domingo, 31 de marzo de 2019

Adiós “Papá”



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

31 de marzo de 2019. 1:25 de la madrugada. Mi mascota de compañía Cuquita, una y otra vez viene hasta la cama; con breves ladridos señala la puerta, algo quiere decirme, la conozco por sus hábitos, inteligencia; no es caca, no es orinar; pasa algo; decido seguirla, abro y voy hasta donde dejé a “Papá” luchando por la vida la noche anterior, luego de una batalla intensa contra su corazón cansado, la falta de aire, la ceguera. Pude ver sus últimos suspiros, su mirada apagada me decía adiós.

Siendo apenas un cachorro aprendió a quererme como un protector de sus días, por eso no sentía la ausencia de su dueña cuando iba a Guantánamo a visitar la familia.

“Papá” supo enseguida, que al morir la que tanto amó, debía buscar refugio en mí, así lo hizo hasta convertirse en el hermano mayor de mi mascota Cuquita; unidos, hacíamos el recorrido todas las noches y ahí presente, celoso guardián de su amada, la que respetó con una ética a prueba de los deseos más perrunos.

Comía lo mismo que yo. Sus necesidades eran órdenes para mí, cuando su cacharra no tenía agua, la movía con una pata y sabía que debía levantarme o dejar todo para satisfacerlo.

Dormía frente a la puerta de mi cuarto; con los claros del día, pasaba sus patas imitando toques (toc toc, toc), hora de empezar las luchas diarias.

La noche del 30 intentó meterse en la habitación donde vivió una gran parte de su vida junto a su ama, noble persona que me pidió en su lecho, horas antes de irse a la eternidad, lo cuidara; era su más grande amor; me hizo jurar mi entrega, como mismo lo hizo ella durante 10 años. Me abrazó. Sabía de mi profunda sensibilidad. Lo juré y cerró los ojos; se fue convencida de mi promesa.

No pudo morir donde vivió los días más felices, incluso subiendo a la cama en la madrugada y durmiendo por breves horas junto a su dueña, por eso tomé una de sus prendas, de las que tenía, -el médico veterinario amigo me sugirió lo hiciera-, pues ellos tienen memoria de los años vividos, así lo hice y a la 1:30 de la madrugada fue a encontrarse con su ama en una etapa nueva, otra forma de amor, donde estoy convencido me cuidarán desde sus espíritus.

Muchas veces lo salvé de la muerte, una de ellas muy dramática, cayó en una enorme caja de agua de una vecina y nadie conseguía sacarlo porque era muy bravo, gracias a Dios me avisaron, porque ya cansado podía ahogarse; sus patas ensangrentadas, la respiración agitada, me vio asomarme y nadó a mí, lo tomé en mis brazos, me lamió la cara en señal de agradecimiento;   con esa imagen te recordaré siempre “Papá”.

Todo animal de compañía o cualquiera merece una muerte digna, acompañada de afectos, atenciones médicas. Tuvo razón nuestro inmenso José Martí cuando dijo: “el sufrimiento es menos para las almas que el amor posee”. Adiós “Papá”.

lunes, 18 de marzo de 2019

La Patria de Carolinas y Alejandras


La noche es un gato que pasa

muy lejos.

Yo quiero ser ese gato,

robar el viento,

tomarme el hechizo del polen;

pero no hay un mago para complacerme,

ni soy un personaje  de  Había una vez.

Soy un caracol forzado

a girar en torno a un tanque de cemento,

donde mi padre orina cada noche

y puede aplastarme con la suela de su zapato

el día menos pensado

y seré polvo,

sin antenas,

ojillos,

sin aquel lucero

al amanecer

que mostraba a mi madre

cuando creía ser un niño feliz

que cazó mariposas azules

y habitó un asteroide

donde había un árbol,

por donde se subía al cielo

en una noche de Puerto Príncipe.

Nunca más seré ese niño,

aquel que su madre vieja

acunó en una palabra inmensa

llamada amor.

