martes, 20 de junio de 2017

La palabra como un risco, como un trino*


Por Reinaldo Cedeño Pineda escribanode@gmail.com 

Cada vez que Eduard aparece, tiene algo que contar. Es un espíritu, un alambre vivo, un poeta. Trae la palabra de Cuba adentro, como un risco,  como un trino. Su selección Manigua  acaba de acreditarse el Premio de Poesía de La Gaceta. No podía ser otro el nombre… 

La niñez, suele ser oasis del tiempo, reservorio infinito de experiencias que no se repiten jamás. ¿Dónde hallar los lazos o asideros que comuniquen tu pensamiento con esos tiempos y luego, con la infancia de tus propios hijos? 

“En la niñez está el hombre completo. Mi padre se levantaba por la madrugada para ir a tumbar monte (solo por tres pesos con veinte centavos) en un lugar que le decían Las Playitas, donde solo había cansancio y manigua. La palabra manigua me es familiar, desde el nacimiento.

“A pesar de la pobreza fui feliz, había un oasis, un gran oasis de amor  en cualquier rincón de mi casa; apenas tengo fotos de pequeño, pero sí una memoria llena de historias que entretejía mi padre, un guajiro imaginativo. Él era un poeta, pero no lo sabía. Siempre quise que me comprara un juego de pistolero, sin embargo se las arreglaba para dejarme suspirando al demostrarme que Guamá y Hatuey fueron más valientes que Triniti  o el más pinto del Oeste; enseguida nos poníamos a armar arcos y flechas con una rama de güira o palo bronco.

“Nada más asomarse a lo que digo, o a lo que escribo y uno comprende esa resistencia, esa manera de convertir la carroña en belleza, la impotencia en solución. A mis hijos no le interesan los pistoleros, sueñan tener una tablet; apenas leen lo que escribo, pero son mejores que yo. Sin que lo supiera, hicieron una alcancía y hace muy poco comenzaron a criar dos puercos: salen de la escuela, lavan el corral y les echan comida. A ellos tampoco les importa la peste: están concentrados en convertir la mierda en dinero”. 

El colega Arnoldo Fernández, tan cercano a tu obra, ha dicho que el poemario Lupus (Premio Hermanos Loynaz 2016) “apuesta a la resistencia, a las zonas de fe que necesita el ser humano para imponerse en el reino cotidiano”. ¿Puede la poesía, acaso, ennoblecer las desgarraduras? ¿Cuáles son esas zonas de fe? 

“La poesía es una llaga, una enfermedad. Los poetas no somos felices, tal vez por eso buscamos el modo de que el Otro lo sea, la imagen no es mía, es de Martí, que siempre mete su sombra telúrica en lo que escribo. La poesía es conciencia y desgarradura, lo único que hace es mostrarnos un horizonte cuando en realidad no existe, la poesía trabaja con lo imposible. Moisés no sabía lo que tenía en la mano, el poeta sí, está seguro que es un poder que logra abrir el Mar Rojo para maravilla de algunos, y también golpea contra la roca para escándalo de otros que, como al patriarca, lo excluirán de la tierra prometida.

“Lupus es un libro para mirar raso en la familia. Es sistémico, por tanto, viene de muy adentro, a veces contra sí mismo. La poesía cubana, por un lado, parece de lágrima fácil, y por otro muestra una impotencia, una guapería de tambor, mientras más vacía, más duro suena, de ahí viene la resistencia, me parece que hay que ser consecuente con el lenguaje y con la actitud ante la realidad.

“La poesía no sirve como bálsamo, sino como herida infestada, como pierna que hay que cortar. No creo en la idea edulcorada de la literatura en medio del caos, la poesía también es caos. Construir zonas de fe es trabajar con la memoria, despojarla de lo verborraico, lo tullido, y recuperar la libertad individual para poder participar en el sueño de todos. Una zona de fe es un territorio libre de apatía. ¿Cómo detener el desánimo, la abulia? ¿Cómo entenderse con la realidad sin participar? Esa es la resistencia”. 

¿Cómo dialoga la poesía de Eduard Encina, aquella publicada en cuadernos como De ángel y perverso, El perdón del agua o Golpes bajos… con la que le ha merecido ahora mismo un galardón tan prestigioso como el Premio de Poesía de La Gaceta? ¿Abrazos o contrapunteos? 

