sábado, 16 de junio de 2018

Cubanos emprendedores triunfan en Guyana




Por  Leonides Penton Amador (Agencia de Periodismo Independiente Continental México Estados Unidos. Apic Alternativa la Decana) 

Recordamos una Cuba receptora de jamaiquinos que se volcaron al corte de caña y a las labores de la industria azucarera. También franceses que se establecieron en oriente, huyendo de la Revolución de Haití y desarrollaron importantes plantaciones de café. Japoneses en Isla de Pinos, irlandeses y norteamericanos que dejaron sus países, para comenzar una vida de negocios en Cuba.

Recordamos aquel “comercio de ropa” de los judíos, o como se decía de los polacos: "vendo corbatas baratas, corbatas baratas"; pero que fueron asimilados con amor por el pueblo cubano.

El cubano sin embargo no salía del país y si lo hacía era a cuentagotas y por problemas políticos antes de la Revolución. Pero ahora tenemos un fenómeno muy importante que hay que tener en cuenta, aparte de la salida masiva a los Estados Unidos, en busca de mejoría económica. Ahora se está dando un fenómeno sui generis que hay que comprenderlo en su esencia.

Desde que la República Federativa de Guyana dio la oportunidad de entrar al país sin necesidad de una visa, un grupo de cubanos emprendedores se ha dado a la tarea de conseguir dineros necesarios para pagar el alto pasaje de mas más 1000 dólares que se usa para salir del país y llegar sin visa a ese país de Sudamérica. Es una pléyade que viene en cada vuelo; judíos, mercaderes de la era moderna, judíos del Caribe, no en sentido peyorativo, sino en el mejor sentido de la palabra, comerciantes emprendedores y hombres de lucha y de porvenir, que en Guyana tratan de adquirir aquellos productos que son total y completamente deficitarios en la isla de Cuba.

A través de su gestión de compra y venta han surtido las ciudades de Cuba y los campos con blúmeres, ajustadores, pantalones, blusas, zapatos, adornos de pelo y bisutería de todo tipo, pero necesarios, que de una manera inexplicable no pueden encontrarse en las tiendas estatales.

Los cubanos salen hoy del país temiendo que un mal día este tipo de comercio termine; sienten el temor, como la espada de Damocles sobre su cabeza,  que por una decisión burocrática se les quite esa oportunidad de comerciar y suplir necesidades que el pueblo tiene, de las cosas que ellos venden. Algunos han decidido quedarse en Guyana, y armar sus negocios allí,  entre los que sobresalen importantes servicios de hospedaje con sus anuncios en español e inglés.

Esperamos que sigan teniendo esta posibilidad hasta tanto Cuba les permita desarrollarse por ellos mismos y tener todos los derechos consustanciales a su ciudadanía, además de tener  sus tiendas de ropa, zapatos, etc, porque no es un delito, ni demérito, ni nada que vaya en contra de ningún tipo de revolución, el derecho a negociar y propiciar una mercancía mejor al consumidor cubano. 

Espero que estas palabras lleguen a oídos receptivos que comprendan que es un derecho fundamental comerciar. Así pues, luchadores, que viajan a Guyana, les felicitamos y auguramos mejores días en esa travesía que se da como en la antigüedad, en busca de la tierra prometida, la de las especies, la seda, la  de los emprendedores que aprenden a volar aún con las alas cortadas.

lunes, 11 de junio de 2018

Penélope no me espera




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Quisiera ser cursi para nombrarte, pero Martí me atosiga, no me deja evocar estrellas, joyas,  frasecitas manidas. No me deja mostrarme en las palabras hueras, las que otros han usado y  no sirven de nada.

Afuera la vida y yo adentro, queriendo ser un Heredia que nunca he sido,  aspirando el verso más elevado, cuando el mundo anda metido en joviales reguetones.

Ella ha sido la culpable, me ha dejado sin amor  en medio de los tormentosos días de una isla, donde el púrpura manda y la gente come potajes, habla alto y cree en el futuro, aunque  puerta adentro, saben que el mundo está a punto de irse por un botón que alguien puede apretar.