El amor es un gato azul

que voló lejos

y no hay forma de  hacerlo regresar

a la patria de Carolinas

y  Alejandras.

viernes, 1 de marzo de 2019

Aquel hombre generoso que Cuba olvidó


En la base de este monumento descansan las cenizas de Francisco Vicente Aguilera y Tamayo.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Desde agosto de 2018 vengo haciendo un modesto homenaje a uno de los hombres, injustamente olvidados en la actualidad: Francisco Vicente Aguilera y Tamayo.

Todo ser humano tiene sus símbolos, es normal que así sea. Vicente Aguilera es el mío.

Mi manera sencilla de rendirle honores fue dejando crecer mi barba, similar a la suya en la manigua insurrecta y luego en la emigración, donde murió en una pobreza triste, calumniado por unos, reverenciado por otros; pensar que antes de la Guerra de 1868, era la persona más acaudalada del Departamento de Oriente.

En mis pensamientos ya tenía anticipado lo que haría, luego de ponerle un manojo de rosas amarillas y conversar con sus restos, cortaría mi barba y volvería al hombre de trágicas lecturas que sueña puentes de agua y cree ver las luces de una ciudad tomada por el viento. 

Monumento a Francisco Vicente Aguilera en  el Retablo de los Héroes. Fot. A. Fernández.
El supremo organizador de 1868 
Aguilera sufrió extraordinariamente en vida, porque le arrebataron muchas cosas, incluyendo la condición de “precursor”. Leyendo el libro Raíces del 10 de octubre, de Gerardo Castellanos, uno comprende el altruismo del supremo organizador de la Guerra de 1868; el silencioso fundador de la nación, el Gran Maestro Venerable de la Logia Estrella Tropical;  el creador de las condiciones del proceso conspirativo, donde todo fue cálculo, inteligencia; duele ver como un ser humano de su estirpe, -cuando ya prácticamente todo estaba hecho-, es apartado por los hermanos Santiesteban de Manzanillo, liderados por Carlos Manuel de Céspedes y adelantaron el estallido independentista.

Me parece verlo en su finca Cabaniguán, con un racimo de guerreros, listo para el inicio de su obra sublime y conocer desde allí, que aquellos disidentes de su autoridad, se lanzaron a la toma de Yara y fueron derrotados. Su magnanimidad es enorme cuando sus seguidores le pidieron no reconocer la acción de Céspedes y se negó a hacerlo, sabiendo que éste pasó por encima de su autoridad y desde aquel trágico momento, creó la semilla de la discordia, dando lugar al enfrentamiento entre Aguileristas y Cepedistas. Así nació la Guerra de los 10 años en Cuba. 

Una promesa incumplida 
Viajar a Bayamo es un deleite para toda persona que pertenezca a la llamada Mesopotamia oriental; sí, tierra entre ríos; fértil por añadidura, donde nació una civilización de hablar pausado, casi con una musicalidad muy cercana a los guateques campesinos. Me atrevo a llamar Civilización mesopotámica a la cultura surgida entre los ríos Contramaestre, Cautillo, Jiguaní, Cauto y Bayamo, donde el componente aborigen fue vital, mezclado con migraciones de canarios, gallegos, libaneses, andaluces, chinos.

Hoy partí a cumplir mi promesa. Monté un camión de andar lento y con profundas bocanadas de humo; varias veces  me asomé al verdor de los campos, a los pueblos surgidos en mi Mesopotamia amada;  al llegar, tomé un coche hasta la Estación de Ferrocarriles y luego otro hasta la Necrópolis de Bayamo. Compré un racimo de rosas amarillas. El corazón me palpitaba de la emoción, al entrar, me dirigí a un grupo de personas, donde sobresalían algunas vestidas de azul;  pregunté por el lugar donde descansan los restos de Francisco Vicente Aguilera; una de ellas me dijo “¿y ese quién es?”, otra precisó, “mejor pregunto a la especialista”, alguien desde una oficina le respondió, “ese señor está en Santiago de Cuba”.   Lo sucedido parecía una broma colosal,  pero quise confirmar la ignorancia de una Ciudad ante el  cubano más generoso de su tiempo  y   nadie supo decirme el paradero de sus restos.

