en el sureste de España, tuvieron una cosecha excedente de uvas blancas de la variedad típica del lugar, llamadas Aledo.

Al bajo precio del producto se sumó la forma creativa de venderlo. No en vano hasta hoy en día son conocidas como las uvas "de la buena suerte".

Si bien en España uno puede encontrar 12 uvas Aledo envasadas especialmente para la ocasión, en algunos lugares de América Latina, como no es temporada de alta de esta fruta, la costumbre derivó a comer pasas.

lunes, 31 de diciembre de 2018

La hora de los puercos asados en Cuba



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

2018 se despide, no es como otros años; pocos puercos (machos) han gritado en el vecindario ante la puñalada mortal; si dos o tres  lo hicieron, fueron muchos. Reina el silencio, como si un dolor profundo inundara los corazones. Algunos pintan sus casas, otros,  toman rones baratos, los menos, más caros.

Pocas varas de asar en la calle. La gente metida en los patios, casa adentro; quiero creer que es fin de año; incluso cuestiono el puerco de mi vecino, demasiado grande para cuatro o cinco personas, pero es la tradición y no interesa si queda más de la mitad, lo importante es el ritual, buscarlo en el corral, poner el agua caliente,  el sacrificio, coger la sangre para morcillas, el hígado para la sabrosa jandinga con yuca; ponerlo a escurrir y  finalmente el aliño, con todos los picores necesarios. 

Llega la hora del puerco,  debe estar listo  antes de la medianoche. Empieza la gente a darle timón a la vara, como jocosamente dicen por acá los lugareños. El humo toma cuerpo, se ve desde lejos, estallan los cueros, la grasa asoma, el olor es más sabroso que el mismo asado, la boca se hace agua y uno siente ganas de comer cueritos, llenarse las manos de grasa, arrancarle una pata delantera, se ven doradas.  Pero ni un pan viejo para pincharlo y ponerlo bajo las cascadas que llueven desde el asado.

Un amigo me dice de los vinos de Bayamo, otro de los de Santiago, lo real, no hay ninguno y nosotros queremos vino, no esos rones cálidos que ponen la bemba encendida.

La tarde empieza a caer;   es 31 de diciembre de 2018  en Cuba. Apenas unas horas para entrar en 2019. Las pocas varas giran a la vista pública; las manos cansadas se rotan, casi es la hora de comer y los cubanos empiezan a felicitarse; todo es música y razón, como diría José Martí, porque "...los días de fiesta reponen las fuerzas y suavizan las iras". ¿Qué nos traerá el 2019 cubanos?

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