“No había pensado en eso. Cuando los escribí, sobre todo los dos primeros, sentí esa hermosa ingenuidad de quien se acerca a una mujer seducido por su caderamen, iba a comérmela, dispuesto a chupar hasta el último huesito. Golpes bajos es otra cosa, ahí comencé un espíritu patricida, no para negar lo que había aprendido, sino para cuestionarlo, pues el camino de la poesía es diverso, ahora mismo muchos no lo entienden, pero eso no cambia nada y lo que es peor, no los hace mejores. Con Lecturas de Patmos, Lupus y estos poemas de Manigua que ganaron el Premio de La Gaceta hubo, evidentemente, un cambio de posición.

“Después de tanto hueso y caderamen descubrí que con una mujer también se puede fundar familia y hogar. No se puede escribir con el corazón, hay que hacerlo con palabras, por tanto, hay un aprendizaje que al mismo tiempo conecta la concepción de esos textos, pero también los separa como entidades diferentes.

“De un libro a otro hay una experiencia con el lenguaje y con la realidad, la voz se ha ido concentrando, digo lo ineludible; cuando tengo que callar, callo. Cada vez he ido acercándome más a la vox populi, exploro ahí porque me interesa reconstruir el habla de la gente, su sensibilidad, hacer potable la desidia y dialogar desde el poema como un predicador: la verdad os hará libres”. 

Soy partidario de aquellos que afirman que somos municipios del mundo, provincias del universo; mas no hay que negarlo, la lejanía de los círculos literarios y artísticos más visibles resulta un reto formidable. ¿Cuánto te ha costado tocar el país desde tu natal Baire, Oriente adentro? ¿Cuánto te han ayudado las instituciones o los premios a lograr ese reconocimiento? ¿Cuántos gritos de Baire suma tu vida? 

“No se hace literatura desde una entidad geográfica, sino desde una parcela espiritual que se rompe y se cultiva en el ardor de la cotidianidad. Es cierto, resulta un reto formidable, sobre todo cuando muchos de los que viven en esos centros de poder cultural dilapidan tales ventajas y se afincan de la teta que les brindan las instituciones, como terneros que no quieren crecer, y se acostumbran a los viajecitos y la vida literaria, pero no se concentran en hacer literatura. Mientras tanto uno tiene que mantener la observancia de que la rudeza de vivir en la manigua no te haga perder concentración.

“Lo importante es saber cuándo hay que levantar el campamento y salir de operaciones, ya sea hasta los libreros de Reynaldo García Blanco, o en la biblioteca de la prefectura de Rito Ramón Aroche en Marianao, pero siempre hay que volver a la manigua, retirarse —diría Nietzsche— hacia la montaña, a conversar con uno mismo.

“Es cierto que hay una crisis institucional, métodos y mecanismos paralíticos que se hicieron para otro momento de la cultura y que ahora mismo son incompatibles con la realidad, a eso súmesele una creciente burocracia apoltronada en los recursos y poderes que el Estado ha puesto en sus manos, y no quiere reaccionar. Ahora, en lo que sí no caería nunca es en negar la visibilidad y la jerarquía que en mi caso me han dado esas mismas instituciones y concursos.

“Cuando gané el Premio Calendario me sentí muy representado por la AHS, hoy mismo es unos de los acontecimientos de la Feria del Libro en Cuba que más público y mejor promoción tiene. Los premios no hacen tu literatura, pero sí la ponen a dialogar en el mapa poético nacional.

“Por mucho tiempo se hizo difícil descapitalizar los premios literarios, pero inevitablemente eso tomó otro camino, se ha abierto un abanico de posibilidades que denota cierta diversidad y se ha borrado un poco aquella imagen que parecía demasiado fatal para los ʻautores de provinciaʼ.

“Por eso tienes toda la razón en que es un reto formidable asumir esta condición. Tocar el país desde el Oriente nos obliga a ser más eficientes porque el tiempo es profundo y real, vivimos en estado de sitio, la manigua nos libera y al mismo tiempo acorrala, es una especie de cimarronaje, se baja al llano cultural por provisiones, luego hay que subir los altos de Baire para dar un grito lírico, así, tan grande como el de Saturnino Lora”.