Desconsolado recorrí el Cementerio, por accidente llegué a la tumba del trovador Sindo Garay; lo evoqué en sus canciones; en su encuentro con José Martí;  coloqué algunas rosas como tributo. A su lado, Bladimir Zamora, hijo ilustre de Bayamo.  Seguí  entre nichos, bóvedas, pequeñas calles y dos hermosos  sepulcros con el apellido Aguilera me conmovieron, pero nada que ver con el patricio bayamés.

Ya  cerrando el mediodía, volví a los coches; atravesé en sentido opuesto una ciudad que me pareció contrariada por el sucio de sus calles, los embases de basura desbordados, los mercados en un mutismo sospechoso; pregunté a personas muy especiales sobre el destino de los restos de Francisco Vicente Aguilera, pero no me supieron orientar.

Decidí bajar hasta el Retablo de los héroes a ponerle mis flores a  su inmensa estatua allí; lo único que la identifica es el año de nacimiento y el de la muerte, nada más. Una cerca impide el homenaje, no obstante, coloqué mis rosas en su honor y regresé a mi pueblo.

Camino a la terminal, pregunté a muchos bayameses sobre el destino de un patriota benemérito llamado Francisco Vicente Aguilera; las respuestas me deprimieron, “yo no conozco a ese señor”. Yo les mostraba mi barba, creía decirles algo con la acción, pero me creían un loco  diciendo estupideces.

Llegué a casa; sentí que Bayamo no era la ciudad de mis sueños; muy dentro de mí, una angustia terrible; entonces revisé Internet y supe lo que todo cubano honrado debe conocer. 

Huellas del Cementerio de San Juan de Bayamo, donde por vez primera descansaron las cenizas de Francisco Vicente Aguilera en el Panteón de su familia.
La odisea de sus restos 
La investigadora Isolda Martínez Carbonell, en un artículo publicado en la revista Crisol, edición electrónica con fecha 21 de octubre de 2016, aclara todas las dudas que puedan tener cualquier cubano o extranjero, sobre el destino de los restos de Francisco Vicente Aguilera.

Queda definitivamente precisado, que murió en la ciudad de Nueva York de un cáncer en la garganta el 22 de febrero de 1877. Según datos de Martínez Carbonell: “El cadáver fue tendido en el Salón del Gobernador del ayuntamiento de New York, en capilla ardiente. Presidió la fachada del edificio la bandera de los Estados Unidos, el pabellón de la ciudad de New York y la enseña de Cuba Libre, a media asta, en señal de profundo duelo”.

En tiempos de la República, el Alcalde de Bayamo, Manuel Plana Rodríguez del Rey, se dirigió en carta al presidente de Cuba, el 18 de octubre de 1909, en nombre del pueblo bayamés: “… nos concedáis gloria de que reposen aquí las cenizas del inmaculado bayamés Francisco Vicente Aguilera, cuyos venerados restos cubren hoy tierra extranjera”.

Mediante ley del 28 de febrero de 1910, el Alcalde de Nueva York, cumplió la voluntad de los bayameses, y se produjo la entrega de los restos, para su traslado a Bayamo. El acuerdo se concretó el 28 de septiembre de 1910.

Días después, el 10 de octubre de 1910, llegaron los restos de Aguilera a Bayamo, a bordo de un tren especial. La urna fue llevada a la Casa Capitular donde el pueblo le rindió tributo, luego al cementerio de San Juan.

Martínez Carbonell llama reliquia a las cenizas del patricio bayamés, algo en lo que coincido completamente, porque lo sucedido ese día lo confirma, el Alcalde las recibió solemnemente, luego de ser depositadas en el panteón de la familia Aguilera. Los bayameses sentían aquellos restos como algo suyo, representaban, simbólicamente, el regreso a su tierra del hombre que más hizo por la organización de la Guerra de 1868.