La calle abre su boca ancha, me traga. Atrás veo el amor que pudo ser y no fue, los cuadernos que escribí y nunca llegaron a sus labios. Me estoy muriendo de tanto vivir. La vida es un coñazo de locura, tal vez una odisea sin esos arcángeles que una vez nos hicieron imitarlos. Ya no hay Itaca, ni una Penélope que nos espere la vida entera.

El asteroide se desinfla. Mis palabras no alcanzan a nombrarte, porque no quiero ponerme cursi, ni atolondrarme con flautitas, ni trompos, creyendo que puedo volver a ser feliz,  si las palabras huyeron este lunes de mi alma.  

Vuelvo a mi tierra, a mi oxígeno

viernes, 8 de junio de 2018

A fondo con los camiones peseros en Cuba


Obra de  René Emonides Quintana.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Alguna gente se molesta por lo que escribo sobre los camioneros. No es nada personal, ni catarsis, es el reflejo del mundo que vivo tal cual es, desde la vivencia, el día a día. De lo que se trata es de ordenarlo, hacer cumplir las regulaciones, porque la vida no es un relajo en forma de gallinero....

No critico al camionero como ser humano, sino a las formas establecidas que lo dejan obrar libremente, hacer lo que le da la gana en la carretera, jugar con la vida de cientos de personas, además de prestar un servicio muy malo, con la gente encima; a veces muy rápido, otras una tortuga. ¿Dónde está la policía de tránsito? ¿Dónde la policía técnica? ¿Dónde los que hacen cumplir las regulaciones vinculadas a su licencia de conducción? En fin, muchos factores obrando caóticamente y el pueblo humilde siendo víctima de todo eso.

El camionero fue una alternativa del llamado Período Especial, pero es hora de plantearse cambios profundos, mejorías. No seguir lloviendo sobre mojado. 

La madeja es profunda, considerables cosas ocultas, veamos algunas, por ejemplo, cuando el camión pasa por el llamado somatón, muchos puercos, viandas, etc, para los que dictaminan; cuando anda a exceso de velocidad o sobrecargado, lo para un caballito, el rollo de pesos en su bolsillo, u otras formas de callarlos; en fin, muchos factores obrando y muriendo miles de personas por esas irresponsabilidades.

No critico personas, critico procesos, formas jurídicas que no funcionan. Lo vivencial condimenta eso. No pienso en los seres humanos que decentemente han hecho del camión un medio de vida; señalo a los que no hacen cumplir las regulaciones.

La realidad de las cosas, ningún país del mundo permite excesos como los que a diario comenten los camioneros (peseros) de Cuba. Hay algo que se llama opinión pública; con ella trabajo, hago las cosas. 

Mientras este país ordena su transporte público y crea opciones sustentables, las personas que viajan en los camiones tienen derecho a servicio digno, a ser transportados a una velocidad adecuada según las normas del tránsito, a ir sentados en tramos largos, a ser atendidos amablemente mientras usan el servicio. Son cosas elementales, derechos del ciudadano. Es una obligación del Estado cuidar la vida de las personas que los abordan. ¿Acaso no están de acuerdo conmigo?

miércoles, 6 de junio de 2018

La desgracia de cualquier cubano es montar un camión pesero




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

En la mañana el monstruo amarillo a la vista. Aprecié su matrícula (chapa decimos por acá), no había duda. Sacudimiento interior. Lo dejé ir. Juré por Dios que nunca más montaría. Recordar que bastó una hora y cinco minutos para llegar a Santiago de Cuba, hacía temible montarse nuevamente sobre algo así.

Lo vi tomar rumbo a Bayamo, miré el reloj;  tenía tiempo.  A las nueve debía estar en la presentación de nuestra serie documental: “Remanganaguas: la verdadera Ruta funeraria de José Martí”,  en el "25 Coloquio de Literatura", que auspician la Biblioteca Provincial 1868 y la Sociedad Cultural José Martí de la provincia Granma.

