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| ¿Hacia qué socialismo futuro debemos llevar el arado? |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
Si le preguntan a cualquier
cubano de a pie, si el camino al
socialismo es la opción al futuro, responderá: ¿cuál socialismo?, ¿cuáles
socialismos?, ¿acaso hemos hecho el socialismo? Y no dejan de tener razón esos
cubanos, pues el cauce recorrido no permite definir todavía ¿qué es el
socialismo?. ¿Cómo entonces ilusionarnos con una armazón teórica que nos hizo
creer un posible nunca tocado en lo concreto?. La realidad, mientras creíamos avanzar hacia
él, más se alejaba. Entonces llegaron
las revisiones.
El socialismo de corte
estalinista dejó su huella en el pensamiento político de la revolución, nadie
puede negarlo hoy; tantas investigaciones realizadas lo demuestran. La pregunta
que se cae de la mata es: ¿Hasta dónde nos hizo daño ese socialismo de corte
totalitario que cercena los derechos inalienables de las personas en la
consecución de su fines? ¿Por qué marxistas de la talla de Julio Antonio Mella,
Antonio Guiteras, Ernesto Guevara y Raúl Roa se apartaron de los caminos de
Moscú y fueron críticos lúcidos de los desafueros de ese socialismo
antilibertario? ¿Por qué no han sido estudiadas hoy esas zonas de su
pensamiento? ¿Por qué el socialismo jacobino de Guiteras sigue en el olvido y
no es un referente autorizado para la Cuba actual? ¿Alguien conoce este tipo de
socialismo promulgado por el máximo inspirador de Joven Cuba?
Al mirar el pasado uno se hace
tantas preguntas, y a veces resulta traumático entender porque fuimos a dar un
socialismo de corte europeo, muy influenciado por los dictados de Moscú, en
detrimento de un pensamiento autóctono bien fundamentado en hombres que tenían
muy claro lo que estaba sucediendo en la
Unión Soviética y hacia donde iba ese proyecto social. ¿Por qué no incorporamos
esos paradigmas a la concepción liberadora que veníamos y venimos haciendo?
¿Cuál socialismo me gustaría
para mi pueblo en el futuro? Muy sencillo, aquel que permita a la gente pensar,
hacer y expresarse sin hipocresía alguna, inspirado en el culto a la dignidad
plena del hombre, sin doble moral, sin retóricas divorciadas de la realidad. Me
gustaría que ese socialismo creara las condiciones cívicas para el saneamiento
moral de la sociedad, e hiciera posible que las personas vivan honradamente de
su trabajo y no tengan que delinquir en todo momento para sobrevivir
materialmente.
Creo, tenemos el potencial
cultural e intelectual para dar esa vuelta de tuerca, si queremos
salvar un proyecto que puso en todas las casas la independencia nacional como
fin supremo de la Patria. Esa batalla hay que darla en la actualización del
modelo, sin temor a los métodos
verticalistas que todavía reinan en muchos directivos, pero también en los jefes
que se visualizan así mismo como señores feudales que deben saber todo y
autorizar cuál verdad puede decirse, dónde y a quién o quiénes.
El socialismo debe ser, como
decía Raúl Roa, libertario por excelencia. Verdades tenemos todos y hay que aprender a escucharlas si queremos hacer una sociedad cada vez más
justa, donde el hombre desarrolle un pensamiento crítico inherente a la
libertad que soñamos. El socialismo futuro debe dar entrada a todas las Cubas
dispersas por el mundo.