Sin embargo, el 10 de octubre de 1940, sus descendientes pretendían llevarlo al Cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, como destino final. Entonces ocurre lo imprevisto, hijos de Bayamo, en la noche del 9, roban sus restos y lo esconden, porque no están de acuerdo con esa decisión.  Los periódicos en primera plana dan la noticia. Se especula sobre lo sucedido, pero los autores materiales de la profanación dan la cara y explican sus razones ante las autoridades:

En la noche del 9 había llovido mucho y, aunque no fue tarea fácil, la humedad nos ayudó a remover los ladrillos, que sacamos uno a uno, con mucho cuidado, para no causar destrozos, utilizando solamente un puñal muy bueno que me habían prestado.
La caja que contenía los restos de Aguilera era de bronce y pesaba bastante. Casi amaneciendo llegamos a la casa de Emilio y colocamos el féretro debajo de la cama de su mamá, Julia. Aunque los restos de Aguilera estaban protegidos por láminas de plomo, el agua se había filtrado, durante muchos años, por el estado ruinoso de la tumba, y todo adentro estaba muy deteriorado. Luego, ese mismo día, cuando accedimos a devolver los restos, buscamos a un hojalatero de apellido García, ya fallecido, que hizo una caja interior, debidamente soldada, remozándose el féretro.
Después de materializado el rescate se dieron cuenta que habían dejado una huella. A Emilio se le había quedado su sombrero, con unos papeles dentro de la badana en el cementerio. Ante esa situación, decidieron decir lo que habían hecho al comandante Felipe Elías Thumas, presidente del Centro de Veteranos. Este convocó a todas las instituciones para una reunión urgente en el cuartel de la Guardia Rural, Carlos Manuel de Céspedes e informó que los restos de Aguilera estaban en poder de los bayameses y estos no permitirían que se los llevara. El Centro de Veteranos, el Comité Pro Reconstrucción de Bayamo y el Círculo de la Prensa respaldaban esa actitud.
A continuación Emilio narró cómo habían ocurrido los hechos y terminó diciendo: “Es un ultraje para Bayamo que se lleven de aquí los restos de Aguilera y antes tendrán que matarnos para lograr eso”.(1)

El mausoleo fue concluido en 1958. Era el mayor de los homenajes de Bayamo a los mártires del 68, forjadores de la nación cubana; por eso lo llamaron “Retablo de los Héroes”. El proyecto lo concibió Sergio López Mesa y tuvo un costo de 32 000 pesos. Los restos de Francisco Vicente Aguilera descansan en la base del monumento, ubicado en la calle José Martí, entre Amado Estévez y Augusto Márquez. 
Mi promesa cumplida 
El 10 de octubre de 2019 se cumple el aniversario 109 del traslado de las cenizas de Francisco Vicente Aguilera a Bayamo. Desde el mes de agosto de 2018, rindo homenaje a su vida y obra, con esta barba, compañera de mis días de infortunio y entregas a la Patria, quizás no valoradas justamente por algunos, por una gran mayoría amiga, sí. En un gesto simbólico este 27 de febrero, sin saberlo, coloqué un ramillete de rosas amarillas en la base del monumento donde descansan sus cenizas. Espero las mías puedan ser esparcidas allí, cuando llegue mi hora final. 

Citas bibliográficas y notas 
(1) Testimonio del periodista bayamés Manuel R. del Risco Álvarez, tomado de Isolda Martínez Carbonell: El regreso de Aguilera: del Calvario al Mausoleo. Revista Crisol, Edición electrónica, 21 de octubre de 2016. 

Bibliografía

MARTÍNEZ CARBONELL, ISOLDA: El regreso de Aguilera: del Calvario al Mausoleo. Revista Crisol, Edición electrónica, 21 de octubre de 2016.