*Publicado originalmente con el título  “La poesía trabaja con lo imposible”, tomado de la revista cultural cubana La Jiribilla

viernes, 16 de junio de 2017

Uno de los grandes en mi pueblo




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Hasta faisanes de la india podrán verse mañana en la feria del pueblo, pavos reales, tucanes, gallinas de guinea, toros de ceba, vacas de leche, frutas diversas,  viandas venidas de  campos radiantes.  Las carnes tocarán el cielo. Todo el mundo hoy viernes pinta las fachadas, algunos los interiores;  dicen que viene uno de los grandes. Mi oído una y otra vez se orienta hacia el vocerío. Carteles donde nunca hubo.  Escalones rojos colocados apresuradamente sin un criterio estético. El pueblo en una efervescencia elevada. Las bloqueras particulares congeladas, ¿por qué será? los carretilleros no podrán salir, ¿por qué será? Aparecen jardineras de Persia en la Avenida Rabí, hasta lámparas azules, de esas maravillas que todo pueblo de provincias sueña tener. Los potros corren a uno y otro lado,  llevan mensajes;  el grande llega mañana y la ciudad debe ser otra.  Unos jóvenes extrañados preguntan si hay carnavales;  un ama de casa dice que comprará el cemento  del subsidio, sino lo hace ahora,  nunca logrará tenerlo. La ciudad y sus pintores vivos. La ciudad y su vestido nuevo. La ciudad y su maquillaje apresurado. Alguien que colores cálidos, así somos, temperamentales como el Trópico. Mi pulóver  blanco atacado por el azul; corro a lavarlo, me duele perderlo en esta locura de pueblo pequeño con 104 años; de ciudad con solo 29.  Una locura hermosa. El hombre quisiera que todos los días viniera un grande, de esos que sólo llegan una vez en la vida. Un grande y la ciudad rejuvenece; todo cambia.  Un grande y seremos sol donde ante sólo penumbras. Un grande y el espíritu a caballo cumplirá todo. Seremos una ciudad como Dios manda. Pero después del sábado, ¿qué vendrá?  El Día de los Padres y nada más. Entonces habrá que rogar a todos los poderes de la isla que regrese un grande y  Tomas Campanella reescribirá “Ciudad del sol” y seremos recordados en los anaqueles de historia por acometer una obra faraónica en sólo una semana, cuando alguien filtró la visita de un grande a la  doncella de 29  años.

jueves, 15 de junio de 2017

¿Por qué Contramaestre ostenta la categoría de ciudad de Cuba?



Contramaestre adquiere categoría de ciudad en 1988, así que solo tiene 29 años.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Un asentamiento urbano adquiere la categoría de ciudad  cuando reúne en sí un grupo de indicadores  demográficos, ambientales, económicos, culturales y sociales. Muy pocas personas saben si Contramaestre es una ciudad o sencillamente un poblado;  hoy aclararemos definitivamente esa duda.

El término ciudad suele utilizarse para designar una determinada entidad político-administrativa urbanizada. Las ciudades son las áreas más densamente pobladas del mundo. La Conferencia Europea de Estadística de Praga, celebrada en 1966, propuso considerar como ciudades las aglomeraciones de más de 10 000 habitantes y las de entre 2000 y 10 000 habitantes siempre que la población dedicada a la agricultura no excediera del 25 % sobre el total.

La definición de lo que se entiende bajo el concepto de «ciudad» no sólo varía según las específicas leyes o reglamentos de cada país, sino también conforme a las distintas apreciaciones de los especialistas.  Para el caso cubano las "pequeñas ciudades" son las agrupaciones densas de viviendas en el interior de las cuales todos los desplazamientos funcionales se realizarían a pie; esto lleva a individualizar núcleos cuya población oscila entre menos de 10 000 y más de 50 000 habitantes, según las regiones.

Contramaestre como asentamiento urbano tiene su nacimiento en 1912, a partir del momento en que se proyectó el Plano Urbanizacional por la Cuba Railroad. Decir que las calles se concibieron anchas porque se veía llegar el automóvil y otros adelantos de la modernidad. Los proyectistas pensaron un tipo de desarrollo que pudo visualizarse, fundamentalmente, a partir del paso de la Carretera  Central entre 1928-1931, con ella surgieron  entidades económicas, culturales y políticas, que condicionaron una manera de hacer gestión a favor del territorio; ya en 1952 Contramaestre tenía cerca de ocho mil habitantes.

Sin embargo, fue un poblado de Maffo hasta 1976, cuando se decide por la primera división política administrativa convertirlo en municipio. A partir de esa fecha y con la bonanza de los años 80 del siglo XX, la población creció intensamente sobre la base de la migración excesiva de personas del campo, al extremo de pasar las 10 mil en 1988, por esa razón demográfica y dada las ventajas económicas que tenía: tierras fértiles, buena agua, alto productor de granos, cultivos varios, cítricos, una cultura propia, es decir una infraestructura concreta, es declarado Ciudad en 1988. A partir de ahí el crecimiento demográfico se ha mantenido en ascenso y hoy se estima que existe en la Ciudad una población de aproximadamente 60 mil personas.

