lunes, 7 de julio de 2014

Médico cubana encerrada en jaula de oro árabe


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
A la protagonista de esta historia. Por razones éticas no revelamos su nombre.

Estudia medicina y casi está al graduarse. Todos los hombres se meten con ella. No pueden ignorar la danza de sus caderas. El perfume que exhala su piel despierta las más sublimes sensaciones. Es la deseada de la Facultad de Medicina. Lo sabe y vive  ese pedacito, hasta que llega un árabe hermoso de pocas palabras. Las amigas dicen que no es para nadie, pero está segura de hacerlo suyo. “Es cuestión de tiempo, cuando sepa sobre mi cuerpo, no le quedará más remedio que comer en mis manos”, dice. La oportunidad llega con una fiesta. El árabe encerrado en el mutismo acostumbrado no socializa con nadie. No tiene ojos para las muchachas. Una mano acaricia su cabello, lo invita a brindar. El ron quema la garganta y un agradable calor pinta su cara. Lo invita a bailar, él  responde que no sabe. Las copas desbordan la intimidad. Terminan enlazados en una cama. Todo fue fácil. En lo adelante, se convierte en sus ojos, él se deja guiar y complace sus caprichos. Son felices, pudiera decirse, pero llega el día en que debe regresar, entonces propone casarse e irse a su país natal. La muchacha no duda, da la firma sin mirar atrás. Montan un avión y se pierden en el mapa. Al llegar, muestra sus inmensas propiedades. Señala una y dice: “Es tu casa”. No puede creerlo, ella que siempre vivió hacinada en el cuartito compartido con su hermana mayor. Cierra los ojos, cree soñar, hasta que una llave abre una puerta  y recibe una patada en las nalgas anheladas por tantos hombres en Cuba. No puede entender: “¿Por qué me haces daño?”, interroga. El árabe desnuda el cuerpo con rabia. “En lo adelante vestirás como una mujer decente”. Coloca joyas  de oro y plata donde le da la mismísima gana. Por el inmenso pasillo ajedrezado aparece una criada. “Llévala a sus aposentos. No olvides poner el cerrojo a la salida”. En el camino, muchas habitaciones llaman su atención: “¿Quiénes viven en ellas?”, pregunta. “Es el harén del amo. Usted ocupa la número 6”. Lámparas de vidrio, alfombras, cama tendida con sábanas de hilo blanco. Pequeña ventana no permite saber cuándo es noche o día. “Aquí vivirá una recién graduada de medicina en Cuba”, dice. Nuevamente cierra los ojos, todo parece una pesadilla de mal gusto. No se da cuenta y se queda dormida. Un ruido la hace abrir los ojos. El árabe completamente desnudo  y con aquel pene enorme, tenía en sus manos una extraña cadena, agitada a uno y otro lado, como un fuete para golpear animales. “Desnúdate”. Entonces la pesadilla se hace realidad. La tira boca abajo y comienza a darle cadenazos en nalgas, espalda, piernas. Los moretones tiñen el cuerpo que tantos desean en Cuba. Mientras más golpes, más crece el pene del árabe. No puede creer  que aquel hombre la monte como yegua y  se lo haga con una fuerza descomunal que hace sangrar vulva, ano, labios. Luego se pone de pie y desaparece por unos cinco o seis días. Una vez a la semana recibe bondades de macho  dueño de harén. Tres años pasa en aquella jaula de oro, tiene lo material soñado en Cuba, pero faltan los paseos de fines de semana, las conversaciones habituales con amigos y amigas, las visitas a Copelia,  el café de su madre bien temprano, el potaje de frijoles colorados, el chicharrón de puerco, la yuca con mojo…Tiene que escapar, no puede permanecer en un lugar donde se extingue a la velocidad de la luz. Piensa en la criada  y arriesga enseñarle un poco de español, así logra comunicarse, saber dónde está, quién es en verdad aquel hombre y cómo encontrar el consulado cubano para pedir ayuda. Varios meses planifica la huida. La criada logra conseguirle ropa masculina y permite que salga. Por las señas, sabe  llegar. Sólo conserva el pasaporte, aquel salvaje olvidó romperlo y ella lo escondió por si un día hacía falta.  Ese día había llegado. Los de seguridad no la dejan pasar, dice que es cubana. Muestra el documento. El cónsul la recibe. Escucha su historia. Hace una mueca de disgusto, pero reprime las palabras que están por salirle. Hace unas llamadas telefónicas y pone a su disposición un carro que la llevará al aeropuerto. En menos de seis horas, todo está resuelto. Vuela de regreso a Cuba. En su mente lleva grabada una historia de dolor que nunca olvidará. Al llegar a casa, su familia la recibe con alegría. Lo único que hace es llorar. Es atendida por un psiquiatra durante meses. Jura no casarse más con ningún hombre, aunque sea cubano. Un fin de semana limpia su casa como es costumbre hacerlo en la isla. Tocan a la puerta. Confiada abre, allí está aquel salvaje que tanto daño le hiciera. Cae desmayada. Su hermano observa lo sucedido, conoce bien al actor del infortunio. Se abalanza sobre él y lo golpea ferozmente con el plan de un machete hasta casi dejarlo por muerto, luego llama a la policía y dice que ha asesinado a un extranjero. El árabe es llevado a terapia intensiva. Celebran el juicio, piden muchos años para el muchacho, pero su hermana muestra el cuerpo, narra la desgarradora historia de sus años en aquel país, habla del cónsul cubano que favorece su regreso y el Tribunal queda boquiabierto. Aplican una cláusula donde lo multan por escándalo público. Al árabe lo mandan a su país,  vía aérea; nunca se supo si murió o sobrevivió la golpiza. Ella ejerce de médico actualmente y aconseja a las jóvenes cubanas a aprehender  de su historia. “Las jaulas de oro tienen un precio muy alto”.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Eddy Gill: El ir a vivir en un pais arabe es volver a ser esclava uff

Anónimo dijo...