MORALES TEJEDA, AIDA LILIANA: El homenaje de Santiago de Cuba a Francisco Vicente Aguilera, Boletín Acento, Bayamo M.N. Segunda Época | Mes OCTUBRE/2016 | Año 2 | No. 19, publicado en Cuba nuestra, Edición electrónica. 

domingo, 17 de febrero de 2019

El desarrollo de Contramaestre (1910-1952)


Fotodo tomada en 1930-Abril-19: Puente en el río Contramaestre, construido por el Cuban Railroad Company
Construcción de La Carretera Central,  Puente Machado, Foto tomada en abril 20, 1930
Construcción de La Carretera Central, Contramaestre, Foto tomada en noviembre 19, 1930

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Una figura clave en la historiografía del Contramaestre republicano, licenciada en Pedagogía por la Universidad de La Habana, año 1952, es Pura Real Cobo, que presentó una tesis para graduarse con el título: “Organización escolar en Contramaestre y mejoras de que está necesitada”. La obra consta de 70 páginas y se conformó sobre la base de entrevistas a personalidades relevantes que tuvieron un peso decisivo en el surgimiento del poblado: Aquilino Fernández Rodríguez, Primitivo Fernández, Gerardo Morín Frías,  Eduardo Borges y Miguel  A. Duque de Estrada y Benítez.

Pura Real es testigo clave del momento que estudia, es contemporánea y protagonista del mismo, por ser esposa de uno de los hombres más prominentes de Contramaestre, el médico veterinario Oliva.  Su investigación es imprescindible para entender un pasado no estudiado suficientemente, que puede darnos las claves de los tiempos futuros.

En cuanto a la fecha de surgimiento del pueblo, Pura ofrece un dato revelador: “Contramaestre surge el 4 de octubre de 1910, por haber pasado ese día a las siete de la noche, el primer tren de pasajeros, que corrió entre Palma Soriano y Bayamo, inaugurando el Ramal Contramaestre (…) En aquellos momentos  se encontraba  establecido  en el lugar, que se denominaba  Apeadero de Contramaestre, un pequeño  negocio que regenteaba  el Sr. Don José Sánchez, español  murciano, a quien se puede considerar  como el primer habitante del poblado en ciernes”.(1)  ¿Quién informa a Pura sobre este momento?  La informa Aquilino Fernández Rodríguez, uno de los primeros comerciantes en establecerse por estos lares, figura emprendedora,  que juega un papel esencial junto a los  hermanos Garcés en la creación de una de las instituciones económicas más importantes de Jiguaní: la Casa Garcés Morín y Cía.

Otro dato importante tiene que ver con la primera persona en establecerse en el territorio, según Aquilino “…existía en el lugar una  bodega y fonda  propiedad de Don José Sánchez, que puede considerarse  el pionero  en lo que a la fundación del poblado se refiere”.(2)  Esta no  tuvo lugar  en forma propia hasta  1912, en que los Ferrocarriles de Cuba compraron a Don José Lora, 2 caballerías de  tierra en la Finca Vista Hermosa. Estos terrenos se parcelaron  y siendo aprobado el plano de urbanización, se inició la verdadera  fundación del poblado…”(3)

En la mencionada obra señala la autora: “El segundo vecino en establecerse   en la comarca fue Manuel Álvarez, que construyó una casa e instaló  un almacén de víveres y fue el iniciador  de la refacción a colonos para fomentar fincas de café”.(4)

Otro hito fundamental fue la fundación del central América en 1913, “lo que dio lugar  a que los obreros  que trabajaban en el mismo se trasladaran  diariamente al poblado, contribuyendo a su  desenvolvimiento…”(5)

Un momento clave es el paso de la Carretera Central en 1929(6), que atravesó el pueblo y le dio “mayor auge al comercio, la industria y la producción agrícola, especialmente al café que aumentó  considerablemente. En Ventas de Casanova se producía el 15% de la cosecha nacional de maíz(7), hecho que convirtió al poblado en un floreciente centro de negocios.