Claxon. Era una bestia azul, de cristales amplios y buena ventilación. No me quedó más remedio que tomarla. La verdad, viaje tranquilo, con algunos sobresaltos en su competencia por recoger pasajeros de los tramos y quitárselos a otros;  pero finalmente llegué bien.

Eran las ocho de la mañana y ante mí crecía imponente la estatua del hombre más rico del Departamento de Oriente en la Colonia y uno de los más acaudalados de Cuba, el patriarca Francisco Vicente Aguilera. Fui hasta él, me tomé un selfi, luego llegué a las ruinas de lo que fue Necrópolis de Bayamo y allí encontré otra muestra de reverencia al patricio bayamés.
Estatua de Francisco Vicente Aguilera. Fot. Arnoldo Fdez.
En esa ciudad no se recuerda bien al jerarca de Cabaniguán, al hombre inmenso, el líder del  famoso triunvirato   formado además por Francisco Maceo Osorio y Pedro Figueredo. Murió pobre en Estados Unidos.

Por esas cosas inesperadas, tuve que volverme orador de ocasión, pues las condiciones no fueron creadas,  para al menos compartir un capítulo de nuestra serie documental, pero que bueno, eso me dio la oportunidad de conversar sabroso con la gente de Bayamo, las bibliotecarias, personas espléndidas que hicieron muchas preguntas y se mostraron interesadas en nuestro libro “José Martí, el Apóstol de Remanganaguas”.   

Mi colega en el periodismo Juan Carlos Roque presentó el “DVD Remanganaguas:  la verdadera Ruta Funeraria de  José Martí”;  habló de los valores formales, de contenido y el valor histórico de las imágenes tomadas.

Los bayamameses son tan hospitalarios que vivimos intensamente un potaje de chícharos que gentilmente una muchacha de ojos azules sirvió para nosotros. Luego llegó el arroz blanco, el mogo de plátano y carne abundante, sin miseria, bien elaborada. Comimos divinamente. No faltó el postre y al final, un exquisito café fuerte, entre amargo y dulce, una delicia.

Todo el tiempo lo compartí con mi vieja amiga, ya jubilada, “Rosa la Bayamesa”, una persona que sabe mucho de español y literatura. Con ella aprendí hoy de nuestro José María Heredia, de José Martí. Conocí a la camagüeyana Teófila Acea Antúnez, gran mujer, a pesar de la edad, presidenta de la Sociedad Cultural José Martí en Bayamo.  Es el alma del Coloquio junto a las bibliotecarias de Bayamo.

Pero el día se estropeó al regreso, cuando montamos una bestia roja de truenos delirantes. El gentío encima, el calor comiendo el cuerpo. La sed amenazando.  La gente diciendo heces a aquel chofer, al machacante; pero ellos eran una tortuga silente, en todas las paradas de Bayamo a Contramaestre, pararon. Salimos pasadas las 2 de la tarde y llegamos sobre las cuatro. Terrible final. Dentro de mí, un monólogo tremendo, llamé “maricón, puta y todo lo que se me metió en la cabeza a aquellos irresponsables”. Nunca lo hice en voz alta, pero una mujer sí, varios niños, una anciana… Era tanta la desesperación.

Bayamo es una ciudad bella, su gente es mucho mejor todavía, pero con los camiones peseros, uno nunca sabe, “cuando no llegan, se pasan”.  Tiene razón el Bacalao de las cuatro cruces cuando afirma: La desgracia de cualquier cubano es montar un camión pesero”.

martes, 5 de junio de 2018

La verdad sobre Cimarronzuelo oriental


Eduard Encina durante la travesía por la verdadera Ruta Funeraria de José Martí (19 de mayo de 2016). Fot. A. Fdez.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com   

Muchas veces lo motivé a tener un blog, pero siempre decía que era algo menor, nadie leería eso, menos en Contramaestre, pues muy pocos tenían acceso a Internet. Me provocaba risa, porque sus palabras obedecían a un  profundo desconocimiento de la Blogosfera, del mismo Internet.