martes, 13 de junio de 2017

Tirarme del puente para vivir



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com   

Alguien me llamó a casa este martes en la noche, 13 por cierto; y me dijo ingenuo por escribir  “Tirarme del puente”. En lo personal no podía hacer otra lectura que no fuera la de mi incapacidad para vivir;  cuando le respondí "tranquilo, tengo muchas ganas de seguir por aquí mientras Dios quiera", dijo, “por alguna razón has revuelto el gallinero”;  al decirle que es una reflexión desprejuiciada de los días que viven muchos cubanos de tierra adentro, precisó, “así uno sabe a ciencia cierta como la gente asume el suicidio y su impacto social”. Se despidió de mí. Al rato, otra llamada. Sin preguntarme nada, me contó del festín de las hienas en la tarde, reunidas en torno a “Tirarme del puente”. Celebraron mis supuestas desgracias. A su manera, eran muy felices.  Es que a las hienas no se les puede pedir otra cosa que comer carroña y cuando creen a alguien muerto, el espíritu de manada congrega. A los que con sinceridad se comunicaron para decirme cuanto me apreciaban, gracias por ser tan generosos y hacerme saber que valgo para ellos;  de esas pequeñas cosas uno se alimenta  y monta Quijote para desembrollar entuertos y liberar verdades encadenadas a las oscuridades más inhóspitas de la vida. Hoy e vuelto a vivir, porque supe del instinto depredador de las hienas; la generosidad de mis amigos y amigas, sobre todo, los que comprendieron el texto para deliberar sobre algo tan profundo como el suicidio en momentos decisivos de la  Patria. A las hienas; un consejo: deben leer mucha literatura de la buena: Gabriel García Márquez;  Mario Vargas Llosa, Orwell, Julio Cortázar, Leonardo Padura, Armando Muñoz y Arnoldo Fernández. ¿Qué libros  tienen que consumir?, pues ahí les van 7, un número que se parece mucho a ustedes:
1. El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez
2. La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa
3. Gilda, Armando Muñoz
4. Rebelión en la granja, Orwell.
5. Rayuela, Julio Cortázar.
6. El hombre que amaba los perros, Leonardo Padura.
7. Cuba con los mismos bueyes, Arnoldo Fernández.
Otra cosa, aprecien este video de Eliades Ochoa, me gusta mucho, ojalá y a ustedes también también:
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lunes, 12 de junio de 2017

Tirarme del puente




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

No puedo dormir, extrañas visitaciones en mi cabeza. Mi gato Bartoly corre  a mí, a su manera me comunica un cariño enorme. Dejo caer el cuerpo sobre el corredor de la vieja casa;  siento unos deseos enormes de tirarme del puente del ferrocarril,  pero es una muerte demasiado dolorosa para un hombre tan humano como yo, que le duele hasta ver morir a un gorrión. Apuro dos prú orientales; necesito engañar a los procesos mentales de mi cabeza;  no creer que estoy a un paso de la locura más loca del planeta. Espero y la tormenta irracional sigue, me veo junto a mi madre vieja en una tumba del cementerio local, bajo una espesa palma; ambos calaveras, conversamos como siempre lo hicimos;  ella me arropa entre sus huesos; siento que poco a poco voy al polvo, a la noche inmensa que siempre viene con esas visitaciones que hablan de mis cables flojos, mis angustias terribles por los días congelados en el más absoluto de los veranos:  el hambre de  felicidad;  la paz perdida en el hogar…Mi madre me llama hijo y hace una señal; espantado creo ver un camino, pero la zarza es tupida y el almacigo señorea. Tomo otro antidepresivo (mucho más fuerte) y no llega el éxtasis.  Dos casas más allá, los vecinos lloran sus desgracias, unos sobre el transporte cada vez más caro; “a Santiago en camión hasta 50 pesos; Bayamo piden 40”;  uno muy joven habla de los países donde la gente se aburrió de comer carne vacuna y la consideran maligna para la salud;  “aquí, tan solo la vemos en una barra de picadillo de 1.25 centavos (CUC) y más del 70 por ciento es pura soya”. Bartoly me mira con sus ojos amarillos, pasa una y otra vez su cuerpo menudo sobre mí;  me quiere en la cama, allí donde todos los días me da la bienvenida al amanecer con sus maullidos. El puente magnífico se ve bajos las farolas, otra vez siento unos deseos enormes de tirarme al vacío, pero mi  humanismo se resiste a darle al cuerpo una muerte tan absurda.  Me levanto y ya pasan las doce; el lunes empieza  y el círculo se me viene encima. Volver a donde la gente se caza como fieras, sedientas de guillotinar cabezas,  verlas caer desde el graderío en cerrado aplauso; seguir la ruta de los cuerpos que siguen vivos; extraña manera de morir en vida. ¡Qué locura la que llevamos!. El puente ahí, muy cerca;  ya el bacalao me convida, trepo, el viento helado se mete en mis huesos y  soy Matías Pérez camino al río de Céspedes, al de Martí.  Alguien propone mi nombre para una vieja escuelita de un barrio de campos  pero ya no tengo ojos, cerebro, oídos. Soy una no persona, sin amigos, familia, sueños.

miércoles, 7 de junio de 2017

Llegan tiempos nuevos a Maffo donde se puede hablar libremente



Pueblo de Maffo reunido en la Peña "El cañón Don Pepe".