Las primeras familias  en establecerse en Contramaestre estaban integradas por cubanos nativos, los “Garcés y Lorente y por inmigrantes españoles  como los apellidados Álvarez, Morín, Carnero, Fernández, López, que constituyen los troncos originarios de este contemporáneo poblado”.(8) De conjunto, todas estas familias impulsaron el desarrollo local al extremo de opacar al término municipal de Jiguaní  a finales de la década de 1940 y principios de 1950; por esas razones el 8 de septiembre de 1951  se crea aquí,  la única sucursal en toda la isla del Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba.

Otro aspecto valioso, añorado por las mencionadas familias, era el relacionado con tener una parroquia en su territorio. La Iglesia Católica La Sagrada Familia de Contramaestre se inauguró oficialmente el 5 de mayo de 1942, oficiando misa, Monseñor Fray Valentín Zubizarreta, Arzobispo de Santiago de Cuba, recibido ese día, a las ocho de la mañana, en la Estación del Ferrocarril por una enorme multitud de personas, entre las que se destacaban las Hijas de María y los Niños de la Doctrina, así como representaciones del elemento católico de distintas ciudades y pueblos vecinos.  La obra la construyen el ingeniero señor Sebastián Ravelo y el constructor señor Pellicer.

En relación con el transporte, el Ferrocarril (1910) y la Carretera Central (1929), determinaron la prestación de varios servicios  de “ómnibus y trenes locales, provinciales y nacionales, con las siguientes salidas:

Guaguas:

29 salidas  diarias hacia Santiago de Cuba.

29 salidas  diarias hacia La Habana.

Tren:

Seis salidas diarias  hacia Bayamo.

Seis salidas diarias  hacia Santiago de Cuba”.

Una línea de salidas permanentes de guaguas hacía diariamente el  trayecto Central América, Maffo y Jiguaní.(9)

Un dato interesante para comprender el desarrollo del poblado es que se convirtió  en sitio ideal para que, la población del central América,  Maffo, Ventas de Casanova, Santa Rita y el mismo Jiguaní, acudieran a hacer  grandes ferias los fines de semana y con ello el flujo comercial alcanzó niveles elevados llegando a doce mil personas. 

Ya para 1952, según Real, Contramaestre tenía una “importancia extraordinaria  como centro financiero de grandes negocios a escala nacional”.(10) En la década de 1950  existían “165  casas comerciales de toda índole; almacenes importadores, exportadores de café, maíz y frutos menores”.(11) El poblado logró un desarrollo económico tan impetuoso que llegó a tener seis plantas descascaradoras de café “que benefician unos 180 000 quintales anualmente, que al precio de $50 el quintal, alcanza la cifra  de $9 000. 000.00”.(12) Existían “seis plantas desgranadoras de maíz que desgranan 1.000.000 de quintales, lo que equivale a un total de  4.000. 000. 00 anuales”.(13) Tenía además  cuarenta industrias, entre ellas sobresalían: “fábrica de hielo, mosaicos, ladrillos, zapatos, muebles, garajes, talleres mecánicos, talleres eléctricos, aserríos, panaderías, carpinterías y ebanistería, entre otras…”(14)

Como pueblo de tránsito  poseía hoteles  que competían en calidad con los mejores de la provincia Oriente, entre los que sobresalían, el Carnero  con 36 habitaciones ubicadas en un edificio de  tres plantas, el Pérez  con 30 habitaciones en dos pisos, el San Luis, 22 habitaciones  en tres plantas. Existían otros de menor importancia, que no incluimos aquí. En el caso de los tres señalados, tenían platos reconocidos en toda la culinaria regional como el carnero asado, el filete de trucha asado, la paella valenciana y el filete mignón.