Al mostrarle el alcance de  Caracol de agua, sonreía con mirada de gallo. “Guajiro: ¿Cómo haces para llegarle a tanta gente? ¿Cuál es el secretillo?”, le respondía: “siendo creíble hermano; narrando la realidad en lenguaje que debes aprender, aunque seas un poeta concentrado, casi profesional”.

Muchas veces fue de los que cuestionó al Caracol en el Café de la ciudad; no entendía porque miles de personas estaban allí y hacían de mi blog un medio alternativo para estar cerca de Cuba, Contramaestre, Maffo, el mismo Baire.

Casi lo presioné  un día y le dije: “Compadre, ya es hora. Trae cuatro o cinco textillos que te voy a armar el blog”,  así fue todo, un sábado llegó temprano, sus palabras eran claras: “Guajiro, vamos a hacer la cosa”. Primero discutimos el nombre, quería ponerle “Analecta”, “Golpes bajos”, “El silencio de los peces”, peros mis argumentos fueron demoledores, mediáticamente la revista “Cuba Encuentro ha sido clara al llamarte cimarronzuelo apalencado en el oriente insular, ese es el nombre:  Cimarronzuelo y ponle el apellido Oriental”; así nació Cimarronzuelo.

Luego traía textos que no cumplían con la narrativa alternativa y nuestros debates eran intensos. Recuerdo ofrecí un ciclo de talleres sobre “escritura creativa para la blogosfera y las redes sociales”, él  fue uno de los animadores principales y alumno aventajado. El ejercicio final fue la lectura de tres post con todas las características aprendidas en el ciclo. Aprobaron muy pocos.

Con la actualización de Cimarronzuelo oriental y el activismo en Facebook, me tocó por años darle una mano. Lo hacía desde mi casa y en mi trabajo. Incluso acordamos programar la actualización de las entradas del blog semanalmente. En lo personal, debía hacer activismo con ellas a partir de las publicaciones.

Siempre miró al Caracol de agua como el blog a seguir, por eso habló del mismo en la mesa redonda; en todas las asambleas de balance de la Asociación Hermanos Saíz;  e incluso me entregó una estatuilla realizada por el artesano Daniel Faxas, donde congelaba en madera  un  cucharón sirviendo un libro y un guajiro sentado sobre el mismo en posición de pensador. Así me veía como bloguero.

Entre marzo y junio de 2017 nuestras diferencias fueron profundas, es la verdad; iba camino a convertirse en un "dictadorcillo de la cultura local", -yo lo veía así- y nuestros debates eran muy fuertes; se lo dije abiertamente, incluso fundamenté mis razones. Casi surgió un abismo entre nosotros, que algunos aprovecharon para hacerlo más grande. Entonces un día  cambió la contraseña del Cimarronzuelo y de Facebook  y con su enfermedad me enteré que las había puesto en otras manos.

Escribo la verdad, porque de alguna manera somos parte de la historia del periodismo alternativo en Contramaestre y hay que dejar las cosas en su lugar, para cuando venga el tribunal del futuro a juzgar las cosas.

Hoy pretenden glorificar al Cimarronzuelo oriental, convertirlo en algo que ni el mismo Eduard pudo alcanzar; -nunca llegó a las diez mil visitas  en más de cuatro años-; porque siempre estuvo lejos de Internet, era demasiado analógico; pero lo más importante, él sabía esa limitación y quiso superarla,  sus últimos post publicados lo confirman con creces.

Si alguien me preguntara: ¿qué hacer con el Cimarronzuelo oriental? En mi condición de mecenas intelectual y material del mismo y principal benefactor de sus publicaciones por más de  cuatro años, respondería: “Ponerlo en manos de sus hijos; tienen la sanidad del amor y nunca dejarán apagar la memoria del PADRE. Es un derecho que nadie puede negarles”.
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