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com   

La Sociedad Cultural José Martí  en Maffo, de conjunto con la Casa Memorial Orlando Pantoja, tiene una peña identificada con el nombre “El cañón Don Pepe”, que va ya por su cuarta edición. La misma se desarrolla todos los día 2 de cada mes y su conductor es el poeta y pintor René Emonides Quintana. En la cita de este 2 de junio no había espacio en la sala para tantos participantes, pasaban las 70 personas.

Creyentes  y no creyentes se unieron en una obra de infinito amor. La Iglesia Bautista celebra 110 años de creada. Por eso una comitiva encabezada por su Pastor, habló de los momentos fundacionales ocurridos aquel 20 de mayo de 1907;  de los antecedentes que llevaron al surgimiento;  en fin, un momento para aprender a amar  a aquellos doce feligreses, que en fecha tan memorable para la historia de Cuba, entonaron el primer himno. Se habló de Manuel Portuondo,  el predicador de la palabra de Dios en Maffo.

La respeta maestra, ya retirada, Idelisa Rivero Montero, habló del Parque Saturnino Lora (de Maffo);  de aquellos memorables años en que fue educadora en la Mariana Grajales;  habló largo y lúcido del farmacéutico Bolívar Pantoja Jiménez, de la Clínica de Modesto  Berlanga;  del reverendo Joaquín Antúnez que tuvo que dormir en la casa de los del Toro, porque la crecida del río Contramaestre no daba cruce; allí habló Antúnez de las bases precursoras del templo Bautista que se fundaría el 20 de mayo de 1907.

Otro momento de recuerdo  estuvo vinculado a la historia de los pañuelos con las iniciales de José Martí que traía el Apóstol al caer en combate el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos.  Una versión dice que era blanco  con las iniciales grabadas en tinta china;  Xímenez de Sandoval, el oficial español que comandaba la tropa, diría años después, que las iniciales estaban bordadas en verde sobre un pañuelo blanco; sin embargo, en Remanganaguas, en la Cantina de Bartolo Cabote, aquel 20 de mayo de 1895, se dice que los españoles intercambiaron pertenencias ocupadas a Martí y entre ellas estaba un pañuelo rojo con las iniciales J M grabadas. El pañuelo era mostrado por la maestra de la Escuela No. 39, Emilia García, todos los 28 de enero y los 19 de mayo en las paradas martianas que se hacían en el  Cementerio. La prenda había llegado a sus manos a través de Lorenzo Sánchez, uno de los hijos de Bartolo.

No faltó en “El cañón Don Pepe”, el momento para disfrutar de canciones salidas de los  maestros Cachao, Bulo y el Polo de Maffo, que condimentaron de cubanía profunda la  tarde.

A la cita acudieron como invitados, autoridades del gobierno municipal y de  la Junta Provincial de la Sociedad Cultural José Martí en Santiago de Cuba, que informaron sobre la entrega del Premio Honorífico Corazón de Cuba a la Casa Memorial Orlando Pantoja y al intelectual René Emonides Quintana, por su destacado trabajo en defensa de los valores identitarios del pueblo de Maffo.  

El Pastor de la Iglesia Bautista dijo palabras memorables que hablan del espíritu de José Martí que anima cada cita de Don Pepe con el pueblo de Maffo: “Orábamos por un tiempo donde se pudiera hablar libremente así y ha llegado con la Sociedad Cultural José Martí y su peña el Cañón Don Pepe…”
 
Maestra jubilada Idelisa Montero Rivero, una gloria de la educación en Maffo.
René Emonides Quintana, poeta y pintor, conductor de la peña "El cañón Don Pepe".
El Pastor de la Iglesia Bautista de  Maffo habla de los 110 años del templo.
Yaumara Salcedo, dirigente gubernamental en el municipio Contramaestre.
La principal figura de la peña "El cañón Don Pepe", el sonero Cachao.
El maestro Bulo (gorra azul) y su piquete ocasional.
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