En cuanto a la organización de la enseñanza,  Pura informa que pertenecíamos al Distrito Escolar de Jiguaní, perteneciente a Bayamo. La primera escuela pública (rural)  fue inaugurada el 1 de mayo de 1926 y su maestra propietaria era la Señorita Isela Boada Castillo: “Comenzó con una sola aula y comprendía todos los grados, teniendo una matrícula de 50 alumnos, mixta. El edificio era poco apropiado, no reunía las condiciones necesarias…”(15) Luego fue convertida en escuela urbana, año 1940, a partir del nuevo Reglamento de Instrucción Primaria. Con el cambio se sumaron tres aulas de enseñanza común y una de kindergarten;  aquí sobresalieron los maestros: Rafael Estoll, Esther de la Vega, Rosa Espinosa, Noemí Ríos y María de Jesús Romagosa. Desde marzo de 1930 se creó una “Asociación de Padres, Vecinos y Maestros”, que gestionó el mobiliario, los libros y los útiles escolares. También existían cuatro escuelas privadas: Colegio y Academia Contramaestre; Academia Colegio Minerva;  Colegio José Martí y Escuela Activa.  Real  Cobo concluye reconociendo que la educación pública tiene serios problemas de financiamiento y logística para poder impartir clases de calidad. Los colegios privados presentaban mejores condiciones y las familias de una mejor posición económica, mandan a sus hijos a estudiar a Santiago de Cuba, Bayamo, La Habana, Holguín y Manzanillo. Señala la necesidad de crear un sistema de organización escolar en el poblado, que pueda unificar las acciones de intervención que ayuden a mejorar la educación en beneficio del pueblo. Entre todas las escuelas, según Pura, la mejor es la Nro. 5 de Maffo, “desempeñada por un viejo pero eficiente maestro de enseñanza común, Antonio Sierra Rondón, a quien  la escuela debe, sin lugar a dudas, la categoría de muy buena, no solo por el alto concepto que de su ministerio  tiene y del que es fiel devoto, sino por su  dinamismo, por su interés y entusiasmo  que halló eco  en distinguidas  personalidades del barrio que lo secundaron brillantemente, han dado a Maffo, sin lugar a dudas, el mejor edificio escolar del Distrito con un valor aproximado de  15 mil pesos,  dinero que ha aportado la barriada  mediante fiestas, verbenas, actos sociales, óbolos; todo administrado con rectitud  y limpieza  por la más eficiente Asociación de Padres, Vecinos y Maestros  del distrito…”(16) La conclusión de Pura Real  sobre la situación de la enseñanza y los medios para fomentarla en Contramaestre  es  medular: “Este poblado de gran comercio en la provincia, carece  como el resto del Distrito, de aulas y edificios adecuados para impartir la enseñanza”.(17) Más de 300 personas sin acceso a la enseñanza por falta de aulas y maestros.
La situación de la salud, según Pura Real, en un cuadro comparativo que ofrece en sus tesis de grado,  tenía la tendencia a mejorar,  aunque los números son muy discretos. En 1952, Contramaestre tenía   46 profesionales, de ellos 10 eran médicos, 4 dentistas y 6 farmacéuticos,  para darles cobertura  a 8 mil habitantes;  es decir, tocaban a 2,5 médicos por cada mil personas.
Así llegó Contramaestre al proceso insurreccional, iniciado por Fidel Castro el 26 de julio de 1953, cuando encabezó el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. El mismo concluyó el 1 de enero de 1959 con el triunfo de la Revolución. 

Citas bibliográficas y notas
[1] Pura Real Cobo: “Organización escolar en Contramaestre y mejoras de que está necesitada”, tesis de grado, Universidad de La Habana, 1952; p. 15.

[2] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 15.

[3] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 15.

[4] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 18.

[5] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 18.

[6] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 20.

[7] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 21.

[8] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 23.

[9] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 10.

[10] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 21.

[11] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 21.

[12] Pura Real Cobo: Obra citada, p.21.

[13] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 22

[14] Pura Real Cobo: Obra citada, p. 22.

[15] Pura Real Cobo: Obra citada, p.40

[16] Pura Real Cobo: Obra citada, p.50

[17] Pura Real Cobo: Obra citada, p.52

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