Carlos Alberto: Eso es lo que pasa cuando no se valora la cultura de los paises a donde se migra

Anónimo dijo...

Eddy Gill: “Las jaulas de oro tienen un precio muy alto”. La culpa la tiene las carencias en Cuba y como ellas hay miles en el mundo europeo. Pero las arabes son las malas si no hablas el idioma local mas todavia...

Anónimo dijo...

Eddy: Tengo una prima casada con un español que el no la deja salir sola ni ver a los familiares o amigos que quieren visitarla...repito la culpa la tiene el sistema cubano

Joel dijo...

Decenas pueden estar en estos momentos en jaulas de oro, y no tiene que ser precisamente en un país árabe; en "occidente" también las hay.

Anónimo dijo...

J.Macías: Decenas pueden estar en estos momentos en jaulas de oro, y no tiene que ser precisamente en un país árabe; en "occidente" también las hay.

Anónimo dijo...

Positivo esas cosas pasan muy frecuente en muchos paises del mundo no sólos las cubanas tambienes europeas asiáticas caribeñas etc.lo que siempre se comenta a las cubanas por su sistema socialista y necesidades económica.

Anónimo dijo...

Enelba Marrero: Me gusta mucho lo que escribe, admiro tu objetividad y tus orkepuntos de vista de ver las cosas y de expresarlas.

Anónimo dijo...

Carlos Rodríguez Almaguer: Tremenda historia... triste y cotidiana.

Anónimo dijo...

C.R. ALMAGUER: SABES QUE ACÁ EN REPÚBLICA DOMINICANA HAY MUCHAS HISTORIAS SIMILARES Y ME IMAGINO QUE EN TODA LA AMÉRICA, COLOMBIA, BRASIL... MUJERES HERMOSAS EN PAÍSES POBRES... POR ESO ME VES SIEMPRE BUSCANDO UN EQUILIBRIO ENTRE LO MALO Y LO BUENO QUE TENEMOS… PORQUE CONOZCO EL MUNDO Y LO HE ENCONTRADO MALO, PARAFRASEANDO A MARTÍ... LO QUE ALLÁ SON EXCEPCIONES EN CASI TODO EL MUNDO ES LA REGLA... EN LO QUE A SEGURIDAD CIUDADANA Y DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA SE REFIERE… TENEMOS QUE BARRER LA BURROCRACIA ENQUISTADA QUE POR TORPEA PUEDE ECHAR A PERDER TODO LO BUENO QUE CON POESÍA, SACRIFICIO, IMAGINACIÓN Y BUENA VOLUNTAD HEMOS CREADO EN TODOS ESTOS AÑOS

Anónimo dijo...

Triste historia, triste realidad, qué lastima haya tanta crueldad en el mundo. Saludos desde el oasisde isa

maritza hernandez dijo...

Muy buena historia y de hecho nos enseña a apreciar lo que tenemos , una lastima que ellos tengan ese tipo de cultura y tan diferente a la nuestra ..

Anónimo dijo...

Eidis: leí la historia de la jaula de oro , un poco fuerte eso

Anónimo dijo...

Eidis: muy bueno, me gustó como estaba escrito, la historia es desconcertante y conmovedora...

Anónimo dijo...

Tomas Serna Chacon: Ya leí tu artículo amigo Arnoldo,y es una historia mas común de lo que parece,son numerosas las cubanas que en su ansia de poser cosas y un estatus superior al resto de sus compatriotas,se casan con indeseables y proxenetas que las llevan a diversos paises y las explotan y maltratan,que en Cuba se presentaron como esposos modélicos..Mejor hubiesen hecho de casarse en Cuba y contribuir al bienestar de su gente,al mismo tiempo siendo felices con su pareja,aun sin riquezas..Son casos que dan tristeza,pero que hace años ya que se repiten..Ojala este caso sea el ultimo y sirva de ejemplo a tantas jóvenes ambiciosas que se dejan deslumbrar por el brillo del vil metal..saludos.

Anónimo dijo...

Gertrudis: pipo muy linda y a la ves triste la historia, ¿la muchacha es de tu pueblo?

Marilin dijo...

Marilin dijo....Las carencias materiales,de las que por ignorancia,culpamos al sistema cubano,no pueden desencadenar una actitud como esta,siempre que existan otros valores en el ser humano.

Anónimo dijo...

Sady Villariño-Venero muy buen consejos para las bobas que se dejan deslumbrar por cualquier mequetrefe

Anónimo dijo...

Marianela Fonseca: Esa historia siempre me ha impactado, porque conozco personas reales y cercanas que han vivido experiencias similares, sobre todo cuando deciden emigrar hacia países con culturas tan diferentes a las nuestras, a veces el amor llama, otras veces no, pero es tan arriesgado poner la vida en manos de alguien, así a ciegas... en otros casos las personas intentan fallidamente la transculturación, dejan de ser ellas mismas para complacer al otro, lo que es una forma de morir, de matar la identidad, es como andar en otro cuerpo, otra piel....triste, muy triste..

rafael arias vega dijo...

Eso pasa cuando lo unico que valoras es lo material dejando los valores de la cuna a un lado

Maikel Pons Giralt dijo...

Sencillamente excelente esta crónica, dolorosa pero educativa y gracias que tuvo un final feliz pudo ser peor.

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